Buenos propósitos

Consejoguerra[1]

 Parece como que dicen que a lo mejor* el Gobierno socialista se propone anular los llamados «juicios del franquismo». Eso al menos ha declarado la ministra de Justicia. Son muchos juicios, demasiados. Empezaron en 1936 y terminaron muy tarde.

Está bien ese propósito. Es para celebrarlo porque esos juicios son un monumento a la burla del derecho, a la legalidad torcida, a la indefensión y al abuso. Y no solo eso, sino que dicen que tal vez esté en su agenda la ilegalización de asociaciones que hacen apología expresa y virulenta del franquismo, como la Fundación Francisco Franco, que no solo ha contado con el apoyo económico de anteriores gobiernos, sino que se ha permitido el lujo de accionar en justicia y de intervenir en la vida pública española con censuras y amenazas. Y como ella, otras cuantas  que han cobrado vigor y presencia a la sombra del Partido Popular en derrota, que denuncian a quien les viene en gana si consideran que los denunciados han incurrido en agravios de corte sagrada.

Y no solo eso, sino que la ministra de Justicia ha hablado de una Comisión de la Verdad, de emprender de manera oficial una búsqueda de desaparecidos y asesinados, y de establecer un censo oficial de estos. Sorprendente… sobre todo después de años de indiferencia y negación de ayudas. Poco tiempo en todo caso el que tiene el Gobierno socialista para poner en marcha de manera eficaz un proyecto de esa envergadura.

La carcunda, que sin recato alguno habla ya de golpe de Estado, se echa las manos a la cabeza con las declaraciones de la ministra de Justicia, pero el caso es que esa anulación estaba ya prevista, cuando menos como declaración de intenciones, en la ley de Memoria Histórica. La ilegalización de asociaciones y otras entidades que defiendan, sostengan o propongan el golpismo y el totalitarismo de corte fascista, es de cajón en una democracia.

Lo que ha hecho público la ministra es algo más que un gesto. Acabar con lo que Serrano Suñer tuvo la desvergüenza de llamar «justicia al revés» y con los desaparecidos y las fosas comunes, es más importante a mi juicio que hacer desaparecer la simbología callejera residual: es una forma de afianzamiento del sistema democrático y de acabar con las rebabas de la dictadura.

 Cualquiera que se haya acercado al desarrollo de aquellos juicios, habrá quedado espantado de lo que sucedía a manos de gente que era por completo profana en derecho, por mucho que en algunos casos estuvieran asesorados por jóvenes oficiales licenciados en derecho. No se trataba de administrar justicia, sino de liquidar, de condenar, de excluir. Temo que haya gente que no sabe (a veces porque no quiere) cómo se desarrollaban aquellos juicios, y eso es algo que debería hacerse público. Es decir, que esa reforma de la ley de memoria histórica debe estar motivada por lo menudo de forma que cale en la ciudadanía.

También es más que posible que haya quien  piense que aquellos tribunales de excepción hacían santamente y tome el mantenimiento de aquel sistema jurídico podrido por un signo de clase y una identificación ideológica. Nada de raro tiene eso en un país en el que todavía hay pueblos que a pesar de tener una «avenida de la Constitución» tienen la plaza mayor presidida por un rotundo escudo franquista que no llama a engaño, y tienen a gala la defensa del golpismo y los pistoleros fascistas de 1936.

Ahora mismo no es de recibo admitir lo que se proponen diversas asociaciones en San Leonardo de Yagüe, provincia de Soria, bajo el antifaz de un «homenaje a España». Ese innecesario homenaje no puede convertirse en la práctica en un festival de exaltación del general Yagüe –que el franquismo premio con un título nobiliario–,  que fue responsable de la matanza de Badajoz, en agosto de 1936, y en una exhibición de patrioterismo militarista de la peor especie. Identificar a un país y a sus gentes con golpistas y uniformados y solo con eso, e invitar a la ciudadanía a secundar e identificarse con esas mojigangas, es un abuso. Un país se defiende de otra manera que con berridos, cabras y correajes.

* Vista su actuación en los últimos años, y ahora mismo en relación al crimen de los Sanfermines de 1998, cualquier cosa es posible.

 

Un comentario en “Buenos propósitos

  1. El día 14 de Agosto de 1936, en la capital de Badajoz mataron a 4.000 personas, el responsable fue el Tte coronel de la legión y falangista, Juan Yagüe, eran campesinos, jornaleros desarmados que habían tenido el atrevimiento, de pedir la reforma agraria…tiempo después respondiendo a un periodista americano decía: claro que los matamos, que quiere usted que siga avanzando dejando a Extremadura otra vez roja? Hacía montones con los cadáveres y los prendía con gasolina, será por eso que el hospital de Burgos se llama General Yagüe? Como Franco que tenía desesperados a los alemanes por su ineptitud, eran estos africanistas de una mediocridad desoladora, lo único que hicieron en toda su vida fue, mandar matar!!

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