Impunidad presunta

5b4db5e67ad4d.jpgHace unos días el presunto agresor del fotoperiodista catalán Jordi Borràs utilizó una presunta lluvia de presuntos golpes que le rompieron, presuntamente, a este la nariz. Una lluvia de golpes, acompañados de rotundos Viva España y Viva Franco, utilizando, presuntamente, entrenamiento especializado (técnicas de contacto intenso), lo que en un ciudadano normal es, o al menos era, agravante, pero que, tratándose de un funcionario policial cualificado, podría llegar a ser, presuntamente, hasta eximente. Todo es presunto, menos los daños sufridos por Borràs.

No es un fotoperiodista cualquiera el agredido, sino el autor de una publicación muy exitosa que da una visión de lo ocurrido en Barcelona el 1-O muy distinta de la oficial: Dies que duraran anys, así como de Plus ultra: una cronica grafica de l’espanyolisme a Catalunya y de Desmuntant Societat Civil Catalana, entre otras.  Un periodista nada desconocido en la vida pública catalana y autor de unas obras incómodas que sostienen tesis muy diferentes a las oficiales y que resultan molestas a quienes no comparten esa deriva del nacionalismo catalán. Lo suficiente para que haya una masa compacta de ciudadanos catalanes y no catalanes, –entre los que hay habituales de la denuncia del odio y de la intolerancia ajenas– que aplaudan la agresión, la justifiquen, la desmientan, la minimicen o cuando menos miren para otra parte. Inquina, desprecio, odio… el del otro siempre.

Pero si preocupante es que los hechos sean tal y como los han relatado tanto el agredido –que es quien peor parado ha salido del encontronazo y en situación de mayor debilidad se encuentra– como los testigos directos de la agresión, más preocupante resulta que el funcionario policial (Brigada de Información) experto en contactos intensos haya decidido denunciar a Jordi Borràs por insultos y agresión, presentando encima un parte de lesiones, que deberá estar firmado por un facultativo (cuyo nombre sería saludable socialmente conocer), intentando hacer responsable al herido de sus propios daños, y  convirtiendo una agresión en un caso de legítima defensa. Perverso, sí, pero tan conocido… Y es que esto suena a viejas denuncias del franquismo en las que a los grises se les rompían los uniformes en algún portal. Impunidad e indefensión… ¿Terrorismo de nuevo?

Los medios de comunicación filo policiales y filo gubernamentales apoyan al policía, tildan de batasuno al periodista, y difunden la versión de que fue el fotoperiodista quien se abalanzó sobre el policía por serlo, restándole credibilidad a Borrás y a los muchos testigos de lo sucedido. Teniendo en cuenta que el funcionario policial cuenta con una palabra (verdad) procesal de privilegio, este asunto huele a impunidad. Conviene recordar que en este país hay magistradas que han declarado en sala de audiencia que no creen otra palabra que la policial. Es de un clima de lo que se trata aquí.

Que se le haya abierto al inspector de la Brigada de Información un expediente informativo no equivale a que se le haya expedientado en modo alguno. Lo primero, que es lo habitual, suele conducir pasado un tiempo al agua de cerrajas, lo segundo a sanciones muy leves, cuando en este caso sería saludable (insisto) que la agresión acabara delante de un magistrado y que pudiéramos verles las caras a todos: instructor, miembros en su caso del tribunal, fiscal con su apuntación, pruebas –incluida la navaja poco castiza que el agresor arrojo presuntamente claro, después de exhibir su placa y antes de desaparecer de la escena–, testigos, peritos y forenses…

No he podido menos que acordarme de la camisa impoluta del guardia de Alsasua que luego apareció rota y del conflicto de versiones testificales y forenses, entre unos médicos y otros… y de tantos casos de benevolencia administrativa, judicial y política hacia miembros de las fuerzas de seguridad protagonistas de abusos de autoridad, según han venido recogiendo los medios de comunicación, y hasta condenados por el delito de torturas, que luego resultaron indultados y ascendidos. ¿Casos aislados? No lo voy a discutir aquí. Pero que forman parte de un clima generalizado, enrarecido, de violencia social, de eso no me cabe ya ninguna duda.

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