Qué dolor de palabras…

biblio2

Manifiestos, escritos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua.

Lo escribía Rafael Alberti en un poema de guerra, pero a nada que repares en ello, en tiempos pacificados puedes decir lo mismo de las palabras ajenas, sí, pero también de las propias. ¿Puedes decir en una entrevista algo más de lo que dijiste hace unos pocos meses? Lo dudo. Pura rutina, puro autorretrato de humo, mera publicidad ya muy gastada. Todo lo que tenías que decir está en ese libro que va a ser leído por unos pocos a los que esas palabras aladas, por muy repetidas, poco dicen. Hay escritores (César Aira) que se niegan a ese juego cansino porque pueden. Tienen suerte. Otros tenemos que pasar por el aro de mala gana, agradecidos encima de que nos saquen en los papeles bajo un rostro que no nos gusta, por pudor sobre todo, o poco, para contribuir al trabajo ajeno. ¿Ese pavo real somos? ¿Son nuestras las necedades que ponen en nuestra boca? Pues muy probablemente sí. Por fortuna, los papeles, esos papeles los borra el viento en cuestión de horas. Y así vamos tirando, con un equipaje de desgana acumulada. De las imágenes que ilustran nuestra palabrería mejor no hablar.

 

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