Ridículums vitae

5ab2995f33529.r_1536943460125.0-36-800-448

 El asunto es viejo y no son los que hoy aparecen en la escena de la esgrima de las acusaciones de fraude académico, los primeros políticos españoles que adornan de manera desconsiderada y engañosa sus currículos convertidos al final en ridículums, adornos y medallas que no tienen otro propósito que acoquinar a quien todavía conserva un respeto mítico hacia las ciencias sociales como forma poco menos que de arte de brujería, por parafrasear a Stanislav Andreski (no consulten, no viene al caso)*. Buena fe de unos que consideran el mundo de los «estudios» como algo sagrado y mala de otros, por sí mismos o empujados por sus asesores de imagen, provistos de un buen bagaje de pocos escrúpulos, empeñados en acoquinar al populacho.

         En toda esta historia que tanto nos arrebata estos días (hasta que deje de hacerlo) de los masters, tesis y doctorados flota una cierta confianza en el qué más da, que lo importante es la pegada, que si tienes el viento del poder de popa nada te puede pasar, porque en el fondo nunca pasa nada con estas cosas, hasta que ha empezado a pasar. Y aflora algo repulsivo: ha sido un negocio de proporciones todavía ignoradas en el que llama la atención que la policía y el juzgado de instrucción que corresponda no hayan tomado medidas más severas. Estamos hablando de falsificación de documentos públicos, de destrucción de pruebas incriminatorias.

         No voy a decir que creo que el mundo académico es algo propio de un templo sagrado del saber magistral, porque eso es una fantasía, y que tribus, favores debidos, maestros fules y alumnos fariseos dispuestos a matar al padre cuando se presente la ocasión, no forman parte del decorado. Pero a cambio no me parece aventurado afirmar que quienes de verdad han hecho una tesis doctoral, fruto de un acucioso trabajo de investigación, o han sido testigos de cómo se escribían estas, sienten de manera legítima una sensación de estafa, de devaluación de los trabajos que les han costado años y con ellos de las instituciones que les han otorgado el título. Pienso más en estos doctores, sea cual sea su disciplina, que en los desvergonzados que se han adornado con méritos inmerecidos. Es de ellos y de las universidades y catedráticos que mantienen el preceptivo rigor académico de quienes habría que hablar. Son doctorados que sirven para poder trabajar no para vivir de mangarla. No se puede admitir, sin mentir, que el sistema está por completo dañado y que la sombra de la sospecha de fraude y venalidad sistemáticos cae sobre quienes merecen lo que tienen por esfuerzo intelectual y económico, no por fuerza en condiciones fáciles.

         Está visto que quienes blasonaban de honestos a ultranza y se muestran como adalides políticos de una honestidad que apesta a corrupción de años, no lo son tanto y sí más expertos en el juego sucio en que han convertido la actividad política que redunda en algo peligroso de veras como es el descrédito de las instituciones y la actividad parlamentaria, preludio de opciones propicias a las dictaduras. Es ocioso hasta señalar que exigen para otros lo que se permiten a sí mismos, sin que esto cause alarma social alguna porque es un asunto de trinchera y solo de eso.

         Juego sucio en las acusaciones de fraude y engaño en trabajos académicos, con y sin fundamento, sacadas como navaja cabritera en el momento oportuno –no antes, cuando las chapuzas dormían en los dosieres de información: otro negocio–, y sin otro objetivo que el acoso –el insulto también– y, si es posible, el derribo del adversario con gran acompañamiento de rasgado de vestiduras de repertorio. Cosa distinta es que de manera judicial se investigue y sancione ese sistema de los títulos académicos venales y de concesión graciosa motivada por la militancia política o la relevancia social. Titulitis y alejamiento político de quien no tiene «estudios», pero vota (o no) y paga impuestos y padece recortes y políticas sociales más asociales que otra cosa. Eso sí, desear que estos farsantes del ridículum vitae desaparezcan de la escena pública tal vez sea pedir demasiado.

* Citado a efectos de no ser acusado de apropiación intelectual del título del trabajo de Andreski

*** Artículo publicado en Diario de Noticias de Navarra (Grupo Noticias), 16.9.18.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s