«¡Soy Manolo, de Pufocasa!»

confianza-estafador

Una intempestiva llamada a la puerta a la hora del potaje. A la voz de quién llama, alguien contesta animoso en alta voz: «¡Soy Manolo, de Pufocasa!». Van piso a piso mareando a los ancianos que viven de pensiones mínimas para comprarles el piso que fue de protección oficial –ya envueltos en estafas al tiempo de su construcción con el emblema del yugo y las flechas–, para convencerles de que los pongan a la venta en sus manos, en unas condiciones abusivas, al filo de lo legal siempre, socialmente consentidas, y unos resultados que cualquiera puede comprobar en las redes si consulta voces como Propufinsa (errata intencionada propia del cachondeo y su mariachis puteros) o Tenocasa u otras, da igual. Han salido de caza a lo que ahora llaman «el compreo», el negocio de los alquileres abusivos, de las ventas muy por encima del valor real de los inmuebles. Untan o recompensan a los porteros si dan información de propietarios sensibles a la venta, a los ojeadores, te asaltan por la calle si te paras delante de una agencia… «¡Soy Manolo, de Pufocasa!»… Temible, y es su tiempo.

Un comentario en “«¡Soy Manolo, de Pufocasa!»

  1. “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”, Ramón María del Valle-Inclán.

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