Elocuencia

P1000374Tapar tu ventana con una rojigualda al paso de un cortejo festivo de extranjeros, muchos de los cuales tendrán tu misma nacionalidad, si no lo dice todo, sí dice mucho de quien de esa manera  se exhibe y cierra, y de un clima propicio para ese gesto gratuito y agresivo: «¡Aquí estoy yo!». En efecto, ahí estás, y apetece poco darse la mano.

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