¡¡Arriba las tradiciones…!!

002037.jpgMientras Estanislao Figueras, primer presidente de la Primera República española (1873), les espetaba a los suyos el: «Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros» (antes de agarrar un tren y largarse de España para siempre), el general carlista Joaquín  Elío y Ezpeleta, ya muy harto de los complós e inoperancias de los mandos del Ejército del que era general en jefe (Ejército del Norte), levantado contra la monarquía usurpadora, exclamaba: «Me gustaría apuntarme a la otra mitad del género humano»… No sé si me explico, pero creo que sí.

Visto lo que ha ido sucediendo estas semanas y el poso de agravios, odios, insultos graves, lapos, heridas y enconos que va dejando en un lado y en otro, tanto la formación de un gobierno de coalición en España como el confuso y enigmático incidente de los Geos en La Paz –que ha levantando ampollas a un lado y a otro, y solo beneficiado a la extrema derecha española y a los malencarados interinos bolivianos–, me he preguntado cómo tuvo que ser de espantosa la convivencia de gentes que hasta la víspera de la Guerra Civil española habían sido primos, parientes, vecinos, cuadrilleros, socios, amigos del alma, novios… y que de pronto se vieron atacados por el virus cainita, y hasta nunca, se acabó, cayó el telón y se acabó la función.

Ha pasado lo peor que podía pasar: que nos hemos visto las caras. Siento haber llegado al final de una etapa de mi vida en lo personal y en lo social. No es algo repentino, no, porque ya viene de meses atrás, pero este caldeado momento le ha puesto la puntilla. Me parece de tontos tratar, siquiera de lejos, con fules y con tramposos. Allá ellos, allá yo, allá todos, allá cada cual con su historia y sus afectos. Los míos han salido dañados.  No cometeré el error de insultar de manera gratuita para cosechar el aplauso de los infames. Si lo que escriba, si es que lo hago, molesta, no será cosa mía. Muchas ganas no me quedan de intervenir en una pelea a garrotazos que no es la mía y no tengo intención alguna de ofender a sabiendas a aquellos que todavía cuentan en mi vida. No hay tren para París ni medios, ni tampoco otra mitad del género humano a la que acudir en busca de refugio, que me temo sea la misma. En eso pocos engaños caben, andamos muy revueltos, churras con merinas.

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