Ángel María Pascual, aquel raro

Trabajos sobre Ángel María Pascual, edición y prólogos, silenciados cuando fueron publicados y hoy también. He tenido  buenos enterradores, de eso no puedo quejarme; en «A la sombra de la higuera» les espero. No puedes obligarle a nadie a que les gusten tus trabajos. De la edición primeriza de «Silva Curiosa de Historias», en 1987, mejor no hablar porque para qué, ni de las conferencias, en el Casino Principal, el del sanedrín de los alzados de 1936 y las mañas de los tahures en las timbas de la larga posguerra, donde hoy los herederos de los de entonces lavan en jolgorio de buena sociedad la memoria de la infamia de la retaguardia y la posguerra de los vencedores (Bonet y sus amigos del hampa literaria y mediática española); ni de nada de lo con todo aquello relacionado. Ese tiempo pasó, inclemente, irrecuperable, pero forma parte de mi historia, me guste o no: aquellos trabajos se llevaron muchas horas de trabajo en archivos públicos y privados, y hemerotecas, y en mi propio cuarto de trabajo, que sin duda pude haber empleado en algo de más sustancia.
Pascual regresa en olor de raro y solo por eso valorado dándoselas de entendido, que regrese, que eso retrata a la gente con la que nada tienes que compartir y te evita a la corta o a la larga molestias del trato humano.
(Editorial Renacimiento, qué pena, ¿no?)