Perderse, refugiarse

Este mundo que aquí muestro, pequeño, fronterizo, montañoso, con bosques, luces y sombras es ahora mismo el mío y sé que no acabaré de conocerlo nunca porque lo recorro desde hace veinticinco años y no hay día que no encuentre algo nuevo y hermoso, a nada que me lo proponga, que de eso se trata, de mirar, con ojos de pájaro. Me gusta saber que si subo a un sitio o a otro, puedo ver el mar, y por la noche veo en el cielo el resplandor de las ciudades de Iparralde –Bayona, Biarritz, San Juan de Luz, Hendaia…– a donde ahora mismo no se puede ir. Una vez más la frontera, cerrada.