Celiniana: La Dame couchée (Sandra Vanbremeersch)

Sórdido y banal, cruel y literariamente precario, morboso también, sin duda… ¿Celiniano? No sé qué es eso aplicado a este libro que sale a la como una excrecencia mefñiica en días en que Céline, su herencia, descendencia y obra inédita, se impone en el menú mediático (Ya está en venta por más de 20 euros el ejemplar de Le Monde que dio cuenta del hallazgo del botín literario desaparecido en 1944 en la casa de Céline, en la Rue Girardot de Montmartre… Las cotizaciones de las piezas celinianas suben, hay que aprovecha el momento, publicar a brazo partido, hacerse un hueco, mañana será tarde. La Dame couchée parece referirse a los veinte últimos años de la vida de Lucette Destouches, la viuda de Celine, fallecida en 2019, a los 107 años de edad, relatados por su cuidadora en un ambiente de descalabro físico y material, que recuerda, en más ruinoso, el que rodeaba a L-F Céline, según sus biógrafos, tanto en Dinamarca como a su regreso del exilio en su casa de Meudon. La casa que aquí aparece  hecha una barraca de feria frecuentada por una fauna grotesca, una casa Huser que se traga a todo el que a ella se acerca… Como idea no es mala, pero… eso es lo malo, el pero. No bastan las humillaciones sufridas por la autora convertida en criada para todo, los conatos de rebelión, la cutrería, el tufo a oportunismo y a venganza legítima supongo, ni el vitriolo descriptivo que cae sobre algunos personajes, como el abogado François Gibault, heredero de Lucette Destouches, sobre el que hoy se habla mucho como heredero de Madame Céline en el caso de los inéditos que han aparecido de manera rocambolesca. ¿Me esperaba otra cosa? Sí, pero no mala literatura, ramplona, sobe el lomo de Céline. No he sido capaz de apreciar las sutilezas del relato, ni siquiera sobre la vejez que tanto asco como atracción fatal le produce a la autora. Curiosamente la autora que tanta presencia tiene en el relato como narradora y testigo de cargo de un mundo en derribo, no tiene entrada en el índice onomástico del más que estimable Madame Celine, de David Alliot, aunque si aparezca citada en una ocasión por su patronímico. La decepción es el precio  a pagar cuando se tiene una irresistible curiosidad por todo el mundo de Céline desde hace más de cincuenta años que me empuja a asomarme a todo lo con él relacionado que esté a mi alcance.

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