Cuaderno de Zamarrenea 2

* Día de viento sur, haizegoa, que limpia el panorama, matiza los colores y da perfil a las cosas. Día de viento sur y de andar como si no pisaras el suelo que conozco bien. «¡Te deja el pulso como para robar panderetas!», exclamaba el amigo Antton Basurde antes de desaparecer en el primer mostrador de vino que le cogiera al paso. A veces viene a conversar aunque los dos sepamos que está muerto. Privilegios de la invención de la memoria. Cada día que pasa tengo más recuerdos imaginarios. Es una suerte.

Mural de Juan Angel Perotxena y Jabi Landa en el frontón de Arizkun

* ¿Que haríamos bien en estar callados? Sin duda, pero cállate tú primero, Elvira Lindo. Qué manía de dar lecciones y sermonear desde posiciones de privilegio.

* En agosto estuvo pasando unos días en casa un amigo de Madrid que, aparte de quedarse con la idea de que estuvo «al norte» de Navarra, me parece que no se fue con una idea muy concreta de dónde había estado en realidad. Se quedó sorprendido de que no nos hubieran rajado las ruedas del coche, como le habían dicho en medios artísticos madrileños (cayetanos) que sucedía con los que no eran «batasunos», y de que nadie nos tratara a bocaos. El que oyera a la gente hablar en euskera le pareció algo sencillamente asombroso, como de otro mundo… Está claro que no tengo ni idea de en qué lugar vivo mi vida imaginaria. Esa es la conclusión que saco a diario. Su mundo no es el mío, eso está claro, y cada vez menos.

* Hay que escribir el artículo del domingo asomado al muladar nacional, zarrapastroso esperpento de togas, uniformes y macarras poligoneros con mando en plaza o aspiraciones serias a tenerlo. Y así una semana detrás de otra, atrapado.

* No hay día que de una manera o de otra no vuelva a Bolivia –fotografías, correos, libros…–, que no crea que voy a encontrarme con los amigos, que no espere su llamada… Almuerzos, tertulias, callejeo de mercados y callejones. No hay día que no pase por la León de la Barra a por media libra de hojita menuda de Yungas y que no espere calentarme con palabras y humores zumbones de los amigos queridos… Hoy, sábado, iría a la esquina de la Gonzales con la Rodriguez y la Illampu a comprarle a la casera de guardia una generosa ración de lechón asado, con camote, plátano, papa y bien de llajua, y un par de marraquetas, para almorzar al sol en la plaza de San Pedro, frente al penal, y pensar en los amigos que ya no están, Juan Carlos Calderón, los que el golpe de Añez/Murillo esquinó, y los que quedan ya mayores, mis quintos… poetas, pintores o soñadores de lejanías, como el Pablo Cingolani brincando por sus cerros.

* Confín del condenado, de Humberto Quino

Hazme volver a estas alturas
Piedra cerrada en que agonizo y caigo
Como un profeta desfigurado
Ante una lámpara de aceite.
He visto una botella rota en mi sangre
Los avisos de neón y mis deseos de matar
Inútil que llore en una callejuela
Sin luna en que leer
La desdicha que me agobia.
En el alba
Los perros orinan en tus esquinas
Y yo / Adán desnudo
Aúllo
Con mi viejo sombrero
Con mi cuerpo acuchillado
Pelambre de tinta
Nuca del deseo
Yedra y ceniza en la estepa
¡Oh Rocinante!
Tú / Que sobre la inmundicia
Sabes más que los vivos

Un comentario en “Cuaderno de Zamarrenea 2

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s