Escribir con makila

Escribir con makila. Es un bastón fuertemente herrado como el de los jitos y tiene un pequeño puncho escondido a rosca en la empuñadura rematada en un pomo de cuern, debajo del cual hay una leyenda alusiva a la quita y la defensa. La de esa de la imagen es Hitzemana zor: ¿lo prometido es deuda? Está hecha por Cassou, en Bassussarry, un pueblo que hasta que me muera asociaré a Francine Sauterau du Part, esposa de Javier García-Larrache. Por Dios, qué gente tan estupenda he conocido. Se fueron cuando más los necesitaba. De eso te das cuenta cuando ya es demasiado tarde.

A la makila la consideran un arma prohibida. A la familia Iturrioz (Andoni) le quitaron una centenaria, no ya por exceso de celo, sino con intención plena de fastidiar y de agraviar, algo que hoy se lleva mucho por parte de la autoridad, cuando vamos camino de no ser más que unos gobernados en libertad vigilada o condicional. Escribir con makila… Oteiza. No me fio de los pacíficos apesebrados, ni de los místicos silenciosos que les tocan el culo a las orondas camareras de la chocolatería, y menos de los malditos de pueblón que se jactaban de haberse metidos borracho en la cama donde reposaba el cadáver de su padre a cantarle las cuarenta o a declararle su amor filial (para hacer o decir esto hace falta ser muy cretino).  Toca a contar las campanadas de muerto y devolver los palos, pero con alegría, ¡Vamos a bailar! Venga.

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