Madrid, derivas

Fui a Correos a echar una carta, pero aparte de una importante cola callejera, rumorosa y enfurecida, en la flamante oficina no había buzón, de modo que regresé a las calles del barrio en busca de uno. Lo encontré, amarillo y solitario frente a un descampado sembrado de escombros de infraviviendas derribadas hace poco más de dos años. En el camino me tropecé con ese alarde de nocturnidad artística furtiva. Terminé la mañana en la bodeguita de Eric, peruviano, bebiendo un vino (garnacho) con un amiguete anciano que me contó cómo fusilaron a su padre en 1939, cuando la familia era vecina de las viviendas tremebundas de Tetuán de las Victorias, barrio libertario y miliciano, que me suele mostrar Carlos García-Alix cuando voy a visitarle en su estudio. Cosas del Madrid Callejero, digamos.

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