… y no hubo nada

Es viejo, mucho, ese «y no hubo nada» en que terminan las bravuconerías y por extensión la mayoría de los barullos de la cosa pública. Es viejo y demoledor, invita a la deserción fatalista, al guiñol burlesco que no es sino un consuelo de poca monta. Cuentan con eso, con que nos alborotamos un día con sus canalladas, pero que muy lejos no vamos, ni solos ni mucho menos en compañía de unos jueces reacios a quebrar su impunidad con investigaciones diligentes y sentencias acomodadas a unos delitos que son del dominio público. Todo suena a tablado de Comedia del Arte, a personajes bufos cuando en realidad son siniestros, auténticos maleantes.

Nunca he tenido una simpatía especial por Monedero, pero este artículo que aquí enlazo me parece soberbio: «El asesino era Ferreras: la novela negra de España». Qué indecencia… y qué silencio el de periodistas que acusaron en falso a sabiendas y el de políticos que se aprovecharon de la calumnia. Me acuerdo de cómo colaron en América las patrañas urdidas por la policía corrupta y los periodistas a sueldo contra Podemos, desacreditando a sus líderes alterando el resultado de unas elecciones, como se está demostrando ahora, y por perros de prensa que actuaban a la voz de su amo. Había gente que arremetía contra Podemos al dictado de la policía española corrupta, un auténtico sicariato este al servio paralelo del poder, lo que ya es de traca. Un asco absoluto.

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