Pause-café en el Tournon

Pienso que París es mi París y no la ciudad de las reminiscencias y evocaciones literarias y épicas, y lo hago y lo escribo en el Café de Tournon, el del hotel donde Joseph Roth residió entre 1937 y 1939. Si he caído en este café, en el que hace muchos años que no entraba, casi cuando era otro y estaba más «mareado», que diría un librero de viejo, y no con aspecto de decorado años 30, ha sido por necesidad de tomar un tomar un desayuno tardío, con un buen croissant. Digo, París no es un parque temático, un panteón de personajes que ya fueron, muertos ilustres, en el que hasta sus escenarios concretos desaparecieron, sino la ciudad de mis merodeos, mi terreno de caza de las sorpresas urbanas que en ciudades como esta las tengo aseguradas, vaya por donde vaya: callejones, patios, muros, callejas poco o nada frecuentadas, casas torcidas, bistrots sobrevivientes, brasseries de barrio ídem, gente amable, dicharachera, con buena cocina y mejor bodega –no tan cara como la del Tournon, entre doce y veinte euros el vaso de buen vino… tiene ascensor de bebidas a la bodega como en los viejos bares de Les Halles–. Los recuerdos acuden por fuerza, pero son personales. Es posible que no le digan nada a nadie, o poco, por mucho que los relate: une petite vie –decía Arletty de Céline, que la tuvo que adobar mucho para que resultara novelesca (Céline en los cahiers de Hélene Morand apareciendo en la avenue Floquet en motocicleta con su habitual aspecto de «garajista»). Vuelvo a Roth en su rincón, ese donde hoy había unos ejemplares de Hotel SavoyFuga sin fin y los recuerdos de Ceza von Cziffra, El santo bebedor, más Las flores del mal y Les complaintes, de Laforgue… libros abandonados, exvotos o señuelos, bah, qué importa… El santo bebedor, como si la dipsomanía de Roth fuera el único rasgo a tener en cuenta para sostener su obra literaria. La biografía sustituyendo con ventaja la obra. Cómodo. Mucho. Y habitual. Aparte de los peregrinos, a la clientela que no es germanopratina, como se anuncia el local (Auberge Germanopratine), no creo que las andanzas de Roth le digan gran cosa. Lo germonpratine tan detestado por Onfray es cosa de iniciados o de gente que está en el ajo. Roth, en fuga, en el exilio, fallecido en el desastre, autor de novelas mayores y de ensayos (cartas, artículos) que ahora mismo me parecen ineludibles, con o sin café de por medio, peor no aquí, sino en cuarto de trabajo, el mejor puerto de quietud que conozco.  

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