Hôtel du Petit Pont (e imagen de Caro-Baroja Jaureguialzo)

Eso es lo que queda, o quedaba del Hotel du Petit Pont, de San Juan de Luz, donde se alojó Pío Barajo en septiembre de 1936. Está en un barrio que fue muy populoso porque en él estaban las conserveras de pescado y había ferias y bailngo. Es decir, que hace décadas que no existe, por mucho que lo afirme algún echado para adelante, que tal vez lo confunda alegremente con uno del mismo nombre en el cruce de Askaine, en la carretera de Senpere. Di con él pateando las calles de ese y otros barrios, y preguntando mucho, casa por casa, hasta que encontré a un viejillo que lo había conocido, el comedero, el bailongo dominical y las chambres, y me llevó hasta delante del antiguo hotel, y me contó lo que allí hubo mientras duraron las conserveras
Esta fotografía la saqué el 11 de diciembre del año 2005, a las 11,55 de la mañana, con una cámara Canon PowerShot A95. Por entonces estaba viviendo en San Juan de Luz, Rue de la Corderie, nº 1 (Legeko-Etxea), como bien sabe la dichosa familia porque en varias ocasiones me desplacé desde esa localidad a Bera, tanto en taxi como a bordo del flamante Mercedes del pijín, para mis trabajos tanto de edición de Miserias de la guerra, como de mi primer Pío Barajo a escena , que tanto les molestó y todavía no sé por qué.
Cuando terminé mi reescritura de la biografía que publicó Renacimiento en 2021, y fue tan silenciada como lo había sido la anterior (jeremiada necesaria), y tras dar mi última conferencia sobre Baroja, hace un año y en el Museo de Navarra, dije que no iba a escribir una línea más sobre Baroja, después de haber publicado bastante más de 1500 páginas sobre el escritor, algo que pienso mantener, por aburrimiento más que nada, mezclado con asco, no así de mis recuerdos de la familia Baroja porque esos recuerdos son míos y en mis diarios están y tarde o temprano verán la luz. Estaría bueno que te prohibieran escribir sobre tus recuerdos y publicarlos incluso, sería un abuso, salvo, obviamente, que fueran injuriosos o difamatorios, que no creo. En todo caso en 2021 no pude publicar datos publicados sim problemas de ningún tipo en 2007 –que se me llamara hijo de puta en público en al Sala de Cultura Caro Baroja de Bera es otra historia que desarrollo en otra parte–, lo que es de carcajada y propio de una mentalidad cortijera: alirongo, alirongo, el permiso te lo quito y te lo pongo, bamba, bamba… el trabajo se resiente, claro, porque en esas páginas (Tiempos de tormenta, 2007) estaba la versión barojiana de cómo se hizo Comunistas, judíos y demás ralea, y de la participación directa del escritor en ese albondigón.
Por entonces yo no me llevaba mal con la familia Baroja, al revés. Tengo una carta de 2 de junio de 2005 que guardo con cuidado, en la que en plan ampuloso se me abrían las puertas de la casa de Bera y se me decía que se me iba a facilitar el trabajo para la biografía de Baroja y todo lo que quisiera, que se redujo a los inéditos y no a otra documentación (mucha) que conservan. Precioso documento este, sin duda, para probar que yo en ningún momento actué ni de mala fe ni con abuso de confianza en mis trabajos, pudiéndolo haber hecho, dado que mis horarios de trabajo no eran ni mucho menos los mismos que los del descanso del Caro que estuviera de guardia y que en la habitación donde trabajaba estaba el gran armario archivo abierto que no toqué porque solo utilicé la documentación que se me facilitó para mi biografía y mi edición de Miserias de la guerra.
Mala fe y abuso de confianza podría considerarse, llegado el caso, apropiarse (presuntamente claro) de esa fotografía y publicarla en un libro de venta al público Una vida en imágenes (Editorial Tusquets) que reseñé en el diario ABC y que es una porquería y una falta de decoro editorial como allí señalé dato a dato. La fotografía se publicó sin atribución de autoría ni mucho menos copyright y sin el preceptivo permiso que ellos sin duda exigirán para sus cosas, al amparo de la Ley de Propiedad Intelectual. Yo no di ese permiso. En caso contrario que se me muestre el documento pertinente. No creo que fuera olvido y no puedo asegurar que fuese, digamos, a mala leche, aunque quién sabe. Yo no di autorización alguna para publicar esa fotografía en una publicación venal, es decir, de pago, no como las redes sociales, con un alcance mucho mayor que estas, al menos las mías. Ignoro que título le asistía al mocito (entonces) Caro para publicar ese fotografía. Empujón es, ¿o no? ¿Por qué no le demandé? Por dos razones: una porque todavía esperaba que nuestra amistad se recompusiera y dos porque no todo el mundo dispone de dinero para emprender un procedimiento judicial que siempre es costoso (habiendo ejercido de abogado durante casi veinte años sé que tú eres tu peor abogado).
Está claro que quien publicó esa fotografía, fruto de mi trabajo de campo en San Juan de Luz, consideraba sin lugar a dudas que la Ley de Propiedad Intelectual no me protegía, ni que a mí no se me provocaban disgustos o daños morales y demás mandagas altivas haciendo uso indebido de mi trabajo porque eso queda reservado para quien pueda pagarse la defensa de lujo sin problemas. No juzgo, no califico, expongo… más que nada porque la hazañita del señorito Caro se juzga sola. El tiempo ha pasado, los trabajos quedan, aunque se silencien.

*** Dicho lo cual prohibo expresamente a los herederos de Baroja y a la editorial Tusquets hacer uso de esa fotografía de la manera que sea.

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