“Fuir! là-bas fuir!”

 

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La Casco, la goleta de Robert Louis Stevenson con la que navegó por el Pacífico… ¿Buscando el tesoro de la catedral de Lima? ¿Stevenson buscador de tesoros en su huida allá lejos? Mallarmé viene en nuestra ayuda, en «Brise marine»

La chair est triste, hélas! et j’ai lu tous les livres.
Je sens que des oiseaux sont ivres
D’être parmi l’écume inconnue et les cieux!

 La carne será triste, o como guste de traducir el purista de turno, pero no has leído todos los libros, ni mucho menos, y por lo que se refiere a los viajes allá lejos a donde huir, casi mejor el viejo refugio del viajero inmóvil, la gran patraña, al menos en tu vida, blando sucedáneo de la vida no vivida…

 

O nuits! ni la clarté déserte de ma lampe
Sur le vide papier que la blancheur défend

 

 Viajes inmóviles, huidas de pa

 ¿Je voudrais pas créver, también ahora, cuando los remedios de botica hacen las veces del pasaporte manoseado en la mesilla de noche donde aparcabas los sueños y los pecios de la andada? ¿Todavía quieres no espicharla antes de haber conocido los perros de México que duermen sin soñar? Pues si es así te ha quedado y te queda mucha tarea por hacer –No dejarás nunca de recordar al escultor Remigio Mendiburu diciendo: «¡Y toda una vida por hacer» cuando se enteró de que estaba herido de muerte–, por eso buscas consuelo en la invocación del viaje, en los pájaros embriagados por su propio vuelo, entre cielos y espumas.

Je partirai! Steamer balançant ta mâture,
Lève l’ancre pour une exotique nature!
Un Ennui, désolé par les cruels espoirs,
Croit encore à l’adieu suprême des mouchoirs!

 

 

 

Tigres de papel

Además de ser una frase hecha maoísta Tigres de papel es, por el mismo motivo, el título de una novela de Olivier Rolin (2002) que trata de a dónde fueron a parar los pujos revolucionarios sesentayochistas y similares; pregunta vana, porque la respuesta se supo enseguida y se recuerda a fecha fija, a golpe de calendario.  Es casi un lugar común, un motivo de retorno a un pasado que unas veces se pinta dorado y otras con el color hiriente del espejismo, la decepción y el hastío. Tigres que en esta ópera de cuento chino acaban la función fungiendo de mandarines.

Hasta Ortega habló de tigres, post noventayochistas los suyos, que en el peluche de los asientos de los cafés afilaban sus garras y se iban a comer el mundo viejo que no acababa de morir o que con su rabiosa insatisfacción iban a agitar las aguas de la ciénaga nacional… ay, qué imagen más desafortunada. Con el tiempo a los tigres se les caen los piños y para qué hablar de las garras y de los cafés, redes sociales hoy y su tumulto.

No hay generación que no pueda tener su apuntación fiscal, su ajuste de cuentas entre lo pretendido y lo realizado. Aquí, en España, fue Rafael Chirbes quien se aplicó a ese derribo necesario de farsantes, pero me temo que se podría escribir una novela generacional de esas todos los años. Abundan los vientres sentados que exorcizó Cernuda: No hay gas/ No hay plomo/ Que tanto levante que tanto lastre proporcione/ Como vuestra seguridad deletérea/ Esa seguridad de sentir vuestro saco/ Bien resguardado por vuestro trasero. El tigre español, neocon y neolib y neohedonista y neoloquehagafalta y sobre todo rastacuero de alma, no es muy diferente del desencantado y hastiado francés que ve con sesuda preocupación cómo arden las periferias y no sus urbanizaciones de lujo ni sus coches de alta gama, a buen recaudo siempre.  Temible expresión esta, la alta gama, la que está en boca de los que la poseen y disfrutan, y en boca de los que no la poseerán nunca y con ello se refieren a eso tan feo y rancio de «los ricos», que no hay que decir porque te hace pobre de inmediato. Tigres que empezaron conspirando en conventos de monjas y acabaron saliendo de La Fenice, silboteando La Traviata y del bracete de delincuentes económicos, que era realmente lo suyo. Tigres que se escribían La bandera roja o La estrella roja, o lo que fueran, pero enteras, y acabaron de pesebristas del gobierno de la derecha, de todas las derechas… hasta que la muerte los separe. Tigres. (Sigue, artículo publicado en Cuarto Poder, 15.2.2017)

“Violación fortuita”

6999514lpw-6999606-article-francepolicerape-jpg_4087583_660x281 “Violación fortuita”. Esa es la explicación oficial a la violación (el primer día) de un joven, francés y de raza negra, por parte de un policía con una porra extensible, en un control callejero de un barrio de la periferia parisina, barrios sensibles esos, de manera que el autor de la infamia no solo está en la calle desde ese primer día en que cometió su canallada, sino que va a quedar penalmente exculpado. No en vano el presidente de la República francesa dijo, para calmar los ánimos de los airados conciudadanos y convecinos del violado, que la justicia estaba para proteger a los ciudadanos, incluso, eh, incluso, cuando la policía estaba en tela de juicio…

         Por eso, porque la justicia está para proteger a todos los ciudadanos, mientras los policías autores del atropello están libres y levemente acusados de conducta impropia, y sobre todo absueltos en el fondo por esa calificación de violación fortuita, además de presunta, las condenas a jóvenes y no jóvenes detenidos en las jornadas de furiosa protesta que han seguido a esa violación (presunta) con una porra extensible, que ha dado en por una porra extensible, han sido duras, inmediatas y en cadena, con temibles calificaciones de imputación penal, como la de ataque armado al usar piedras, o emboscada al enfrentarse a los antidisturbios.

         Para mí este es todo un aviso de caminantes de la que se nos viene encima poco a poco: la globalización en su peor sentido, o quizás en el único que tiene. La impunidad policial es un hecho alentado desde la magistratura y el poder político, es inherente al sistema, no puede resquebrajarse, como la propia magistratura, y no puede ser puesta en tela de juicio jamás. No se trata de leyes, sino de Poder.

hqdefaultLa justicia está para proteger a los ciudadanos dijo el presidente francés y con él –primer farsante del Je suis Charlie–, todos los que le acompañaron. Por eso, por la farsa y fachenda, se presentó Hollande en el hospital donde el joven de raza negra agredido tuvo que ser operado de los daños causados por la porra extensible, no por quien la llevaba en la mano y la accionó, eso está claro, como lo hicieron Martín Villa y Fraga Iribarren con los heridos de la matanza de Vitoria. Eso es lo que venden. La realidad es muy otra: la policía ya no está para defender a todos los ciudadanos, sino para controlar que los más desfavorecidos, los marginados, los desechados, los desperdiciados, decía Bauman, y expulsados por el sistema no se rebelen, para mantener un orden social que beneficia a quienes en ese sistema se enriquecen y que no es otro que el de la arbitrariedad del desorden autoritario más la fuerza.

Barrios más o menos conflictivos, sensibles, airados, como ese en el que se cometió la violación del joven francés, los hay en todas las ciudades europeas –menos en España por supuesto– y son, a fecha fija, escenarios de protestas y disturbios graves. El París de películas como El odio, no es el mismo que el que muestra Woody Allen ni el que venden los pesebristas del gobierno a quienes pasean en coche oficial. La propaganda oficial insiste en que se expanda y asimile la idea de que la marginación social que se acoge a esos barrios calientes, la drogadicción evidente, innegable, la delincuencia de diferentes grados y el adoctrinamiento yihadista, son una serie de caprichos de parásitos sociales, pero jamás hablan de la falta de formación y empleo reales, de los agravios racistas, de la precariedad social que conducen a que la actual situación de esos barrios sensibles, y de quienes los habitan, en Inglaterra, Alemania, Bélgica, Italia, sea no ya de difícil retorno, sino meramente reconducible, como no sea por medio de una represión policial-judicial constante. El sistema no se ve del todo desbordado, solo que en unos lugares el aparato represivo funciona de manera más contundente que en otros, gracias sobre todo a que la población a reprimir es fundamentalmente pacífica, como sucede en España, que es diferente –por eso, según ha dicho Rajoy, el último año la han visita 75.000 millones de turistas…–

La denuncia de hechos como el de la porra violadora quedan relegados a la novela o al cine negros, si de verdad lo son y no inanes pamemas de propaganda filo policial, y ahí quedan. La gran prensa se abstiene de condenar en firme hechos de abusos e impunidad policial –algún sesudo comentario preferiblemente ininteligible, como mucho– y espera a que hablen los tribunales, que en muchas ocasiones equivale a que silben el ¡…y volver, volver, volver!

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 12.2.2017

Carnavalesca con Longhi y con Goldoni

pietro_longhi_009El rinoceronte de Pietro Longhi para acompañar estos versos de Carlo Goldoni:

Le bugie sono per natura così feconde
che una ne suole partorir cento

(Las mentiras son por naturaleza tan fecundas que de una sola nacen cien).

Una verdad… o una apariencia, en el cuadro de Longhi: el animal desprovisto de su defensa, exhibido como un espectáculo y hostigado por un valiente, a cara descubierta, pero protegido por la barrera del palco para diversión de enmascarados… tal y como yo lo veo o quiero ver.

Dislates 1, 2 y 3

1,

_dsc0043Ayer estuve en un brocante de Bayona echando una ojeada a la sección libros y entre el batiburrillo de muebles, objetos de decoración, antigüedades voluminosas que estorban y “cosas raras”, digamos para resumir lo que es material de derribo dejado atrás de muchas vidas. Entre ellas esa lámpara de salón sobre la cabeza de un caballo que me recordó la frase “la mente humana no conoce reposo”,  que no sé de quién es ni dónde la leía; que somos estrafalarios lo decía Bernhard, pero lo otro…

2

_dsc0044Junto al anterior estaba esa figura decorativa de inspiración no sé si circense o de cómic del espacio y similares, pero para mí extravagante sin duda, que de manera arbitraria me recordó a L. F. Céline cuando describía los objetos improbables que ponía su madre en el escaparate del comercio de encajes que tenían en el Pasaje Choiseul: “¡¿Pero eso se compra, eso, pero quién, Dios mío, quién?!”.  Un sarcasmo, sin más, literario encima. El malentendido estaba servido y hubo quien lo tomó como una ofensa ideológica.

y 3 (y sin ilustración)

A cierta edad acabas harto de todo lo que huela a intocable, a sagrado, a indecible… a capricho de doctrinario, a razones de culto y clero, a nueva pudibundez e igualmente nuevo y muy repulsivo puritanismo laico. Husmeasábanas. Esa nueva clerigalla devota, a la caza de micro infracciones a la ortodoxia progresista e izquierdista, y deseosa de imponer el «orden» que la acompaña, me produce un asco irreprimible: Moriremos nosotros también, está claro que los nutrientes de esa novela se renuevan a diario.
Los vigilantes de las ortodoxias dominantes y sus micro infracciones resultan cargantes, antipáticos, enemistosos: clérigos de un culto nuevo que padecen la manía de impartir doctrina y están convencidos de que tienes que acatar por fuerza sus lecciones.
Entre la libertad de palabra y expresión de lo que es mi mirada de las cosas, y la amistad, elijo sin dudar las primeras.

 

Días de borrasca

_dsc0118Si lo que cuenta no es lo oscuro que comienzan los días, sino cómo siguen, el de hoy no ha podido ser más fosco, al menos en lo que a climatología se refiere. Inclemencias del tiempo, muchas, que te tocan más o menos de cerca, o te dan de lleno, y bonanza del refugio, un espejismo, otro, por muy grato que te haya resultado el día, por el trabajo sobre todo. No estás a salvo ni a cubierto de nada. El estar expuesto a las inclemencias y cambios bruscos es una condición, estés donde estés, la llevas contigo. La seguridad es efímera y la fragilidad en cambio resulta cada vez mayor, cuanto antes cuentes con ella, mejor. (Diario volátil)

Actúa como Beckett…

c348b54waaadifj1.- Actúa como  Beckett, me invita el cartel del teatro, escríbelo incluso como él, añado por mi cuenta. Ni es tan fácil: ni tienes fuerzas ni ganas ni talento… humos literarios, fantasías de atrapados en el cepo triste de lo convencional y manso,  sobre todo cuando los diablos de lo cotidiano te llevan en volandas con más facilidad de lo que nos gustaría a la riña a garrotazos.

2.- De acuerdo, no eran esos los libros que debería haber escrito. ¿Entonces cuáles era? (Silencio) ¡Andá! ¿Y tampoco los de ahora? ¿Entonces? Redoble de silencio, balbuceos de listos, galimatías (Por preguntar sin ton ni son).

3.- Ser o no de la partida, de la peña, del petit noyau de los auténticos, de los listos, de los eternos Verdurin… ¿Ser montero o ser furtivo? Tú eliges… Salvo cuando, sin contar contigo, los monteros y sus peones deciden que eres tú la pieza a cobrar.

4.- «No es santo de mi devoción…» Nada, ni caso, cosa de meapilas, de tartufos y de cofrades.

5.- ¿Estaría en lo cierto Borges cuando decía que el periodismo estaba hecho para el olvido y la literatura para la memoria? ¿O también aquí se trata de otro cambio climático?

6.- Escritura «comprometida» sin aplauso de koadrilla… como soliloquio de orate en descampado… El mérito no es de quien más apuesta, sino de quien mejor se pone en escena, aunque nada diga, pero el gesto, el gesto, eso es lo que cuenta. Lo demás: «Voglio una donna!»… poco más.

7.- Hacer de la disidencia un adorno democrático, aplaudir al disidente por su independencia y su “compromiso”, así, en general, premiarle incluso por lo mismo, por valores genéricos que en la práctica se persiguen… ¡Rediós, qué burla!

8.- El aplauso, esa nueva forma de la burla del gobernante hacia el gobernado, una forma de decir que sus voces de crítica y disgusto le importan un carajo.

9.- Opinión a brincos versus invención de sueños y memorias… por lo fácil que resulta, gana por goleada la primera.

10.- La opinión, ese cuchillo de trinchar reducido a aguja de coser a fuerza de amolarlo.

11.- Extender de manera arbitraria los supuestos de enaltecimiento del terrorismo o de incitación al odio (y similares) con objeto de reducir la libertad de expresión a límites de adorno y convención, de elegante adoctrinamiento: todo un programa político que se instala para quedarse entre la indiferencia y la inadvertencia… o el aplauso.

12.- La voz del mutilado de guerra y su mejor derecho, sus privilegios menudos, el economato, las clases pasivas, el estanco, el poder «meter partes» y denunciar al sospechoso, a quien le ha mirado feo: rebabas de un país triste.

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Francis Jammes, Elizondo y las angulas

cvoqv8ewoae3ovy-jpg_largeEntre las jugosas páginas de las memorias del poeta Francis Jammes me he encontrado unas divertidas, referidas al lugar donde vivo. Es un episodio de hacia 1900. Jammes, en compañía de un conocido, hace una excursión a pie hacia Alduides y de ahí, después de haber compartido con un párroco contrabandista que les ha propocionado un guía y unos puros de contrabando,  llega a Elizondo donde intenta hacerse con provisiones de boca para seguir camino, y lo hace en un “Ultramarinos”. Jammes a la vista del cartel espera encontrar productos coloniales –algo que también aparecía en las viejas enseñas: “Ultramarinos y Coloniales– y solo encuentra unas latas de conserva de contenido enigmático, porque no logra descrifrar la etiqueta, y que compra a la buena de Dios, además de un Oporto pasable y pan. Camino adelante, en plena montaña, cuando llega el momento del almuerzo, los caminantes abren la lata y se encuentran un contenido indescriptible:
“En un aceite pútrido maceraban innumerables serpientillas, del grosor y el color de los fideos, de unos cinco a seis centímetros de largo, provistas de unos ojillos negros extremadamente vivos y malvados. Nos echamos atrás instintivamente. Ni Fontaine ni yo nos atrevimos a probarlas, pero por lo visto eran deliciosas a juzgar por el uso que hizo de ellas nuestro guía, que no dejo un átomo en el fondo de la lata”.
Más adelante, Jammes se enteró de que aquellos “extravagantes animalillos” eran las famosas angulas que se pescaban en Urt (todavía…es llamativo ver las luces de los apostaderos de pesca en la noche) y se enviaban por vagones al otro lado de la frontera… De niño vi comer en varias ocasiones bocadillos de angulas… las circunstancias ya las cuento en no sé qué novela… Leo que  hoy andan por encima de los 1.000 euros el kilo ( a veces muy por encima).

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El asco indecible

780-george-grosz-6ab_zpsy4bdxb2u-jpgoriginalEl asco indecible. Es el título de un pequeño libro de reflexiones que publiqué hace cuatro años. No, no teman, no es publicidad ni encubierta siquiera de aquel libro. Entonces dije que el libro se había ido escribiendo solo, al hilo de los días, o mejor, que nos lo habían escrito en la chepa, sin pedirnos permiso y pese a nuestras protestas. Lo dije y lo mantengo. No hice sino poner por escrito lo que era un clamor y algo de lo que se nos había venido encima, el anuncio de lo que iba a seguir, para lo que no hacía falta ser adivinador del porvenir.

         Eran tiempos, días, intensos, de indignación, éramos los indignados que no callábamos, los que estábamos recuperando esa calle, algo más que asfalto y cemento, de la que se habían apropiado los que tienen la fuerza en las manos, una fuerza que se ha ido acrecentando con los años hasta alcanzar grados de represión que podrían parecer, en otro tiempo, insostenibles, pero que por lo visto se sostienen con facilidad de costalero adiestrado. Somos costaleros de nuestro propio entierro ceremonial.

         ¿Han cambiado las cosas desde entonces? A peor sin duda, dentro y fuera de nuestro país, pero ¿y la indignación? La indignación, no sé si se han fijado, ha desaparecido del vocabulario, es palabra en desuso, anacrónica, la han ido borrando del invisible diccionario, callejero o no, que usamos, el de nuestras palabras verdaderas a base de palos, multas y resignación inoculada bajo el disfraz de sesudo pacifismo. Te arrebatan tus derechos sociales y los hacen migas, pero ante todo la paz y la convivencia. Asistimos a casos de desvergüenza gubernamental cada vez mayores, pero lo hacemos con mortecino disgusto, expresado de muy sesuda manera, que es lo que ahora se pide: nada de acción, sino reflexión, teoría… mandanga, mucha, cuanta más mejor. Y hacerse con el relato del presente y su historia y hasta con su lenguaje. Eso, hemos pasado de la indignación rebelde al disgusto del devoto al que le predican la mansedumbre de corazón, y ojo con salirse de ese papel procesional. Deberían darnos un premio, pero algo grande. No hemos inventado el reloj de cuco, pero casi; eso sí, con la inestimable ayuda de los antidisturbios y sus jueces a la puerta. La paz del miedo. Exageración, sin duda, todo lo es, como si hubiésemos regresado a los tiempos en que estaba prohibido pisar el césped, también llamado yerbín…¡oh!

Entonces, hace cuatro años, apoyaba apuestas políticas que hoy no apoyo porque he sentido algunos cambios como una estafa triste. Lo digo porque sé que no estoy solo en esa decepción. No puedo sostener, sin mentir, que no ha habido cambio social alguno de los que considerábamos necesarios, pero estos han sido tenues, periféricos y más de adorno que otra cosa. Entre tanto, el gobierno del estado ha convertido conquistas elementales en concesiones graciosas, en dádivas, porque en lo fundamental ya se encargan de zancadillear todos los cambios legítimos sostenidos en leyes que no les gustan, gracias a esa coyunda, que funciona como una apisonadora, de políticos, jueces y banqueros, que son los que gobiernan. Hablarán los tribunales… frase tan hecha como hueca, pero el caso es que sí hablan, pero parece que lo hacen en apoyo única y exclusivamente de las arbitrariedades de los gobernantes y sus caprichos, no de la justicia.

No se habla de indignación, digo, y motivos sobran para sentirla y para mostrarla. ¿O es que tenemos más trabajos y mejor pagados para escapar de la precariedad o de la pobreza energética y poder pagar sin mirar esa estafa permitida que es la oscura factura de la luz? ¿Ha mejorado nuestra libertad de expresión? ¿Nos mienten menos, como han hecho con el rescate bancario sin dar exigibles explicaciones? ¿Sigo? No, para qué. No se trata de que las denuncias sean baldías, sino de que los hechos son tan graves que se denuncian solos. ¿Que no salimos a la calle? Ese es nuestro problema. Ya hemos votado ¿no?, y hemos pedido ¿no?, pues entonces que hagan lo que les dé la gana, que lo hacen, porque están en su derecho… No sé si todos actúan así, pero este es el resultado. Esto es lo que va a quedar, esto es lo que está quedando y cuya sombra fría y espesa se va a proyectar en el futuro, mientras los hechos concretos, como los titulares de las noticias bomba que les dan publicidad, se irán apagando y esfumando con el paso de los días, sustituidos por otros sin duda más graves. Ha cambiado el clima, eso es lo que ha pasado, que el cambio climático ha entrado, como un tufo asfixiante como si lo hubiese hecho, furtivo, por debajo de la puerta.

*** Artículo pubicado en los diarios del Grupo Noticias, el 5.2.2017

Recacoechea y su ciudad

juan-recacocheaAmerican Visa fue la primera novela boliviana que leí, en mi primer viaje a La Paz (junio de 2004). Inolvidable por tanto. La compré por el apellido del autor porque me remitía a los de la tierra fronteriza en la que vivo y de la que procedían los ancestros de Juan de Recacoechea, según él mismo me contó en un encuentro para mí memorable que tuvimos en La Paz: Cuando te ríes a carcajadas con alguien, gracias a su ingenio y a su visión lúcida y escéptica, inteligente, de las cosas, es más que probable que no le olvides jamás.

Esa primera novela la leí en un cuarto ciego de un alojamiento siniestro del barrio del Rosario, por donde pulula el protagonista de su novela y por donde lo hacía, y se nota mucho, el autor, que demostró conocer su ciudad como la palma de la mano, tanto que a veces pienso si el verdadero protagonista de sus novelas no es otro que La Paz, sus barrios más populares (y menos populares), sus calles abigarradas, pasajes y callejones siniestros, sus recovecos y la fauna variopinta que la habita.
El Reca, un novelista que se metía donde no se mete nadie, digamos, algo balzaquiano. La hoyada no era un pozo, al menos para él y su capacidad de invención. Lo menos que se le puede pedir a un novelista es que sepa de qué escribe.
De ahí que me parezca un reduccionismo fácil y perezoso calificar a Recacoechea como un escritor de novela negra y sólo eso, porque tengo para mí que es algo más.
Convengamos que sus tramas puedan ser “policiacas”, pero con ellas trataba asuntos graves de la realidad social y política boliviana largamente denunciados, como son la inmigración, el trabajo precario, el expolio de obras de arte, los crímenes políticos y no políticos que no se resuelven jamás, la corrupción, la miseria, la impunidad del más poderoso… La biblia copta, La abeja reina…
Y sigo, Toda una noche la sangre me parece una novela soberbia acerca del asesinato del jesuita Lucho Espinal a manos de paramilitares y no paramilitares, una forma de explicarse la mentalidad de esos personajes sobre los que ha caído un manto de olvido, se escriba sobre ellos lo que se escriba.
Quiero creer que Recacoechea sabía del valor de la escritura, más allá del aplauso volátil de la tribu literaria. Eso me pareció al leerlo, al escucharle, y así lo escribo… y me voy riendo, ay, Reca, tenías cosas geniales, gracias, hombre.