En los cafés de la juventud perdida

_DSC0036.jpgEn uno había troskos o maoistas o algo, yo qué sé, si todos han dado en lo mismo o en muy parecido, la cucaña, la cucaña… y también camelletes que ejercían en el barullo de la acera y con los que no era difícil tener grescas; hoy debajo de las banquetas de hule rojo y del cartel de les Fréres Jacques corrían ratones, y en un rincón, un lector leía aplicadamente a Lèvi-Strauss…Lo encontré de escenario de una novela que he olvidado.

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En el otro, ruidoso, lleno de humo, había aprendices de artistas de la vecina École des Beaux-Arts, mucha zamarra de borrego, se bebía abundante vino baratejo y las copas quedaban vacías sobre la mesa, hasta cubrirla, y Ablitas peroraba acerca de Proust y de los Tayllerand-Perigord y de Toulouse-Lautrec con quien decía estar emparentado, Pepelu por su parte,  en la duda de si ir a cenar a casa de los Murat o seguir desbarrando sobre el Coloso de Maroussi, escogió para siempre lo primero,  mientras que  J., que hoy lleva las finanzas de una secta, alababa las virtudes del blanc-cassis, y K. soplaba a más y mejor, y no sabía que era un suicida, y el pintor Gallego hacía retratos al paso entre trago y trago, y loqueba poéticamente… Ah, sí, y un día entró Mike Jagger a mear y causó sensación. Hoy es un local de medio lujo, con estilo, con sabor eh, con clase y los camareros te miran de arriba abajo antes de franquearte el paso…

San José en las Pulgas de Vanves

_DSC0417.jpegLo mismo le da vender esa espantosa imagen de san José que fetiches de dioses oscuros, diría Apollinaire, pero no más oscuros que los que echó a rodar Constantino, o uno o qué más da. Me acuerdo de la bronca que tuve con una pava que pasó por mi casa (hace mucho) y que se encampanó porque tenía fetiches africanos junto a imágenes religiosas renacentistas.  Gastaba una violencia extraña, una furia más bien opusdeista porque de esa zahúrda salía. Mala crianza y peor sentido de las creencias religiosas. Vino en compañía de un muchacho de Orihuela que iba para poeta o algo. No retuve su nombre, lástima.  Ahora todo es zarabanda de recuerdos, tal vez porque el presente es peor que un pozo de arenas movedizas.

Fervores patrióticos

Días pasados, cualquier lector de periódicos pudo leer un titular como este: «El alcalde del PP de Boadilla del Monte organiza una jura de bandera para civiles», cuyo objetivo no es otro que confirmar, es decir, reafirmar, nada menos que los valores constitucionales y « el compromiso, como ciudadanos, con España y con los españoles», de los participantes en la ceremonia. Esto, dicho así, suena a melonada y saco de humo.

Dudo mucho que una mojiganga de jura de bandera para civiles signifique, siquiera de lejos, una confirmación de los valores constitucionales, cuando no se especifica cuáles son o en qué consisten estos. Esos valores se defienden en el Congreso de los diputados y en el ejercicio diario de la función pública y la actividad política. El resto son pamemas. Lo digo porque se me ocurren una serie de valores constitucionales, estos sí seriamente dañados por el partido del alcalde de ese pueblo, que no han encontrado protección alguna en la bandera de la monarquía, al revés.

Confundir España y los españoles con el partido en el poder es tosco y grosero, además de una vieja añagaza conducente a afirmar que quien no está con ellos es la Anti España bolchevique. Relacionar identidad nacional con alardes militares es propio de regímenes poco democráticos.

Esas mojigangas deben circunscribirse única y exclusivamente al ámbito castrense. Por eso llama la atención la regularidad con la que se convocan y las alharacas virtuosas que manifiestan quienes en ellas participan.

Pero nos guste poco o nada, esto forma parte de la trama de un país real, ese al que hace unos años se referían como una «Suecia meridional». Ahora vamos camino de un país de pacotilla cuyo presidente nos divierte a fecha fija con lapsus desternillantes que tal vez no sean sino manifestaciones de una estupidez que se oculta a duras penas.

A lo anterior hay que añadir que en este país «Más de 200 vírgenes y cristos ostentan cargos honorarios municipales y militares», y que las condecoraciones se suceden y acaban en los tribunales. Lo cuentas en París y no se lo creen, y hacen bien, aunque se equivocan si piensan que son cuentos de Tartarin de Tarascon, enormidades circenses o embustes de charlatán que quiere vender algo invendible.

El teólogo Juan José Tamayo sostiene que la democracia española es rehén de la jerarquía eclesiástica a la que el Gobierno dota de privilegios, con el fin de obtener a cambio rendimientos políticos, en ejercicio de una manifiesta confesionalidad del Estado, que es ya casi imposible ocultar o enmascarar por más tiempo. Es obvio, más que obvio incluso; que no se quiera ver ni tomar en consideración o, lo que es peor, que se defienda como un principio ideológico, es otra cosa. Esta es una cuestión pendiente de aclarar de una vez por todas, pero que va a seguir pendiente con la complacencia de buena parte de la ciudadanía. Claro que Tamayo es teólogo de la Liberación y esos ya se sabe… a esos hasta se les puede asesinar de manera no solo impune, sino con el aplauso y la justificación de la gente de orden que usa de la religión como un detente bala o una escarapela de distinción dudosa. Religión católica y política más autoritaria que conservadora, siguen unidas en España, y así seguirán mientras continúe vigente el Concordato con el Vaticano y la jerarquía eclesiástica enrocada en épocas doctrinarias y de culto pretéritas.

Yo me pregunto si no hay otras maneras de vivir las creencias religiosas o los fervores de identidad nacional que estas, o si resulta imperiosa la necesidad de manifestarlas cuando deberían bastarse por sí solas en el ámbito de la estricta conciencia, sin mojigangas que apuntan a un difuso furor guerrero, y sin el sostén del dinero público. La opinión es muy personal, pero voy viendo que a este país le sobran patriotas de berrido y devotos de ocasión, y le faltan ciudadanos con conciencia de tales, en posesión y ejercicio de derechos civiles plenos, y en cumplimiento de las obligaciones sociales que van con ellos, lo demás es cuartelero y degradar asuntos de conciencia a folklore y a pachanga.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 19.3.2017

 

Desobedecer

Dejad de obedecer, es una orden» Sí, el mensaje es muy claro y muy habitual, casi ya un lugar común… los resultados en cambio, son muy pobres.  Desobedecer no es tan fácil, al menos de manera impune. En el escenario, en la pantalla, en la página escrita es otra cosa, eso es lo malo, que es otra cosa. Desobedecer.. ¿Cómo? ¿A qué precio? ¿Quién está dispuesto a pagarlo?

Morir por Alá

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Ayer estaba  desayunando en un bar de gente al ojeo, descuideros notorios, trileros y demás gente de honor y devoción, cuando la televisión ha dado la noticia de un incidente en el aeropuerto de Orly en el que ha muerto una persona. Un incidente confuso protagonizado por alguien que intentando arrebatarle el arma a un uniformado se ha inmolado por Alá. Esa es la versión oficial, adornada de inmediato con alcohol, drogas y más Alá, y no solo eso, sino que el fallecido estaba fichado y debería haber sido controlado lo que está sirviendo para munición de campaña electoral para demostrar la ineficacia gubernamental en la lucha antiterrorista islamista. En la mano tenía un libro de maître Jacques Vergès, Le salaud lumineux… un abogado que cuando menos ponía en solfa las versiones oficiales y sostenía que todo el mundo tiene derecho a una defensa y a ser oído por tanto (por mucho que nos repugnen sus crímenes), algo que las ejecuciones sumarias excluyen.

Ion Arretxe

1490025016_546380_1490025241_noticia_normal_recorte1Fallece Ion Arretxe, escritor y dibujante, y más cosas. Como dice Ignazio Aiestaran, gracias a él sabemos que la GC torturaba y cómo, cuando fue detenido junto a Mikel Zabalza, que «murió ahogado»… en Intxaurrondo, en un episodio siniestro nunca investigado a fondo de manera judicial. No le conocía de nada, leí  su libro,  Intxaurrondo. La sombra del nogal, cuando salió y  me pareció un testimonio turbador, pero cuando hace unas semanas se publicó en las redes que había salido Las pirañas, saludó con generosidad, simpatía y entusiasmo su salida. No tenía por qué haberlo hecho. Hay gente generosa.

De nada le sirvió  insistir en que no era de ETA, eso para quien relaciona torturas, siempre falsas, con ETA resulta indiferente. Cuando se trata de sentimientos y resentimientos no se admiten pruebas en contrario. La carga de la prueba no es que esté invertida, que lo está, sino que sobra. Es una cuestión de conciencia en la que por princpio se excluyen los testimonios de la víctima, prevaleciendo el honor del verdugo, que a mi modo de ver constituye una perversión jurídica de difícil erradicación. Se cree en lo que se quiere creer, sin fisuras, se cree en aquello que viene marcado por la ideología. El relato de los crímenes de ETA no lo justifica  todo. En un librero de viejo de Bayona, que tenía mucha documentación de ETA de los años setenta, tuve la oportunidad de leer el manual famoso para detenidos y no pone eso. Ni siquiera estaba publicado por ETA. Quien lo afirma debería publicar cuando menos la página entera, claro que pedir que no sea manipulada es pedir gollerías.

Ion Arretxe fue valiente al publicar el relato de lo vivido, sabiendo el poco o el negativo eco que iba a tener su testimonio.  Al revés, esos testimonios concita de inmediato  rechazo y  hostilidad por parte de aquellos para los que solo hay un relato de lo ocurrido.  Por eso es necesario publicar la mayor cantidad posible de testimonios de gente que ha padecido torturas en los últimos cuarenta años, aunque no encuentren eco alguno entre ciudadanos de orden para los que negar las torturas es una seña de identidad patriótica que divide a los ciudadanos, como hizo ver en una ocasión memorable Juan María Bandrés en el Congreso de los Diputados.  Y más necesario todavía cuando salta a las noticias que un policía condenado en firme por torturas a un detenido, representa a España en un foro anti tortura y da conferencias virtuosas, lo que viene a demostrar la desvergüenza activa del Gobierno español elevada a ideología

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Cremación en el Père-Lachaise

_DSC0106 Un día gris, frío, vamos hasta el Père-Lachaise a la cremación de nuestro familiar y llegamos con mucha antelación. Hacemos tiempo en un café que está a la puerta y que se ve vive de los entierros y funerales, de los cafés rompe nervios y de la bodega y cocina bien surtidas quitapenas.

—Vous avez du monde! –dice un parroquiano de luto en tono admirativo.

—Ah, vous savez, pour le Premier Mai et la Toussaint c’est la folie! –replica el dueño bandeja en alto sin poder ocultar su satisfacción.

Y del café al crematorio. Hay que esperar porque hay atasco. Damos una vuelta por los panteones de los alrededores, los hierbines alimentados con cenizas, los monumentos a los muertos en los campos de concentración nazis, hasta el muro de los fusilados de la Comuna, frente al que está la tumba de Clement el de Le temps de cerises, ese que no llega nunca y cuando lo hace es para acabar a tiros que reciben siempre los mismos.

_DSC0115.jpgDe vuelta pasamos por el panteón de Oscar Wilde protegido con muchos  morros de carmín estampados en el vidrio que protege el monumento funerario… devociones necrófilas.

El recinto del crematorio es imponente: furgones fúnebres, grandes y pequeños, cerrados, abiertos, muchos croque-morts, familias y cortejos que entran y salen, se atropellan, apenados o a prisa y corriendo. Llaman a una familia y entran en la sala dos personas arrastrando el carrito de la compra. Gente que acude y que no saluda, nadie sabe quién son, los familiares que no se han hablado en décadas y tampoco ahora, pero que se dejan ver, parientes salidos de la nada y que a ella vuelven sin haber abierto la boca, que resulta que no lo son y se asoman nadie sabe a qué. Triste, sobre todo eso, triste.

En Francia los cadáveres dan muchas vueltas, tal vez demasiadas. Entre el fallecimiento y el entierro pasan varios días, muchos a veces.  Si hay problemas para una incineración todavía es peor porque hay que embalsamar el cadáver para después darle fuego.  Un negocio fabuloso en el que no repara nadie, más que una vez que todo ha pasado. Lo primero las pompas, eso lo saben los deudos y los buitres que caen sobre quien está solo y apesadumbrado, descompuesto, tal vez agotado de semanas de hospital y de asistir a la agonía lenta de quien quiere irse y no le dejan, entre despropósitos mayúsculos y abusos de todas clases.

Te hacen pasar a un subterráneo por cuyas escaleras los ancianos se mueven a duras penas. Tu difunto está en la caja, lacrada. Te dejan a solas con él; minutos de recogimiento dicen. Pasa el tiempo.  Nadie dice nada, y de pronto entra un tartufo que recompone las carcajadas que has visto por la rendija de la puerta y pone cara de fosor y te dice que se acabó la función, que no hay plaza ni nicho, que te vayas, que el féretro se queda allí, a buen recaudo de la Administración con reglamentos en mano como luparas. ¿Y dónde se queda le difunto? No sabes ni cuándo lo van a incinerar ni cuándo te van a avisar de que tienes a tu disposición la urna con las cenizas para meterla en un columbario porque ya no dejan llevártelas a casa porque en ese caso les desaparece una tajada del negocio.

Entre tanto, los sobrevivientes siguen su vida, van de papeleo en papeleo, pagando sin parar. Hay compañías que se ocupan de esto, del papeleo, porque la burocracia francesa es esa otra cara de la «vida literaria» que no quiere ver ni Dios. En las funerarias operan ladrones de buen porte que se presentan al día siguiente y venden seguros falos que revelan prepuestos con mucha letra pequeña por la que hay que meter en danza a algún abogado ducho en líos funerarios y ganas de enredar.  Hay que pagar para enterrar al difunto, para tirar sus cenizas, para meterlo, para sacarlo, para momificarlo, para enfriarlo, para calentarlo… De esto se habla poco o mejor nada, bibliofilia, escaparatismo, flanerías… que te dejan con la boca seca y un pico de ansiedad en el alma. Hoy me jodo en la literatura, mucho, mañana probablemente también.

Terroristas y golpistas

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Ese epitafio del historiador, activista y resistente judío Adam Rayki, en el Père-Lachaise, me ha recordado a esa gente de fiar y de orden a ultranza, que proscribe y condena la lucha armada, reputándola sin discusión posible terrorismo, pero justifica plenamente los golpes de estado, pasados y futuros, cuando el presente y sus protagonistas no son de su  gusto y conveniencia, y eso sí, poseída siempre de un mejor derecho que no es otro que el ejercicio de la fuerza y el derecho a ella deudor.

Emilia Drăgotoiu Nanu y Brâncuși

_DSC0050Toca esta semana andar de cementerios y exequias. Hoy en el de Montparnasse. No sabía que esa era la tumba de Constantin Brancusi, solo vi un grupo de gente cargada con cajas que estaba colocando una bandera rumana sobre una tumba. Un bună dimineaţa’ al paso, y un dimineaţa’ de cortesía. Mi esposa y yo estábamos haciendo tiempo para otros asuntos  buscando la tumba de Cioran, cuando los rumanos nos llamaron desde lejos para hacernos entrega de unos presentes en honor de Brâncuși: una botella de vino, una vela encendida, un pastel de bizcocho con chocolate  y un cidí de Emilia Drăgotoiu Nanu que era la mujer vestida con un traje folclórico que nos hizo la entrega de los presentes. Sacaron unas fotos. No encontré la tumba de Cioran, sí, la de Brâncuși y andar entre las tumbas y con tus propios duelos a cuestas, con aquellos presentes (¿la pomană?) en los brazos se hacía raro… en los cementerios pasan cosas raras, siempre, a nada que te lo propongas, en Bucarest una viuda desconsolada me dió limosna tomándome por un mendigo, en Punta Arenas… pero esta es otra historia…  Pensé dejar la botella de vino en la tumba de Cortázar, que estaba por allá cerca, pero me dije que no le iba a aprovechar, e hice bien porque cuando llegas reventado a tu alojamiento y te sirves un par de vasos de buen vino en honor de Brâncuși o de tus propios muertos ya es otra cosa.

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http://www.pandurul.ro/articol/comemorare-pentru-brancusi-la-paris-si-hobita_88346.html

http://www.tvsud.ro/tricolorul-pe-mormantul-lui-brancusi.html

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