En el día del Tata Santiago

Hoy hace cuatro años estaba de nuevo en Guaqui. Día de ofrendas y de peregrinaciones familiares o comunarias al santuario del Tata Santiago, el dios Illapa también, en la cosmovisión andina, culto de sincretismo muy arraigado a ese señor del rayo arreglalotodo, al que pedir lo imposible, casas, coches, pleitos y hata venganzas, por eso está prohibido enceder velas negras en su capilla, porque ahí se va a hacer el bien, no a desear el mal… Día de procesión, muchas flores,  fritangas de pescaditos del lago, cohetes, challas, mixturas, bendición de imágenes, retablitos… «Padre, quiero recibirme en confesión…», me dijo una mujer mientras, otra porfiaba para que le bendijera el retablito de lujo… escapé a los altos, al santuario de los yatiris, preo esta fue otra historia.

Vaya aquí una oración de yatiri al Tata Santiago

Doctor San Agustín médico que estás a medio cielo
Señor de Saya
Santiago de España, Señor Santiago de Lampati
San Bartolomé de Chitulwayu
Señora Milagrosa La Merced de La Pampa de Tuli
Señora Asunta de Tawapalca
Señor de Exaltación de Obrajes
Señora Limpia Concepción de Sopocachi
Señora de La Paz de la Ciudad de La Paz
Señor Justo Corazón de Qallampaya
Señora Asunta de La Villa
Señor Santiago de la cuesta de K’ili K’ili
Señor de Las Nieves de Vino Tinto
Señora de Exaltación de Qañawiri
Señora de Exaltación de Sorat’a
Señora Santa Lucía de Jank’u Laymi
Señor San Pedro de Jachacachi
Señora de Exaltación de Warina
Señor San Miguel de Pucarani
Señora Santa Rosa de La Pampa de Ikiyaka
(Nu…) de Q’urupata
Señora Natividad de Qapaqasi
(Nu…) de Pumamaya
Señora Natividad de Wilaqi
Señora Copacabana de Copacabana
Señor Santiago de España milagroso de Waki.

 

El trillo

DFj8FlWXkAAjPpVEl de dar vueltas a una era subido en un  trillo, tirado por una caballería, es uno de los recuerdos infantiles más intensos y emocionantes que conservo, y los gritos de la mujer fornida que arreaba al animal, todo envuelto en un polvo y un sol cegadores… ese, y el pavor nocturno al Juanín, uno de los últimos guerrilleros (maquis), que conjuraban a base de rezos, a la luz vacilante de un candil apestoso.

Recuerdos convocados por esa fotografía de Cristina García Rodero.

Extrañas circunstancias

Blesa ha desaparecido, de propia mano al parecer, y ha sido incinerado tras una autopsia relámpago, pero a su espalda quedan las familias arruinadas por su gestión al frente de Bankia, un nombramiento político que ahora aparece desligado de sus protagonistas, que callan e intentan desaparecer del paisaje que compartían, como si el exbanquero hubiese ido a parar a su puesto de privilegio por casualidad o por milagro.

Es hora de borrar las huellas que han ido dejando unos y otros, romper las fotografías, las pruebas documentales que se pueda. Es la hora del humo y la niebla, y de los envidos tramposos. Cuando lo que importa es eso, cómo se urdió la trama gubernamental de cargos de confianza, y no solo en las finanzas, que actuaron en propio beneficio con total impunidad. Es hora de saber quién dio poder a quién, quién miró para otra parte, quién fue cómplice activo y necesario… quién no ha sido todavía detenido y encausado.

El relato del fallecimiento de Blesa es confuso y no creo que se aclare jamás. El suicida se lleva siempre consigo sus verdaderos motivos. Eso sí, hipocresía a raudales, los mismos medios que le apoyaron o trataron de minimizar los daños causados, lo tratan ahora como un mero caso de página de sucesos, pero con guantes, sin ir al fondo del asunto, y hacen bien, porque ya no hay fondo, al menos judicial, y el político, ese no existe, está blindado. Hablar de sus aficiones pagadas con dineros de procedencia poco decorosa era linchamiento, hacerlo ahora es información, adorno, biografía. Decir que esto da asco es poco.

No me sumo a las burlas que ha suscitado la muerte del exbanquero y sus circunstancias, entre otras cosas porque me acuerdo del poeta John Donne cuando contesta a la pregunta de por quién doblan las campanas –nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti–. pero no me olvido de esos preferentistas, pequeños ahorradores en su mayoría, que lo perdieron todo y que ellos sí, han ido poco a poco camino del olvido, en este país que es especialista en desmemoria y en pasar a velocidad de rayo todas aquellas páginas que le resultan molestas, que estropean el dichoso paisaje. Tampoco me olvido de los muchos suicidios que han ocurrido en este país desde que empezó el descalabro económico y social, y cuyo número ignoramos por voluntad activa de ocultación de datos enojosos que puedan generar alarma social.

Ocultar, silenciar, mentir, destruir pruebas, no es una epidemia, sino un sostén de la vida pública que sin esos fundamentos se vendría abajo con estrépito. Se necesita que alguien imponga por decreto una verdad, destruya las pruebas que pueden pintar de luto el trampantojo caribeño de la vida apacible y sonriente. Nadie roba si no es declarado oficialmente ladrón y eso hay que impedirlo a toda cosa. Hay clima para hacerlo. Si todos guindamos, nadie vive de mangarla. Hay que abstenerse de linchamientos e informaciones perjudiciales para la buena marcha del negocio, apoyar los silencios y celebrar las destrucciones de pruebas, como victorias astutas de una partida de tute. Este país no se ha desembarazado de sus maneras de Casino de Labradores o de casino a secas, de capea vinosa y de lunada furtiva. El truco, la trampa y el cepo tienen un atractivo irresistible, de lo contrario se entiende mal lo que sucede. Al que le pillan, mala suerte, el que se pilla los dedos, peor, es que no sabe, no es de los listos y la desgracia se abate sobre él, la muerte civil le agarra por el pescuezo y ya no es «uno de los nuestros», desaparece con un billete para el olvido en el bolsillo.

Extrañas circunstancias, pero no de muerte, sino de vida nacional y privada. Extrañas formas de vida, nada que ver con las de l’Amália Rodrigues, con su corazón que vivía de vida perdida. Aquí hemos perdido o nos hemos dejado arrebatar otras cosas, en lo público y en lo privado. Convivimos con la patraña como si no pasara nada, nos hemos acostumbrado a la sospecha permanente y al olvido, al pase apresurado de todas las páginas, a no acercarnos a ellas. Extrañas circunstancias las nuestras.

*** Artículo publicado en Diario de Noticias, de Navarra, el 23.7.2017

Carnavalada andina

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Después de meses de trabajo, llego al orillo de un artefacto narrativo que empecé hace años, al hilo de unos carnavales vividos en La Paz, y que con el tiempo se ha convertido en una agridulce carnavalada y en un sombrío esperpento andino, con la expatriación no siempre posible, la muerte y su culto como fondo.  Pepinos traviesos (y aviesos), Ch’utas burlescos y por qué no, Chinas Supay y diablos diversos, pecados y pocas virtudes, algo que puede no ser muy riguroso, pero a mí me conviene que aparezcan, que para eso es esperpento. Dentro de unos días aparecerá en La Paz mi crónica de patiperreo urbano Chuquiago. Deriva de La Paz, esto que ahora acabo es otra cosa, es una pesquisa biográfica inspirada en un personaje de Blaise Cendrars, en La mano cortada, el Monocolard, su camarada de la Legión extranjera en las trincheras de la guerra de 1914,  a quien el autor se dirige diciendo: «Dime Monocolard, quién eres, iría al infierno por saberlo».

En Luis Buñuel, novela, escribía Max Aub que el cineasta  hubiese querido dejar a su espalda un retrato dibujado a su gusto, pero que no lo logró porque «No permanece uno como lo que es –como lo que fue–, sino como lo ven  –como le vieron– los demás» y peor aun cuando con nuestra inestimable ayuda nos convierten en personajes imaginarios y juzgados como si fuéramos reales. De ahí la galería de espejos deformantes y mi cortejo carnavalesco…  con un final de yaraví, la música del ensimismamiento y el tristeo.

 

 

Por quién doblan las campanas

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¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Nadie es una isla completo en sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de
uno de tus amigos, o la tuya propia. Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me
encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

John Donne, en Devociones de ocasiones emergentes

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Toreos de salón (diario volátil)

535c0d5d8fff3c426da2ec6197d1679f--la-colle-la-renaissancePatético o descacharrante el escritor que oficia de maldito a su pesar y de ir a contrapelo,  que acepta invitaciones cortesanas, «salonardas», para hacer de comparsa de bulto, sin darse cuenta de que esas invitaciones le llegan porque quien las cursa ignora por completo quién es y cuál su arte.

Y casi más patético resulta el que, ya de manera muy tardía, piense que de ese modo «pueda sacar algo» o que cuando menos le pueden poner  durante un rato la mano en el lomo del alma.

No estás para reírle las gracias a nadie que, en la feria de las vanidades sociales, esté por encima de ti, ya sea por suerte o por dinero, y mucho menos para tocarle las narices y esperar que, encima, te paguen por ello.

Quien puede pagarse hombres de mano, puede también pagarse sus propios bufones, esos que le van a decir solo lo que quiere oír.

En las mojigangas oficiales se pierde con facilidad la independencia y es fácil pasar por quien no eres.

Estropear fiestas ajenas con regüeldos y sin otro motivo que marcar distancias, es una grosería.

El haber cometido tonterías no te obliga a seguir cometiéndolas de por vida. Nunca es tarde para cerrar la puerta a los reclamos donde puedes dejar el poco de dignidad que te quede, y si llaman, contestar que te has ido, que no hay nadie.

No dejes que te engañen diciendo que estáis en el mismo barco… a no ser que sea el de los locos.

Nada mejor que no salir de tu mundo… si es que lo tienes.

 

Estrépitos e insolencias (diario volátil)

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La empatía del amigo bibliómano se reduce al ámbito de la letra impresa y a las rarezas de imprenta. Fuera de eso, la estolidez suele ser total.

Con las amistades vinosas sucede algo parecido, si dejas el trago, el paisaje se despeja una barbaridad y hasta puede dar en el encono.

El descacharrante personaje que tiembla de emoción al recitar de manera pomposa los títulos y posesiones de sus conocidos que, por su parte, le desconocen.

 

 

 

 

Fingimientos y desarraigos (2000-2017)

Han pasado casi diecisiete años desde la última vez que publiqué poemas reunidos en un libro. En diecisiete años caben varias vidas. No es el mismo quien empezó a escribirlos en una casa del valle de Baztan, que al final no fue la de la vida, y quien los acaba de reunir, en el mismo valle, en otro pueblo, sabiendo que está de paso. En este tiempo ha  habido cambios de casa y viajes, y con ellos han cambiado los escenarios, los humores y las rutinas de vida; han fallecido ya muchos de los compañeros de ruta; los tiempos que parecían afables o aceptables en lo público y en lo privado se ensombrecieron de mala manera y eso creo que se nota mucho en lo que he escrito.

Nunca dejé del todo de escribir poemas.  Eso sí, hubo años en que no escribí gran cosa, versos sueltos, poemas truncados; los otros se fueron quedando a la espera de vete a saber qué. La desgana o la pereza, o las dos cosas.

Ajuste de cuentas hay, no voy ni a negarlo ni a esconderlo, pero sobre todo conmigo mismo, con empeños, afanes y grandilocuencias emocionales que han dado en poca cosa o en nada, y que en el momento de su escritura parecían poco menos que de vida o muerte. Pessoa está detrás de la primera parte del título, pero tampoco hace falta ser Pessoa para reparar en que no hay puesta en escena que no tenga algo o mucho de fingimiento, algo más que un lugar común. León Felipe por su parte, con  unos versos de su poema «Qué lástima»,  está detrás de los desarraigos.  Arraigo, desarraigo, puesta en escena, exabruptos, sí, conjuros, osadías, despropósitos, añoranzas, desahogos, burlas y exorcismos contra el desacuerdo con uno mismo que el paso del tiempo me hace ver que resultan a la postre ineficaces, por mucho poema que escribas.

*** El libro estará en las librerías cuando llegue septiembre…

Luis Cernuda, epígrafe

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Versos de Luis Cernuda, en Ser de Sansueña (1949), para epigrafiar un poema de Fingimientos y desarraigos inspirado en el vivir nuestro de cada día y en los carnavales y esperpentos de José Gutiérrez-Solana

La nobleza plebeya, el populacho noble,
La pueblan; dando terratenientes y toreros,
Curas y caballistas, vagos y visionarios,
Guapos y guerrilleros. Tú compatriota,
Bien que ello te repugne, de su fauna.

Impunidad y despropósitos

Ayer hizo 39 años que un mando policial ordenaba a sus fuerzas: «Dad la vuelta a la plaza, preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías, y lo más fuerte que podáis, no os importe matar».

El resultado fue un muerto y cientos de heridos, seis de ellos de bala, dentro y fuera de la plaza de toros de Pamplona. Los sanfermines fueron suspendidos. Nadie pagó por aquello ni por ninguna de las rebabas de la ejemplar Transición, que fueron muchas. Dentro y fuera de Pamplona el olvido de lo sucedido y la absolución de los autores –y de otras infamias policiales-gubernamentales– es absoluto, por voluntad de olvidar y porque sí, porque negar lo sucedido, y con ello avalar la impunidad de los uniformados, es una seña de identidad política y porque estropea el paisaje de una impecable democracia que es un patio de Monipodio en el que se homenajea a Martín Villa, directamente relacionado con lo sucedido entonces.

Si algo va caracterizando la vida pública española es la impunidad gubernamental, la negativa a investigar –sancionada repetidamente por las instituciones europeas y la ONU-, la morosidad procesal, si de abusos policiales se trata, la imposición de penas leves a uniformados o sus indultos –pienso en lo sucedido con los autores de los asesinatos de Almería–, que en muchos caos equivalen a encubrimiento de facto de los hechos cometidos o su absolución social, al margen de la sociedad, en ese coto cerrado que es el gobierno y sus cloacas… que hablen de seguridad jurídica en estas condiciones suena a sarcasmo.

Resulta ineludible referirse a lo que está sucediendo con Alsasua. Considero la petición fiscal y la calificación de los hechos un despropósito jurídico y un uso político y sectario del ordenamiento jurídico, más proclive a la venganza y al escarmiento que al sentido de la equidad y la proporcionalidad que, en mi opinión, debería inspirar las decisiones judiciales, empezando por la fiscalía.

Los agravios comparativos, las dos medidas, la sombra espesa de una justicia desigualitaria, la indefensión, la mentira institucional, la quiebra social y el agravio que no cesa, aparecen en el fondo de esta escena. Mete miedo en qué se ha convertido lo que nadie me va a convencer que no fue una pelea de bar y una historia más turbia que otra cosa, reprobable por supuesto. Este procedimiento está viciado de manera política y mediática desde que se echó a rodar –de manera infame en lo que respecta a medios de comunicación– y prefiero no hacer cábalas sobre cómo puede terminar. Nadie que no discrepe de la versión oficial ha puesto en duda la veracidad del relato de los hechos  porque este se ha montado para obtener unos cómodos aplausos políticos y de público. Nuestros gobernantes nos han acostumbrado a que las versiones oficiales, tan parecidas a las consignas, no tengan credibilidad alguna, salvo para sus adeptos.  Nada importan los atestados del primer momento, las declaraciones del jefe de la Guardia Civil en Navarra, el dictamen de la Audiencia de Navarra, los testimonios presenciales, los verdaderos informes forenses… los mismos hechos se han tergiversados en múltiples detalles para acomodarlos al resultado procesal. A lo que queda del abogado en ejercicio que fui le gustaría ver los informes forenses, repasar en detalle las actuaciones, examinar a los testigos, fijar las circunstancias indubitadas de los hechos…  Por lo demás, es difícil añadir algo a lo ya dicho de manera amarga y menos airada de lo que la actuación togada se merece.

Y lo que es peor, a mi juicio, Alsasua se ha convertido en una trinchera enconada que enfrenta a la ciudadanía. No hace falta sino leer las indecencias que se han escrito en medios gubernamentales o en las redes sociales, que piden el linchamiento de los detenidos sin rubor alguno. Esto es lo que va a quedar de lo de Alsasua, más allá de la sentencia: el agravio que no cesa, el encono, la quiebra social.

 

*** Artículo publicado en Diario de Noticias, de Navarra, el 9.7.2017