Altsasu, una marea

OTROSI DIGO: que la respuesta de la masiva marcha popular de ayer tarde a la desproporcionada sentencia del caso Altsasu se comenta sola: un clamor y una muestra de una ciudadanía que no es ETA y quiere reformas políticas, entre ellas la de acabar con una justicia de excepción, plenamente ideológica. La marcha histórica no estaba sostenida en una mera cuestión de ideología, sino de conciencia, de solidaridad, de ánimo de justicia, por encima de las acusaciones de sectarismo que puedan verterse, que son de ida y vuelta cuando se arrojan, no lo olvidemos. Ahora se hace necesaria la escritura urgente de esta lamentable historia para que no se tergiverse lo sucedido, para que no se imponga una verdad falseada de manera ideológica, esta sí, gubernamental y falaz, con sentencia de por medio o sin ella, desde el inicio de la instrucción, orientada a buscar una condena muy por encima de los hechos objetivos y de las pruebas practicadas (y no practicadas), ejemplar y sobre todo vengativa. No es un caso más, sino El Caso.

Fragmento del artículo publicado hoy en Diario de Noticias, de Navarra. Probablemente ya he escrito todo lo que tenía que escribir sobre este espantoso asunto convertido en trinchera ideológica. 

 

 

No sé qué pensar

matias_sanchez_EInformados hasta la náusea de un panorama mugriento, ni sé qué pensar ni tampoco qué decir que no nos digamos a todas horas. Veamos, y esto no es todo ni mucho menos.

La ruptura de los discos duros de Bárcenas, después de que salieran a la luz sus Papeles, no es un hecho tan malicioso como para ser objeto de un proceso penal, sino un mero «protocolo internacional», según la ministra de Defensa, uno de los puntos fuertes del Partido Popular, convencida, está visto, de que trata con débiles mentales.

Ahora resulta que sobre las elecciones catalanas del 21-D y sobre el 1-0 y el no sé qué más, planean el fantasma y la mano negra de los servicios secretos rusos y los venezolanos, y sus hackers que todo lo alborotan en aras de una revolución mundial que busca destruir España, hasta con bromas: «Ahora sé que eran rusos», publica Cospedal después de padecer una burla sangrienta. Bochorno y pitorreo.

La Manada y sus abogados, y quienes los defienden fuera de la sede judicial, no ya porque como acusados tengan derecho a la defensa, por muy repulsivos que resulten, sino porque sí, porque tal vez, porque lo que se llama la cultura de la violación está muy extendida, y de esa forma obligar a la víctima a defenderse de ser doble y sutilmente agredida, nos indigna y subleva. Lástima que no se hayan admitido los mensajes de wasap de los procesados, no para juzgar hechos, sino para saber con certeza a quién se juzga.

Por su parte, a los muchachos de Alsasua les niegan pruebas en su defensa, muchas, demasiadas, en un procedimiento que a estas alturas requiere, a mi juicio, observadores internacionales; el fiscal belga debería enterarse de lo que pasa aquí, no ya en las cárceles, que también, sino antes, en los procesos políticos.

Vivimos en un culebrón, alimentado con un atracón milagrosamente digerible de información basura, en una cierta irrealidad, como un circo que se hubiera desmadrado y nadie estuviera en su sano juicio. Los ves pasar por las pantallas, mentir con desvergüenza, acusados en firme por pruebas palpables de su granujería, decir sandeces propias de caricatos, y oyes sus voces insultándose, manipulando cargos, dando pruebas de que la división de poderes es un cuento chino, y haciéndonos ver que es mucho peor lo que desconocemos que aquello de lo que con abatimiento llegamos a enterarnos.

Resulta fascinante ver a un presidente de gobierno hablando de hackers rusos con el mismo convencimiento y autoridad que si lo hiciera de la aparición de los marcianos. Ni Jiménez del Oso en sus buenos tiempos, qué digo Jiménez de Oso –ya solo falta que contrate a Iker Jiménez como consejero áulico, total ya qué más da–, para explicar por qué este país se parece cada día más a un carro de heno revenido o a una nave de los locos que hace agua o vino, eso a gustos, por todas partes.  ¿Pero en qué manos estamos? ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí? Por los hackers, los marcianos y hasta por Conan el Bárbaro. Resulta asombroso que esa estupidez se presente al público como algo serio, con clara intención de extender una espesa cortina de humo para que no se hable de lo que de verdad importa, empezando por el saqueo del fondo de la Seguridad Social.

Solo por eso puede explicarse que el plato ineludible del menú del día sea el fenómeno Inda con sus conspiraciones, sus policías, sus mafiosos y sus acusaciones basadas en manifiestas pruebas falsas… cada día me recuerda más al gran jaleador de la Anti-España, el infame Mauricio Carlavilla.

No menos asombroso resulta ver a un ministro de Asuntos Exteriores siendo literalmente vapuleado en directo por un locutor inglés con un resultado que, más que una entrevista de Estado, parecía un sketch cómico del género Mr. Bean. Eso sí, cuando habla de las cárceles españolas se ve de lejos que no sabe de qué habla o que no se ha enterado de las propias reclamaciones (reiteradas) de los funcionarios de prisiones, las ong, los informes de organismos internacionales… abochorna que gente así represente a un Gobierno y a un país.

No sé qué pensar de todo esto y de mucho más. Sospecho que ya no es una cuestión de esposas, como las exhibidas por el diputado Rufián, sino de camisas de fuerza, y aun así.

*** La ilustración es un oleo de Matías Sánchez titulado La nave de los locos

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 19.11.2017

 

Alsasua, una amenaza de escarmiento

0000, 1835, Daumier, 'Morquillas en los juzgados nazinalistas', vous avez la parole, expliquez-vous, vous etes libre

La inadmisión de pruebas de las defensas en el caso de Alsasua invita a pensar no ya en la indefensión de los acusados, sino en que se está prefigurando una condena… y desde hace mucho además. De hecho, es como si sobre los acusados pesara la amenaza de que se materializara la condena mediática, política y social ya recibida, no en vano tres de ellos llevan un año en la cárcel. Me es imposible dejar de pensar en que algo muy grave se ha urdido y se está llevando a cabo desde las trastiendas políticas e ideológicas de unas actuaciones judiciales desmesuradas.
Llama la atención el silencio de una izquierda que se niega a poner en duda una verdad oficial con visos de montaje. Pero esta visto que el culto a lo policial se ha instalado entre nosotros como pieza clave de un sistema político autoritario.
Nunca me creí la versión oficial de los hechos. Vi cómo se iba desvirtuando el relato de estos de manera grosera hasta convertirse en una acusación de terrorismo. De poco han valido autos judiciales, diligencias policiales, testimonios directos, circunstancias precisas… es como si el instructor ejerciera también como fiscal de la causa con todos los elementos a su favor para cnseguir una condena favorable.
El escueto relato de los abogados de la defensa subleva a cualquiera que haya vestido alguna vez la toga con un mínimo de independencia y ausencia de servilismo hacia el más fuerte.

 

«En 43 años de profesión nunca había visto un auto de inadmisión masiva de pruebas como en el caso de Alsasua»

 

Impunidad y despropósitos

Ayer hizo 39 años que un mando policial ordenaba a sus fuerzas: «Dad la vuelta a la plaza, preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías, y lo más fuerte que podáis, no os importe matar».

El resultado fue un muerto y cientos de heridos, seis de ellos de bala, dentro y fuera de la plaza de toros de Pamplona. Los sanfermines fueron suspendidos. Nadie pagó por aquello ni por ninguna de las rebabas de la ejemplar Transición, que fueron muchas. Dentro y fuera de Pamplona el olvido de lo sucedido y la absolución de los autores –y de otras infamias policiales-gubernamentales– es absoluto, por voluntad de olvidar y porque sí, porque negar lo sucedido, y con ello avalar la impunidad de los uniformados, es una seña de identidad política y porque estropea el paisaje de una impecable democracia que es un patio de Monipodio en el que se homenajea a Martín Villa, directamente relacionado con lo sucedido entonces.

Si algo va caracterizando la vida pública española es la impunidad gubernamental, la negativa a investigar –sancionada repetidamente por las instituciones europeas y la ONU-, la morosidad procesal, si de abusos policiales se trata, la imposición de penas leves a uniformados o sus indultos –pienso en lo sucedido con los autores de los asesinatos de Almería–, que en muchos caos equivalen a encubrimiento de facto de los hechos cometidos o su absolución social, al margen de la sociedad, en ese coto cerrado que es el gobierno y sus cloacas… que hablen de seguridad jurídica en estas condiciones suena a sarcasmo.

Resulta ineludible referirse a lo que está sucediendo con Alsasua. Considero la petición fiscal y la calificación de los hechos un despropósito jurídico y un uso político y sectario del ordenamiento jurídico, más proclive a la venganza y al escarmiento que al sentido de la equidad y la proporcionalidad que, en mi opinión, debería inspirar las decisiones judiciales, empezando por la fiscalía.

Los agravios comparativos, las dos medidas, la sombra espesa de una justicia desigualitaria, la indefensión, la mentira institucional, la quiebra social y el agravio que no cesa, aparecen en el fondo de esta escena. Mete miedo en qué se ha convertido lo que nadie me va a convencer que no fue una pelea de bar y una historia más turbia que otra cosa, reprobable por supuesto. Este procedimiento está viciado de manera política y mediática desde que se echó a rodar –de manera infame en lo que respecta a medios de comunicación– y prefiero no hacer cábalas sobre cómo puede terminar. Nadie que no discrepe de la versión oficial ha puesto en duda la veracidad del relato de los hechos  porque este se ha montado para obtener unos cómodos aplausos políticos y de público. Nuestros gobernantes nos han acostumbrado a que las versiones oficiales, tan parecidas a las consignas, no tengan credibilidad alguna, salvo para sus adeptos.  Nada importan los atestados del primer momento, las declaraciones del jefe de la Guardia Civil en Navarra, el dictamen de la Audiencia de Navarra, los testimonios presenciales, los verdaderos informes forenses… los mismos hechos se han tergiversados en múltiples detalles para acomodarlos al resultado procesal. A lo que queda del abogado en ejercicio que fui le gustaría ver los informes forenses, repasar en detalle las actuaciones, examinar a los testigos, fijar las circunstancias indubitadas de los hechos…  Por lo demás, es difícil añadir algo a lo ya dicho de manera amarga y menos airada de lo que la actuación togada se merece.

Y lo que es peor, a mi juicio, Alsasua se ha convertido en una trinchera enconada que enfrenta a la ciudadanía. No hace falta sino leer las indecencias que se han escrito en medios gubernamentales o en las redes sociales, que piden el linchamiento de los detenidos sin rubor alguno. Esto es lo que va a quedar de lo de Alsasua, más allá de la sentencia: el agravio que no cesa, el encono, la quiebra social.

 

*** Artículo publicado en Diario de Noticias, de Navarra, el 9.7.2017