El Escarmiento (1)

Aquí está el anuncio de mi próximo trabajo: El Escarmiento. Llevo años trabajando en él. Al final el resultado es extenso y ha quedado dividido en dos: El Escarmiento y El botín. El primero estará en la calle en unas semanas, el segundo a comienzos del año próximo. El Escarmiento:  sinónimo de aquel Alzamiento militar y de aquella Guerra Civil. La idea no es mía, sino que fue del general Emilio Mola Vidal, según contó su secretario, el escritor navarro José María Iribarren: «A esta gente hay que darles un Escarmiento». Y lo dio, y no fue un Escarmiento cualquiera, sino a lo grande, mayúsculo, y no solo se lo dio a los vascos, sino a los riojanos, a los aragoneses.. a los habitantes de todas las provincias que caían en sus manos… y detrás de Mola, Yagüe, con su camisa azul, y Franco, agazapado en un ejercicio de crueldad maniaca que solo ha sido capaz de ver Paul Preston (en El Holocausto español). Un Escarmiento minuciosamente planeado del que fueron víctimas republicanos, azañistas, izquierdistas, nacionalistas, jornaleros revoltosos de la Ribera y de otras regiones de mayor presencia de terratenientes y de caciques, obreros de fábricas, mineros, cenetistas, ugetistas, comunistas, judíos, espías, masones… una cacería en toda regla con voluntarios armados por los campos para que no se escapara ninguno.

Hace un año, una agente literaria me dijo que “el tema ya no está de moda”, como si las atrocidades a las que raras veces nos hemos asomado pudieran estar o dejar de estar de moda. No he tratado de contar una vez más los hechos de aquellos días de julio en los que el general Mola planeó con detalle la sublevación militar que dio de inmediato en una guerra civil y en la represión de la retaguardia en un lugar como Navarra, donde no hubo frente de combate alguno. He tratado de ver cómo vivimos aquellos hechos recordados desde el presente, por nosotros mismos o por las víctimas que todavía sobreviven, y en qué lugar nos colocan, cómo los vemos. Me he dado cuenta de que es difícil no tomar partido, lo tomas hasta sin darte cuenta, hasta negando que lo haces, hasta aborreciendo el recuerdo, propio o ajeno, y cuando reparas en ello es demasiado tarde.

La ilustración de la cubierta, tanto de El Escarmiento como de El botín, es una vez más de Casajordi.

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La Sima

Ilustración de cubierta de Casajordi.

EN Navarra, las simas tienen mala fama y suelen estar en parajes muy hermosos. Más que nada porque en tiempos de Guerra Civil arrojaban a ellas gente asesinada para hacerla desaparecer. Algunos de esos crímenes fueron particularmente horrendos, como el perpetrado en Gaztelu, comarca de Malderreka, en el Bidasoa, donde hicieron desaparecer a una familia casi entera – la madre y siete hijos de entre dieciseis y un año- mientras el marido y el hijo mayor estaban en el frente. Aunque la familia fuera pariente del general Sagardía, el crimen no se aclaró nunca. Dieron carpetazo a las diligencias que señalaban tanto a vecinos del pueblo como a la Guardia Civil de Santesteban.
A una sima de Urbasa es posible que fuera a parar la maestra Camino Oscoz Urriza, de 26 años, cuya detención y humillaciones relató Galo Vierge en Los culpables.
Hace poco de otra sima de Andía, sacaron los restos de ocho personas y no saben de dónde salían, si de la guerra, de un ajuste de cuentas o hasta de una “limpieza de cementerio”.
Guerras civiles, fugitivos de la Ocupación, evadidos de campos de concentración, colaboracionistas, aviadores aliados, contrabandistas, inmigrantes portugueses, chinos, servicios secretos… la frontera y sus simas, sus muertes en extrañas circunstancias.
La Sima: el lugar donde se ocultan los secretos infames, las vergüenzas, lo que no conviene remover, lo que es mejor que no salga a la luz, ni entonces ni ahora ni nunca, para que no se azuzen odios, para alguien duerma tranquilo sobre la almohada de quien, además de padecer insomnio, está obligado a aquedarse quieto, quieto, callado.

ITEM MÁS: Gracias a la marranada que me hizo la agente literaria Antonia Kerrigan mi novela no se titula La Sima, sino Zarabanda… es asombrosa la cantidad de gentuza con la que me he tropezado en este negocio de la literatura o de lo que hostias sea esta ciénaga. Yo creo que desde que entré en su despacho, la jeba tenía pensado burlarse de mí, y que incluso escribirme “es un honor para mí representarte” era una burla con recochineo. El motivo de tanta inquina lo ignoro.
Me asombra también que a esta gente los empujones les salgan gratis y que estén convencidos de que otros estamos obligados a aguantarnos. Da gusto vivir en un mundo en el que quien está de mano te la hace, aunque solo sea por no perderla, por no anquilosarse.
La kardigan esta me hizo ir a Barcelona, me pidió que le llevara una maleta de libros -en algún momento pensé que quería revenderlos en la feria de San Antonio-, fotografías, curriculums, presbuks y toda la pesca, el pdf de la novela para meterlo en un catálogo que iba a llevar a la feria de Franckfurt, mentira, joder, todo era mentira, solo pensaba en torearme, en que cambiara el título de la novela y al final en perjudicarme. Eso sí, reconozco que con los años he ido perdiendo casi por completo mi fair play porque pienso que esto no es un partido de lawn tennis, sino una sucia pelea de navajeros. De modo que no puede quejarse si, cuando menos, expreso el desprecio y el asco que siento hacia su persona. [2014]