Un vino español

jubilado-Billy-Nino-comisaria-Madrid_EDIIMA20181005_0326_19Sí, tiene razón Isabel Celaá, la ministra portavoz del Gobierno, González Pacheco, Billy el Niño, famoso por las torturas practicadas al menos durante el franquismo, de las que sus víctimas le hacen protagonista, es libre de ir a donde le inviten, pero ese es precisamente el problema o parte de este, no ya su libertad, que también, sino que le inviten a actos sociales de las instituciones del Estado. En cualquier otra sociedad, alguien que hubiese cometido los desmanes y atrocidades que sus víctimas le imputan, estaría fuera de la sociedad hace tiempo, pero el caso es que con Transición o sin ella, no pocas instituciones del estado franquista pasaron sin despeinarse a la jolgoriosa democracia que se permitió el lujo de condecorar a quien cometió torturas y asesinatos en la residencia de un gobernador civil, el de Gipuzkoa. Lo cierto es que un gobierno detrás de otro han impedido que se investigue siquiera las atrocidades de las que se acusa a González Pacheco. Los juzgados desestiman las querellas que se interponen contra él sin siquiera escuchar a las víctimas, impidiendo de ese modo el relato oficial de lo padecido.

Para sus víctimas ha tenido que ser un duro trago ver a su torturador compartiendo un vinito español en dependencias policiales, de la mano de un Mariscal de Gante, hermano de una exministra pepera y actual alto cargo del Estado, gracias al sistema de las puertas giratorias del que se benefician los políticos profesionales del sistema. Lo que hace ver que el torturador del franquismo cuenta con apoyos expresos en las actuales instituciones del Estado, lo que sí es de preocupar, con vinito español y muy español de por medio o sin él.

Dicen, una vez más y para variar, que le han abierto un expediente disciplinario a quien invitó a Billy el Niño a la fiesta policial, como quien echa carnaza a una pileta de murenas voraces, cuando la realidad es que la mayoría de esos expedientes no son más que un capotazo que termina en agua de cerrajas. Tiempo al tiempo por mucho que no se trate de armar barullo, sino de legítima protesta y de simple indignación por un estado de cosas sobre el que planea la impunidad, el encubrimiento y la complicidad ideológica.

Por el momento, el gobierno no parece contemplar –y mucho me gustaría equivocarme– la retirada inmediata de condecoraciones a Billy el Niño, como no contempla la derogación de la ley Mordaza, que sí contemplaba, como otra muchas cosas, no ya cuando estaba en la oposición, sino cuando hizo campaña electoral, tal vez para no apartarse de la tradición política de prometer mucho y no dar menos, sino gato por liebre. Estaría bien que el gobierno socialista rompiera por esta vez con la tradición y zanjara este turbio asunto, y pusiera una primera piedra de actitud civil y militante contra la impunidad de los abusos del pasado y del presente. No pueden remitirse al eterno «hablarán los tribunales» porque estos tienen por costumbre y tradición callar de manera lastimosa cuando de las rebababas de las instituciones del Estado se trata o hablar lo menos posible para cubrir el expediente si la alarma social es generalizada y los hechos no cuentan con suficientes apoyos corporativos.

No es ninguna novedad que torturadores condenados por ello han ocupado, una vez indultados, cargos de responsabilidad gubernamental o de servicio uniformado activo sin que eso haya levantado otras protestas que las partidistas, esto es, de quienes están frente a los abusos policiales, no a su favor. El sistema no se critica por mucha mugre que rebose. Además, todo depende de en qué bando nos encontremos. Lo justo y lo injusto depende de si nos beneficia, a nosotros o a nuestros socios sociales, económicos o políticos. Las cosas en sí poco valen si no tienen el aplauso adecuado; si lo tienen, el decoro está de sobra. Solo de ese modo puede entenderse la presencia de alguien execrable, por muy ciudadano libre que sea, según afirma la ministra portavoz, en una fiesta policial de la alegre democracia.

 

El asco de nunca acabar

5bb74cc8e90fdEscribes de la parranda policial del torturador Billy el Niño, entre tortillitas, jamoncito y copa en mano de vinito español y muy español , y banderita tú eres roja, tu eres gualda, también en medio de  las tapas para que no haya lugar a dudas: es un vino patriótico, por eso está ahí el viejo policía de la dictadura acusado de graves torturas. En otra lugar recuerdas a Lidia Falcón y su «Ya no parirás más, puta» y el asco te rebosa. País, el tuyo, el que mira para otra parte, para donde le conviene, para donde están los suyos y solo ellos, el que no corta con la dictadura y sus rebabas, el que se encoge de hombros porque eso no va con él, porque él no estuvo ni a la vista de quienes fueron detenidos y torturados en el pasado, en el presente y en el futuro pluscuamperfecto, él es un ciudadano  de orden,  demócrata sin tacha que aplaude el que un ciudadano, libre, vaya  donde le inviten a tomar un vinito español, pero a diario pide garrote vil para su enemigo.

 

Item más: mañana en Diario de Noticias, de Navarra.

Rodolfo Martín Villa, fascista impune.

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Es inútil buscar pruebas de la connivencia dolosa de una parte significativa de la magistratura y las instituciones judiciales españolas, no ya con el gobierno del PP, que también, sino con el franquismo y sus supervivientes, torturadores o encubridores y alentadores de crímenes relacionados con la represión policial y las cloacas del Estado. Digo que es inútil porque ellos mismos las suministran a diario.
Ahora mismo, la fiscalía que se ocupa de los exhortos que llegan desde la Argentina relacionados con la querella contra el franquismo, en su grosero intento de proteger no ya a Billy el Niño, un repugnante criminal, sino a su encubridor y a quien le condecoró por los servicios prestados que van apareciendo a la luz: Rodolfo Martín Villa, plenamente consciente de las actividades del policía, de ese y de otros policías, como la inmensa mayoría de la magistratura de la época ante la que se denunciaban en vano malos tratos y torturas. En cualquier otro país, el fascista Rodolfo Martín Villa, en lugar de enriquecerse en los pliegues del Estado, estaría en la cárcel. Aquí, no. No dejarles en paz es una cuestión de conciencia.

Billy el Niño y su cuadrilla.

1379621714_215259_1379621822_noticia_normalEl grupo de trabajo de la ONU sobre desapariciones forzadas viene a España a ver si el Gobierno cumple con el deber de perseguir a los autores, cuando menos en el papel, y de compensar a las víctimas de los crímenes que tienen su origen en el golpe de estado de 1936 y en el régimen franquista que le siguió. A no dudar, habrá dos versiones, la del Gobierno, mendaz y trapacera, que proclamará hacer todo lo que está en su mano, más incluso, y la que clama por lo desasistidas que puedan estar las víctimas y sus herederos: 130.000 familias que no saben dónde están sus deudos. Se dice pronto. Miles de personas que en todo el territorio nacional batallan con cunetas, archivos, falta de medios materiales y una indiferencia social que en la práctica es una ofensa renovada.

El Gobierno se ha desentendido de esa visita como si no fuera con él, al igual que lo lleva haciendo desde hace meses con el juicio emprendido en Argentina contra la impunidad franquista -mientras en las trastiendas pone todas las trabas jurídicas y diplomáticas que puede: estamos gobernados por tramposos no lo olvidemos-, y lo que es un clamor internacional, en boca del más bobalicón y retorcido de los ministros de Rajoy, Fernández, el policiaco Fernández, no pasa de ser un vago rumor de prensa, algo que ha oído por ahí y a lo que no ha prestado mucha atención porque a su juicio no la merece. Lo que ha oído por ahí es un proceso al franquismo que ellos han impedido se pueda poner en pie en España. Herederos del franquismo son y como tales se comportan. No puede haber sorpresa alguna. (Sigue)
Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 22.9.13