Entrevista de Javier Vizcaíno a Miguel Sánchez-Ostiz en Gabon de Onda Vasca.

Entrevista de ayer noche en Onda Vasca, aquí enlazadaDSC_0005… la bilis, ay, la bilis. No es para tanto. Todo depende de la leyenda que arrastres o te persiga como buscapiés. ¿De qué vas a hablar? ¿Qué vas a decir si estás fuera, en extramuros, fuerapuertas? Los que te preguntan no, están en otro mundo; parece el mismo, pero no lo es ni por asomo. Sí, cierto, en ese libro hay mucho más que “andanadas y exabruptos” que es a lo que estoy acosumbrado reduzcan, desde hace tiempo, todo lo que escribo y tiene que ver con lo que vivo y tengo delante de las narices. Solo que hay que interesarse en esos pasajes y hoy veo que lo que interesa es la bulla, el ruido, el fragor de lo cotidiano y violento. Me he ido acostumbrando a  que me consideren  un bocabrava y a que me busquen solo para que suelte alguna enormidad. ¿Me importa? Poco. Casi todos los días me canto el Adios muchachos, compañeros de mi vida… que es un tango del pibe Carlitos que yo escuchaba de niño en una gramola de La Voz de su Amo, pero esta es otra historia…

Agradecido a Javier Vizcaíno, por su generosidad: “Miguel Sánchez-Ostiz sin hipotecas”

Abrazos de Judas, performance logroñesa (1974-2004)

commediaMal rollo el de Logroño, malo de veras… o bueno, según se mire, o qué más da. Viene de lejos, desde que me llamaron por teléfono a la cafetería Las Cañas para decirme que la policía me devolvería el pasaporte que me habían retirado (enero de 1973) si decía dónde estaba escondido (huyendo de su familia) un amigo de entonces que había decidido coger su autito rojo (mini) e irse a Grecia en plan Coloso de Marusi, a vivirla. Mi amigo de entonces terminó viviendo en Grecia, pero años más tarde y como diplomático. El mini lo cambió por un Mustang  y la piragua del río de la jiña por un velero. No dije dónde estaba escondido y me quedé sin pasaporte. No fue por lealtad –la que el interesado no tuvo conmigo jamás–, sino por indignación. Vieja relación la mía con esa ciudad a la que fue a parar Irigoyen con el equipaje de sus versos, hubo revistas, charlas, movidas, teatros, Cacheteros y cosecheros, lecturas de poemas propios y ajenos, versos y versitos, cucamonas, abrazos: José María Álvarez engabardinado, digno él, entre el humo de los porros de la poetambre riojana; José Hierro diciéndole a su yerno que fuera al coche a rescatar una botella de orujo de primera que se habían traído de no sé qué rincón de la España profunda… Logroño, donde terminaron dándome el premio Café Bretón por los textos reunidos bajo el título Veleta de la curiosidad (1974); premio por cierto que es de mal efecto nombrar entero porque en realidad se llamaba Café Bretón, sí, pero también Pacharán La Navarra, y eso un morando, un skaysito, no puede lucir en la solapa del ridiculum. Luego, hace dos años, di una lectura de poemas de la mano del poeta Enrique Cabezón, el Kabe, que esta tarde ha presentado con afecto y entusiasmo, mi último libro: Con las cartas marcadas. Entre 1994 y hoy ha pasado la escorredura de los años, la bandería y el encono azuzados desde Madrid o Bilbao,  la poética de la nadería y el culto a la gomina madrileña, el talento intocable del que paga, el redescubrir, disfrazados de Buscarinis del mejor postor, a Escrivá entre las líneas (¿o eran rayas?) de Yonqui, de Burroughs, el vestir la camisa azul y lucir el correaje paterno hecho emblema del día a golpes de Torres 5, la husma furiosa de libros del doctor Sánchez-Capella… Guiñol, guiñol, guiñol burlesco, torvo para terminar, ya muy cansado de andar por los desmontes, abrazándote con gente que sabes te perdona la vida a tus espaldas y bailando tu propio minué con jugadores del oscuro mus de la vida como si no pasara nada, como si cuando calla la música tú creyeras que la sigues oyendo y en realidad son los golpes de un segalari de sombra, ras, ras, ras, que te corta la hierba debajo de los pies… Ay, Logroño, bodeguero, festivo, de los días felices y de los días de sombra con un botellín de agua en la mano.

Con las cartas marcadas.

DSC_0005Hoy  por fin me entregaron ejemplares de Con las cartas marcadas. Salió de imprenta hace unas tres semanas, el mismo día que me marché a Villasbuenas de Gata, en Cáceres. Me dicen que entre tanto anda ya por las librerías. Bien. Hace años, el tener un nuevo libro en las manos me producía ilusión, inquietud también, pero distinta a la que ahora siento, porque ya no estoy seguro de nada, ni de haber acertado con lo escrito, ni de encontrar la necesaria complicidad con el lector.
Es un dietario del año 2013. Buena parte de las entradas estuvieron publicadas aquí y se esfumaron. Si pude recuperar las que me han servido de borrador para las que ahora publico, ha sido gracias a dos amigos que las habían conservado y con quienes estoy en deuda.
¿Qué entra en un dietario? En este, del 2013, no sé si lo más significativo, pero sí mucho de lo que nos ha sucedido a todos a lo largo de ese año nefasto en el que pasamos del asco indecible al que no cesa, y en él vivimos… Salvo que acatemos, nos pleguemos, aplaudamos y nos dejemos empujar. Cualquier resistencia es ahora mismo tan necesaria como válida. Dejar constancia de lo sucedido es una forma de hacerlo, pobre si se quiere, pero cuando menos lo es.
Y junto a esa crónica de lo sucedido, hay notas a salto de mata del correr de los días que tienen que ver con esa novela que el escritor teje a diario con su vivir, si se pone a ello: una forma de resistencia también al naufragio personal y a la tentación del abandono.
De la suerte que pueda correr este nuevo libro ya no me hago ilusiones. Ni yo ni nadie a estas alturas. El mundo libresco –y este dietario a él pertenece– es cada vez más minoritario y reducido. Por suerte cuento todavía con unos cientos de lectores que me temo son siempre los mismos. Es su complicidad la que busco con este dietario. Ya iremos viendo.

Con las cartas marcadas

cartas 1ªEsta es la cubierta de mi dietario del año 2013, sacada de un cuadro de Max Beckmann. La he publicado en facebook a modo de respuesta al aluvión de noticias sombrías, sobre hechos indecentes, a las que fuimos teniendo acceso a lo largo del día de ayer, ya de modo rutinario y ofensivo.

A mí modo de ver ese título, ya adelantado en El asco indecible (2013), responde bien a lo más indignante de un presente inmediato que nos zarandea y empuja al comentario a bote pronto, a la respuesta del desahogo, a la queja, al improperio: quienes nos tienen sometidos, más que gobernados, no juegan limpio, al revés, la mentira, la burla, la falta de respeto, la prepotencia y la violencia forman parte de sus reglas del juego. ¿Podemos ir más lejos que señalarlo y compartir nuestra cólera? ¿Para qué sirven nuestros comentarios de alcance a la fuerza limitados en estos espacios marginales, reducidos, que no pasan de ser corros de conjurados?

Con las cartas marcadas tiene poco de diario íntimo o privado;  de “diario volátil” tiene más porque me parece que las noticias sobre todo aquello que hoy padecemos son caducas y los hechos se olvidan por mucho que se hagan rutina. Dejarán un poso de daño y amargura, de eso no me cabe la menor duda, memoria infeliz la nuestra, pero tienen tendencia a esfumarse y a quedar mañana sepultados en las  hemerotecas y  archivos: la actualidad como valor supremo, decía Juan Goytisolo, se renueva de manera tozuda a diario.

Antes ese  panorama, me pregunto cómo conservar un espacio privado, no arrasado por lo público, no perdido en el aluvión de los días de bronca, un espacio de resistencia y reserva: encuentros, lecturas, viajes, paisajes, cosas… ¿Es posible sin mirar para otra parte? ¿Puedes eludir el hacerte estas preguntas cuando tus carencias y limitaciones son ineludibles? No estoy muy seguro de haberlas sabido contestar con claridad y de que sea posible  hurtarle el bulto a esa zarabanda de gritos y de ansias, de cóleras y derrotas  en la que parece que se ha convertido nuestra vida.

En manos de trileros (Con las cartas marcadas)

tumblr_mvdedkGTnD1smyw5do1_1280Leyendo las declaraciones de Albert Pla me he acordado de esta entrada de Con las cartas marcadas [28.10.2013]:
El prestidigitador, atribuido al Bosco. Más que juegos de manos, maneras de trileros y de rateros para un público distraído, que de tanto mirar para otra parte no lo hace hacia donde debe y se deja expoliar por las buenas y las malas, mientras sonríe y aplaude o se queda boquiabierto, feliz de ver lo nunca visto, el prodigio que no cesa.

“¡Que se jodan!” (Con las cartas marcadas)

kees-van-dongen-mujer-fatal.«¡Que se jodan!», es la divisa flamenca de la fiera empericada que se siente triunfadora, la arribista social sin recato que pasó de la ORT o de la LKI o de algo, pero algo rojo, rojo, y de la «conciencia de barrio» a la más ramplona derecha neoliberal y paleta, la de los caciques y las tramas familiares, siguiendo una línea continua de farlopa.  Para algo era la loba del arrabal, la que se iba a comer crudos a los burgueses de toda la vida cuyas canalladas defiende ahora dentro y fuera de la pista del circo togado. Ella y los suyos han llegado, a lomos de la mugre de una época, pero han llegado, están en la pomada. No importa cobrar en especie a tus clientes, el rebaño de camellos que la policía consiente para tener puntual información de quién es quién en le gache; no importa porque el mundo ya se sabe… Ya se sabe cómo está el mundo, cómo es, porque ellos saben, nosotros no, nada es blanco ni nada negro y sobre todo «hay que quitarle», hay que reírle las gracias al matón porchero, al señorito venido a menos, hay que hacer burla de los viejos, y tan viejos, compañeros de farra caídos en combate, sobre cuya ruina te bailas una jiga, un zapateao, hay que saltar y brincar en las palestras de lujo, con los viejos y nuevos patricios. Ellos y ellas son fieras que salieron a comerse el mundo y a metérselo por las narices… «¡Que se jodan!». Si los perdedores están como están, es «por su mala cabeza»… Ellos la tuvieron buena, en su sitio, estaban al acecho, mientras los otros les pagaban las cuchipandas, las copas y las rayas durante años y más años entre carcajadas feroces, ojos vidriosos y mucho carmín al morro, y diseny, que no falte el glamuroso diseny de la cloaca en esta farra crepuscular. Copas y farlopa, arte, mucho, a puerta cerrada, en negro, bajo manga, en las trastiendas, en el camerino donde cuelgan los disfraces de la respetabilidad y queda solo la monda calavera de la ferocidad, del juego sucio que te llena el bolsillo, el compadreo de los infames… como en los ochenta de Las pirañas, entre camellos y colgados anda el juego, con veinte años más en el careto: son los amos, los nuevos amos, eso nadie se lo discute. [Fragmento de Con las cartas marcadas (2014)]

Mujer fatal, de Van Dongen

En manos de bellacos

 Wounded soldier - otto dix

Puede que sean cínicos, pero bellacos desde luego. Un portavoz del PP  invita a informarse antes de criticar la nueva Ley de Orden Público, de resabios algo más que franquistas, que ellos llaman de Seguridad Ciudadana… No, bandarra, no, cursa esa invitación a los ya apaleados, abusados, maltratados, multados: a todos los que han padecido la impunidad policial. Un ministro del Interior, maniaco religioso, miembro de alguna secta, que con pachorra dice que su ley permitirá no multar más, sino mejor, algo que no hay quien no traduzca por «más y mejor», y un presidente de Gobierno, bajo cuyo mandato la patraña se ha institucionalizado, que dice la mordaza, el amedrentamiento social, la indefensión ante los abusos policiales o burocráticos nos hará libres, más libres… y lo peor es que los que, de la manera que sea, padecemos esos abusos, aquí seguimos, burlados, sin poder digerir el exceso de malas noticias,  arrimados a una hoguera virtual de basuras y, como mucho, pensando en un sillón parlamentario para nosotros o los nuestros y jugando con cartas marcadas… el cambio social que quede para mejor ocasión.

Los libros del Portal de Francia

DSC_0027Los libros del Portal de Francia es una librería imaginaria que aparece en mi novela El Escarmiento. Quienes se han molestado en ir hasta el lugar de la ciudad al que hace referencia su nombre para verificar de qué comercio en concreto se trata, podrían haberse dado cuenta de que el lugar señalado de manera clara en mi libro, está cerrado. Por eso precisamente abrí en él una librería, negocio ruinoso hoy día: aquellas que han contado en nuestra vida han cerrado o naufragan de mala manera.  En Pamplona es inútil plantear juegos literarios. Si escribiera Caperucita roja, estoy seguro de que alguien me encontraría enseguida a la abuelita y al bosque. Lo mismo sucede con la casa de Antton Basurde, que desde que apareció la novela ha dejado de existir y está en rehabilitación por lo que Basurde, de momento, se ha trasladado con todo su museo a otra parte, como se contará en El botín. Imagino que cuando termine Biargieta pasará lo mismo con ese barrio que aparece (ya en No existe tal lugar) entre dos luces y más de uno irá buscando escenarios y personajes que solo existen en mi imaginación por mucho que me haya inspirado en otros vividos, tratados y padecidos.
coquetoEl caso es que en esa antigua Rúa de los Peregrinos tengo dos buenos amigos, uno librero de viejo, otro brocante bravo. Nos conocemos de toda la vida como quien dice. El librero me hizo ayer un regalo para mí precioso: esa edición de 1938 de El coqueto don Sancho Sánchez, libro que para mí tiene una significación especial por motivos personales y que yo leía de niño porque identificaba los escenarios del libro con otros bien precisos que me eran muy familiares, y con razón, pues en ellos vivía: mi abuelo paterno tenía buena relación con Biurrun, el autor de esa fantasía que ilustró A. M. Pascual y situó la pie de las torres de San Cernin. Lo cuento en Los barruntos de la botica, ensayo que acompaña la edición fasimilar del libro de Biurrun y que hoy escribiría en otro tono y otra dirección, desde luego. Ahora no sé yo si está el tiempo como para fantasías literarias. Tampoco lo estaba en 1938 cuando se publicó el librico. ¿Para qué está ahora el dichoso tiempo? ¿Para el alegato y la apuntación fiscal, para la rebelión escrita, para el libelo,  para el testimonio de la mugre, para defenderse de una agresión constante? A esto cada cual responderá como pueda y quiera. Sé para qué está para mí y con eso me basta.

Cerrado

DSC_0004Hay que ir acostumbrándose a encontrar ese cartel en comercios “de toda la vida” y en los que no lo eran; en comercios y en escenarios de tu vida. Cuando lo ves das un paso hacia adelante y enseguida dos para atrás, los de la melancólica incredulidad, que ha ido poco a poco dejando de ser meláncolica y convirtiéndose en una amenaza: acabarás llevando el cartel pegado en la frente.