El baile de los impunes

alibaba439La historia de Trillo, flamante embajador en Londres, ejemplifica a la perfección el fundamento más sólido del régimen político instaurado por el Partido Popular: la Impunidad. En Inglaterra han dimitido ministros por muchísimo menos de lo que el Consejo de Estado ha hecho responsable al opusdeista Trillo: el accidente del Yak-42, sobre el que obviamente mintió con descaro. El embajador del Reino de España no dimite, no se retira, no asume el ser responsable de la muerte de 75 personas que han venido reclamando justicia y se ven burladas; y si pide el reingreso en el Consejo de Estado que acaba de condenarle y al que pertenece, es porque sabe que puede y que no hay obstáculo ni legal ni moral ni ético que se lo impida. No se trata de decencia, sino de poder. Ese es el problema, que pueda, que él y otros como él puedan porque cuentan con una parte de la sociedad que lo permite. Es inútil oponerse. Es inútil porque los creadores de opinión que pueden influir están a su servicio, por acción u omisión. Las instituciones no están podridas, no porque no lo estén, sino «porque no» y porque da igual, si de lo que se trata es de que el poder no se resquebraje y el enriquecimiento de los a él arrimados continúe. Suena grosero, sí, pero porque lo es. Como suena grosero que el Consejo de Estado haya tardo 14 años en llegar a la conclusión a la que ha llegado, 14 años… y no pasa nada.

         El caso pues no es ni nuevo ni irrepetible, pertenece al estado de cosas que hacen que Rato esté en libertad y sortee uno tras otro los cepos legales que le están reservados. Y junto a Rato toda una jarca de intocables cuyos nombres están en boca de todos hasta el aburrimiento. La Impunidad elevada a sistema hace que los tribunales puedan cantar misa si quieren, que sus sentencias solo se acatarán si convienen, y es raro que no convengan, porque para eso están, para que su actuación favorezca al gobierno, al sistema, al poder.

         Me temo que si Luis, que ya no sé si es o no El Cabrón de las cloacas del partido de la libertad, ha aguantado de firme, dentro y fuera de las rejas, con o sin sus famosos papeles en ristre, ha sido «en interés general de interesados que se interesan», que decía un capitán de barco que había falsificado el parte del seguro de un siniestro marítimo para cobrar más. Resultado: hace ya mucho que no oímos hablar de sus papeles y anotaciones contables que señalan una farra digna de la cueva de Ali-Babá, por cuenta de vaya usted a saber qué o quién. Todo es triquiñuela, escamoteo, impunidad.

         Alarmante resulta que la ministra de Defensa, que se hizo indemnizar por Bárcenas, y a cuyo marido señalan como pieza angular de un pringoso tablero de corrupciones, haya relacionado a refugiados con terrorismo con el fin de crear una opinión contraria a su acogida y de no cumplir los propios compromisos gubernamentales. ¿Es indecente? Sí… ¿y qué, a ver y qué? Nada. Otro síntoma, malo, de algo que está por venir: la creación de un estado de alarma generalizada que permita a quien tiene la fuerza hacer un mayor despliegue de esta con fines no preventivos, sino represivos y de control ciudadano.

         Para el presidente del Gobierno todo lo relacionado con Trillo son cosas que pasaron hace mucho y no deben ser tomadas en consideración. Los familiares de las víctimas del accidente piensan de otro modo, pero qué importa, casi todo lo que sucede y pueda dañarle carece de importancia y pasó hace mucho o no ha pasado nunca. Para él la actualidad, la rabiosa actualidad, la que muerde y hace daño e inquieta a la ciudadanía, está en el Marca y si no está en el Marca no está en parte alguna. Hablar de ceguera moral es poco, hay algo más, una cierta perversidad de espíritu, alguna patología. «Cosas», «Hace mucho»… Que un presidente eluda hasta nombrar aquello que de verdad inquieta a buen aparte de sus ciudadanos no es solo síntoma de deficiencias personales de índole general, sino una manifestación cruda de algo asombroso, de que a Rajoy le importa un comino todo, salvo conservar el sillón y hacer de las suyas con el beneplácito y aplauso de sus votantes, que consienten todas y cada una de las fechorías que cometen los gobernantes, y en quienes hay que apreciar algo más que ceguera moral: un peligro real.

El duque de Patraña

sddefaultCuando esta pesadilla termine y de una forma u otra se consiga expulsar a Mariano Rajoy de la Moncloa, el rey le nombrara duque. Sugiramos por tanto que, dado que no queda más remedio que tragar con esa mascarada, se le nombre Duque de Patraña y que de esa manera quede fijada en el tiempo la historia de un personaje que más que un biógrafo político o un apartado en esa Historia universal de la infamia que a diario parece escribirse sola, lo que necesita es un psicopatólogo y un frenólogo.

         El espectáculo de los últimos meses y la sucesión de trapisondas y enredos produce una extraña sensación de irrealidad, como si lo que está pasando fuera una comedia de enredo y solo eso, un espectáculo arrevistado con explosivas supervedettes de las ferias de polvo, humazos, ruido y mugre encarnadas casi en exclusiva por el deslenguado de Rajoy, algo a medio camino entre Colsada, Cornejo y Llapisera, aquel empresario del Bombero Torero tan siniestro y tan racial, tanto como el banderita tu eres roja banderita tu eres gualda de Las Corsarias. Algo en todo caso más propicio al bureo y al berrido, a la chanza y al pateo, a un todos contra todos, que a esa serenidad que reclaman los hampones para ver si la parroquia olvida que está siendo burlada.

         ¿Acabaremos teniendo Gobierno? Probablemente, pero por aburrimiento. Cuál, no sé. ¿Volverán a abrirse las bocas de lobo de las urnas para Navidad, como hucha de indigentes que es en lo que andamos? Quién sabe. Plácido ya anda suelto. El mundo siniestro de Berlanga goza de buena salud. Gobierno de salvación nacional no sé si es necesario, no creo, pero de salvación ciudadana sí, la del cambio, la constitucionalista por supuesto, cómo no, pero de otra Constitución, reescrita con una espíritu y una intención muy distinta a las de 1978. Es preciso un cambio radical en las instituciones y quienes han recibido el voto de una ciudadanía progresista o de izquierda tienen en su mano el hacer posible ese gobierno y sacar a la derecha de las instituciones con todo su aparato legal… aunque visto lo visto, no me hago en lo privado ilusión alguna. Esa ciudadanía que expresa con su voto una voluntad de cambio social se lo merece.

         Y vuelvo al duque de Patraña. De hombre de Estado le han tratado sus palmeros, pero el interesado puso su mejor expresión lerda cuando le hicieron ver que había reventado un asunto tan grave como la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC, haciendo público un dato de Estado secreto. Se retrata don Patraña, y a cada paso, cuando miente y cuando restallan las únicas verdades que es capaz de decir: sus lapsus.

         De sus discursos de estos días no hay mucho que comentar que no se haya comentado. Resumen y concentran una vida politica basada en la mentira y la desfachatez de quien sabe su bolsillo a cubierto de cualquier contingencia, y denotan una falta de respeto mayúscula por esos ciudadanos en cuyo nombre dice hablar y que no es que no le hayan votado sino que quieren que desaparezca del mapa con su equipaje de mugre. Delirantes palabras las suyas, acordes con una vida política marcada por la arrogancia de casta y clase, la de esa oligarquía que viene manejando este país como si fuera su cortijo o una empresa de especulación financiera de su estricta propiedad. Nada de lo puesto en escena es ni remotamente creíble: paro, promoción de empleo, politica internacional, Europa, corrupción, el colosal negocio que se esconde detrás de la defensa nacional, reorganización territorial, el cepo económico en que está metida esa ciudadanía menos favorecida… Rajoy ha sido el peor gobernante que ha tenido este país si exceptuamos al general Franco, su pariente político o mejor su causahabiente intelectual y material. Para comprobarlo basta hacer el suma y sigue de sus despropósitos autoritarios de los últimos cuatro años. Un inventario, un día a día, sin más… el resultado seria asombroso, por mucho que el hilo de los acontecimientos sea silenciado o camuflado por la prensa concertada, esto es, por el Ministerio de Propaganda del régimen organizado entre la banca y quienes con ella gobiernan de hecho el país, y la presidencia de Gobierno con su ventrílocuo a la cabeza, el duque de Patraña.

Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 4.9.2016

Algo habían oído

CSQrPfnUwAAwNX5 Tal vez por eso, por haber oído “algo” de la estruendosa astracanada valenciana que suena desde hace años, una auténtica mascletá de indecencias, se acaba de saber que, semanas antes de las elecciones, el Partido Popular cambió los discos duros de sus ordenadores de Tesorería y quiso alterar sus números de serie, pero que la empresa suministradora de Hewlett-Packard se negó a cambiar las placas de identificación porque es ilegal.

Parece, eso dicen, que los dejaron a cero, como los de Bárcenas y sus papeles, asunto este que también les debe sonar de oído y de lejos, por mucho que estén directamente implicados y hayan puesto la mano en el fuego por gente que está en la cárcel. Luis sé fuerte ¿recuerdan?… y hay más: ponían como ejemplos éticos a delincuentes.

También han oído algo, solo algo, pero se ve que de lejos, de pasada, de que hay alrededor de mil personas relacionadas directa o indirectamente con el PP que se encuentran acusadas, investigas, procesadas, encarceladas, ex imputadas… nada, un rumorcillo, un viento de calumnia, desdeñable por tanto, por mucho que, ahora, los jueces se estén por fin aplicando y aflore lo que hace unos meses o años no acababa de aflorar, no sabemos por qué, porque el clamor, el rugido, el estruendo lo oíamos todos. Su tarea era negar la evidencia, dentro y fuera del Congreso, de viva voz o por medio de la prensa que les ha servido de ministerio de propaganda. Decir que hemos estado gobernados por bellacos es poco.

No cabe mayor desfachatez en un gobernante que la demostrada por Mariano Rajoy, el decidor de necedades y cabeza visible del partido político más corrupto de la historia reciente de España, en dura competencia con el franquismo y su aparato, del que proviene desde su fundación. ¿Cómo lo iba a condenar? Imposible. Rajoy pasará a la historia universal no sé de la infamia o solo de la bobería, si todavía hay alguien a quien le queden arrestos para escribirla.

El último gobierno de la nación ha hecho del no enterarse, del no querer enterarse, un principio político, una filosofía, una moral. Oídos sordos, narices tapadas porque la podre se imponía y en la boca, la patraña, y todos de cara a los ángeles custodios, esos que andan metralleta o porra en mano, a las vírgenes y a las mojamas, que son los que juntos o por separado iban a poner remedio a este país cada día que pasa más irremediable, más putrefacto. Su no enterarse de lo que ha sucedido es signo de complicidad dolosa. La impunidad es un clima.

Imagino que algo habrán oído los gobernantes de los refugiados que andan desamparados a las puertas de una Unión Europea que ha enseñado los fondillos, su peor cara, la del perro de presa, porque entre lo que a bombo y platillo dijeron a propósito de acoger refugiados hace unos meses, cuando se produjo la estampida, y lo que en realidad sucede y han hecho, hay tal diferencia que cabe afirmar que, en efecto, no se han enterado de lo sucedido por mucho que los medios de comunicación, tanto los que ellos manipulan, como los que no, abrieran páginas e informativos con noticias de hechos que no pueden ser más dramáticos… cuando no los han tergiversado adrede para crear alarma social en contra de los refugiados, echándoles encima la sospecha de la delincuencia generalizada. Algo que no ha sido atajado de manera firme desde las instituciones. Esa información negra que tiene a los refugiados como protagonistas es algo que excede a la libertad de expresión dichosa, esa que beneficia a unos y perjudica a otros, siempre o casi siempre los mismos. A todos nos pueden aplicar una estadística, o dos si nos descuidamos.

Una vez más han echado a rodar a sus ángeles custodios, armados hasta los dientes y no es cosa de nadie, es de Europa. Los abusos están al caer e impedirán la información, aunque ya total para qué si hay público que los aplaude. Al drama humano, el gobierno, escudado en Europa, responde con la violencia, no solo física, que también, sino institucional, política, hecha ley del más fuerte, ley a secas. Es todo un aviso de futuro.

 

Narciso en tiempos de egosurfing

12140606_1627324970849655_6428038098036609965_nDe Sanfabistán, el territorio de Jorge Muzam, lo traigo. Me parece un buen motivo de reflexión sobre las redes sociales y la escritura de diarios o dietarios, y su publicación, esta, obsesiva, las más de las veces impúsdica en pos de la existencia. Narciso se asoma a su estanque, pero no puedo tomar a la ninfa Eco como exhibicionista, faltaría este y el voyeur entre las ramas. Como asunto sobre el que reflexionar, digo, mientras me asomo a la ventana y saco alguna fotografía: la luz que se te escapa, y el tiempo y hasta en los sueños, Aroa, la nieta pequeña de un muy deteriorado amigo te reprocha, en brazos de su madre, que eres viejo y hueles a rencor… ¡¡Los sueños no hay que contarlos!! eso al menos es lo que se oye en Presagio, de Luis Alcoriza y Gabriel García Márquez.

El crimen organizado

3539484_640pxLo preocupante no es que Rato sea objeto, en solitario, de investigación policial, sino que el Gobierno urdiera de manera por completo dolosa la amnistía fiscal con objeto de blanquear capitales obtenidos de manera ilícita o de idéntico origen. Una amnistía pensada para poner a salvo si no fortunas completas, sí enriquecimientos opacos de las última décadas. Con el tiempo, esa regularización para hacer aflorar capitales furtivos se va revelando como una medida política de amiguetes y un hecho lo suficientemente grave como para que sea investigado política y judicialmente con urgencia. Lo contrario sería una política de complicidad y encubrimiento.

Quienes urdieron esa amnistía fiscal sabían para qué era y a quienes, en concreto, beneficiaba. Algo asombroso que, como todos los asuntos de verdad graves, tuvo un eco escaso. Y sigue sin tener consecuencias políticas. El Gobierno se enroca, olvida sus dignos rasgados de vestiduras, sus trapaceras advertencias de dimisión y mira para otra parte, y, como siempre, confía en el correr de los días, en el aluvión excrementicio que él mismo provoca.

Echo mano de versos del uruguayo Alfredo Zitarrosa, en «La ley es tela de araña»: Al principio mucha bulla,/ embargos, causa, prisión… ya sabemos cómo sigue o cómo suele terminar… en humo. No se trata de que ahora echen o dejen de echar a los leones a Rodrigo Rato, convertido ya en deteriorada caricatura de sí mismo, o de que este espectáculo solo sea una maniobra de distracción electoral, que eso no hay quien no lo vea, salvo los interesados, se trata de que no es de recibo que el Centro Nacional de Inteligencia y todas y cada una de las divisiones policiales no estuvieran al tanto de estos asuntos no hace meses, sino años, muchos, o que callaran. Lo mismo cabe decir de jueces y fiscales, y por supuesto de políticos en activo, tanto del Partido Popular, principal cueva de la corrupción nacional, como de otros partidos. Y a los anteriores hay que añadir las esferas de poder económico y financiero cuya influencia política ya resulta innegable. Nadie sabía nada porque todos sabían, nadie robaba porque todos lo hacían. Este país tiene podridas y requetepodridas las instituciones y actuamos como si bastaran unas reformas, unos apaños, nada que pueda resultar agresivo. Esta gente ha actuado a cara descubierta, por lo menos entre ellos, aunque el resto de la ciudadanía bastante haya tenido con aguantar sus golpes y manotear para sobrevivir al naufragio. Aquí no ha habido nunca verdadera voluntad de luchar contra la corrupción.

Son una banda de maleantes. Mientras cientos de miles de ciudadanos perdían sus casas, quedaban sin trabajo y sin verdaderas prestaciones, abocados a la indigencia y a la desposesión, los causantes de su ruina se estaban y se están enriqueciendo como nunca. Resultado: la burla nacional. Estamos siendo burlados de continuo y miramos para otra parte, hacia la urnas, como si estas fueran salvavidas, confiando en su resultado, cuando este puede estar ya amañado con el cuento de la «salvación nacional», grotesca comedia esta que ha hecho subir a las tablas a colosales desvergonzados, como Felipe González y José María Aznar, cuyos pelotazos pasan de indecorosos y resulta inexplicable no sean investigados ni encausados.

En las dos últimas décadas el país ha cambiado, mucho y a peor, el régimen policial se ha impuesto, la soberanía nacional pende de un hilo con el tratado de libre comercio, el estado del bienestar está en ruinas, el imperio de la mentira institucionalizada y de la desposesión ciudadana es un hecho, la pobreza de algunos millones es algo más que un dato de Cáritas… ¿Todo va sobre ruedas? Sí, las del carro que nos conduce al chirrión.

Mucha confianza en la impunidad ha tenido esta gente. Esa impunidad que tiene su origen en el franquista si todos robamos nadie roba, si todos robamos a nadie se persigue… salvo que alguno caiga en desgracia o que ponerlo en la picota sea en beneficio del negocio común. Fraude.

Hace ya meses que nos preguntábamos en esta mismas páginas por qué Rato no estaba en la cárcel. Y seguimos preguntándonoslo con Alfredo Zitarrosa: Siempre había oído mentar/que ante la ley era yo,/ igual a todo mortal./ Pero hay su dificultad/ en cuanto a su ejecución.

El asco de nunca acabar.

14261042686098No es fácil asomarse a la prensa y no sentir motivos renovados de asco, a diario, salvo que lo hagamos a los medios de comunicación que no estén comprados, de una manera o de otra, por el poder que de hecho gobierna este país, porque al menos ahí late la rebelión. Y aún así. El recuento de vilezas es incesante, imparable. Para la prensa gubernamental sin embargo todo va sobre ruedas y en ese canto a una marcha pimpante está la prueba del desastre, del imparable deterioro social, que no se circunscribe solo a lo económico.

¿Puede esta situación cambiar o el daño ya causado a las instituciones y a  la ciudadanía está condenado a permanecer en el tiempo? ¿Podemos cambiar esta situación y la mentalidad que la sostiene? Esa es la única esperanza que nos queda, la del resultado de unas elecciones que no pueden tener otro objetivo que echar del poder a la derecha, en todas sus formas.

Ver al ministro Morenés dirigiéndose a una diputada, y en ese sentido al Parlamento entero, como si este fuera el patio de un cuartel –cuartel que no estoy seguro haya pisado el ministro como soldado– resulta bochornoso; como lo es apelar al honor del Ejército con objeto de callar a una diputada que denuncia hechos execrables, cuando se ha impedido que sean juzgados los soldados autores de torturas y sevicias con detenidos en Irak en grabaciones ampliamente difundidas en las redes.

írakeEl ministro Morenés no hizo otra cosa que desvelar cuál es su mentalidad: rancia y repulsiva. Mejor hubiese sido por su parte hacer un ejercicio de humildad y de solidaridad con las víctimas de esos acosos, mostrar una voluntad de investigar y de cambiar el fondo del asunto: el mando militar no equivale a impunidad. No, Morenés prefirió aferrarse a «lo intocable nacional» de nuevo, franquismo puro, algo rancio que él no creo esté en condiciones de cambiar.

Y por seguir por la misma trocha, el Parlamento Europeo ha condenado el franquismo con la excepción de Mayor Oreja, para quien, recordémoslo, aquella época fue de una placidez absoluta. Cierto, pero para los de su estamento social, ese que ha dejado en herencia política y social una corrupción generalizada, ya denunciada por Ridruejo en 1962: todos pingados. Algo que demuestran las tarjetas black de Bankia de las que tiró UGT para financiarse, con pleno conocimiento de su origen, sin que esto haya suscitado mayores comentarios ni mucho menos haya tenido consecuencias. Nada parece tener ya consecuencias, y ello porque estamos empachados y hastiados, porque nuestra capacidad de respuesta está reducida al mínimo en la esperanza del resultado de unas elecciones que permita darle la vuelta a esta situación.

martin-villa-4No creo que esté equivocado Maduro cuando acusa a Rajoy de franquista, porque lo es y porque preside un Gobierno y un partido que no ha condenado el franquismo, lo mismo que sus socios regionales. Coherencia pura, todo es coherente, de una lógica aplastante, eso es lo malo, que es aplastante, como la denegación de extradición para los maleantes que reclama Argentina porque si firmaron condenas a muerte fue de acuerdo con la ley y con gusto (jamás se les ha oído una palabra de descargo de conciencia), y a sabiendas de cómo se dictaron las sentencias.

Es contra esa lógica aplastante y esa coherencia de régimen dictatorial contra lo que hay que luchar. Un objetivo político de primer orden es la derogación de todo el sistema legal que les blinda y protege, remover el franquismo y todas sus secuelas. La nuestra es una democracia dañada, minada, que es preciso reconstruir.

índiceUn verdadero cambio social pasa por la depuración de la policía española, no ya por la impunidad que cubre las actuaciones abusivas de los antidisturbios o para impedir casos como el multimillonario comisario Villarejo, que ha destapado unas infames cloacas policiaco- gubernamentales, sino para impedir la bochornosa sucesión de explicaciones y falsedades de la muerte de 15 inmigrantes en aguas de Ceuta desde que sucedieron los hechos. El clima creado entre policía y judicatura es de elusión de responsabilidades tendente a sostener un principio político de impunidad generalizada en todas las esferas del poder. Esto no es democracia. Y esto es lo que hay que cambiar y reconstruir, a pesar de los pesares. Lo contrario no será creíble y sí más de lo mismo.

OTROSI DIGO: Este es el artículo que hoy publico en Diario de Noticias, de Navarra, y en otros periódicos del Grupo Noticias. Puedo repetirme, lo sé, con lo ya dicho días pasados, o semanas, o meses, o años ya, pero eso es justamente lo que sucede, que los hechos que provocan este asco que no cesa y de nunca acabar, se repiten a diario. Esa imagen de un ministro haciendo callar a una diputada…
A mí me gustaría escribir de otros asuntos, sobre todo en la prensa dominical, y no solo de lo que tengo delante de las narices, pero está claro que esa realidad que algunos juzgamos abyecta, nos tironea y resulta ineludible. Y hasta es posible que de poco sirva decirlo, pero no corren tiempos de mirar para otra parte, al menos para mí.

La burla del perdón

2No es posible verse obligado a leer cosas como esta, dichas por Rajoy: «No hay impunidad; aquí el que la hace la paga». Eso no se puede decir cuando se carga con un saco de patrañas regadas casi a diario a lo largo de más de dos años. Ya hace mucho que lo tengo por un tonto malvado, pero estoy seguro de que no soy el único. Su falta de diligencia a la hora de perseguir la corrupción o la delincuencia institucional ha sido manifiesta. No, aquí el que la hace no la paga, o solo cuando conviene. Aquí hay dos leyes, una para los poderosos, otra para el común.

No basta con echar a los leones al más tonto o a los más desarmados para acallar a los que ellos tratan como populacho que ruje con el derribo, y dejar a cubierto a los intocables, a los capos di tutti capi, porque esto es una trama que semeja a una tela de araña, si no de siglos, que también, sí de décadas más ominosas unas que otras. Esto no es un circo romano, aunque parezca una Corte de los Milagros, donde se enseñorean los rateros, los guapetones y los caballeros de industria. No, cuando capitaneas un ejército de corruptos, de maleantes hasta las cachas, de los que se es cómplice necesario, te retiras de escena, te vas por la gatera o la puerta de atrás, o dignamente, pero sin mala comedia, sin patochadas y sobre todo, no te enrocas dando gato por liebre.

Pero estos sí, la calaña representada en el Gobierno se enroca, resiste, se quita de en medio a quien molesta y hasta ayer encubría, y como mucho «pide perdón», que a mi modo de ver es la última vileza: convertir un valor moral en un gesto hueco de mala comedia haciendo de algo privado, de estricta conciencia, un asunto público, descarado y al cabo obsceno. Por no hablar de que no se puede pedir perdón a nombre de otros, o eso creo.

Y no solo eso, quien dice pedir perdón jamás piensa en la reparación del daño causado, algo a lo que viene obligado por el articulado del Código Civil. Está visto que en este país la sucia maña de echar unas monedas en el cepillo de las ánimas y librarse con ello de la culpa y de la responsabilidad a ella aparejada, proyecta su sombra en la vida pública de un presente civil que solo debería obedecer a las leyes positivas. Pedir perdón equivale a redoblar la ofensa, obligando al ofendido a aceptar esas palabras huecas y a callar, que es de lo que se trata, de que callemos y olvidemos, de que aceptemos como algo normal un estado de cosas dañino. Como si con lanzar al aire esas palabras mágicas y ridículas en su boca la responsabilidad se esfumara. No la asumen, solo temen haber quedado mal, que de eso se trata, de quedar. Es decir, les inquieta el deterioro de su imagen y los votos que sus trapisondas les pueden costar, y con ellos la posibilidad de seguir en el fabuloso negocio en el que están metidos. Piden perdón de manera genérica lo que equivale a no pedírselo a nadie. No les preocupa el daño que causan, sino el que sus actuaciones les causan a ellos mismos. Por eso su petición de perdón es una farsa y un insulto.

Es demasiado tarde para recuperar una credibilidad perdida con las primeras y clamorosas mentiras que se han ido tragando los días y que han encubierto estafas colosales como la del rescate bancario, dramas como el de los desahucios, abusos policiales, manipulaciones judiciales, encubrimiento de torturas, conductas de nulo respeto democrático dentro y fuera del Congreso, destrucción de empleo y condena con ello a la muerte civil de los ciudadanos víctimas de sus mejunjes financieros, conversión de los bienes públicos en negocios privados, saqueo de instituciones, amiguismo, prevaricación, ganancias indecorosas a costa del erario público… ¿y ahora perdones?

¿Caben más motivos para rebelarse? No, pero no nos rebelamos. Al contrario, a pacíficos no nos gana nadie y esperamos la llegada del momento de ir a votar evitando pensar por el camino que la tenaza PP/PSOE puede dar pucherazo y perpetuar este estado de cosas, en el baile de los perdones.

Granjerías ordinarias

Members of the Carrow Abbey Hunt 1780 by Philip Reinagle 1749-1833Mateo Alemán y su tiempo, el del Guzmán de Alfarache, también conocido por El Pícaro, escrito hacia 1597:

«…se alzó dos o tres veces con haciendas ajenas, también se le alzaron a él: no es maravilla. Los hombres no son de acero ni están obligados a tener como los clavos, que aun a ellos les falta la fuerza y suelen soltar y aflojar. Estratagemas son de mercaderes, que donde quiera se pratican, especialmente en España, donde lo han hecho granjería ordinaria. No hay de qué nos asombremos; allá se entienden, allá se lo hayan; a sus confesores dan larga cuenta dello. Solo es Dios el juez de aquestas cosas: mire quien los absuelve lo que hace . Muchos veo que lo traen por uso y a ninguno ahorcado por ello. Si fuera delito, mala cosa o hurto, claro está que se castigara, pues por menos de seis reales vemos azotar y echar cien pobretos a las galeras.»

Otra época, claro, claro, pero esas cacerías, esos amores al arte, esas zahúrdas del Ministerio de la Ventaja, esos ventajistas, esos principales, o a tal alzados, que están por encima de las leyes, raras veces a sus pies y si lo están es porque sus mismos compinches los echan a la pileta de las murenas, porque no todas las partidas de caza son iguales ni las timbas que les siguen tampoco.

Blesa, sus presas y su bodega

13864579747718Saqueos, enriquecimiento indecoroso, gastos suntuosos ídem –botellas de a 600 euros de uso exclusivo… y eso es de lo poco que nos enteramos–, safaris, viajes fastuosos, automóviles deportivos, dandismo ful de nuevo rico, exhibición y alarde de poderío social… todo eso  frente al empobrecimiento de quienes suscribieron el timo de las preferentes, ese del que se habla cuanto menos mejor.
Y ahora el bellaco de Blesa sale con esta: “Han cercenado mi vida profesional”. Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid, sostiene que la animadversión del juez Elpidio Silva le ha obligado a abandonar consejos de administración… está visto que a desvergüenza y a mala fe y a un sentido delirante de la impunidad de casta no les gana nadie… y Blesa no está solo en esa palestra de acusados convertidos en víctimas, convencidos de que sus lamentos van a ocultar algo innegable: se han forrado haciendo lo que les vino en gana, en las penumbras legales, al amparo del amiguismo de la política del aznarato, comprando voluntades que les salían baratas. Es toda una clase social la que está escribiendo una historia nacional de la infamia que corre el peligro de no ser leída: eran y son todavía los amos, están en el gobierno o a su sombra, y a la vez son los modelos sociales a seguir, su “estilo” está muy extendido, suben y bajan en la implacable rueda de la fortuna, pero tienen la masita de lo arramblado a buen recaudo. Si les pillan, mala suerte, si no, dignidad a raudales. No eran banqueros, solo mafiosos consentidos en cuyas manos ha estado y sigue estando la vida económica y política de un país.
Las biografías de estos maleantes exquisitos dan vahídos. Y no hay paso que no hubiesen dado a la vista o en compañía de los mismos que hoy juegan al pim-pam-pum con ellos, sus antiguos compañeros de timba, sus cofrades, sus secuaces, que tiran de la manta porque les conviene, porque quieren ganar algo en la partida amañada. Cambian los vientos y los navajeros que están de mano hacen sangre donde mejor saben; pero estuvieron en el mismo barco.

Dentro de unos años los nombres de estos rufianes de la política habrán desaparecido, desvanecidos, olvidados, mera calderilla o rebabas de una época indigente. No te preguntes mucho que quedará de ellos y de su mundo…. Una estela de mugre. Quizás hayan entrado en prisión, pero habrán salido, se guardarán sus secretos de estado, absueltos los unos por los otros, (les) escribirán sus memorias, siempre tramposas, disfrutarán de retiros dorados y sus herederos se habrán sentado, con tu permiso si te descuidas, en la misma silla y a la misma timba… Tal vez para entonces haya cambiado la moda del cuello de sus camisas.

La pícara Barcina

Frans_Hals_008No todo van a ser malas noticias en el inacabable caso de la Pícara Barcina. La resolución del Tribunal Supremo que la protege de manera política y jurídica, e impide investigarla, tiene a cambio un lado bueno para quien está convencido de que la dedicación a la cosa pública es una forma de enriquecerse de la manera que sea y solo eso: Jauja. Vivimos en Jauja y debemos alegrarnos por ello.
Y es que el Tribunal Supremo acaba de avalar, sin un ápice de duda, algo temible: que la desvergüenza y las conductas indecorosas y asociales no son delito, materia susceptible de ser juzgada, y que, en consecuencia, si tienes poder político, económico y social puedes hacer lo que te de la gana, enriquecerte de la manera que sea, retorcer las leyes y el sistema legal, recurrir a tus iguales para que te protejan… mientras no te descubran… y si te descubren, también. En todos los establecimientos públicos de Bolivia hay colgado de manera preceptiva un cartel que dice que todos son iguales ante la ley… en España, no. Salta a la vista. (Sigue, artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 28.7.13)