Emboscaduras (Diario volátil, 33)

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1.- La emboscadura, esa ficción recurrente que da en nada, pura misantropía de burlado, dengues de perdedor en el arrebuche.
2.- El bosque, refugio de proscritos y escenario del extravío, de la confusión, del ir de ningún sitio a ninguna parte.3. – La lucidez de quien solo sabe que está perdido en un bosque y rehusa la tentación de quedarse quieto.
4.- Sentir o comprobar que no tienes nada que perder y echarte a la desesperada no es lo mismo que pensar y expresarte  con lucidez.
5.- Como siempre, una cosa es pensar con lucidez y otra, bien distinta, actuar de acuerdo al propósito de conciencia tramado… por no hablar de hacerlo de manera acertada, eficaz.
6.- Proscrito se reclama aquel que no sabe vivir fuera del calor de la tribu y de su ley, y celebra todas las ceremonias que hacen del cotarro y su bandera  una fuente de abusos.
7.- La tribu… la buena tribu y la mala tribu, mi cotarro, tu cotarro, mi bandera, la tuya, mi historia y su relato, y la tuya, de segunda siempre… mi fosa, la tuya… etcétera.

 

 

Por el camino de Egozkue (Diario volátil 16)

DSC_00211.- El jabalí, animal totémico y heráldico, basurde en euskera: «el ser oscuro del bosque», eso me dijo un filólogo, algo que, de manera recreativa, no es difícil relacionar con osten: escondrijo (y derivados), y este con Hyde. Fantasías, ya digo.

2.- Los malos recuerdos, confundidos con esa enormidad que es «el pasado», te persiguen como molestos buscapiés en fiesta patronal de agosto… pero no sales de la plaza, ni escapas de la pólvora, temes que cualquier calle escura te trague como boca de lobo.

3.- Resentido: en boca de los profesionales del empujón, aquel que se acuerda de los que ha recibido… y comete el imperdonable pecado de decirlo.

4.- Perdonar no es, ni por asomo, lo mismo que actuar con cautela. Una cosa es la escena y otra la vigilia forzosa a puerta cerrada.

5.- «Yo busco conocerme a mí mismo…». Nada, ni caso; otro que, de encontrarse, huiría a la carrera, pero por el momento aprovecha la circunstancia para ponerse de manera ventajosa en escena: esa de la verdad de uno mismo es un búsqueda de prestigio.

6.- Y mejor que conocerse, desconocerse. El prójimo lo agradecería, seguro.

7.- No te quejes de que arrastras una leyenda negra cuando todos los pasos que das son para tejerla.

8.- No hay crítica acerba que no tenga un ápice de verdad… o un mucho. No es cuestión de cantidad. Además, vete acostumbrándote a que quien te pinta como le conviene, no te ha visto jamás, lo hace de oídas.

9.- Ponerse en escena equivale tarde o temprano a pasar por un mentiroso. Todo depende del público o de la parroquia que tenga quien te lee, que no tiene por qué creer lo que digas. Tal y como soplan los vientos de la existencia mediática, el propósito que encierra el de nobis ipsi silemus está bien para Francis Bacon o para Kant, que pudo asomarse con frialdad a una Lisboa humeante (Becket dixit).

10.- Cucamonas de discretos: exhibicionistas mediáticos que dicen tener a Gracián como autor de cabecera.

11.- Qué suerte poder sentir la misma paz/ que, cuando ya han pasado, dejan los infortunios, y poder escribirlo y, antes, poder compartirlo con quien a tu lado está a pesar de los pesares. (Joan Margarit «En un pequeño puerto»).

Redes sociales (Diario volátil 14)

800px-Hans_Weiditz091.- Si para abrir la boca tienes que mirar antes a derecha e izquierda, es mejor tenerla cerrada… al menos un rato.

2.- Redes sociales y hoja parroquial: a cada cual la suya. Con las tabernas y el cuadrilleo a ellas adherido pasa lo mismo.

3.- Escritura humanista, de cerca o de lejos: dar el pelotazo y que te aplaudan, lo demás, fantasías, engaños de predicador (Insolencias).

4.- Encuentro de viejas amistades: mirarse de arriba abajo y decirse «estamos viejos», y de seguido reírse sin saber de qué, sin querer saberlo, antes de escapar cada cual por su lado.

5.- Corren tiempos eclesiales de venid y vamos todos, y de cantar a capella sin desentonar lo que mande el amo de ocasión o tenga por himno de devoción la koadrilla.

6.- Incendiar o no las redes. Es fácil. Están pidiendo fuego.

7.- Mejor no olvidar que los furiosos cohetes de hoy son las cañas chamuscadas de mañana.

8.- ¿Elogio de la perplejidad? Ni se te ocurra, con este vendaval que sopla en el escenario mediático, un perplejo es un enemigo… a abatir.

9.- Unos meses fuera de las redes y regresas como un Rip van Winkle a contrapelo: no reconoces nada.

10.- ¿Rip van Winkle… y ese quién es? Nadie, uno, qué importa, ya no importa, ya no interesa, las referencias librescas están de sobra.

11.- Paso un rato por Facebook, me doy una vuelta por Twitter y me quedo admirado de lo muy informados que estamos de todo, no hay estímulo ante el que no reaccionemos, respuestas como disparos: el perro de Pávlov, mi semejante, mi hermano…

12.- Con el tiempo se te caen las opiniones… como el pelo, los dientes, el lápiz… igual.

Diario volátil 13 (Hablar por no callar)

DSC_00701.- Calla y sigue jugando, y si pierdes, pide la revancha… a 22 de nuevo, o alarga a 40, pero no tires la pala.

2.- El exhibicionismo del predicador desde el púlpito y de cara a la parroquia entregada, el del mando en su arenga cuartelera frente a la tropa formada con disciplina o el del cátedro histrión para su público que aspira a pasar el trámite: repulsivos los tres.

3.- ¡Últimas noticias!… A qué comentar lo que se comenta solo y resulta una obviedad, alrededor de la hoguera de los lugares comunes y alimentándolo con la leña muerta de las ideas preconcebidas… ignoro qué luz o qué consuelo aporta eso, ni para ti ni para quien te escucha.

4.- El escultor Remigio Mendiburu cuando le diagnosticaron un cáncer: «Y toda una vida por hacer». Eso recuerdo a menudo, pero en balde, porque enseguida lo olvido y sigo a lo mío al mañana tengo mucho tiempo, de Kavafis, es decir, a lo mío, a mi rutina derrochona.

5.- La enfermedad y la muerte, temas de conversación medio festiva entre gente que no está del todo bien y se felicita de ese modo el estar viva, y al hilo del recuento de desdichas calcula si está mejor o peor que aquel con quien conversa, sobre todo lo primero.

6.- Premios, homenajes, mucetas, adulaciones, banquetes protocolares, manos encima del lomo, aplausos, pompa académica o social, caja, viajes pagados, cargos… con qué facilidad el poeta secreto se hace poeta cortesano y agacha la cabeza… y contemporiza y adula al poderoso bajo el disfraz de hombre afable y ponderado.

 

 

Pedro Atienza, poeta

10653867_723075961104606_1065104030667190697_nSe fue y aquí queda, en sus versos. Mañana no hay tanto tiempo como parece. No hace falta leer a Kavafis para darse cuenta de que enseguida se hace tarde. La semana pasada compartíamos sobre nuestro lugar en el mundo en versos que él publicaba en facebook. Voy a echar en falta sus versos, sus me gusta y sus abrazos.

BALANCE INCONCLUSO DE UNA VIDA DESORDENADA
A quienes la cruzaron conmigo

Hoy quiero resarcirme del olvido
ir evocando cosas en desorden
que ellas mismas se troquen en el orden
del caos supremo del tráfago vivido

La casa solariega de la infancia
y mi abuelo durmiendo en la solana
el sonido en la charca de la rana
y la alfalfa señal de la abundancia

Las peleas de chicos a pedradas
y mi padre muriendo poco a poco
su cara descompuesta ya de loco
con la morfina entrando en andanadas

Mi madre recosiendo pantalones
cegada por el sol o en el ocaso
abnegada mujer a cielo raso
que sembraba la tierra en sus hondones

Los patios de Alcalá que ahora me ignoran
donde besé a una chica y tuve fiebre
escapando después como una liebre
pues supe que los besos también lloran

La noche de Madrid en los ochenta
ahíta de mandanga y de farlopa
y aquella casa donde ya sin ropa
un revolver por poco me revienta

Y los frises con cascos y con porra
corriendo a un grupo imberbe y desarmado
y en la espalda el disparo amoratado
que el alcohol a mansalva ya no borra

Los nidos de gorrión pisoteados
y la paga esperada de domingo
los pellizcos robados y el respingo
de mis fieles amigos alarmados

La radio los poemas el trabajo
enredados en duelos y alegría
y así pasando un día y otro día
deshaciendo la vida desde abajo

Los amores confusos y prolijos
carnales alevosos y dolientes
y los instintos puros que clementes
hacen que me confunda con mis hijos

Y al final y al principio está la muerte
en el vanal balance de mí mismo
la muerte de los míos y el abismo
que espera en cualquier parte esa es mi suerte

A cierta edad ya no hay cronología
tan sólo los recuerdos que se alzan
y en el olvido puro nos alcanzan
para que arda tu genealogía.

PEDRO ATIENZA
(Del libro “Cuaderno de la sierra”, de próxima aparición)

La Dulce Venecia (Diario volátil)

P1050002Estaba ahí hace nada y Ramón Irigoyen, a final de los setenta, cuando era vecino encantado del barrio, le dedicó uno de sus poemas de Cielos e Inviernos (1979), para mí uno de los dos grandes libros de poesía de la década de los setenta, el mejor de los de su generación desde luego. Ahora es otra cosa, al local me refiero. La ciudad cambia, tú envejeces, te acomodas como puedes a los cambios, los celebras, pero a oscuras, a puerta cerrada, te quedas traficando con tus recuerdos, confundes las cosas, loqueas y sonríes, porque sabes que en ese territorio eres inalcanzable, creas otro mundo que solo se parece de lejos al que fue, un mundo a tu medida, cada día distinto incluso, que no te pueden quitar. Son las especias intensas de la imaginación las que dan verdadero sabor al plato de grisalla cotidiana: “Soy el portavoz de un mundo perdido, presente para mí”, lo canta con ferocidad Léo Ferré en Et basta! A menudo escucho ese monólogo. Me reconforta… no es poco. Ahora mismo no es poco encontrar algo que te reconforte.