Los libros del Portal de Francia

DSC_0027Los libros del Portal de Francia es una librería imaginaria que aparece en mi novela El Escarmiento. Quienes se han molestado en ir hasta el lugar de la ciudad al que hace referencia su nombre para verificar de qué comercio en concreto se trata, podrían haberse dado cuenta de que el lugar señalado de manera clara en mi libro, está cerrado. Por eso precisamente abrí en él una librería, negocio ruinoso hoy día: aquellas que han contado en nuestra vida han cerrado o naufragan de mala manera.  En Pamplona es inútil plantear juegos literarios. Si escribiera Caperucita roja, estoy seguro de que alguien me encontraría enseguida a la abuelita y al bosque. Lo mismo sucede con la casa de Antton Basurde, que desde que apareció la novela ha dejado de existir y está en rehabilitación por lo que Basurde, de momento, se ha trasladado con todo su museo a otra parte, como se contará en El botín. Imagino que cuando termine Biargieta pasará lo mismo con ese barrio que aparece (ya en No existe tal lugar) entre dos luces y más de uno irá buscando escenarios y personajes que solo existen en mi imaginación por mucho que me haya inspirado en otros vividos, tratados y padecidos.
coquetoEl caso es que en esa antigua Rúa de los Peregrinos tengo dos buenos amigos, uno librero de viejo, otro brocante bravo. Nos conocemos de toda la vida como quien dice. El librero me hizo ayer un regalo para mí precioso: esa edición de 1938 de El coqueto don Sancho Sánchez, libro que para mí tiene una significación especial por motivos personales y que yo leía de niño porque identificaba los escenarios del libro con otros bien precisos que me eran muy familiares, y con razón, pues en ellos vivía: mi abuelo paterno tenía buena relación con Biurrun, el autor de esa fantasía que ilustró A. M. Pascual y situó la pie de las torres de San Cernin. Lo cuento en Los barruntos de la botica, ensayo que acompaña la edición fasimilar del libro de Biurrun y que hoy escribiría en otro tono y otra dirección, desde luego. Ahora no sé yo si está el tiempo como para fantasías literarias. Tampoco lo estaba en 1938 cuando se publicó el librico. ¿Para qué está ahora el dichoso tiempo? ¿Para el alegato y la apuntación fiscal, para la rebelión escrita, para el libelo,  para el testimonio de la mugre, para defenderse de una agresión constante? A esto cada cual responderá como pueda y quiera. Sé para qué está para mí y con eso me basta.

Andanzas neofranquistas

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El artículo lo publicó Joseba Santamaría en Diario de Noticias, de Navarra, el pasado día 3. Lo acabo de leer y aquí lo traigo. Cuando apareció estaba lejos de ese monumento al crimen:

Hace una semana se cumplieron 77 años del asesinato de 50 ciudadanos navarros en la corraliza bardenera de Valcaldera tras ser sacados de la Cárcel de Pamplona. Sus restos, como los de otros cientos de navarros y navarras desaparecidos impunemente en la ola de terror que siguió al golpe franquista que dirigió Mola desde Pamplona, siguen sin aparecer. Se saben, eso sí, los nombres de algunos de los asesinos que participaron en aquella matanza.

Todos ellos impunes, y ni siquiera la publicación de esas listas de apellidos de asesinos parece conmover las conciencias de quienes en el pasado franquista, y ahora mismo, contemplan aquel terrible genocidio de más de 3.000 navarros sin juicio y sin guerra como un accidente de la historia.

La complacencia del revisionismo político actual con los hechos que ocurrieron en las semanas que siguieron al llamamiento de Mola a extender el terror hasta el último rincón de Navarra indigna tanto como angustia. UPN y PP se siguen negando a condenar el terrorismo franquista y los 40 años de oscura noche que impuso. Leer El Escarmiento de Miguel Sánchez-Ostiz como otros relatos antes resulta en varios de los episodios que relata, en la descripción de los personajes asesinos y sus alardes de fanfarronería beata y macarra, muchas veces insoportable.

Estaban allí, con sus correajes, pistolones y rosarios, muchas veces acompañados de fariseos alzacuellos que participaron cómplice, cuando no entusiastamente, en aquella matanza colectiva. Y al mismo tiempo, se suceden las imágenes de miembros de las derechas alardeando de sus convicciones franquistas. De dirigentes y cargos públicos no solo defendiendo aquel negro régimen de terror, caspa, santos y miseria económica y cultural, sino publicitando homenajes y premios a la simbología y personajes que ensalzan el franquismo.

Inconcebible que en Alemania se homenajeara a activos defensores del nazismo, que cargos políticos justiticaran públicamente las matanzas nazis, que hubiera monumentos dedicados al enaltecimiento histórico de cualquiera de los gerifaltes nazis.

En el Estado español todo eso es cada vez más habitual. Incluso se va calando con lluvia fina de aire de normalidad y hasta de orgullo. Todo ello, como enaltecimiento del terrorismo golpista, debiera ser ilegal y delito penal. Pero el nuevo revisionismo plácido de los sectores neofranquistas impone mirar para otro lado. Un revisionismo negro de la historia que solo supone una discriminación injusta (que debiera abochornar a quien la práctica) que no merecen los familiares de quienes han sufrido, como víctimas de la dictadura franquista, el dolor, la marginación y el olvido social durante décadas.

Ya lo he escrito, pero insisto; por la dignidad de la memoria de esos miles de navarros víctimas inocentes de un exterminio terrorista planificado, organizado y ejecutado en la total impunidad es insostenible la permanencia de los restos de Mola, el principal instigador de ese genocidio en un mausoleo dedicado a su memoria en el centro de la vieja Iruña. Las instituciones, y el Arzobispado, son los responsables de semejante bochorno ético. Es una cuestión de dignidad humana y democrática.