Me acuerdo… Noel, Eugenio, con calavera.

Me acuerdo de que el maldito Eugenio Noel, perseguido siempre por la mala suerte disfrazada de él mismo, tenía una jarra como esa para su cerveza, pero también para guardar billetes de lotería que nunca le tocaba… La jarra la podía llenar cuando recibía el cobro de su asignación del fondo de reptiles del Ministerio de Gobernación (a su diario inédito me remito: BNE), dato este que hasta ahora ha permanecido inédito, como tanto otros de los que duermen el sueño de los justos de sus páginas de Diario ¿? inéditas, como sus desahucios en sus domicilios mugrientos de Cuatro Caminos, con la ropa empeñada, los muebles incautados, desde donde oyó los disparos de la abortada revolución de 1934… Ah, sí, me acuerdo de que iba a escribir sobre esto, tras días y más días de dejarme los ojos en la BNE, Sala Cervantes, pero lo dejé después de preguntarme ¿Y esto para qué? ¿Otro raro a la palestra? Nada, eso es pasto de profesores, el tiempo apura, no lo tengo para erudiciones.

El bock de la suerte (mala)

EZhujmBWoAU1E-eEn los diarios de Eugenio Noel, de 1934-1935, su época de mayor miseria, encontré una referencia a un bock de cerveza en forma de calavera en el que el escritor guardaba la calderilla y los billetes de lotería que compraba de manera obsesiva y ruinosa, tanto en Hispanoamérica como en Madrid. Vivía entonces en una mala casa de la calle Fernández Villaverde, después de haber sido desahuciado de otras, y apenas salía a la calle porque tenía empeñados hasta los calcetines. Era su compañera la que acudía al Ministerio de Gobernación a cobrar los duros que le daban de los fondos reservados para subsistir y de donde saldría el dinero fresco recién estampado con el que hizo su último viaje a América, a finales de 1935, cuando dio en México con sus huesos en la cárcel y le devolvió enfermo a Barcelona para morir allí, sin haber ganado un peso o un duro a la lotería.