Una historia boliviano-belga en fragmentos

IMG_2429Esta es una historia en fragmentos, los de una caja de fotografías que me regaló un buen amigo, chamarilero de la rúa de los Peregrinos –no confundir con El Astrónomo de la librería Los libros del Portal de Francia de la misma calle–. Cuando la abrí, una de las primeras fotografías que me aparecieron era sin lugar a dudas de la plaza de Armas de Sucre, hoy 25 de mayo, otras remitían a Bélgica. Unos meses después,  en Cochambamba, de noche, cuando le contaba ese episodio a Ramón Rocha Monroy, este me dijo: «Georges Rouma». Más tarde, otro amigo, Mariano Baptista, me añadió algunos datos brumosos sobre la niña que aparece en las fotografías y sobre quién fue su madre. Es una historia que empieza en Sucre a comienzos del siglo XX, cuando se funda la primera Escuela Normal del país, y termina en una chamarilería de Pamplona, junto a instrumentos musicales, uniformes, menudencias de adorno, pasando por el Camerún francés, por la ocupación nazi de Bélgica, por Biarritz, por el Congo Belga y por la campiña francesa. Entre esas fotos las hay del gigante Camacho, del pedagogo Rouma hurgando en los fósiles de un milodón, de barcos en el Titikaka, del puerto de Guaqui, del mercado de la calle Ravelo, de la primera Escuela Normal y de su patio colonial… No sé si alguna vez lograré escribir esa historia que regresa a la superficie cada vez que, como hoy, me tropiezo con la caja donde guardo esos cientos de fotografías. Las repaso y me doy cuenta de que de la vida de aquella niña que miraba asombrada el mundo a las puertas del mercado de la calle Ravelo, es esto lo único que queda.

Georges Rouma en Bolivia

A propósito de la fotografía del Gigante Camacho que publiqué el otro día. A las pocas horas de llegar a Bolivia, y gracias a Ramón Rocha Monroy, puedo barruntar que el autor de la fotografía del gigante y de esta otra, de hacía 1915, del mercado de la calle Ravelo de Sucre, fuese el belga Georges Rouma, fundador de la Escuela Normal de Sucre y luego de La Paz. Dicho dicho así no suena a nada relevante, pero tiene detrás algo tremendo: el acceso de los indígenas bolivianos a la educación, algo que ocurrió de manera muy tardía; y lo mismo ocurrió con el acceso al ejército. Polvos y lodos.