El duque de Patraña

sddefaultCuando esta pesadilla termine y de una forma u otra se consiga expulsar a Mariano Rajoy de la Moncloa, el rey le nombrara duque. Sugiramos por tanto que, dado que no queda más remedio que tragar con esa mascarada, se le nombre Duque de Patraña y que de esa manera quede fijada en el tiempo la historia de un personaje que más que un biógrafo político o un apartado en esa Historia universal de la infamia que a diario parece escribirse sola, lo que necesita es un psicopatólogo y un frenólogo.

         El espectáculo de los últimos meses y la sucesión de trapisondas y enredos produce una extraña sensación de irrealidad, como si lo que está pasando fuera una comedia de enredo y solo eso, un espectáculo arrevistado con explosivas supervedettes de las ferias de polvo, humazos, ruido y mugre encarnadas casi en exclusiva por el deslenguado de Rajoy, algo a medio camino entre Colsada, Cornejo y Llapisera, aquel empresario del Bombero Torero tan siniestro y tan racial, tanto como el banderita tu eres roja banderita tu eres gualda de Las Corsarias. Algo en todo caso más propicio al bureo y al berrido, a la chanza y al pateo, a un todos contra todos, que a esa serenidad que reclaman los hampones para ver si la parroquia olvida que está siendo burlada.

         ¿Acabaremos teniendo Gobierno? Probablemente, pero por aburrimiento. Cuál, no sé. ¿Volverán a abrirse las bocas de lobo de las urnas para Navidad, como hucha de indigentes que es en lo que andamos? Quién sabe. Plácido ya anda suelto. El mundo siniestro de Berlanga goza de buena salud. Gobierno de salvación nacional no sé si es necesario, no creo, pero de salvación ciudadana sí, la del cambio, la constitucionalista por supuesto, cómo no, pero de otra Constitución, reescrita con una espíritu y una intención muy distinta a las de 1978. Es preciso un cambio radical en las instituciones y quienes han recibido el voto de una ciudadanía progresista o de izquierda tienen en su mano el hacer posible ese gobierno y sacar a la derecha de las instituciones con todo su aparato legal… aunque visto lo visto, no me hago en lo privado ilusión alguna. Esa ciudadanía que expresa con su voto una voluntad de cambio social se lo merece.

         Y vuelvo al duque de Patraña. De hombre de Estado le han tratado sus palmeros, pero el interesado puso su mejor expresión lerda cuando le hicieron ver que había reventado un asunto tan grave como la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC, haciendo público un dato de Estado secreto. Se retrata don Patraña, y a cada paso, cuando miente y cuando restallan las únicas verdades que es capaz de decir: sus lapsus.

         De sus discursos de estos días no hay mucho que comentar que no se haya comentado. Resumen y concentran una vida politica basada en la mentira y la desfachatez de quien sabe su bolsillo a cubierto de cualquier contingencia, y denotan una falta de respeto mayúscula por esos ciudadanos en cuyo nombre dice hablar y que no es que no le hayan votado sino que quieren que desaparezca del mapa con su equipaje de mugre. Delirantes palabras las suyas, acordes con una vida política marcada por la arrogancia de casta y clase, la de esa oligarquía que viene manejando este país como si fuera su cortijo o una empresa de especulación financiera de su estricta propiedad. Nada de lo puesto en escena es ni remotamente creíble: paro, promoción de empleo, politica internacional, Europa, corrupción, el colosal negocio que se esconde detrás de la defensa nacional, reorganización territorial, el cepo económico en que está metida esa ciudadanía menos favorecida… Rajoy ha sido el peor gobernante que ha tenido este país si exceptuamos al general Franco, su pariente político o mejor su causahabiente intelectual y material. Para comprobarlo basta hacer el suma y sigue de sus despropósitos autoritarios de los últimos cuatro años. Un inventario, un día a día, sin más… el resultado seria asombroso, por mucho que el hilo de los acontecimientos sea silenciado o camuflado por la prensa concertada, esto es, por el Ministerio de Propaganda del régimen organizado entre la banca y quienes con ella gobiernan de hecho el país, y la presidencia de Gobierno con su ventrílocuo a la cabeza, el duque de Patraña.

Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 4.9.2016

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“¡Yo soy corrupto…!”

Captura de pantalla 2016-08-28 a las 17.43.28¡¡..Porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha tratado con amooor…!!!», o algo así. Demasiado grave lo que sucede para andar en chanzas, pero ¿qué podemos hacer, qué más decir que no se haya dicho? Además, si presto atención a los ruidos de la oscuridad eso es poco más o menos lo que oigo, cuando no la pedorreta del gamberro que se pitorrea de ti de manera cobarde desde la oscuridad, como en la película Amarcord. En todo caso, cuando no parece quedar otra salida que las burlas y las chanzas, malo, son un pobre consuelo.

La regeneración nacional ha comenzado por la redefinición, fuera del código, de los delitos que, relacionados con la cosa pública o a su sombra, tienen como objeto el enriquecimiento personal injusto. De entrada va quedando claro que solo es delito hacer privado aquello que por destino únicamente debería ser público si te cogen, o mejor dicho si lo hacen y al final te condenan, y no en todos los casos. Hay que amparar a una clase social de corruptos sin tacha cuyas economías dependen de los entresijos de lo público y para eso nada mejor que cambiar las formas: no son todos los que están, pero en el ajo están más de los que aparecen por sucesivas oleadas, o viceperversa, ya no se sabe muy bien.

Es decir, estamos como siempre, solo que hay que hacer más difícil el que te cojan, cambiando no sé si el qué o el cómo. A eso se le llama con verdadero desparpajo «Regeneración nacional», como si lo cometido no fuera con ellos. La delincuencia redacta el Código Penal y asalta de paso la magistratura. El mundo al revés, no, el mundo como siempre. ¿Extraña que la exposición de El Bosco haya tenido tanto éxito? No, pero no es este el motivo. En el espejo siempre aparecen otros.

No vuelven los clérigos casuistas de los siglos XVI y XVII, retorcedores de hechos, leyes, palabras y argumentos, porque siguen aquí: va para 400 años que parecen inspirar sin remedio a los granujas que por la fuerza de las armas o por los votos orquestados se alzan con el poder en España. Hay que darle la vuelta a lo evidente, hay que hacer como si no, cuando es sí, hay que transformar al agredido en agresor, al perdedor en ganador, al verdugo en mártir… y todo a base de palabrería y galimatías, buscando la boca abierta del auditorio. Y a quien se atreva a denunciar la corrupción generalizada hay que tacharlo de enemigo de la patria y de la paz social, porque quien gobierna no tiene la culpa de que el que vive a dos velas (fúnebres) no se sepa mover en el arrebuche. Y de paso es preciso atar corto a la prensa que se atreva a no repicar las consignas que encubren una política económica tan de clase como chapucera.

 Aquí no se trata de atacar las cuestiones de fondo que encenagan el país, so pretexto de la conquista del poder (en otros países se llama «formación de gobierno»), sino de enmascarar las malas formas, de cubrir las apariencias y de transformar el cambio social (resulta repulsivo llamarlo regeneración nacional) en represión de disidentes. Aquí ya no se habla del empobrecimiento nacional ni de los contratos basura transformados en recuperación económica, aquí se habla de salvación y de Todo por la Patria para encubrir lo que no solo Julio Anguita tacha de golpe de estado incruento de nueva generación. Una puesta en escena deplorable. José Luis Cuerda lo hizo mejor en la gloriosa película Amanece que no es poco: solo se trata de que ganen los de siempre.

Y vuelvo a las chanzas, por la calorina más que nada, y hago memoria de mi infancia y de un cuento ilustrado, Ali-Babá y los cuarenta ladrones, y recuerdo que la escena que más me gustaba era la de Ali-Baba escondido dentro de una tinaja, como aquellas del aceite en el trujal, viendo cómo los bandidos se repartían alborozados el botín, una auténtica juerga, una fiesta nacional hoy, con rejones y descabellos preceptivos, los que se lleva un día sí y otro también una ciudadanía hastiada, exhausta, empobrecida y sobre todo burlada por principio, por forma de vida.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, el 28.8.16.

Parece mentira

rajoy-congreso-20070115 Pero no lo es, por mucho que lo parezca. Lo que estamos viviendo es la cruda realidad. No se trata tanto de que tengamos pesadillas un día sí y otro también y de que, al despertarnos, esté Rajoy de cuerpo presente con su boba mueca al pie de la cama, sino de que no hay otra realidad que esa, la de un presidente de gobierno en funciones al que le dejan burlarse de manera impune de los ciudadanos de un país de la Unión Europea. Solo quien está convencido de que ejerce el sometimiento del dictador locoide puede actuar así.

Digo bien «le dejan» porque los despropósitos que está cometiendo no podrían lograrse de no contar con un apoyo mediático incondicional que no pone en tela de juicio su deshonestidad flagrante de político en ejercicio. No estoy de acuerdo con quien sostiene que la honestidad no es un parámetro político para juzgar a los profesionales de la política. En el caso de Rajoy sí lo es porque es ya un espectáculo, siniestro, pero espectáculo, al que debemos asistir lo queramos o no, en el que las duras veras apenas se esconden detrás de las patochadas. Nos hemos debido acostumbrar a ser burlados, de lo contrario no se entiende.

Parece mentira que los medios de comunicación presentes en las farsas en que ha convertido Rajoy las ruedas de prensa no le hubiesen preguntado por sus promesas y afirmaciones incumplidas ni que nadie le haya reprochado que lo suyo es una enredada madeja de decires y «desdecires», de promesas que encuentran su eco en patrañas descaradas con las que demuestra un nulo respeto no ya por los periodistas que acuden a escucharle decir necedades, sino por los ciudadanos, le voten o no, esos españoles en general en cuyo nombre habla y a los que en la práctica ignora. Visión la suya de amo de cotarro más que de gobernante.

No son solo los votantes del Partido Popular quienes permiten este estado de cosas. Rajoy tiene poderosos apoyos mediáticos y también sociales de personas que tal vez no le voten, pero que apoyan el sistema social que él representa mientras este les siga permitiendo hacer dinero y mantener su estatus. La gente guapa no siempre se rebaja al voto, con las copichuelas en el Club de los Zánganos le basta; otra cosa es cuando confunden las urnas con las monterías. Hay que reconocer que toda una clase social se está enriqueciendo de manera imparable gracias a la política económica del Partido Popular y es lógico que con lasitud y bostezo apoye las trampas del maestro de ceremonias.

Parece mentira que la vida pública de un país gire en torno a si el día de Navidad se pueden o no convocar unas terceras elecciones que revienten las fiestas navideñas. Una amenaza de un daño social evidente perfectamente calculado, ¿por el propio Rajoy?, algo que no se le reprocha, y que quiere cargar en la penosa cuenta del Partido Socialista si de una manera u otra obliga a repetir elecciones: rabieta de monja y los niños castigados. Parece mentira que haya que tomarse en serio todo esto… o en broma, porque veras son, y bien siniestras. ¿Fastidiarle las navidades a la ciudadanía, una estrategia política? Se comenta solo. Solo un tonto malvado puede pergeñar semejante cosa.

Parece mentira que ante este estado de cosas una ciudadanía que hace tres años parecía que iba a comerse la calle cruda, esté apagada y más que apagada, desinflada, lo pinten como lo pinten. ¿Para cuándo la rebelión? Para nunca, no vaya a ser que nos quiten el chinguelbel, chinguelbel en paz… «Cuidadito» con el turrón y la zambomba.

Parece mentira que un ministro del Interior se dirija a un periodista al grito de «Cuidadito» porque eso no es mera descortesía sino amenaza de matón sabedor de que puede hacer daño de manera ventajosa. ¿«Cuidadito» con qué? ¿«Cuidadito» por qué? ¿Se falta por preguntar? Mamaron franquismo y lo excretan hasta en el aliento. A ese ministro hay que cargarle la cuenta de la libertad de expresión dañada con su ley Mordaza. Todo un proyecto de sometimiento de los medios de comunicación a su régimen autoritario. ¿En qué manos estamos? Parecerá mentira, sí, pero es más pesadilla de la de nunca despertar.

Pero no lo es, por mucho que lo parezca. Lo que estamos viviendo es la cruda realidad. No se trata tanto de que tengamos pesadillas un día sí y otro también y de que, al despertarnos, esté Rajoy de cuerpo presente con su boba mueca al pie de la cama, sino de que no hay otra realidad que esa, la de un presidente de gobierno en funciones al que le dejan burlarse de manera impune de los ciudadanos de un país de la Unión Europea. Solo quien está convencido de que ejerce el sometimiento del dictador locoide puede actuar así.

Digo bien «le dejan» porque los despropósitos que está cometiendo no podrían lograrse de no contar con un apoyo mediático incondicional que no pone en tela de juicio su deshonestidad flagrante de político en ejercicio. No estoy de acuerdo con quien sostiene que la honestidad no es un parámetro político para juzgar a los profesionales de la política. En el caso de Rajoy sí lo es porque es ya un espectáculo, siniestro, pero espectáculo, al que debemos asistir lo queramos o no, en el que las duras veras apenas se esconden detrás de las patochadas. Nos hemos debido acostumbrar a ser burlados, de lo contrario no se entiende.

Parece mentira que los medios de comunicación presentes en las farsas en que ha convertido Rajoy las ruedas de prensa no le hubiesen preguntado por sus promesas y afirmaciones incumplidas ni que nadie le haya reprochado que lo suyo es una enredada madeja de decires y «desdecires», de promesas que encuentran su eco en patrañas descaradas con las que demuestra un nulo respeto no ya por los periodistas que acuden a escucharle decir necedades, sino por los ciudadanos, le voten o no, esos españoles en general en cuyo nombre habla y a los que en la práctica ignora. Visión la suya de amo de cotarro más que de gobernante.

No son solo los votantes del Partido Popular quienes permiten este estado de cosas. Rajoy tiene poderosos apoyos mediáticos y también sociales de personas que tal vez no le voten, pero que apoyan el sistema social que él representa mientras este les siga permitiendo hacer dinero y mantener su estatus. La gente guapa no siempre se rebaja al voto, con las copichuelas en el Club de los Zánganos le basta; otra cosa es cuando confunden las urnas con las monterías. Hay que reconocer que toda una clase social se está enriqueciendo de manera imparable gracias a la política económica del Partido Popular y es lógico que con lasitud y bostezo apoye las trampas del maestro de ceremonias.

Parece mentira que la vida pública de un país gire en torno a si el día de Navidad se pueden o no convocar unas terceras elecciones que revienten las fiestas navideñas. Una amenaza de un daño social evidente perfectamente calculado, ¿por el propio Rajoy?, algo que no se le reprocha, y que quiere cargar en la penosa cuenta del Partido Socialista si de una manera u otra obliga a repetir elecciones: rabieta de monja y los niños castigados. Parece mentira que haya que tomarse en serio todo esto… o en broma, porque veras son, y bien siniestras. ¿Fastidiarle las navidades a la ciudadanía, una estrategia política? Se comenta solo. Solo un tonto malvado puede pergeñar semejante cosa.

Parece mentira que ante este estado de cosas una ciudadanía que hace tres años parecía que iba a comerse la calle cruda, esté apagada y más que apagada, desinflada, lo pinten como lo pinten. ¿Para cuándo la rebelión? Para nunca, no vaya a ser que nos quiten el chinguelbel, chinguelbel en paz… «Cuidadito» con el turrón y la zambomba.

Parece mentira que un ministro del Interior se dirija a un periodista al grito de «Cuidadito» porque eso no es mera descortesía sino amenaza de matón sabedor de que puede hacer daño de manera ventajosa. ¿«Cuidadito» con qué? ¿«Cuidadito» por qué? ¿Se falta por preguntar? Mamaron franquismo y lo excretan hasta en el aliento. A ese ministro hay que cargarle la cuenta de la libertad de expresión dañada con su ley Mordaza. Todo un proyecto de sometimiento de los medios de comunicación a su régimen autoritario. ¿En qué manos estamos? Parecerá mentira, sí, pero es más pesadilla de la de nunca despertar.

ITEM MÁS: lo que parece mentira es que un personaje como el de la imagen pueda ser presidente de gobierno de un país de la Unión Europea.

 

Algo habían oído

CSQrPfnUwAAwNX5 Tal vez por eso, por haber oído “algo” de la estruendosa astracanada valenciana que suena desde hace años, una auténtica mascletá de indecencias, se acaba de saber que, semanas antes de las elecciones, el Partido Popular cambió los discos duros de sus ordenadores de Tesorería y quiso alterar sus números de serie, pero que la empresa suministradora de Hewlett-Packard se negó a cambiar las placas de identificación porque es ilegal.

Parece, eso dicen, que los dejaron a cero, como los de Bárcenas y sus papeles, asunto este que también les debe sonar de oído y de lejos, por mucho que estén directamente implicados y hayan puesto la mano en el fuego por gente que está en la cárcel. Luis sé fuerte ¿recuerdan?… y hay más: ponían como ejemplos éticos a delincuentes.

También han oído algo, solo algo, pero se ve que de lejos, de pasada, de que hay alrededor de mil personas relacionadas directa o indirectamente con el PP que se encuentran acusadas, investigas, procesadas, encarceladas, ex imputadas… nada, un rumorcillo, un viento de calumnia, desdeñable por tanto, por mucho que, ahora, los jueces se estén por fin aplicando y aflore lo que hace unos meses o años no acababa de aflorar, no sabemos por qué, porque el clamor, el rugido, el estruendo lo oíamos todos. Su tarea era negar la evidencia, dentro y fuera del Congreso, de viva voz o por medio de la prensa que les ha servido de ministerio de propaganda. Decir que hemos estado gobernados por bellacos es poco.

No cabe mayor desfachatez en un gobernante que la demostrada por Mariano Rajoy, el decidor de necedades y cabeza visible del partido político más corrupto de la historia reciente de España, en dura competencia con el franquismo y su aparato, del que proviene desde su fundación. ¿Cómo lo iba a condenar? Imposible. Rajoy pasará a la historia universal no sé de la infamia o solo de la bobería, si todavía hay alguien a quien le queden arrestos para escribirla.

El último gobierno de la nación ha hecho del no enterarse, del no querer enterarse, un principio político, una filosofía, una moral. Oídos sordos, narices tapadas porque la podre se imponía y en la boca, la patraña, y todos de cara a los ángeles custodios, esos que andan metralleta o porra en mano, a las vírgenes y a las mojamas, que son los que juntos o por separado iban a poner remedio a este país cada día que pasa más irremediable, más putrefacto. Su no enterarse de lo que ha sucedido es signo de complicidad dolosa. La impunidad es un clima.

Imagino que algo habrán oído los gobernantes de los refugiados que andan desamparados a las puertas de una Unión Europea que ha enseñado los fondillos, su peor cara, la del perro de presa, porque entre lo que a bombo y platillo dijeron a propósito de acoger refugiados hace unos meses, cuando se produjo la estampida, y lo que en realidad sucede y han hecho, hay tal diferencia que cabe afirmar que, en efecto, no se han enterado de lo sucedido por mucho que los medios de comunicación, tanto los que ellos manipulan, como los que no, abrieran páginas e informativos con noticias de hechos que no pueden ser más dramáticos… cuando no los han tergiversado adrede para crear alarma social en contra de los refugiados, echándoles encima la sospecha de la delincuencia generalizada. Algo que no ha sido atajado de manera firme desde las instituciones. Esa información negra que tiene a los refugiados como protagonistas es algo que excede a la libertad de expresión dichosa, esa que beneficia a unos y perjudica a otros, siempre o casi siempre los mismos. A todos nos pueden aplicar una estadística, o dos si nos descuidamos.

Una vez más han echado a rodar a sus ángeles custodios, armados hasta los dientes y no es cosa de nadie, es de Europa. Los abusos están al caer e impedirán la información, aunque ya total para qué si hay público que los aplaude. Al drama humano, el gobierno, escudado en Europa, responde con la violencia, no solo física, que también, sino institucional, política, hecha ley del más fuerte, ley a secas. Es todo un aviso de futuro.