Siwa 5 (presentación por Pablo Cingolani)

unnamedEstoy contento de haber colaborado en ese número de Siwa sobre vientos, con un texto dedicado a haizegua, el viento sur que te hace andar como si no pisaras el suelo… ya aparecerá por algún lado.
El número se presenta hoy en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires y Pablo Cingolani lo celebra desde Río Abajo, en Bolivia.
Burucua, Burucua: Burucua, José Emilio, escribió el prólogo a uno de los más bellos libros que he leído jamás: la biografía del Inca Pedro Bohorques, escrita por Ana María Lorandi, la gran y desconocida Ana María Lorandi, un libro titulado De quimeras, rebeliones y utopías, editado por la PUCP de Lima hace décadas, y sobre asuntos que valdría la pena no sólo seguir escribiendo libros sino ponerlas en práctica. Recuerdo que el hombre era profesor de Filosofía y Letras, cuando pasé por esas aulas.
Fabián E(steban) Luna, el orquestador anemo-arbòreo: él sabrá de que se trata. A mí me consta su amistad desde wawas. Nací el 29 de agosto de 1963. Él, el 20 de septiembre del mismo año. O sea, cronológicamente, 22 días después. Nuestras madres eran amigas, compañeras de colegio. Nosotros seguimos siendo amigos, desde entonces. Cualquier otra referencia puede opacar la importancia de ser amigos desde la cuna, o desde antes incluso.
Salvador Marcelo Gargiulo, SMG, el firmante de esta invitación y creador, editor, faro y brújula de eso llamado Siwa, a cuya presentación del número 5 nos convoca. Amigo de mi amigo antedicho, Fabián me lo presentó hace ya (casi) cuatro décadas. Vino añejo, entons. Diré de él: si hay alguien que aporte tanta belleza y tanta pasión al mundo de la edición literaria, recuperando ese aire pre-Gutenberg a la obra que se escribe, no que sólo se imprime, es el. 
Siwa, en el fondo de todos los baúles, es eso: una resucitación, súbita y trascendente como todas las epifanías, de la obra del escriba y su arte, la confección, la hechura, del libro mismo. Si no hubiera sido por eso, y es un decir, se hubieran perdido la Biblia y el Corán, los viajes de Marco Polo y peor aún: los de Heródoto, padre y madre de todas las geografías literarias donde Siwa, la Santa Siwa, se nutre. Honra, enaltece y abreva.
Por los motivos antepuestos y con suma alegría, es que desde estas montañas de los Andes, invito pues a todos los receptores de este correo electrónico a concurrir a tan magno evento como es la presentación, en esa Biblioteca Nacional de la República Argentina que supimos honrar tantas veces, de la quinta versión de Siwa. Diría don Heráclito: si vas, mejor, si no, salud!!!
Pablo Cingolani
Desde Río Abajo, Bolivia.

Haizegua

Acabo de recibir una invitación de la revista argentina Siwa para escribir sobre algún viento. Lo voy a hacer sobre el del sur, ese haizegua atizaseseras que ha soplado estos días pasados en Baztan, viento que inquieta, invita al viaje, a alquilar el cerebro a los disparates y andar como si no pisaras el suelo.

Cuando una puerta se cierra, otra se abre, escribía  hace unas semanas. Algunas están siempre abiertas, salvo que tú las cierres, dando portazos encima, no diré que a mi edad todos los caminos están abiertos, pero los horizontes son anchos salvo que tú los achates y vuelvas la cara contra la pared, aunque también ahí, en las capas de cal y azulete del muro, hubiera mapas, puertas que te llevaban lejos, mares o cementerios, tanto daba.  Viajes, mundos, mapas, territorios, vidas, pájaros, pasos perdidos, muchos, exilios interiores, ausencias, extravíos de antes de darte cuenta de que no hay camino y que eso no tiene arreglo… Islas Flotantes, las de No existe tal lugar.

 

captura-de-pantalla-2015-08-20-a-las-09-14-32Una sombra ya pronto serás, de Héctor Olivera, sobre la novela de Osvaldo Soriano. Vías muertas y viajes en balde, empeños de pacotilla, fugas en las lejanías que son callejones sin salida: «lo que nos atraía era mirar nuestra propia sombra derrumbada y quizás pronto nos íbamos a confundir con ella», se le oye decir a quien no se llama Zárate.

«¡L’aventura e finita!»

Tesoros esfumados, amigos muertos o fugados en el tiempo, circos en derrota, liquidaciones por derribo y cerrados por defunción de ganas, funambulismos sin red y sin maroma, ilusiones perdidas en malos envites, partidas de truco amañadas, pillerías de supervivencia, descaros y palos, muchos.

«¿Todavía va para Bolivia?» –pregunta quien no se llama Zárate tras la última batalla perdida.

«¡Imagínese, ahora más que nunca!» –exclama Coluccini con entusiasmo, como si la resurrección fuera más importante que el propio triunfo, la gran conquista.

Para dónde tirar, en qué vía muerta andas perdido, por qué malos caminos te metiste, qué errores graves sabes que no terminarás de pagar nunca y que van va a ir contigo en un equipaje que no puedes dejar en consigna alguna… si no sabes jugar al truco no juegues, porque lo tiene, y tú no sabes ni las reglas más elementales, ni cómo guardarte el as en la manga, admite que juegas con dados de plomo y dedos huéspedes…

Habla Coluccini, tierno, vibrante, vehemente desde la desdicha:

«¡Uuuh, nunca se entregue! Yo soy un viejo rutero. Siempre hay una última maniobra, un golpe de volante, un rebaje, un algo… ¡Pero nunca el freno! ¡Usted pise el freno y está perdido!»

Aunque sea una Bolivia de papel, aunque la aventura haya acabado, aunque el horizonte se haya achatado, lo dice Coluccini: hay un momento para retirarse antes de que el espectáculo se vuelva grotesco por mucho que el público pida otra, que acaba siendo la de la burla. Pide tú la espuela, para el camino, alarga el tranco y ¡ospa!… Cuando la aventura se acaba te vas para Bolivia, aunque esta ya figure en otros mapas. Regresar es irse, etcétera, no hay que pisar el pedal del freno, «guarda con los perdedores», etcétera… En cualquier esquina te venden «cualquier cantidad» de Bálsamo del Tigre (auténtico). [De Rumbo a no sé dónde, 21.8.2015]

 

Haizegua, para la revista Siwa.

dsc_00401Acabo de recibir una invitación de la revista argentina Siwa para escribir sobre algún viento. Lo voy a hacer sobre el del sur, ese haizegua atizaseseras que ha soplado estos días pasados en Baztan, viento que inquieta, invita al viaje, a alquilar el cerebro a los disparates y a andar como si no pisaras el suelo.

Cuando una puerta se cierra, otra se abre, escribía hace unas semanas. Algunas están siempre abiertas, salvo que tú las cierres, dando portazos encima, no diré que a mi edad todos los caminos están abiertos, pero los horizontes son anchos salvo que tú los achates y vuelvas la cara contra la pared, aunque también ahí, en las capas de cal y azulete del muro, hubiera mapas, puertas que te llevaban lejos, mares o cementerios, tanto daba.  Viajes, mundos, mapas, territorios, vidas, pájaros, pasos perdidos, muchos, exilios interiores, ausencias, extravíos de antes de darte cuenta de que no hay camino y que eso no tiene arreglo… Islas Flotantes, las de No existe tal lugar.

 

Una sombra ya pronto serás, de Héctor Olivera, sobre la novela de Osvaldo Soriano. Vías muertas y viajes en balde, empeños de pacotilla, fugas en las lejanías que son callejones sin salida: «lo que nos atraía era mirar nuestra propia sombra derrumbada y quizás pronto nos íbamos a confundir con ella», se le oye decir a quien no se llama Zárate.

«¡L’aventura e finita!»

Tesoros esfumados, amigos muertos o fugados en el tiempo, circos en derrota, liquidaciones por derribo y cerrados por defunción de ganas, funambulismos sin red y sin maroma, ilusiones perdidas en malos envites, partidas de truco amañadas, pillerías de supervivencia, descaros y palos, muchos.

«¿Todavía va para Bolivia?» –pregunta quien no se llama Zárate tras la última batalla perdida.

«¡Imagínese, ahora más que nunca!» –exclama Coluccini con entusiasmo, como si la resurrección fuera más importante que el propio triunfo, la gran conquista.

Para dónde tirar, en qué vía muerta andas perdido, por qué malos caminos te metiste, qué errores graves sabes que no terminarás de pagar nunca y que van va a ir contigo en un equipaje que no puedes dejar en consigna alguna… si no sabes jugar al truco no juegues, porque lo tiene, y tú no sabes ni las reglas más elementales, ni cómo guardarte el as en la manga, admite que juegas con dados de plomo y dedos huéspedes…

Habla Coluccini, tierno, vibrante, vehemente desde la desdicha:

«¡Uuuh, nunca se entregue! Yo soy un viejo rutero. Siempre hay una última maniobra, un golpe de volante, un rebaje, un algo… ¡Pero nunca el freno! ¡Usted pise el freno y está perdido!»

Aunque sea una Bolivia de papel, aunque la aventura haya acabado, aunque el horizonte se haya achatado, lo dice Coluccini: hay un momento para retirarse antes de que el espectáculo se vuelva grotesco por mucho que el público pida otra, que acaba siendo la de la burla. Pide tú la espuela, para el camino, alarga el tranco y ¡ospa!… Cuando la aventura se acaba te vas para Bolivia, aunque esta ya figure en otros mapas. Regresar es irse, etcétera, no hay que pisar el pedal del freno, «guarda con los perdedores», etcétera… En cualquier esquina te venden «cualquier cantidad» de Bálsamo del Tigre (auténtico). [De Rumbo a no sé dónde, 21.8.2015]

 

 

 

Día de bochorno

DSC_0040Soplaba ya desde antes de amanecer, pero no apagaba el grito de las grullas grises que han seguido pasando durante toda la mañana en bandadas nutridas. Bochono, viento sur, haizegua aquí, viento atiza seseras, días de andar sonámbulo. Le hacen dimitir  a una ministra que en la persistencia en su cargo ha demostrado una mayúscula desvergüenza –aquí solo  delinques si te atrapan, lo demás es mentir como quien respira– y con ella la de toda una clase social y un estamento político, justo antes de un debate parlamentario amañado acerca de lo que es un clamor social: la corrupción. ¿Me importa? Poco o según y cómo. Llevo años arrimando agua a molinos que no son el mío, no por nada sino porque no tengo molino. Eso sí, me resulta inevitable responder, en la medida de mis posibilidades, a los empujones autoritarios y policiacos, pero… Me importa más lo que va quedando de todo este esperpento, el daño de fondo que ese sí, ese me parece irreparable e invita a poner tierra de por medio, porque desconfío (a cierta edad) de que la nueva casta patricia logre poner coto a esa enfermedad nacional y a un desastre que tiene aspectos tan irremediables como silenciados. De entrada, a nadie le he oído que su propuesta política sea la derogación de todo el sistema legal que sostiene este régimen. Bueeeno –que diría don José Larralde–, así las cosas puedo expresar mi indignación, pero sé que no voy muy lejos con mis denuncias y exabruptos, que estas son palabras airadas de mentidero y poco más. De modo que hoy, con haizegua, mucho, soplando muy fuerte, albortando las bandadas de grullas, trayendo grupos de milanos a los hayedos y robledales que perdían sus hojas de manera que parecía alegre, me inquieta mucho más un trabajo, el mío, el de la escritura en libertad, no al servicio de nadie, que de cuenta de nuestra escorredura de individuos de escasa fortuna; un trabajo que no depende de los ceses ministeriales ni de los cambios parlamentarios y las carreras personales a ellos asociados, y sí del tiempo, ese ministro de la muerte y del paso en apariencia banal de las estaciones.

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