Ciro Bayo, sir Evenyn Wood y la coca

No sé cuál es el misterio de esas llaves prendidas en una de las puertas de la catedral de Sucre. Mañana pregunto. He pasado toda la tarde y buena parte de la mañana en la Biblioteca Nacional huroneando en papeles que tienen que ver con la estancia de Ciro Bayo en Sucre, entre 1893 y 1895, y en el Madre de Dios, entre 1895 y 1897, de donde no contó prácticamente nada del ambiente de violencia que, por fuerza, vivió de muy cerca, ni de quién era en realidad su empleador.
En Sucre, Bayo publicó una revista cómico-literaria, El Figaro, en la que hoy he encontrado un suelto asombroso. Relata Bayo, en 1894, que el general inglés, sir Evenyn Wood, acababa de experimentar, en las maniobras de Alderhost, con soldados voluntarios, el acullico  de hoja de coca, remojada en agua con llujta. El objetivo era ver cómo soportaban la sed. Hubo soldados que rechazaron el sabor amargo de la hoja, pero otros estuvieron encantados. Los resultados fueron tan satisfactorios que el general había elevado un entusiasta informe al alto mando británico para promover la propagación de la hoja de coca mascada no ya en los ejércitos y la marina militar y mercante de todos los países, sino entre la población rural… no sirvo para investigador, me tira sin remedio lo pintoresco, la excrecencia, el mueble de los muchos cajones, llenos o vacíos.

 

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Coca quemada (por Pablo Cingolani)

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Tal vez no sea yo el más indicado para hablar de este asunto, pero como no comparto ni de lejos la animadversión y el enojo de amigos bolivianos –en la línea de Fausto Reinaga y otros– hacia el acullico, y estoy convencido de que la coca no es cocaína, y de que, en cambio, es beneficiosa para unos cuantos males, copio y pego un texto enardecido que me acaba de enviar su autor a propósito de una noticia que aparece en los medios de comunicación bolivianos sobre la destrucción de dos obras del pintor Gastón Ugalde.

Coca quemada

“Los europeos siguen demostrando que son unos bestias incurables: el supuesto faro de la civilización, de la civilización occidental, sigue demostrando su incomprensión, su odio, su temor, su desprecio y su ira contra todo lo que no sea, para ellos, digerible, procesable, entendible y aceptable desde su cosmovisión excluyente, esa que ha llevado al planeta a dos guerras mundiales ayer, en el siglo pasado, acompañada de un genocidio de escalas desconocidas contra judíos, gitanos, eslavos y homosexuales, millones de asesinatos que se agregaron a otros millones de asesinatos impunes que ya habían cometido siglos atrás en América, en Asia y en África en aras de una supuesta superioridad cultural que siguen exhibiendo, sin pudor y sin remedio, cada vez que pueden.

“Esa nueva ocasión de manifestar su racismo y su cinismo inmemoriales la tuvieron ahora contra dos obras de arte de un artista nuestro, de un artista boliviano, del artista Gastón Ugalde y dos de sus cuadros, elaborados en base al uso de hojas de coca, como soporte de su creación artística, una técnica que Ugalde viene utilizando hace décadas y que lo ha destacado en el ámbito de la cultura nacional e internacional con obras tan famosas como su retrato en coca del comandante guerrillero Ernesto Che Guevara, un icono de las luchas de liberación de todos los pueblos oprimidos del mundo, precisamente, contra ese colonialismo histórico ejercido por los europeos contra ellos.

“La noticia es escalofriante porque asegura que los cuadros, dos obras de arte, fueron quemados en una dependencia oficial del estado holandés, en los tenebrosos Países Bajos, cuyas atrocidades cometidas contra los pueblos del Extremo Oriente son bien conocidas. Las masacres y torturas ejecutadas por los neerlandeses contra la población local de la actual Indonesia son de dominio público, y sólo comparables con las que los belgas, sus vecinos, ejecutaron en el África, en el Congo.

“Sin embargo, el hecho de haber quemado las obras, nos retrotrae a uno de los sucesos más siniestros de la historia: cuando los nazis, especialmente los jóvenes universitarios nazis, guiados por esa declaración de insania titulada las 12 tesis contra el espíritu anti alemán, una noche de 1933, se dedicaron con despiadado esmero a quemar todos los libros que pudieron de autores que, según ellos, no representaban ese espíritu, el de ellos, el de la raza superior, la alemana, encarnada en el gobierno nazi, liderado por Hitler.

“Hubo, hay, en la historia muchos más ejemplos de esta demencia que hoy es moneda corriente en el Oriente Medio y el Asia Central donde, por un lado, los yanquis y sus bombas destruyeron la biblioteca y el archivo nacional de Irak, un repositorio único que incluía testimonios de la civilización sumeria, la primera registrada en los anales humanos, y del otro, talibanes destruyendo los budas gigantes de Bamiyán y los nuevos demonios de ISIS arrasando con la histórica ciudad de Palmira, en Siria. Holanda, la tan cacareada y progresista Holanda, ahora puede ser sumada a la lista de naciones y grupos abominables destructores del alma humana y de su expresión más sensible: el arte.

“Falta aludir al hecho específico de que estos bestias aduaneros (de la paradojal cuna del esencial Vermeer y del no menos trascendental Van Gogh) hayan quemado dos cuadros hechos con coca, asociando el material artístico a la droga, a la cocaína, y a toda la parafernalia hipócrita y esquizoide  vinculada a ella. Creo que esto convierte el hecho de la destrucción inmoral de arte, también en una agresión a la cultura ancestral de los pueblos originarios de los Andes. La coca es una planta maestra ligada de manera indisoluble a los saberes y las tradiciones de dos países, especialmente uno, Bolivia, de donde, no casualmente, es oriundo el artista Ugalde.

“Este doble atropello cultural –la quema de las obras de arte porque estaban hechas con coca que para los censores pirómanos eran droga- nos debe seguir alertando sobre la necesidad histórica de que terminen de caer nuestros velos sobre la supuesta distinción entre una Europa abierta al diálogo intercultural y la cooperación para nuestro desarrollo con identidad –formulas y mas formulas que no dicen un carajo frente a tan devastadora prueba de desprecio por lo nuestro, lo genuinamente nuestro- y unos norteamericanos, cerrados y obstinados en seguir con su avasallamiento cultural y, de paso y como consecuencia de ello, con la permanente intromisión que significa la llamada “guerra contra las drogas”, impulsada desde Washington. Frente a las evidencias, frente al despropósito lacerante de los cuadros de coca quemados, no queda sino asumir que son todos lo mismo, que nos humillan por igual y que nada bueno podemos esperar de tanta ignominia.

“Reafirmemos nuestras convicciones más puras, empeñémonos –como quería Mariátegui- en que nuestra vida, nuestra lucha, nuestro arte no sean ni calco ni copia sino creación heroica y, como alguna vez dijo también Fanon: olvidémonos de Europa, de esa Europa que nos sigue escupiendo en la cara, y miremos otra vez, con orgullo y con fe renovada, hacia nuestras montañas, nuestras selvas, nuestros ríos venturosos, nuestras plantas sagradas como la coca. Allí está la materia prima y la inspiración de todo el arte que necesitamos, de todo el arte que construye comunidad y despliega la creatividad de pueblos dignos, nuestros pueblos. Solidaridad con Gastón Ugalde, mi solidaridad incondicional con Gastón Ugalde.

Pablo Cingolani
Río Abajo, 24 de mayo de 2016

“Dejáme con mi coca…”

Captura de pantalla 2016-03-17 a las 23.06.29“Dejáme con mi coca… color verde… color de esperanza… color de vida”, dice el Cacique, desdeñando un tiro de pichicata. Cacique, que no es mapuche –el nombre se lo puso “un gringo puto y culiao”, dice Tomás Lipán, cantante, de Jujuy… “coquear la esperanza”, en Jujuy mujer–, sino aimara, extraviado en una Patagonia minera y en un historia, bueno, en una historia… ¿improbable como los dioses de los egipcios, dijo Borges? Cacique, bien farreado, con los amigos de nieves, ventiscas y lejanías… en Nacido y Criado, de Pablo Trapero. Jodida cosa trasplantarse a donde no eres,  incurable, oiga, la manía, y solo andas de huésped, de precario de ti mismo, maestro en el engaño de ser de aquí y ser allá, y ser de ninguna parte, etcétera…