“Violación fortuita”

6999514lpw-6999606-article-francepolicerape-jpg_4087583_660x281 “Violación fortuita”. Esa es la explicación oficial a la violación (el primer día) de un joven, francés y de raza negra, por parte de un policía con una porra extensible, en un control callejero de un barrio de la periferia parisina, barrios sensibles esos, de manera que el autor de la infamia no solo está en la calle desde ese primer día en que cometió su canallada, sino que va a quedar penalmente exculpado. No en vano el presidente de la República francesa dijo, para calmar los ánimos de los airados conciudadanos y convecinos del violado, que la justicia estaba para proteger a los ciudadanos, incluso, eh, incluso, cuando la policía estaba en tela de juicio…

         Por eso, porque la justicia está para proteger a todos los ciudadanos, mientras los policías autores del atropello están libres y levemente acusados de conducta impropia, y sobre todo absueltos en el fondo por esa calificación de violación fortuita, además de presunta, las condenas a jóvenes y no jóvenes detenidos en las jornadas de furiosa protesta que han seguido a esa violación (presunta) con una porra extensible, que ha dado en por una porra extensible, han sido duras, inmediatas y en cadena, con temibles calificaciones de imputación penal, como la de ataque armado al usar piedras, o emboscada al enfrentarse a los antidisturbios.

         Para mí este es todo un aviso de caminantes de la que se nos viene encima poco a poco: la globalización en su peor sentido, o quizás en el único que tiene. La impunidad policial es un hecho alentado desde la magistratura y el poder político, es inherente al sistema, no puede resquebrajarse, como la propia magistratura, y no puede ser puesta en tela de juicio jamás. No se trata de leyes, sino de Poder.

hqdefaultLa justicia está para proteger a los ciudadanos dijo el presidente francés y con él –primer farsante del Je suis Charlie–, todos los que le acompañaron. Por eso, por la farsa y fachenda, se presentó Hollande en el hospital donde el joven de raza negra agredido tuvo que ser operado de los daños causados por la porra extensible, no por quien la llevaba en la mano y la accionó, eso está claro, como lo hicieron Martín Villa y Fraga Iribarren con los heridos de la matanza de Vitoria. Eso es lo que venden. La realidad es muy otra: la policía ya no está para defender a todos los ciudadanos, sino para controlar que los más desfavorecidos, los marginados, los desechados, los desperdiciados, decía Bauman, y expulsados por el sistema no se rebelen, para mantener un orden social que beneficia a quienes en ese sistema se enriquecen y que no es otro que el de la arbitrariedad del desorden autoritario más la fuerza.

Barrios más o menos conflictivos, sensibles, airados, como ese en el que se cometió la violación del joven francés, los hay en todas las ciudades europeas –menos en España por supuesto– y son, a fecha fija, escenarios de protestas y disturbios graves. El París de películas como El odio, no es el mismo que el que muestra Woody Allen ni el que venden los pesebristas del gobierno a quienes pasean en coche oficial. La propaganda oficial insiste en que se expanda y asimile la idea de que la marginación social que se acoge a esos barrios calientes, la drogadicción evidente, innegable, la delincuencia de diferentes grados y el adoctrinamiento yihadista, son una serie de caprichos de parásitos sociales, pero jamás hablan de la falta de formación y empleo reales, de los agravios racistas, de la precariedad social que conducen a que la actual situación de esos barrios sensibles, y de quienes los habitan, en Inglaterra, Alemania, Bélgica, Italia, sea no ya de difícil retorno, sino meramente reconducible, como no sea por medio de una represión policial-judicial constante. El sistema no se ve del todo desbordado, solo que en unos lugares el aparato represivo funciona de manera más contundente que en otros, gracias sobre todo a que la población a reprimir es fundamentalmente pacífica, como sucede en España, que es diferente –por eso, según ha dicho Rajoy, el último año la han visita 75.000 millones de turistas…–

La denuncia de hechos como el de la porra violadora quedan relegados a la novela o al cine negros, si de verdad lo son y no inanes pamemas de propaganda filo policial, y ahí quedan. La gran prensa se abstiene de condenar en firme hechos de abusos e impunidad policial –algún sesudo comentario preferiblemente ininteligible, como mucho– y espera a que hablen los tribunales, que en muchas ocasiones equivale a que silben el ¡…y volver, volver, volver!

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 12.2.2017

Contra la ‘Ley Mordaza’

Violencia_Policial No sé cuántas veces habré escrito sobre esta infamia en los últimos dos o tres años. Para nada que no fuera calentarse en vano. La mordaza se veía venir desde que hicieron público su proyecto de sostener el régimen policiaco en un aparato legal represivo que contara con el refrendo intocable de la mayoría parlamentaria. Viene de lejos, del invierno del año 2012, como mínimo, y ha corrido parejo al desgaste y degradación de la democracia española. Solo que hace dos o tres años denunciar los avances del régimen policiaco –abusos, multas, arbitrariedades, impunidad, represión a ultranza…– era ser apocalíptico y tremendista. Lo decían los mismos intelectuales de cámara que ahora callan o intentan sacarle réditos a su oposición tardía. El objetivo de esa casta es no alejarse de posiciones de poder o reclamo social que puedan reportarles algún beneficio. Entre penoso y grotesco.

«No creí que se atrevieran a tanto», es una frase que creo le leí por primera vez a Lidia Falcón, una intelectual de referencia en este clima sórdido. Sí se han atrevido, a eso y a mucho más, y no hace falta ser un adivino del porvenir para afirmar que la libertad de expresión está seriamente amenazada y que páginas como esta o similares (la Red está por completo controlada) que no sean servidoras de este régimen se verán alcanzadas. Son unos maleantes…¿También nos van a multar por decirlo?

Desde el viernes, España es una país un poco menos libre y bastante más policiaco. Para imponer un régimen autoritario y policiaco, el partido Popular y sus socios regionales, como ese lacayuno UPN, no han necesitado un golpe militar, sino una mayoría parlamentaria que como tal actúa en la práctica. Este es un país de ciudadanos demediados cuyo estado feliz parece ser el del sometimiento a ultranza. Y encima los represores y quienes les aplauden se reclaman archidemócratas.

P8A8800jpg_EDIIMA20140326_0712_5Este violento ha sido denunciado como infiltrado.

La ley Mordaza a la que ha dado luz verde el Congreso sanciona en la práctica ese régimen en el que la referencia no es la justicia, sino la policía y lo que esta conlleva de arbitrariedad e indefensión. Este es el Orden Nuevo, que es viejo y del franquismo viene. Archidemócratas y franquistas sin careta. Con razón no han condenado nunca el franquismo.

Los únicos que no ven que este es un régimen policiaco son aquellos que se benefician de él y lo apoyan, de manera expresa desde sus palestras mediática de lujo, o de manera tácita con su silencio cómplice. Muy ciego hay que estar para no darse cuenta de que la Ley Mordaza supone un serio quebranto del Estado de Derecho. No solo socava el ejercicio de derechos civiles fundamentales, impidiéndolos en la práctica, sino que su propósito malicioso es hurtar a los tribunales la defensa efectiva de los ciudadanos que han padecido maltratos y abusos de autoridad por parte de la policía o de burócratas sin escrúpulos que dominan las delegaciones del Gobierno, y no precisamente por su capacidad intelectual o profesional; ciudadanos que, además de apaleados, pueden ser multados de manera grave, impune y arbitraria. A esto se le llama pervertir el sistema legal.

Ahora queda por ver lo más importante: si la promesa de derogar esta ley hecha a bote pronto por los partidos de la oposición, en el caso de que gobiernen, se traduce en que en sus programas electorales figure no ya la inmediata derogación de la Ley Mordaza, sino de todo el sistema legal urdido por el Partido Popular (como lo urdió el franquismo) en sostén del estado policiaco: en los terrenos bancarios y financieros, fiscales y penales, incluido el origen de las fortunas, militares, policiales, judiciales –de la composición política de CGPJ al sistema de tasas–, educacionales, sanitarios, concordato con el Vaticano… y con ello, en la práctica, la depuración de responsabilidades políticas del régimen y sus valedores políticos y económicos. Aquí hace ya tiempo que no cabe hablar de integración, ni de mera sustitución de sillones parlamentarios, sino de ruptura radical y de remoción del sistema legal con objeto de restituir a la democracia el sentido que la derecha le ha arrebatado. Lo demás, los mismos perros… collares, disfraces, antifaces… importan los mordiscos y la ferocidad represiva.

Billy el Niño y su cuadrilla.

1379621714_215259_1379621822_noticia_normalEl grupo de trabajo de la ONU sobre desapariciones forzadas viene a España a ver si el Gobierno cumple con el deber de perseguir a los autores, cuando menos en el papel, y de compensar a las víctimas de los crímenes que tienen su origen en el golpe de estado de 1936 y en el régimen franquista que le siguió. A no dudar, habrá dos versiones, la del Gobierno, mendaz y trapacera, que proclamará hacer todo lo que está en su mano, más incluso, y la que clama por lo desasistidas que puedan estar las víctimas y sus herederos: 130.000 familias que no saben dónde están sus deudos. Se dice pronto. Miles de personas que en todo el territorio nacional batallan con cunetas, archivos, falta de medios materiales y una indiferencia social que en la práctica es una ofensa renovada.

El Gobierno se ha desentendido de esa visita como si no fuera con él, al igual que lo lleva haciendo desde hace meses con el juicio emprendido en Argentina contra la impunidad franquista -mientras en las trastiendas pone todas las trabas jurídicas y diplomáticas que puede: estamos gobernados por tramposos no lo olvidemos-, y lo que es un clamor internacional, en boca del más bobalicón y retorcido de los ministros de Rajoy, Fernández, el policiaco Fernández, no pasa de ser un vago rumor de prensa, algo que ha oído por ahí y a lo que no ha prestado mucha atención porque a su juicio no la merece. Lo que ha oído por ahí es un proceso al franquismo que ellos han impedido se pueda poner en pie en España. Herederos del franquismo son y como tales se comportan. No puede haber sorpresa alguna. (Sigue)
Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 22.9.13