Atado y bien atado

img_0110Hace unas semanas estuve en el estudio del pintor aragonés Natalio Bayo viendo sus últimos cuadros, los que con otros muchos van a ser expuestos en breve en una gran antológica. Creo que este de la imagen fue el primero que vi y el que más me conmovió: “Todo está atado y bien atado”. Esa figura ensogada y sujeta por un clavo de armar a un muro, el del presente y el pasado, expresa bien un sentimiento si no generalizado, sí al menos ampliamente compartido en lo público y en lo privado.  Atado y bien atado lo que es público y nos zarandea a diario, y no vemos cómo poder cambiar de verdad –con los cambios tranquilos te pueden quitar lo único que tenías: la esperanza–: Tengo la prisa del insomne que  una noche descubre que todo sucede sin su consentimiento ni participación, escribía Félix Grande, y Gil de Biedma por su parte habló de demonios y mal gobierno: este país de todos los demonios/ en donde el mal gobierno, la pobreza/ no son, sin más, pobreza y mal gobierno/ sino un estado místico del hombre. Atado y bien atado uno mismo a su propio pasado, al barullo de su vida hecha y vivida a pesar de los pesares, a trancas y barrancas, atado y bien atado a sus torpezas, errores, amarguras, taras, manías… todo eso que le ciega y le hace volar corto, por insomne, en la noche y en su cieno.

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Navideña

535c0d5d8fff3c426da2ec6197d1679fDel espíritu navideño no sé si es mejor huir a la carrera o echarse en él con los brazos abiertos, admitir la tregua generalizada por muy dudosa que esta resulte, y sobre todo no ser cicatero con los gozos ajenos aunque esto sea de todos los días. La Navidad, como los toros, tiene sus detractores feroces y sus incondicionales fervorosos y militantes; puedes estar un rato con unos y otro con otros: «A medida que envejecemos, todos caemos en la tentación de censurar los placeres de nuestros prójimos», dice Robert Louis Stevenson en esa emocionante lección de ética que es su Sermón de Navidad, escrito en sus días de Vailima, los de la vida. Paciencia pues. Días de la luz nueva estos y de agua también nueva enseguida, los de Jano, el de las dos caras y las dos llaves… ¿Y eso a quién se lo cuentas en este siglo de horrores? Pues no sé, la verdad. No sé qué andaría escribiendo si no tuviera nada.

Días de tregua convencional y de píos deseos para acabar el año, entre el Dickens de la infancia, el Stevenson de la madurez y el «Gracias a la vida que me ha dado tanto…», de Violeta Parra, antes de que se fuera de propia mano, algo de lo que te acuerdas cuando puedes perder la vida por las buenas, pero que al día siguiente olvidas: «Esa cara sonriente, tan fácil de ensombrecer y tan difícil de volver a iluminarse», sigue Stevenson en su sermón. (Sigue, artículo publicado en Cuarto Poder, 28.12.2016 aquí enlazado)

Pensar en España

tumblr_nwocb0embl1qdg46yo1_1280Es la frase del día, pero no de todos los españoles, tan solo de los que aspiran a formar un gobierno continuista con el máximo de apoyos o con los menos obstáculos posibles: Rajoy, Rivera y su tropa. Se conminan a hacerlo, pero en un solo sentido, en el suyo. Los demás no pensamos en España, los demás pensamos en su destrucción, en reducirla a la pobreza –el cinismo de esta gente es encaje de bolillos–. Pensar en España significa formar un gobierno que siga ejerciendo el poder como hasta ahora, utilizando el temible aparato legal ya instaurado. Lo de gobernar con buen sentido no va con ellos. Voz de sacrificio la suya que encubre la trapacería política, mera retórica convertida en exigencia moral. Solo que me resulta imposible no maliciar que cuando hablan de “pensar en España” en realidad lo hacen de su cuenta corriente y de la de los suyos, su verdadera patria. ¿Zafio? Mucho, pero menos que sus puestas en escena y consiguientes arengas cuarteleras y casposas.

Pensar en España… Me lo creería si hubiese oído, siquiera de lejos, hablar de la cifra imparable y silenciada de desahucios, de la precariedad laboral que a nadie conmueve, de los excluidos sociales, de la deuda pública encubierta y maquillada de mejoras de clase, del empobrecimiento sistemático de una parte importante de la población, del desmantelamiento del sistema sanitario, del hundimiento de la educación, de la represión y amordazamiento de reclamaciones justas, de las políticas internacionales, si tal cosa es posible llamar a lo que practica el gobierno del PP, del TTIP y de otras dejaciones de la soberanía nacional, de la actitud ante los refugiados, los del Este y los del Sur, de los CIES, de la patraña asumida y extendida como forma no ya de gobernar,  sino de vida social, del control de los medios de comunicación, del saqueo del fondo de pensiones, del acceso a la justicia, de la necesaria reforma de la Constitución y de una remodelación del modelo de Estado, de la política opaca de Defensa, del enriquecimiento indecoroso de la clase política y de los que medran a su sombra, del auge de las mafias y del narcotráfico… Porque esto es España ahora mismo, les guste o no a Rajoy y a Rivera, los patriotas a los que tanto les preocupa España, por la que están dispuestos a hacer no sé qué sacrificios metafísicos porque de los otros, los que pueden tocar su bolsillo o su estatus social, de esos nada, todo queda en un terreno ideal de aparato y poca cosa, vaguedades como mucho, las mismas que yo por fuerza utilizo y que de inmediato reciben la acusación de demagogia. Aquí todo lo que les estropea el paisaje lo es, y populismo, derrotismo y falta de patriotismo de paso. (SIGUE, en Cuarto Poder, aquí enlazado)

*** La imagen es un fragmento de La nave de los locos de José Parra (Guadalajara Jalisco, Mexico, 1975)

Los tramposos

blackrainPaís siniestro este, caballeros… y señoras, cuando ya «caballero» es un insulto, una máscara del desprecio, una forma de mandarte a tomar por rasca, «caballero», qué asco, el país de la trampa y los tramposos, de los paganos de la farra de los listos, España, un asco de país, media España ocupa(ba) España entera, con la vulgaridad, el desprecio y esa ferocidad frente al vencido y el humillado que solo tiene un pueblo que de la crueldad ha hecho virtud, seña de identidad, signo de distinción: «una juez de Valencia condena a Bankia por vender preferentes a un enfermo de Alzheimer... Si fuera esta la primera vez, pero no, es un sistema, una forma de vivir, el entramado de una sociedad en la que, qué tristeza, el que no corre vuela… ¿Bankia? ¿Y qué hay del tramposo que se la metió doblada al del Alzheimer, y a carcajadas y cobró comisión (bonita) por ello y tal vez lo celebró como un triunfo profesional? Nada. Los tramposos no están ya en la calle, están en la banca, en las instituciones, de la misma manera que los matones están en el negocio uniformado de la seguridad. Campofrío, un asco, otro… chorizos compadreando (2007) con el Cervantes de Bucarest… No tengo la menor idea de por qué y de qué nos reímos. ¿De verdad que somos tan graciosos con nuestras vergüenzas al hombro?