La mugre de los días… y Malivern al acecho.

campanadas-medianoche La geometría demente de las pesadillas
 abolida por una locura más blanca aún.
 El infierno ni ruge ni resplandece.
 El silencio encalado
 y la determinación ciega
 de la lluvia y la hormiga.
Marcha bufa de pompa y circunstancia (Elgar compone para orquesta de cuescos y pedorretas con solista de matasuegras), para estos días de optimismos, alegrías republicanas e infamias pactadas en las alturas. Queda por ver si los mismos apalearán a los de siempre.

Un poema (otro y sin título) de Josep Malivern

museo
 Enzarzado en una paz espesa
 de fragor detenido.
 Los caídos aún por enterrar , los héroes por condecorar,
las vírgenes por desventrar , el espíritu por forjar.
 Ni un ocaso llorado todavía,
 ni un amanecer anhelado,
 y sin embargo
 batallando quieto y firme en la posición asignada,
  la cabeza en manos de un titiritero furioso.
 La guerra es esto y hace tiempo que estalló,
 como una placenta enferma sobre el desagüe negro.
 Hizo aguas el miedo
 sietemesinos a luchar ,
 cretinos a morir.
 Y esta luz que ya no es más que el recuerdo
 de cuando hubo luz,
 la vívida pesadilla del niño febril.
 La mente en blanco y el cansancio de esparto,
 lo mismo soga que alpargata,
 sólo promete sed y una mente blanca
 como un infierno abandonado.
 Zafarrancho. La guardia alta.
 Para seguir arrastrando los pies
 por la senda de la paz espesa.

Leviathan, de Josep Malivern

 800px-Im_Februar_1598_an_der_holländischen_Küste_gestrandeter_WalfischSi el Leviatán mañana
 embarrancara en esta playa,
 los niños infectos
 de sus huesos harán dagas,
 de sus fauces jaulas
 dónde guardar tu mañana.
Sobre la arena muerta
 derramarán el ámbar.
Los ojos sajados
 pendones sobre cañas.
 Perlas de baba
 tristes y ensartadas.
 Descuartizar a un despojo monstruoso
 para matar al miedo y la rabia,
 te hace carroñero y nada sacia.
 Pero el dragón escapa,
 quizás te observe con ojo de mirlo
 o salamandra.
Seguirá nuestra furia
 por hacer del temblor chatarra.
 Quedan la sangre y la euforia del matarife.
 Somos una venganza ,
 ¿ de quién será nuestro odio ?
Qué no harán contigo,
 cuando pierdas los zapatos.
Nota: en breve aparecerán los poemas de Malivern reunidos bajo el título Leña de deriva, en Ediciones Capirote, de Barcelona.

Manos de poeta, de Josep Malivern

grunewald1515-hand.jpg?w=671&h=538Al hilo de los funerales nacionales que merecen los poetas, reconocidos como ejemplares e irreemplazables en su muerte, ayer desdeñados entre chanzas, Josep Malivern me envía desde el paisaje mediterráneo del pelotazo estos versos a bote pronto.
Garras y sarmientos
 todas las manos son
 para los poetas.
Manos muertas de vivo,
 y muertos a mano viva
 clamando desde socavones que dicen tumbas
o desde escombros que llaman tierra.
No habrá halcón abatido
para engarfiar tanto mezquino.
Ven viñedos plantados
de añosas manos mutiladas
 bajo un crepúsculo recordado en mil pantallas.
¿Por qué será que yo sólo veo
gente sin manos 
 que aspavientan sus muñones,
 que agitan harapos de esperanza?
Bocas cosidas con la tripa de la mentira
 ensartadas con la aguja del miedo.
Ojos que son semilla 
 de una podre desconocida.
 Eso veo
 y más que ahora callo.
 Mala gallina 
puso un huevo
en mi garganta.
La ilustración es de la crucifixión de Grünewald: el fuego de San Antonio, intoxicación por cornezuelo de centeno (La enfermedad pintada, UIMP, Sevilla 1990, tempuras crujientes y dañinas mores…)