Hacerse ilusiones…

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¿Han leído al escritor catalán Josep Pla? ¿No? Pues vale la pena. Murió hace años y el abad de Poblet, en su elogio fúnebre, dijo algo así como «Gracias senyor Pla por todo lo que nos ha dado, que ha sido mucho». Pla era un creyente raro que ni creía mucho ni creía poco, sino que, más descreído que otra cosa, creía en lo que le daba gana, pero no molestaba a nadie con sus creencias –fue todo menos hipócrita–, que inquietara con sus perplejidades es otra cosa.

Pla, desde su mas de Llofriu, cerca de Palafrugell, creía en que fuera plausible la solidez del papel moneda y en el corcho de las explotaciones familiares, tal vez por eso tuviera tanta sed, confesada, en un país reaccionario y puritano, de falsos virtuosos que también tienen sed, mucha, pero la aplacan a escondidas y hasta cuando detienen a un magistrado con la sed muy aplacada, en moto, sin casco y a toda mecha, no pasa nada, lo ascienden. Dicho lo cual, añadiré que Josep Pla es uno de mis escritores favoritos desde hace más de cuarenta años.

portada_hacerse-todas-las-ilusiones-posibles_josep-pla_201708241851   Desde su fallecimiento ha ido saliendo algunos tomos de obras inéditas, diarios y notas dispersas, y reunidas con devoción, que han ido completando su ingente obra. Ahora le ha tocado el turno a estas Hacerse todas las ilusiones posibles… que publica Ediciones Destino.

Quien conozca la obra de Pla se va a llevar una sorpresa, si espera unas hermosas notas sobre el paisaje del Ampurdá, el payès y su mundo, y su cocina, cuando menos en las primeas e intensas páginas: España y Catalunya o Catalunya y España, y sus fuerzas vivas, su canalla y sus miserias. El retrato que hace de un país y de una época no necesita mayor comentario ni exégesis ni contextualización. Mandangas.

Coincide Pla con su amigo el exfalangista Diniosio Ridruejo (Escrito en España, 1962), el primer traductor del Quadern gris, que el país se había convertido con el franquismo en una cueva de ladrones. Pero Pla va más lejos. Más de uno se habrá quedado de piedra al leer que España es un pantano de mierda, además de un lugar en el que repugna vivir. Habla de España, no de Cataluña, a la que considera europea –no como otras regiones–, con todas su limitaciones, fruto de tres siglos de dominación y sometimiento a los castellanos. Tal cual. Ni quito ni pongo. Lo escrito resulta inequívoco. Un pantano de mierda hacia el que las autoridades dice, estos es, los gobernantes, no tienen otro cuidado que el de que no haya filtraciones, hilillos de plastilina, ya saben, y la podre se haga del dominio público.

Lo que causa asombro es que esas páginas, escritas a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta del pasado siglo, nos resulten tan familiares, así hable del Ejército y sus papel de mantenedor del orden social y del sistema económico, de la Iglesia que lo mismo, su gran beneficiaria, del latrocinio sistemático de los encaramados al poder, del enriquecimiento bestial de una casta social a costa del obrero y su precariedad. Y si he hablado de las creencias de Pla es porque, en otra consideración, afirma que el régimen franquista, con la sociedad por él implantada, te quitaba las ganas hasta de creer en Dios. Tal cual. No me extraña que estas páginas no hubiesen tenido una oportunidad favorable de edición… hasta ahora mismo lo dudo, salvo que se le perdone la vida como «cosas de Pla».

Solo que a continuación de escribir con sorna vitriólica de la Iglesia, de su financiación y del papel del Ejército, lo hace de una Cataluña acogotada y sometida. Si a alguien se le ocurre hablar de tres siglos de dominación castellana sobre Cataluña se le echan encima, si lo hace Josep Pla, silencio en la sala. El de Pla es un análisis implacable del carácter y el problema nacional catalán, que con seguridad resultará intragable. No creo que se atrevan a acusar a Pla de manipular o inventarse la Historia de Cataluña, o el vivir en catalán (lengua), enraizado en el país del que habla, algo que sí hacen cuando alguien del presente se atreve a sostener lo mismo que sostiene el escritor. Resulta turbador reconocer las consideraciones sociales de Pla, muy radicales en algunos extremos, escritas hace casi sesenta años, como si fueran de hoy. Lo dije en otra nota de lectura hace días: acojona.

 

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 3.12.2017

 

 

Ayer y hoy

DSC_0187.JPGDSC_0202.JPGAyer y hoy sigue  igual, al menos por lo que a la agenda mediática, esto es, al antiguo noticiero, se refiere: todo en su sitio, algo más deteriorado, si cabe, y el público más acostumbrado a ese deterioro social hecho rutina. Pla decía que esto es propio de países baldados, pobres, que se acostumbran mejor que otros a más pobreza, más empujones, más arbitrariedad y desvergüenza institucional. Hacen lo que les viene en gana y a eso le llaman gobernar, impartir justicia y no sé qué más mandangas.
En lo privado es otra cosa. Un día acaba con luz de confitura –decía Morand de la que le iluminaba a Prosut mientars este escribía– y otro comienza con amenaza de borrasca: «Me han dicho que soy bipolar… y ya de mayor», me decía hacer poco un buen amigo que tiene la sana costumbre de asombrarse de sí mismo a fecha fija. No hay que perder esa capacidad de asombro que va pareja a la de la incredulidad, también sana. Envidiable esa gente que tiene en la cabeza la misma climatología o eso nos hace ver, lo queramos o no, para que veamos lo recios de alma que son, sin reparara en que ese jactancia de matasiete es una descortesía.

Niebla helada en el pantano

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Ambiente. Una niebla helada. Buen momento para tomar un café negro y asomarse al sumidero del «pantano de mierda de enormes dimensiones», que es, perdón, que era España hace mucho, según sostiene Josep Pla en una de las entradas más virulenta de su Hacerse todas las ilusiones posibles, no ahora, claro, ahora nada, un dechado de virtudes cívicas y democráticas, juego limpio, honradez pública y privada… basta asomarse al salpicón de titulares y consignas, de prensa ambos. ¿Me importa que el presidente de Gobierno se desdiga de su propósito u oferta de reforma de la Constitución? Nada, ya nada quiero decir, ya la mierda (Pla insisto) rebosa e invita a que te salpique lo menos posible o a combatirla de manera más eficaz, cuando menos en lo personal, que el rasgado ritual de vestiduras.

Pla de la mano de Xavier Febrés

Vergés-AuroraXavier Febrés, estudioso y biógrafo de Pla, en su blog Apología de la curiosidad, habla de “Las fotos inéditas de Aurora, la amante de Josep Pla”  y de Las cartas eróticas de Aurora, la amante de Josep Pla.
No es solo una cuestión de fetichismo y de mitomanía, como dice Jordi Amat, de manera no desacertada. El propio Pla habló mucho de Aurora en y en esos diarios tan crítico como fundamentales (manipulados no sé hasta qué punto por Vergés) que Arcadi Espada (Palafrugell, 2002: Valentì Puig es testigo) desdeñaba, antes de enterarse de qué iban y darles la importancia que merecen.