Anécdotas y cuestiones menores

Two fools of Carnival_Engraving made by Hendrik Hondius I After Pieter Bruegel the Elder,Dutch, 1642

 Y a las anteriores, ya por costumbre, podríamos añadirles los «casos aislados», famosos, que sirven para exculpar cualquier indecencia porque, pase lo que pase, aquí ni ha pasado ni pasa nada, pero nada de nada… Y la nave va, por muy escorada a la derecha que lo haga, desafiando todas las leyes de la física, la ética y la criminología.

«Llegado el momento estaremos ahí para contarlo», dice Ana Rosa Quintana refiriéndose a su marido –detenido en pleno veraneo sotograndino por su relación presuntamente delictiva con el comisario Villarejo, convertido este en malo de película– y puesto en libertad por la gatera mediática. Ana Rosa Quintana, intachable profesional, gurú del pensamiento español, conocida creadora de opinión selecta e inquisidora general de enemigos públicos, otra que no se ha venido privando de dar lecciones y de poner en la picota a quien le ha venido en gana. Los medios de comunicación afines, callaron de manera desvergonzada. Anécdota.

         El Ayuntamiento de Valdepeñas nombra ‘Señor de la Vendimia’ a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado.  Se ve que no es tan raro ese racial no entender bien la separación de Iglesia y Estado, ni mucho menos en qué consiste el Estado laico, pero como todo el mundo sabe ese es un caso aislado, aunque se repita con frecuencia, y no una cuestión ideológica de fondo que parece irresoluble. ¿Censurable? Y yo qué sé. Solo estimo que un Ayuntamiento está para otras cosas y que, a los bultos religiosos, por mucha devoción que se les tenga, hay que dejarlos en su lugar: la iglesia. Cuestión menor, como la denuncia del Concordato con el Vaticano.

         Las imágenes religiosas condecoradas, militarizadas, de manera penosa y triste, pertenecen a la misma España de charanga y pandereta que intentó exorcizar sin éxito, hace más de cien años, el poeta  Antonio Machado, ese que se cita, como a otros, según convenga, callando lo que molesta y voceando arrebatados lo que conviene al caso: La España de charanga y pandereta, / cerrado y sacristía, / devota de Frascuelo y de María […] Esa España inferior que ora y embiste / cuando se digna usar la cabeza.

         Casos aislados… como el miembro de La Manada que termina allí de donde no debería haber salido nunca, en la cárcel, por probar de manera fehaciente su peligrosidad social; como el de los militares que exigen una reivindicación y consiguiente desagravio del dictador Franco; como el de los dos jefes de la Policía Nacional imputados por recibir dinero de clanes narcos de Son Banya; como los másteres de los gerifaltes del PP que apestan a falsedad de lejos, aunque se parapeten detrás del Tribunal Supremo;  como el policía que le parte la cara a un fotoperiodista al grito de ¡Viva Franco!; como los independentistas catalanes agredidos un día sí y otro también ante la indiferencia de los demócratas de toda la vida; como las muestras de odio racial a los inmigrantes que corren libremente por las redes;  como las muestras de fascismo callejero con banderas, himnos, gestos y bravuconería de falso patriotismo; como el juez Llarena  hecho un campeón y disfrutando de la camorra mediática… No hay día que no tengamos una pimpante ración de anécdotas, cuestiones menores y casos aislados. Lo suficiente para configurar un clima, que de eso se trata, de impunidad y de felicidad social. No pasa nada. Si se hunde el mundo que se hunda, etcétera.

Anécdota veraniega, sí, pero en modo alguno una cuestión menor, la lapidaria y asombrosa frase del presidente Sánchez que parece serlo de otro país diferente a ese en el que vivimos el común: «Ya tenemos una monarquía renovada y ejemplar». ¿Renovada? ¿Cómo, cuándo, por quién…? Caramba, este no es un caso aislado, sino una patraña en la línea del más puro rajoyato. Con el PSOE en el poder, la III República española puede esperar sentada, a no ser que, al modo del motor con agua del franquismo y de la Transición, Sánchez y su jarca patenten un modo de ser, en escena y sin riesgo ni esfuerzo alguno, republicano sin república… Y la nave va, eso es lo asombroso.

Indeseables a la carta

a7987eb91b6597955e61737713952036--kaka-pamplonaMe temo que ahora mismo las andanzas de la Manada son ineludibles desde el punto de vista mediático. Escribes de ello no porque te guste, sino porque está en el aire informativo que respiras y agrede. No me interesa ver como acuden a donde tienen obligación de ir, con que la policía nos informe de que no han ido, me basta. Eso sí, me gustaría leer que han regresado a prisión, pero no mucho más. Si delirante es pedir hora para sacarse el pasaporte cuando tienes prohibido salir del territorio nacional, más delirante es justificarlo porque no sabes si para entregarlo tienes que sacártelo, una especie de lógica necia, que en este segundo caso, por muy increíble que resulte, retrata al personaje. Es para dudar de los test psicotécnicos que ha tenido que pasar el interesado para llegar a ser uniformado. Estimo que donde mejor está esa gente es en prisión, al menos mientras dure su condena, pero esta es una opinión muy particular. Estaba claro que en su tribu iban a ser bien recibidos, con cohetería fina incluso y alardes de burricie, lo que habla no ya de tener un sólido arraigo social en su jarca urbana, sino de contar con una especie de cómplices, por jaleadores, que en la práctica les absuelven. La alegría con la que hablaban los miembros de esta muta de caza, más que manada, del uso de la burundanga y la manera en que eso fue compartido por sus iguales, hace pensar en que eso es una práctica más habitual de lo que pensamos y que es de temer tendrá unas víctimas ocultas o silenciadas que desconocemos.

         Los medios de comunicación que persiguen a los miembros de este grupo criminal, en una cacería mediática que mantiene vivo el espectáculo, y convierte a unos indeseables en objetivos no de información, sino de espectáculo mediático, eluden de esa forma el problema jurídico, social y educacional que subyace en el delito muy grave cometido, y que de ese modo queda en un segundo plano, tan segundo que casi mejor se queda para mañana o para nunca, porque no basta con cambiar el Código Penal, que por sí solo es por completo inútil para impedir la comisión de los delitos de violencia y agresión sexual. Hace falta una revolución educacional que llegue a donde se ve que la oficial hasta ahora no llega. Mientras el Catón de la educación sexual sea el porno, poco se puede esperar.

Para mañana o para nunca pueden quedar algunos otros asuntos que deberían haber estado en el programa electoral y de gobierno de cualquier partido que pretenda un cambio. El comienzo del acercamiento de los presos vascos a sus lugares de origen –asunto que tiene apoyatura legal plena, aunque tenga oposición política–, con el fin de ahorrar a encarcelados y familias sufrimientos innecesarios que no están previstos en el fallo de la sentencia por la que fueron condenados, único referente que debe ser tenido en cuenta en derecho… o en prisión preventiva como el caso de los políticos catalanes. Con el inicio del camino de reconversión del monumento franquista de Cuelgamuros –sin un proyecto concreto que se conozca, al margen de sacar de allí los restos del dictador–, pueden ser unos primeros pasos de mucho impacto, pero a muchos nos gustaría ser impactados, de lleno además, por la inmediata derogación de la reforma laboral, de las leyes de educación que han dejado a esta en manos de negociantes, de la ley Mordaza que ha causado daños irreparables, como son miles de multas en las que se huele de lejos la arbitrariedad (48 diarias desde que se aprobó), hasta por no responder a un saludo avieso, y la creencia del uniformado entrenado en una discrecionalidad impune de que puede hacer poco menos que lo que le dé la gana, muy difícil me temo de desarraigar.

         Un país que se ha acostumbrado a «pensar» y a reflexionar sobre los asuntos públicos que le atañen a base de programas televisivos de galleo tertuliano, de opiniones de descerebrados que en la pantalla aparecen por serlo, y a diario, y de profesionales de la bencina patriótica y del dogma de fe; un país, este, que prefiere el sermón, la arenga o la consigna como normas de conducta, al ejercicio de la libertad de conciencia, siempre costosa, me temo que lo tiene muy crudo para enfrentarse a cambios de verdadero calado.

La Manada de vacaciones

 58Hay artículos que los escribes con asco. Este por ejemplo. Hay algo que se me escapa o que no entiendo bien en este desdichado asunto de la prisión eludible bajo fianza de la Manada (una libertad provisional en la práctica). No entendí la sentencia y no entiendo la resolución de este incidente. Tal vez porque, como mucha gente, me esperaba una condena más severa y por otro delito, el de violación que tiene una acogida complicada en nuestro Código Penal. Una cosa es que el tribunal pueda hacer lo que ha hecho, con la ley en la mano, y con un espíritu garantista y unas explícitas referencias a derechos constitucionales, difíciles de comprender  para quien no es un profesional del Derecho, y aun así,  y otra que hubiese negado esa libertad, con la ley en la mano también y fundamentos sólidos, como los que asisten al magistrado discrepante que recalca algo evidente, como es que el delito por el que se les condenó es muy grave y que la víctima puede quedar desprotegida.

La perplejidad, indignación y rechazo frontal al auto judicial no han sido solo callejeros o políticos, sino que también el mundo de la Justicia y el Derecho ha manifestado su disconformidad. Se impone una reforma clarificatoria del Código Penal acorde con la sensibilidad social hacia las agresiones sexuales y una decidida política de persecución de estas.

Las medidas de seguridad impuestas a los excarcelados son de verdad aleves y para imponerles una fianza de 6 000 euros hubiese sido menos grotesco no haberles impuesto nada. El riesgo de fuga puede que no sea grave, pero en cuanto a su arraigo familiar y social, como se refieran al mundo desde el que han recibido apoyos, suena a guasa. No pueden entrar en Madrid, pero pueden acudir a Sanfermines… o a cualquier otra fiesta veraniega donde tal vez no van a ser acogidos como indeseables, sino como fenómenos mediáticos. No creamos que la sociedad en la que vivimos con nuestros iguales o parecidos es la única posible: hay otras burbujas, hay otra gente de otros mundos que están en este con quienes la convivencia pacífica resulta poco menos que imposible.

Por mucho que haya colgado la toga hay algo en este asunto que me invita a la indignación: la lotería de la administración de justicia, los evidentes agravios comparativos –¿por qué estos asociales están en libertad y los muchachos de Alsasua en la cárcel?–, la gravedad de los hechos y su trascendencia social, con o sin apoyo mediático, la discutible valoración de las pruebas practicadas, el perfil psicológico de los acusados y condenados en primera instancia –que induce a estimar peligrosidad social, se  conozcan o dejen de conocer sus caras–, reflejado en múltiples y bochornosas manifestaciones que han salpicado las redes sociales en estos dos últimos años…

 Podemos manifestar nuestro rechazo y frustración en las calles, pero me temo que fuera de hacernos oír no vamos a conseguir que regresen a prisión ni creo que de esa forma se venza la mano de los magistrados a la hora de firmar una sentencia condenatoria en segunda instancia por la que deberían regresar a prisión para otra temporada (no muy larga). Quedó dicho: una cosa es lo que nos gustaría que fuera y otra lo que es.

El tribunal los deja libres porque son conocidos y ve «impensable» que vuelvan a atacar. Por lo mismo, con idénticos fundamentos, pueden hacerlo habida cuenta de la excelente acogida que han tenido en el medio en el que viven, donde se pide sin recato la prisión de la víctima. Este es un problema jurídico, penal, social, cultural y educacional, de mentalidad no ya machista, sino de una carencia de instrucción tan llamativa como lamentable. Si lejos de la sensibilidad social se dice que están los jueces que los han puesto en libertad, más lejos de esa calle por la que circula el feminismo y todas las formas de progresismo social están los que les han acogido a la Manada con los brazos abiertos como héroes y víctimas de un sistema que no los entiende, a ellos, tan remachos. Lamentablemente no son pocos los que apoyan a la Manada y piensan no ya que son inocentes, sino que solo se divirtieron, como de costumbre, con burundanga o sin ella, con cloroformo, con tragos… como bestias.

No sé qué pensar

matias_sanchez_EInformados hasta la náusea de un panorama mugriento, ni sé qué pensar ni tampoco qué decir que no nos digamos a todas horas. Veamos, y esto no es todo ni mucho menos.

La ruptura de los discos duros de Bárcenas, después de que salieran a la luz sus Papeles, no es un hecho tan malicioso como para ser objeto de un proceso penal, sino un mero «protocolo internacional», según la ministra de Defensa, uno de los puntos fuertes del Partido Popular, convencida, está visto, de que trata con débiles mentales.

Ahora resulta que sobre las elecciones catalanas del 21-D y sobre el 1-0 y el no sé qué más, planean el fantasma y la mano negra de los servicios secretos rusos y los venezolanos, y sus hackers que todo lo alborotan en aras de una revolución mundial que busca destruir España, hasta con bromas: «Ahora sé que eran rusos», publica Cospedal después de padecer una burla sangrienta. Bochorno y pitorreo.

La Manada y sus abogados, y quienes los defienden fuera de la sede judicial, no ya porque como acusados tengan derecho a la defensa, por muy repulsivos que resulten, sino porque sí, porque tal vez, porque lo que se llama la cultura de la violación está muy extendida, y de esa forma obligar a la víctima a defenderse de ser doble y sutilmente agredida, nos indigna y subleva. Lástima que no se hayan admitido los mensajes de wasap de los procesados, no para juzgar hechos, sino para saber con certeza a quién se juzga.

Por su parte, a los muchachos de Alsasua les niegan pruebas en su defensa, muchas, demasiadas, en un procedimiento que a estas alturas requiere, a mi juicio, observadores internacionales; el fiscal belga debería enterarse de lo que pasa aquí, no ya en las cárceles, que también, sino antes, en los procesos políticos.

Vivimos en un culebrón, alimentado con un atracón milagrosamente digerible de información basura, en una cierta irrealidad, como un circo que se hubiera desmadrado y nadie estuviera en su sano juicio. Los ves pasar por las pantallas, mentir con desvergüenza, acusados en firme por pruebas palpables de su granujería, decir sandeces propias de caricatos, y oyes sus voces insultándose, manipulando cargos, dando pruebas de que la división de poderes es un cuento chino, y haciéndonos ver que es mucho peor lo que desconocemos que aquello de lo que con abatimiento llegamos a enterarnos.

Resulta fascinante ver a un presidente de gobierno hablando de hackers rusos con el mismo convencimiento y autoridad que si lo hiciera de la aparición de los marcianos. Ni Jiménez del Oso en sus buenos tiempos, qué digo Jiménez de Oso –ya solo falta que contrate a Iker Jiménez como consejero áulico, total ya qué más da–, para explicar por qué este país se parece cada día más a un carro de heno revenido o a una nave de los locos que hace agua o vino, eso a gustos, por todas partes.  ¿Pero en qué manos estamos? ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí? Por los hackers, los marcianos y hasta por Conan el Bárbaro. Resulta asombroso que esa estupidez se presente al público como algo serio, con clara intención de extender una espesa cortina de humo para que no se hable de lo que de verdad importa, empezando por el saqueo del fondo de la Seguridad Social.

Solo por eso puede explicarse que el plato ineludible del menú del día sea el fenómeno Inda con sus conspiraciones, sus policías, sus mafiosos y sus acusaciones basadas en manifiestas pruebas falsas… cada día me recuerda más al gran jaleador de la Anti-España, el infame Mauricio Carlavilla.

No menos asombroso resulta ver a un ministro de Asuntos Exteriores siendo literalmente vapuleado en directo por un locutor inglés con un resultado que, más que una entrevista de Estado, parecía un sketch cómico del género Mr. Bean. Eso sí, cuando habla de las cárceles españolas se ve de lejos que no sabe de qué habla o que no se ha enterado de las propias reclamaciones (reiteradas) de los funcionarios de prisiones, las ong, los informes de organismos internacionales… abochorna que gente así represente a un Gobierno y a un país.

No sé qué pensar de todo esto y de mucho más. Sospecho que ya no es una cuestión de esposas, como las exhibidas por el diputado Rufián, sino de camisas de fuerza, y aun así.

*** La ilustración es un oleo de Matías Sánchez titulado La nave de los locos

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 19.11.2017