Inocentadas bolivianas

DzC2gdvWsAArk7E.jpg-largeHoy, 28 de diciembre, día de los Inocentes y las inocentadas, y al hilo de los turbios tumultos bolivianos, me estoy acordando de la cabronada que me hizo aquel miserable de Pedro Camacho, cochala y editor de la Kipus, y del lameculos de su yerno que sus dioses de pega confundan… ¿Te acuerdas Ramón Rocha Monroy? Yo sí.
De la manera en que se hizo con la imprenta que le masismo engordó de mala manera, se habla en otra parte.
Pena, para algunas cosas tengo el olvido difícil. Sé que aguanto mal las mentiras, el faltar a la palabra dada, la burla, el ofrecer oportunidades que son engaños… Esto que digo los tramposos genéticos no lo entenderán jamás.
Claro que también me he acordado de que la peor herencia que dejaron los españoles en Bolivia (1821) fue la propensión a la corrupción, la mentira y el abuso… Me lo dijo el sobresaliente ensayista H. C. F. Mansilla, una tarde que nos encontramos sobre la Villazón, muy cerca de la plaza del Estudiante… Estaba presente Alfonso Murillo… Nos reímos mucho. Hoy me río menos, porque todo lo relacionado con ese país me produce una tristeza demoledora.

Y de paso, y hablando de inocentadas, también me he acordado de aquella pareja de bellacos, Marcel Ramírez Soruco y el alborotado de Willy Camacho, de la editorial paceña 3 600, pero eso no tiene otro remedio que recordarlo por escrito, cada cierto tiempo y publicarlo, pero en papel, en papel, con todo lujo de detalles. Todo se andará no, todo se está andando en el diario del año 2017 titulado Tábula Rasa…  Cuando los granujas, a las cabronadas les llaman «malentendidos», es para partirse el culo de la risa.