No es pertinente

Nada lo es a estas alturas. Es más, casi todo lo público resulta por una razón u otra ofensivo. Del espectáculo del otro día, porque espectáculo fue, me quedo con una imagen: la forma de andar del presidente de Gobierno cuando se dirigía a su asiento de privilegio para deponer como testigo en un caso de corrupción mayúsculo que alcanza de lleno al partido en el gobierno, algo inaudito y bochornoso. Hastío, mucho, y pocas o ninguna gana de dilucidar si el de los hilillos de plastilina y las cosas son como son, mintió de nuevo o se burló del respetable. Son cosas sabidas, archisabidas.

Los andares del presidente de Gobierno me recordaron a los pasos y paseos de Chiquito de la Calzada en escena. Ya no pude seguir. Ya no he seguido. El hastío me ha ganado, el hastío de una época y de sus protagonistas, idénticos a sí mismos, exhibiendo desfachatez de chulos de verbena; el ver una sala de audiencia convertida en coso de capea feroz en el que, mal que me pese, me ha tocado un papel que lo mismo es de gañan que berrea en los vallados que de vaquilla ya muy toreada, para disfrute de las fuerzas vivas que se asoman al palco de honor, junto a esa patriótica rojigualda que todo lo bendice y un fondo de charanga que martiriza con un pasodoble bufo.

No es procedente preguntar por la financiación ilegal del partido en el gobierno, ni por los modos de enriquecimiento indecoroso de los profesionales de la política hecha reparto de botín, tampoco por cómo un presidente puede manifestar de manera alegre su ignorancia sobre las cuestiones económicas del partido que preside convertidas en desdeñables pejigueras que, esa sí, esa es la marca de la casa: todo son pejigueras, hilillos de plastilina, por mucho que el buque acabe por hundirse. Ya se encargan los medios que lo encubren de que todo quede en nada.

Lo que es procedente es preguntarse por cuál puede ser el futuro de este país y de sus gentes, y hasta dónde va a llegar el deterioro institucional que progresa de manera imparable. Como sea una repetición tenaz del presente tiene poca gracia.

Lo que resulta procedente, es sostener que lo grave no es que todas las manifestaciones de indignación contra este estado de cosas queden en nada, en mera bulla, sino la indiferencia social que se va instalando de manera insidiosa y que no solo permite que gobierne quien lo hace, sino que da por bueno lo que es una indecencia continuada que amenaza con minar de manera definitiva el clima de la vida pública española. No hay mejor manera de protegerse de los reveses que encogerse de hombros y copiar los modos de la elite gobernante: la mentira, el desdén, la burla, la trampa, la irresponsabilidad más insultante, no responder de nada, ni ante los tribunales siquiera, el no darse por enterado de lo que es flagrante, el agarrarse a la desmemoria como una forma de desprecio… modos todos de sobrevivir con ventaja en la vida pública y en la privada.

Ya sé que no es procedente (pero por eso mismo lo hago), preguntarse por qué es lo que defiende o protege el tribunal ante el que compareció el presidente de Gobierno con maneras de chuleta decidor a la hora del vermú al que acude para recoger el aplauso de su peña cuando suelta «la última». ¿El Estado de derecho y el ordenamiento jurídico? Lo dudo. ¿A quién temía el juez? ¿Al fondo del asunto? Es lógico. En ese proceso se dilucida nada menos que la legitimidad de un Gobierno, más allá de lo que digan o dejen de decir unas urnas.

En esa sala de audiencia, hecha teatro de variedades, tuvo lugar una escena del esperpento de las dos Españas, que es una y la misma, la que no muere, pero bosteza y ladra y muerde, y la que por mucho que quiera, no acaba de empezar a vivir de otro modo que el de la gallera y el del usted no sabe con quién está hablando, dijera lo que dijera Antonio Machado. Deseos frente a realidades, el espejismo social en el que hemos venido viviendo que ha dado en una democracia dañada y sospechosa.

Lo que de verdad no procede es seguir en estas, que estos modos de chulos de pueblo, de puntos de timba, de cencerradas vanas, se perpetúen como formas ineludibles de vida nacional.

 

Anuncios

El baile de los impunes

alibaba439La historia de Trillo, flamante embajador en Londres, ejemplifica a la perfección el fundamento más sólido del régimen político instaurado por el Partido Popular: la Impunidad. En Inglaterra han dimitido ministros por muchísimo menos de lo que el Consejo de Estado ha hecho responsable al opusdeista Trillo: el accidente del Yak-42, sobre el que obviamente mintió con descaro. El embajador del Reino de España no dimite, no se retira, no asume el ser responsable de la muerte de 75 personas que han venido reclamando justicia y se ven burladas; y si pide el reingreso en el Consejo de Estado que acaba de condenarle y al que pertenece, es porque sabe que puede y que no hay obstáculo ni legal ni moral ni ético que se lo impida. No se trata de decencia, sino de poder. Ese es el problema, que pueda, que él y otros como él puedan porque cuentan con una parte de la sociedad que lo permite. Es inútil oponerse. Es inútil porque los creadores de opinión que pueden influir están a su servicio, por acción u omisión. Las instituciones no están podridas, no porque no lo estén, sino «porque no» y porque da igual, si de lo que se trata es de que el poder no se resquebraje y el enriquecimiento de los a él arrimados continúe. Suena grosero, sí, pero porque lo es. Como suena grosero que el Consejo de Estado haya tardo 14 años en llegar a la conclusión a la que ha llegado, 14 años… y no pasa nada.

         El caso pues no es ni nuevo ni irrepetible, pertenece al estado de cosas que hacen que Rato esté en libertad y sortee uno tras otro los cepos legales que le están reservados. Y junto a Rato toda una jarca de intocables cuyos nombres están en boca de todos hasta el aburrimiento. La Impunidad elevada a sistema hace que los tribunales puedan cantar misa si quieren, que sus sentencias solo se acatarán si convienen, y es raro que no convengan, porque para eso están, para que su actuación favorezca al gobierno, al sistema, al poder.

         Me temo que si Luis, que ya no sé si es o no El Cabrón de las cloacas del partido de la libertad, ha aguantado de firme, dentro y fuera de las rejas, con o sin sus famosos papeles en ristre, ha sido «en interés general de interesados que se interesan», que decía un capitán de barco que había falsificado el parte del seguro de un siniestro marítimo para cobrar más. Resultado: hace ya mucho que no oímos hablar de sus papeles y anotaciones contables que señalan una farra digna de la cueva de Ali-Babá, por cuenta de vaya usted a saber qué o quién. Todo es triquiñuela, escamoteo, impunidad.

         Alarmante resulta que la ministra de Defensa, que se hizo indemnizar por Bárcenas, y a cuyo marido señalan como pieza angular de un pringoso tablero de corrupciones, haya relacionado a refugiados con terrorismo con el fin de crear una opinión contraria a su acogida y de no cumplir los propios compromisos gubernamentales. ¿Es indecente? Sí… ¿y qué, a ver y qué? Nada. Otro síntoma, malo, de algo que está por venir: la creación de un estado de alarma generalizada que permita a quien tiene la fuerza hacer un mayor despliegue de esta con fines no preventivos, sino represivos y de control ciudadano.

         Para el presidente del Gobierno todo lo relacionado con Trillo son cosas que pasaron hace mucho y no deben ser tomadas en consideración. Los familiares de las víctimas del accidente piensan de otro modo, pero qué importa, casi todo lo que sucede y pueda dañarle carece de importancia y pasó hace mucho o no ha pasado nunca. Para él la actualidad, la rabiosa actualidad, la que muerde y hace daño e inquieta a la ciudadanía, está en el Marca y si no está en el Marca no está en parte alguna. Hablar de ceguera moral es poco, hay algo más, una cierta perversidad de espíritu, alguna patología. «Cosas», «Hace mucho»… Que un presidente eluda hasta nombrar aquello que de verdad inquieta a buen aparte de sus ciudadanos no es solo síntoma de deficiencias personales de índole general, sino una manifestación cruda de algo asombroso, de que a Rajoy le importa un comino todo, salvo conservar el sillón y hacer de las suyas con el beneplácito y aplauso de sus votantes, que consienten todas y cada una de las fechorías que cometen los gobernantes, y en quienes hay que apreciar algo más que ceguera moral: un peligro real.

De fuera vendrán…

herald_of_nassau-vianden Sí, de fuera vendrán, pero a decirte cuatro cosas. Entre las noticias bomba, los puentes y sus escapadas, y la peatonalización de la Gran Vía madrileña, las cuestiones de fondo que nos atañen quedan estos días en un muy segundo plano, que es donde se prefiere que estén para que no estropeen la fiesta. Las colas del hambre tienen que recibir un «tratamiento» navideño para no molestar demasiado, la precariedad laboral aburre y lo mismo por lo que se refiere a los muertos del Mediterráneo… en cambio las botellitas de Vega Sicilia que se ha llevado bajo manga el presidente gallego tienen «su cosa», así como picarona, y poco importa que sean una muestra más de la falta de decoro de los gobernantes.

         Es más importante que el fiscal haya conseguido paralizar el caso del Pequeño Nicolás, que como todo el mundo sabe pone en peligro la existencia misma del Estado, que la publicación en el New York Times de un artículo en el que se denuncia la pervivencia del franquismo en la España de hoy. Una obviedad para quien padece los modos de gobierno del régimen impuesto por Rajoy, y para el patriota cuartelero un insulto a la soberanía nacional, pura leyenda negra, que me extraña Rajoy no aproveche para salir a la plaza de Oriente a recibir un baño de multitudes, a modo de papamoscas entrañable y navideño. Bien es verdad que el directo no es lo suyo, pero esas cosas se pueden hacer en diferido, con pantallas supersónicas y un fondo de villancicos y marchas militares, alternando.

         El autor del reportaje se extraña de que no se hubiesen depurado las instituciones franquistas, un equivalente a la desnazificación de otros países. Ni hubo depuración ni la habrá, en la medida en que los principales beneficiarios fueron los protagonistas de la dictadura y sus directos herederos, hasta hoy. Los fantasmas del pasado son los guapetones del presente, los depredadores bancarios, los uniformados que se encargan de la represión ciudadana, los jueces que actúan más por ideología que por el sentido de equidad de unos códigos cuyo articulado se ha retorcido no para servir a la ciudadanía, sino a una ideología política claramente autoritaria.

         También se extraña el articulista de que en España no haya partidos de extrema derecha, como en Francia o en Grecia, pero no se da cuenta de que no son necesarios porque esa derecha torva y autoritaria lleva años en el gobierno, sostenida por las urnas, sus medios de comunicación y ahora mismo por el ruido permanente de las redes sociales donde se persigue a unos y se da carta blanca a otros que sí pueden amenazar, injuriar, difamar y aplaudir el terrorismo de Estado y sus consecuencias. He leído a quien pide meter bala de una vez a los subsaharianos que han saltado estos días la valla de Ceuta. La incitación al odio solo opera en un sentido. Lo que en unos se persigue, en otros se tolera y con esta tolerancia se alienta…

         Y por lo que respecta a la presunción de inocencia, lo mismo. Eso funciona para unos y no para otros, como acaba de demostrar el diario La Razón con la portada más indecente de la democracia en la que, con desprecio de la legalidad, se lincha a los muchachos detenidos de Alsasua: la prensa como órgano de propaganda del régimen y sus intereses políticos, que en este caso van del lado de la pervivencia del terrorismo. Una cosa es el respeto, escrupuloso dicen, a la ley y otra el mirar para otra parte y no atreverse a tomar partido… claro que cada cual lo toma para sí y los suyos. Me temo que en este lamentable, triste y siniestro caso, quien más fuerza tiene –policial, política, mediática–, puede imponer su versión de los hechos… de la magistratura afín al régimen para qué hablar.

         Y vuelvo al New York Times que es terreno más seguro, no vaya a ser que nos acusen de hacer apología del terrorismo. Cuando hablando de fosas y Memoria Histórica, Rajoy dijo que había que mirar hacia el futuro, hacía burla de la buena fe de los ciudadanos porque lo que estaba diciendo no es que no hay que mirar hacia el pasado, «para no generar tensión ni división», que también, sino que no hay que mirar ni para el presente ni sobre todo para ningún lado. Prietas las filas. El futuro, su futuro, no es más que una repetición de su presente: miseria y agobios vitales para unos, y medidas policiales y represivas para quien alce la voz, en beneficio de la clase social que él representa. ¿Demagogia? Sí, mucha… bonita.

Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 11.12.2016

Cuestión de credibilidad

8395219916_1abe831670_oEl de Todos los Muertos no es buen día para reflexionar sobre el día de Todos los Cucos. Todo el año es Carnaval, decía Larra. Parafraseándolo se puede decir que aquí todo los días del año son el de los Muertos y el de los Cucos; los segundos, sin los primeros, no pueden vivir, en la medida en que lo hacen a su costa, por mucho que los muertos se reclamen vivientes, gracias a la tetrodotoxina (polvo de zombis), la droga de los peces globo, la del vudú, que al parecer, junto con la cainina nacional y endémica, es de libre circulación en este país, y barata, mucho, porque a quienes la ponen en circulación les salen realmente gratis sus fechorías. A la vista está: Rajoy presidente de Gobierno.

Y por seguir con pintorescas leyendas urbanas, tampoco descarto que utilicen los aviones de las estelas famosas para administrarnos burundanga, la droga que arrebata la voluntad y la memoria, porque de otra manera se entiende mal lo que está pasando. Bien está que se diga que es preciso recuperar la calle y que las recientes movilizaciones de rodeo del Congreso hayan estado muy concurridas, pero para mí no es menor cierto que ahora mismo el ejercicio de una serie de derechos relacionados con la libertad de expresión más parecen concesiones graciosas de la autoridad competente, que en esas estamos, en las libertades y los derechos sociales convertidos en favores graciosos, en dádivas caritativas, en el pre de los negocios, es decir, en el reparto de las sobras del negocio de los cucos… pero no hay que inquietarse, todo va sobre ruedas, con un tiro de burundanga se arregla. (Sigue, artículo publicado en Cuarto Poder aquí enlazado, 2.11.2016)

      

 

Tirar de chistera

DOCU_GRUPO Hubo un momento, días pasados, en que me hice un lío entre la Gürtel, la Púnica, la Barberá, los Eres, las y los black is black, Rato, y con Rajoy detrás, con su característica mueca de relamerse con la lengua fuera, y luciendo una chistera, a modo de mago de barraca de feria. Luego las cosas volvieron a su sitio, unos a la sala de juicio en cuyos banquillos estaban como acusados, otros a sus sillones y poltronas, otros a escurrirse por las gateras de lujo.

 ¡Correa tira de la manta! No es para tanto ni mucho menos. Lo que va diciendo, cuidándose mucho de dar nombres concretos y aportar pruebas fehacientes, no es nada que no se supiera o hubiese sido ya hecho público de una manera o de otra. En el mundo de la especulación inmobiliaria y el hormigón, la pasa, la comisión, el porcentaje, la coima parecen una constante… como lo fue la leyenda urbana, ¿no?, de pagarles en negro parte del precio de las casas que comprabas y la desvergüenza con la que aquellos lobos lo justificaban puro al morro. Lo mismo cuando decían: «Yo, si no trabajo con “sin papeles”, no soy operativo». Ser o no operativo, forrarse o no, y decir encima que estaban creando riqueza. De aquellos «lobos» estos cienos. Las bases del país de los listos y de los primos se sentaron hace mucho y están bien armadas. Había dinero en el aire y bastaba con alargar la mano… lo decía un listo.

         Correa, atrapada cabeza de turco de una trama inextricable por mucha instrucción que se le haya echado encima, dice sentirse cómodo con una fiscalía que elude preguntar con claridad por el Partido Popular, y habla y habla y acusa a los que están por encima de toda sospecha, cuando estos saben que no es que sean los sospechosos, sino los autores de una mayúscula fechoría perpetrada en fraude de leyes, en sus grietas, trastiendas y con la garantía de la impunidad, al amparo del poder político, en su estructura. Cuantos más beneficiarios del saqueo nacional, mejor, menos posibilidades de denuncia y más de que esa forma de enriquecerse se institucionalizara como sistema.

         Parece como que Correa está armando la tormenta perfecta, pero me temo que eso no es más que una ilusión destinada al público, un truco mediático para provocar un rasgado de vestiduras preceptivo y ya previsto en el guión. Asombra y desarma pensar sobre qué mimbres está tejido el Estado de Derecho, que no se justifica en modo alguno por haber sentado en el banquillo a los cabecillas turcos porque no ha quedado más remedio, mientras a otros, como a Rato, les van acogiendo con los brazos abiertos las prescripciones. Se entiende que se protejan con leyes y uniformados, con matones. Aquí, cuando echan cristianos a los leones, los compran en Cornejo (el del atrezo de las películas del Oeste) y en realidad son de trapo.

         Digan lo que digan los jueces, sentencien lo que sentencien, queda una certeza: tanto los que están en los banquillos anchos de piernas como los que no, se han forrado, se han hecho de oro, porque se echaron en la cosa pública a por eso. No es de ahora, ni de ayer, viene de lejos, de más lejos incluso de cuando los más cínicos, los que compraban billetes premiados de lotería para enjuagar el dinero negro de sus asesorados, se hacían los progres. Eran granujas, pero fungían de nihilistas. A unos los han pillado, a otros no. Son muchos, son la elite económica que ha hecho de la desvergüenza y del arrimo del poder una forma de vida.

         Hoy sus nombres nos encienden, mañana estarán olvidados, casi más por fortuna para nosotros que para ellos, quedaran las rebabas, el cieno de una época, una forma de vida pública marcada por el saqueo y el enriquecimiento de la oligarquía. No hay bipartidismo, lo que hay son dos clases sociales bien definidas que no se enfrentan porque una no tiene medio alguno de hacerlo, ni los sindicatos siquiera, porque al paso que vamos acabarán en meros adornos pintorescos, si se materializan los pactos supranacionales de dejación de la soberanía nacional.

         No se trata ya de lo esquilmado, del enriquecimiento de unos, del empobrecimiento de otros y del encarecimiento de la vida, fruto de una especulación salvaje, no es ni Correa ni el resto de los acusados y encausados y señalados, sino de una forma de vida nacional, de un sistema, de una forma de pensar y actuar que suscita más admiración que reprobación. Por eso estos no tiran de la manta, sino que tiran de chistera y les salen angelitos, negros, como sus tarjetas, como sus bolsillos.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 16.10.2016

 

El duque de Patraña

sddefaultCuando esta pesadilla termine y de una forma u otra se consiga expulsar a Mariano Rajoy de la Moncloa, el rey le nombrara duque. Sugiramos por tanto que, dado que no queda más remedio que tragar con esa mascarada, se le nombre Duque de Patraña y que de esa manera quede fijada en el tiempo la historia de un personaje que más que un biógrafo político o un apartado en esa Historia universal de la infamia que a diario parece escribirse sola, lo que necesita es un psicopatólogo y un frenólogo.

         El espectáculo de los últimos meses y la sucesión de trapisondas y enredos produce una extraña sensación de irrealidad, como si lo que está pasando fuera una comedia de enredo y solo eso, un espectáculo arrevistado con explosivas supervedettes de las ferias de polvo, humazos, ruido y mugre encarnadas casi en exclusiva por el deslenguado de Rajoy, algo a medio camino entre Colsada, Cornejo y Llapisera, aquel empresario del Bombero Torero tan siniestro y tan racial, tanto como el banderita tu eres roja banderita tu eres gualda de Las Corsarias. Algo en todo caso más propicio al bureo y al berrido, a la chanza y al pateo, a un todos contra todos, que a esa serenidad que reclaman los hampones para ver si la parroquia olvida que está siendo burlada.

         ¿Acabaremos teniendo Gobierno? Probablemente, pero por aburrimiento. Cuál, no sé. ¿Volverán a abrirse las bocas de lobo de las urnas para Navidad, como hucha de indigentes que es en lo que andamos? Quién sabe. Plácido ya anda suelto. El mundo siniestro de Berlanga goza de buena salud. Gobierno de salvación nacional no sé si es necesario, no creo, pero de salvación ciudadana sí, la del cambio, la constitucionalista por supuesto, cómo no, pero de otra Constitución, reescrita con una espíritu y una intención muy distinta a las de 1978. Es preciso un cambio radical en las instituciones y quienes han recibido el voto de una ciudadanía progresista o de izquierda tienen en su mano el hacer posible ese gobierno y sacar a la derecha de las instituciones con todo su aparato legal… aunque visto lo visto, no me hago en lo privado ilusión alguna. Esa ciudadanía que expresa con su voto una voluntad de cambio social se lo merece.

         Y vuelvo al duque de Patraña. De hombre de Estado le han tratado sus palmeros, pero el interesado puso su mejor expresión lerda cuando le hicieron ver que había reventado un asunto tan grave como la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC, haciendo público un dato de Estado secreto. Se retrata don Patraña, y a cada paso, cuando miente y cuando restallan las únicas verdades que es capaz de decir: sus lapsus.

         De sus discursos de estos días no hay mucho que comentar que no se haya comentado. Resumen y concentran una vida politica basada en la mentira y la desfachatez de quien sabe su bolsillo a cubierto de cualquier contingencia, y denotan una falta de respeto mayúscula por esos ciudadanos en cuyo nombre dice hablar y que no es que no le hayan votado sino que quieren que desaparezca del mapa con su equipaje de mugre. Delirantes palabras las suyas, acordes con una vida política marcada por la arrogancia de casta y clase, la de esa oligarquía que viene manejando este país como si fuera su cortijo o una empresa de especulación financiera de su estricta propiedad. Nada de lo puesto en escena es ni remotamente creíble: paro, promoción de empleo, politica internacional, Europa, corrupción, el colosal negocio que se esconde detrás de la defensa nacional, reorganización territorial, el cepo económico en que está metida esa ciudadanía menos favorecida… Rajoy ha sido el peor gobernante que ha tenido este país si exceptuamos al general Franco, su pariente político o mejor su causahabiente intelectual y material. Para comprobarlo basta hacer el suma y sigue de sus despropósitos autoritarios de los últimos cuatro años. Un inventario, un día a día, sin más… el resultado seria asombroso, por mucho que el hilo de los acontecimientos sea silenciado o camuflado por la prensa concertada, esto es, por el Ministerio de Propaganda del régimen organizado entre la banca y quienes con ella gobiernan de hecho el país, y la presidencia de Gobierno con su ventrílocuo a la cabeza, el duque de Patraña.

Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 4.9.2016

España, c’est moi…

16Entre el España soy yo y los míos, y el después de nosotros el diluvio transcurrió ayer el aburridísimo discurso de investidura de Mariano Rajoy. Volvió la burra al trigo y Rajoy con su pasodoble patriótico: España y los españoles, los españoles y España, el conjunto albardado de diversos galimatías de relleno como bolas de malabarista. Humo. Humo y amenazas a quienes se atrevan a poner en peligro la sagrada unidad de España y los derechos de todos los españoles que van con ella porque sin ella no se entienden estos. Tosco y cuartelero. (Sigue en el artículo publicado en Cuartopoder aquí enlazado)

“¡Yo soy corrupto…!”

Captura de pantalla 2016-08-28 a las 17.43.28¡¡..Porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha tratado con amooor…!!!», o algo así. Demasiado grave lo que sucede para andar en chanzas, pero ¿qué podemos hacer, qué más decir que no se haya dicho? Además, si presto atención a los ruidos de la oscuridad eso es poco más o menos lo que oigo, cuando no la pedorreta del gamberro que se pitorrea de ti de manera cobarde desde la oscuridad, como en la película Amarcord. En todo caso, cuando no parece quedar otra salida que las burlas y las chanzas, malo, son un pobre consuelo.

La regeneración nacional ha comenzado por la redefinición, fuera del código, de los delitos que, relacionados con la cosa pública o a su sombra, tienen como objeto el enriquecimiento personal injusto. De entrada va quedando claro que solo es delito hacer privado aquello que por destino únicamente debería ser público si te cogen, o mejor dicho si lo hacen y al final te condenan, y no en todos los casos. Hay que amparar a una clase social de corruptos sin tacha cuyas economías dependen de los entresijos de lo público y para eso nada mejor que cambiar las formas: no son todos los que están, pero en el ajo están más de los que aparecen por sucesivas oleadas, o viceperversa, ya no se sabe muy bien.

Es decir, estamos como siempre, solo que hay que hacer más difícil el que te cojan, cambiando no sé si el qué o el cómo. A eso se le llama con verdadero desparpajo «Regeneración nacional», como si lo cometido no fuera con ellos. La delincuencia redacta el Código Penal y asalta de paso la magistratura. El mundo al revés, no, el mundo como siempre. ¿Extraña que la exposición de El Bosco haya tenido tanto éxito? No, pero no es este el motivo. En el espejo siempre aparecen otros.

No vuelven los clérigos casuistas de los siglos XVI y XVII, retorcedores de hechos, leyes, palabras y argumentos, porque siguen aquí: va para 400 años que parecen inspirar sin remedio a los granujas que por la fuerza de las armas o por los votos orquestados se alzan con el poder en España. Hay que darle la vuelta a lo evidente, hay que hacer como si no, cuando es sí, hay que transformar al agredido en agresor, al perdedor en ganador, al verdugo en mártir… y todo a base de palabrería y galimatías, buscando la boca abierta del auditorio. Y a quien se atreva a denunciar la corrupción generalizada hay que tacharlo de enemigo de la patria y de la paz social, porque quien gobierna no tiene la culpa de que el que vive a dos velas (fúnebres) no se sepa mover en el arrebuche. Y de paso es preciso atar corto a la prensa que se atreva a no repicar las consignas que encubren una política económica tan de clase como chapucera.

 Aquí no se trata de atacar las cuestiones de fondo que encenagan el país, so pretexto de la conquista del poder (en otros países se llama «formación de gobierno»), sino de enmascarar las malas formas, de cubrir las apariencias y de transformar el cambio social (resulta repulsivo llamarlo regeneración nacional) en represión de disidentes. Aquí ya no se habla del empobrecimiento nacional ni de los contratos basura transformados en recuperación económica, aquí se habla de salvación y de Todo por la Patria para encubrir lo que no solo Julio Anguita tacha de golpe de estado incruento de nueva generación. Una puesta en escena deplorable. José Luis Cuerda lo hizo mejor en la gloriosa película Amanece que no es poco: solo se trata de que ganen los de siempre.

Y vuelvo a las chanzas, por la calorina más que nada, y hago memoria de mi infancia y de un cuento ilustrado, Ali-Babá y los cuarenta ladrones, y recuerdo que la escena que más me gustaba era la de Ali-Baba escondido dentro de una tinaja, como aquellas del aceite en el trujal, viendo cómo los bandidos se repartían alborozados el botín, una auténtica juerga, una fiesta nacional hoy, con rejones y descabellos preceptivos, los que se lleva un día sí y otro también una ciudadanía hastiada, exhausta, empobrecida y sobre todo burlada por principio, por forma de vida.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, el 28.8.16.

Parece mentira

rajoy-congreso-20070115 Pero no lo es, por mucho que lo parezca. Lo que estamos viviendo es la cruda realidad. No se trata tanto de que tengamos pesadillas un día sí y otro también y de que, al despertarnos, esté Rajoy de cuerpo presente con su boba mueca al pie de la cama, sino de que no hay otra realidad que esa, la de un presidente de gobierno en funciones al que le dejan burlarse de manera impune de los ciudadanos de un país de la Unión Europea. Solo quien está convencido de que ejerce el sometimiento del dictador locoide puede actuar así.

Digo bien «le dejan» porque los despropósitos que está cometiendo no podrían lograrse de no contar con un apoyo mediático incondicional que no pone en tela de juicio su deshonestidad flagrante de político en ejercicio. No estoy de acuerdo con quien sostiene que la honestidad no es un parámetro político para juzgar a los profesionales de la política. En el caso de Rajoy sí lo es porque es ya un espectáculo, siniestro, pero espectáculo, al que debemos asistir lo queramos o no, en el que las duras veras apenas se esconden detrás de las patochadas. Nos hemos debido acostumbrar a ser burlados, de lo contrario no se entiende.

Parece mentira que los medios de comunicación presentes en las farsas en que ha convertido Rajoy las ruedas de prensa no le hubiesen preguntado por sus promesas y afirmaciones incumplidas ni que nadie le haya reprochado que lo suyo es una enredada madeja de decires y «desdecires», de promesas que encuentran su eco en patrañas descaradas con las que demuestra un nulo respeto no ya por los periodistas que acuden a escucharle decir necedades, sino por los ciudadanos, le voten o no, esos españoles en general en cuyo nombre habla y a los que en la práctica ignora. Visión la suya de amo de cotarro más que de gobernante.

No son solo los votantes del Partido Popular quienes permiten este estado de cosas. Rajoy tiene poderosos apoyos mediáticos y también sociales de personas que tal vez no le voten, pero que apoyan el sistema social que él representa mientras este les siga permitiendo hacer dinero y mantener su estatus. La gente guapa no siempre se rebaja al voto, con las copichuelas en el Club de los Zánganos le basta; otra cosa es cuando confunden las urnas con las monterías. Hay que reconocer que toda una clase social se está enriqueciendo de manera imparable gracias a la política económica del Partido Popular y es lógico que con lasitud y bostezo apoye las trampas del maestro de ceremonias.

Parece mentira que la vida pública de un país gire en torno a si el día de Navidad se pueden o no convocar unas terceras elecciones que revienten las fiestas navideñas. Una amenaza de un daño social evidente perfectamente calculado, ¿por el propio Rajoy?, algo que no se le reprocha, y que quiere cargar en la penosa cuenta del Partido Socialista si de una manera u otra obliga a repetir elecciones: rabieta de monja y los niños castigados. Parece mentira que haya que tomarse en serio todo esto… o en broma, porque veras son, y bien siniestras. ¿Fastidiarle las navidades a la ciudadanía, una estrategia política? Se comenta solo. Solo un tonto malvado puede pergeñar semejante cosa.

Parece mentira que ante este estado de cosas una ciudadanía que hace tres años parecía que iba a comerse la calle cruda, esté apagada y más que apagada, desinflada, lo pinten como lo pinten. ¿Para cuándo la rebelión? Para nunca, no vaya a ser que nos quiten el chinguelbel, chinguelbel en paz… «Cuidadito» con el turrón y la zambomba.

Parece mentira que un ministro del Interior se dirija a un periodista al grito de «Cuidadito» porque eso no es mera descortesía sino amenaza de matón sabedor de que puede hacer daño de manera ventajosa. ¿«Cuidadito» con qué? ¿«Cuidadito» por qué? ¿Se falta por preguntar? Mamaron franquismo y lo excretan hasta en el aliento. A ese ministro hay que cargarle la cuenta de la libertad de expresión dañada con su ley Mordaza. Todo un proyecto de sometimiento de los medios de comunicación a su régimen autoritario. ¿En qué manos estamos? Parecerá mentira, sí, pero es más pesadilla de la de nunca despertar.

Pero no lo es, por mucho que lo parezca. Lo que estamos viviendo es la cruda realidad. No se trata tanto de que tengamos pesadillas un día sí y otro también y de que, al despertarnos, esté Rajoy de cuerpo presente con su boba mueca al pie de la cama, sino de que no hay otra realidad que esa, la de un presidente de gobierno en funciones al que le dejan burlarse de manera impune de los ciudadanos de un país de la Unión Europea. Solo quien está convencido de que ejerce el sometimiento del dictador locoide puede actuar así.

Digo bien «le dejan» porque los despropósitos que está cometiendo no podrían lograrse de no contar con un apoyo mediático incondicional que no pone en tela de juicio su deshonestidad flagrante de político en ejercicio. No estoy de acuerdo con quien sostiene que la honestidad no es un parámetro político para juzgar a los profesionales de la política. En el caso de Rajoy sí lo es porque es ya un espectáculo, siniestro, pero espectáculo, al que debemos asistir lo queramos o no, en el que las duras veras apenas se esconden detrás de las patochadas. Nos hemos debido acostumbrar a ser burlados, de lo contrario no se entiende.

Parece mentira que los medios de comunicación presentes en las farsas en que ha convertido Rajoy las ruedas de prensa no le hubiesen preguntado por sus promesas y afirmaciones incumplidas ni que nadie le haya reprochado que lo suyo es una enredada madeja de decires y «desdecires», de promesas que encuentran su eco en patrañas descaradas con las que demuestra un nulo respeto no ya por los periodistas que acuden a escucharle decir necedades, sino por los ciudadanos, le voten o no, esos españoles en general en cuyo nombre habla y a los que en la práctica ignora. Visión la suya de amo de cotarro más que de gobernante.

No son solo los votantes del Partido Popular quienes permiten este estado de cosas. Rajoy tiene poderosos apoyos mediáticos y también sociales de personas que tal vez no le voten, pero que apoyan el sistema social que él representa mientras este les siga permitiendo hacer dinero y mantener su estatus. La gente guapa no siempre se rebaja al voto, con las copichuelas en el Club de los Zánganos le basta; otra cosa es cuando confunden las urnas con las monterías. Hay que reconocer que toda una clase social se está enriqueciendo de manera imparable gracias a la política económica del Partido Popular y es lógico que con lasitud y bostezo apoye las trampas del maestro de ceremonias.

Parece mentira que la vida pública de un país gire en torno a si el día de Navidad se pueden o no convocar unas terceras elecciones que revienten las fiestas navideñas. Una amenaza de un daño social evidente perfectamente calculado, ¿por el propio Rajoy?, algo que no se le reprocha, y que quiere cargar en la penosa cuenta del Partido Socialista si de una manera u otra obliga a repetir elecciones: rabieta de monja y los niños castigados. Parece mentira que haya que tomarse en serio todo esto… o en broma, porque veras son, y bien siniestras. ¿Fastidiarle las navidades a la ciudadanía, una estrategia política? Se comenta solo. Solo un tonto malvado puede pergeñar semejante cosa.

Parece mentira que ante este estado de cosas una ciudadanía que hace tres años parecía que iba a comerse la calle cruda, esté apagada y más que apagada, desinflada, lo pinten como lo pinten. ¿Para cuándo la rebelión? Para nunca, no vaya a ser que nos quiten el chinguelbel, chinguelbel en paz… «Cuidadito» con el turrón y la zambomba.

Parece mentira que un ministro del Interior se dirija a un periodista al grito de «Cuidadito» porque eso no es mera descortesía sino amenaza de matón sabedor de que puede hacer daño de manera ventajosa. ¿«Cuidadito» con qué? ¿«Cuidadito» por qué? ¿Se falta por preguntar? Mamaron franquismo y lo excretan hasta en el aliento. A ese ministro hay que cargarle la cuenta de la libertad de expresión dañada con su ley Mordaza. Todo un proyecto de sometimiento de los medios de comunicación a su régimen autoritario. ¿En qué manos estamos? Parecerá mentira, sí, pero es más pesadilla de la de nunca despertar.

ITEM MÁS: lo que parece mentira es que un personaje como el de la imagen pueda ser presidente de gobierno de un país de la Unión Europea.

 

Pensar en España

tumblr_nwocb0embl1qdg46yo1_1280Es la frase del día, pero no de todos los españoles, tan solo de los que aspiran a formar un gobierno continuista con el máximo de apoyos o con los menos obstáculos posibles: Rajoy, Rivera y su tropa. Se conminan a hacerlo, pero en un solo sentido, en el suyo. Los demás no pensamos en España, los demás pensamos en su destrucción, en reducirla a la pobreza –el cinismo de esta gente es encaje de bolillos–. Pensar en España significa formar un gobierno que siga ejerciendo el poder como hasta ahora, utilizando el temible aparato legal ya instaurado. Lo de gobernar con buen sentido no va con ellos. Voz de sacrificio la suya que encubre la trapacería política, mera retórica convertida en exigencia moral. Solo que me resulta imposible no maliciar que cuando hablan de “pensar en España” en realidad lo hacen de su cuenta corriente y de la de los suyos, su verdadera patria. ¿Zafio? Mucho, pero menos que sus puestas en escena y consiguientes arengas cuarteleras y casposas.

Pensar en España… Me lo creería si hubiese oído, siquiera de lejos, hablar de la cifra imparable y silenciada de desahucios, de la precariedad laboral que a nadie conmueve, de los excluidos sociales, de la deuda pública encubierta y maquillada de mejoras de clase, del empobrecimiento sistemático de una parte importante de la población, del desmantelamiento del sistema sanitario, del hundimiento de la educación, de la represión y amordazamiento de reclamaciones justas, de las políticas internacionales, si tal cosa es posible llamar a lo que practica el gobierno del PP, del TTIP y de otras dejaciones de la soberanía nacional, de la actitud ante los refugiados, los del Este y los del Sur, de los CIES, de la patraña asumida y extendida como forma no ya de gobernar,  sino de vida social, del control de los medios de comunicación, del saqueo del fondo de pensiones, del acceso a la justicia, de la necesaria reforma de la Constitución y de una remodelación del modelo de Estado, de la política opaca de Defensa, del enriquecimiento indecoroso de la clase política y de los que medran a su sombra, del auge de las mafias y del narcotráfico… Porque esto es España ahora mismo, les guste o no a Rajoy y a Rivera, los patriotas a los que tanto les preocupa España, por la que están dispuestos a hacer no sé qué sacrificios metafísicos porque de los otros, los que pueden tocar su bolsillo o su estatus social, de esos nada, todo queda en un terreno ideal de aparato y poca cosa, vaguedades como mucho, las mismas que yo por fuerza utilizo y que de inmediato reciben la acusación de demagogia. Aquí todo lo que les estropea el paisaje lo es, y populismo, derrotismo y falta de patriotismo de paso. (SIGUE, en Cuarto Poder, aquí enlazado)

*** La imagen es un fragmento de La nave de los locos de José Parra (Guadalajara Jalisco, Mexico, 1975)