Impunidad y despropósitos

Ayer hizo 39 años que un mando policial ordenaba a sus fuerzas: «Dad la vuelta a la plaza, preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías, y lo más fuerte que podáis, no os importe matar».

El resultado fue un muerto y cientos de heridos, seis de ellos de bala, dentro y fuera de la plaza de toros de Pamplona. Los sanfermines fueron suspendidos. Nadie pagó por aquello ni por ninguna de las rebabas de la ejemplar Transición, que fueron muchas. Dentro y fuera de Pamplona el olvido de lo sucedido y la absolución de los autores –y de otras infamias policiales-gubernamentales– es absoluto, por voluntad de olvidar y porque sí, porque negar lo sucedido, y con ello avalar la impunidad de los uniformados, es una seña de identidad política y porque estropea el paisaje de una impecable democracia que es un patio de Monipodio en el que se homenajea a Martín Villa, directamente relacionado con lo sucedido entonces.

Si algo va caracterizando la vida pública española es la impunidad gubernamental, la negativa a investigar –sancionada repetidamente por las instituciones europeas y la ONU-, la morosidad procesal, si de abusos policiales se trata, la imposición de penas leves a uniformados o sus indultos –pienso en lo sucedido con los autores de los asesinatos de Almería–, que en muchos caos equivalen a encubrimiento de facto de los hechos cometidos o su absolución social, al margen de la sociedad, en ese coto cerrado que es el gobierno y sus cloacas… que hablen de seguridad jurídica en estas condiciones suena a sarcasmo.

Resulta ineludible referirse a lo que está sucediendo con Alsasua. Considero la petición fiscal y la calificación de los hechos un despropósito jurídico y un uso político y sectario del ordenamiento jurídico, más proclive a la venganza y al escarmiento que al sentido de la equidad y la proporcionalidad que, en mi opinión, debería inspirar las decisiones judiciales, empezando por la fiscalía.

Los agravios comparativos, las dos medidas, la sombra espesa de una justicia desigualitaria, la indefensión, la mentira institucional, la quiebra social y el agravio que no cesa, aparecen en el fondo de esta escena. Mete miedo en qué se ha convertido lo que nadie me va a convencer que no fue una pelea de bar y una historia más turbia que otra cosa, reprobable por supuesto. Este procedimiento está viciado de manera política y mediática desde que se echó a rodar –de manera infame en lo que respecta a medios de comunicación– y prefiero no hacer cábalas sobre cómo puede terminar. Nadie que no discrepe de la versión oficial ha puesto en duda la veracidad del relato de los hechos  porque este se ha montado para obtener unos cómodos aplausos políticos y de público. Nuestros gobernantes nos han acostumbrado a que las versiones oficiales, tan parecidas a las consignas, no tengan credibilidad alguna, salvo para sus adeptos.  Nada importan los atestados del primer momento, las declaraciones del jefe de la Guardia Civil en Navarra, el dictamen de la Audiencia de Navarra, los testimonios presenciales, los verdaderos informes forenses… los mismos hechos se han tergiversados en múltiples detalles para acomodarlos al resultado procesal. A lo que queda del abogado en ejercicio que fui le gustaría ver los informes forenses, repasar en detalle las actuaciones, examinar a los testigos, fijar las circunstancias indubitadas de los hechos…  Por lo demás, es difícil añadir algo a lo ya dicho de manera amarga y menos airada de lo que la actuación togada se merece.

Y lo que es peor, a mi juicio, Alsasua se ha convertido en una trinchera enconada que enfrenta a la ciudadanía. No hace falta sino leer las indecencias que se han escrito en medios gubernamentales o en las redes sociales, que piden el linchamiento de los detenidos sin rubor alguno. Esto es lo que va a quedar de lo de Alsasua, más allá de la sentencia: el agravio que no cesa, el encono, la quiebra social.

 

*** Artículo publicado en Diario de Noticias, de Navarra, el 9.7.2017

Lo que nunca sucedió… Transición modélica

martin-villa-4Aquel mes de mayo de 1977, en plena carrera electoral apenas año y medio después de la muerte del dictador Francisco Franco, fue convulso en Euskadi. En solo unos días, en coincidencia con la Semana pro Amnistía, murieron siete personas, cuatro de ellas de bala, durante actuaciones diversas de las fuerzas del orden. Uno de esos fallecidos fue Francisco Javier Núñez, tras dos palizas brutales y la ingesta obligada de coñac y aceite de ricino. Su hija, Inés Núñez de la Parte, se indigna ante la negativa de algunos sectores a reconocerles como víctimas. “En mayo de ese año hay una carnicería absoluta. No es un hecho aislado, está en un contexto de brutalidad tremenda, estaban reprimiendo cualquier manifestación, sin reparar en medios. Tiroteaban a la gente. Pero para algunos es como si no hubiera pasado”, afirma.
La ley de Amnistía benefició,  y mucho,  a los verdugos y asesinos, con y sin uniforme. En ese caso concreto a los asesinos de quien pedía amnistía frente a sus verdugos que la rechazaban. Fraga no respondió de los hechos de los que fue directamente responsable. Martín Villa, diciendo que lo suyo fueron errores no asesinatos, va camino de no responder jamás.  Esa frase, esa, ya tan repetida, tan padecida: “Para algunos es como si no hubiese pasado”.  Impunidad absoluta, ni siquiera sabremos los nombres de los asesinos que tarde o temprano habrían sido recompensados, condecorados. Negación de lo evidente hecha seña de identidad de clase. Escritura memorialística cuando la justicia es negada. Aquel pasado, edulcorado, minimizado, desdeñado, está en el presente, en sus cimientos.

 

Migajas del diario volátil (1)

martin1Ya era hora de que al menos se removiera la ciénaga. Nadie le obligaba a Martín Villa a levantar ese brazo, y aun que así fuera: lo hizo porque le gustaba, porque para él hacerlo era expresión de una idea: fascismo, de alma y malas formas. Sin contar con que en la boca tienen el lapo de algún himno que es mejor no oír. http://www.publico.es/486977/la-justicia-argentina-pide-un-listado-de-victimas-imputable-a-martin-villa vía @publico_es 

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¿El ministro Fernández?…Un bellaco, sin paliativos, eso dice el amigo Basurde… ¿La imagen de España? Pero si son ellos los que la han cubierto de mierda. vía

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La falta de ética (alarde retórico del fiscal Horrach) no es un delito. Lleva razón, como quien tiene repóker de ases en una timba de tramposos: es una costumbre, una seña de identidad nacional… o un virus castizo, imposible de erradicar, eso a gustos.

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1386271603565policiaEl país donde los delincuentes imponen multas por capricho. Apoyo incondicional a Emilio Silva, maltratado, amenazado en la calle y multado por ejercer sus derechos civiles, junto a Audiencia Nacional, en unas condiciones vergonzosas. Lo mismo que los demás activistas de la Memoria Histórica también sancionados de manera arbitraria. Son maleantes de uniforme a los que ninguna ley ampara sus abusos, tan solo la connivencia judicial y política, la indiferencia social, el miedo: ponen en práctica una ley abusiva que no ha sido aprobada. vía

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Ante hechos como los reseñados -un buen ejemplo de lo que ha pasado hoy, aunque no de todo- la tentación de dejarlo correr y de callar después de hacer oídos sorodos como si no fuera contigo, se esfuma:Nunca te entregues ni te apartes/ junto al camino, nunca digas/ no puedo más y aquí me quedoPalabras para Julia, de Juan Agustín Goytisolo, un poema hermoso, hondo, vibrante que para los lectores coge más y más entidad con el tiempo.

Interior y la Guardia Civil harán “comprobaciones” sobre el ‘caso Hellín’
“¡Marchando una de agua de cerrajas!” o a la espera de que a las ranas les salga pelo. Esta es la garantía absoluta de que no se llegará a nada, a otra nube de humo, a que el Hellín oficie, como mucho, de chivo expiatorio durante un rato, de que no se toque a sus protectores del pasado y del presente. Las cloacas del CNI, Ministerio del Interior y Presidencia de Gobierno de toda la Transición son intocables.