El delfín de La Dulce Venecia

Uno como este pescó El Astrónomo una noche muy larga, es decir, una noche de andada tremebunda, con Patxi Asirón (Potzolo) recitando a César Vallejo en su considerando en frío, porque llovían cuerdas. A la vuelta vivía Ramón Irigoyen, que escribió aquel estupendo poema que es «La Dulce Venecia regala bombones a Pamplona». Como Ramón hacía vida de lector nocturno, íbamos a su casa de la Mañueta porque siempre tenía la puerta abierta.
Después de dar muchas vueltas por aquí y por allá, un chamarilero, ya fallecido y con cariño recordado, le vendió ese delfín a Pablo Antoñana, quien lo colocó en su biblioteca como un trofeo… Le conté a Pablo la historia, pero pensó que era invención de gamberros salidos de I vitelloni.

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Lokiz

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Esta sierra de Lokiz es de Pedro Salaberri, de hacia 1982. Una de mis bisabuelas era de allí cerca. Tierra Estella, las Amescoas. Salaberri no podia estar fuera del viaje alrededor de mi cuarto. Me gustó mucho ese cuadro cuando lo vi en una exposición en lo de Morrison. Se lo compré a plazos. Y un día, en los porches de la plaza, me dijo que dejara de pagarle el cuadro, que ya estaba bien. Muchos años de relación, de estima, de conversaciones en su estudio de la calle Zapatería, de cuadros vistos y escritos, aunque al final la riada nos empujara para orillas distintas. Aunque me hayan sacado de la memoria común, no voy a responde con la misma moneda. De tiempo irreprimible habló T. S. Eliot. Salaberri ilustró Mundinovi (1987) y mi libro sobre Pamplona (1994), hizo varias portadas de otros libros, me dibujó dos ex-libris… tengo hasta un cuadrito de desecho. Que al final no nos entendiéramos, no quita para que sea una presencia ineludible por completo en mi vida cuando de contar su viaje se trate. Salaberri es de los personajes del mundo de Los Santos Oleos, más curioso que ha dado Pamplona
Damian Flores Llanos también ha pintado esos territorios, desde su vertiente alavesa, que no estoy muy seguro de que no le resulten muy exóticos.Esos territorios son cercanos a la República de Ioar, la de Pabo Antoñana, cuya viuda ha fallecido estos días. La vida y sus recuerdos se deshilachan como banderas de plegaria tibetanas, colocadas en un collado por donde pasen espíritus y caminantes. [Novela desordenada]