Mural en recuerdo del Gitano Osvaldo Rodríguez y de su canción más famosa dedicada a Valparaíso, junto a la librería Orellana, en la calle Esmeralda. Valparaíso 2010. Hoy no hay ni mural ni librería, aunque la calle siga siendo tan populosa como entonces. La sigo recorriendo en las páginas que releo, reescribo, revivo.

Álvaro Bisama, un afortunado biógrafo de Pablo de Rokha, tiene un buen artículo sobre esa librería insondable desaparecida. No sé quién me dijo que era la librería de la familia del pintor Gastón Orellana, un fantasma casi hoy día, que anduvo por el Madrid de los 50/60 y pasa por las páginas memorialísticas de Francisco Umbral, y a quien no sé por qué relaciono con Roberto Godoy, aquel chileno que pululaba a la sombra de Editora Nacional o aledaños, a finales de los setenta.

«Pero este puerto amarra como el hambre. No se puede vivir con conocerlo»

http://www.buenosairesreview.org/…/06/orellana-valparaiso/

Pablo de Rokha, por Álvaro Biasma

Se llamaba Carlos Díaz Loyola y nació en Licantén, a las orillas del río Mataquito, cuando el fantasma del presidente José Manuel Balmaceda recorría los campos como un ectoplasma tibio, hecho de culpa y promesa. También llegó a ser conocido como Pablo de Rokha, nombre con el que reemplazó al de Carlos poco antes de la década del veinte, en el momento en que se convirtió en un escritor furioso al que nadie supo leer muy bien, porque él mismo era una vanguardia privada, un ejército de sí mismo y la fábula de una genealogía. En esa heráldica inventada, fue el patriarca de su propio clan y avanzó por su época como una bola de demolición, rompiendo y perdiendo todo a la vez mientras escribía una obra que lo instalaría como uno de los cuatro grandes de la poesía chilena del siglo XX. Los otros, que eran Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Gabriela Mistral, fueron sus amigos y enemigos y nunca supieron muy bien qué hacer con él, ni cómo entender su obra que era atroz, tremenda y suponía un gesto radical para los demás (los lectores, la cultura chilena, la historia completa de la literatura) pero sobre todo para sí mismo.