Cementerio de las botellas

P1150355En el Cementerio de las botellas, junto al Fuerte de San Cristóbal, el muro del rincón donde enterraban a los que morían sin confesión, cuando la prisión se convirtió en  hospital penitenciario.

Cementerio de las botellas… ¿Cosa del pasado?

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Mala fe

Según este, y muchos otros bandarras de su misma cuerda o entorno, social, político y religioso, “mala fe” es no hacer lo que a él le de la gana, no plegarse a sus santos caprichos, no lamerle el culo, decir no, no formar en sus filas, no aplaudir sin reservas sus devociones, no acatar lo que dictan sus jerarquías, no tragar como si estuvieras en una secta, no admitir que están en posesión de la verdad revelada… Por qué olvidamos tan a menudo que no son nuestros adversarios políticos, sino nuestros enemigos, que tenemos con ellos una consideración y una tolerancia que ellos no tienen jamás con nosotros, que compartimos espacios que ellos, en sus medios de prensa, no compartirán jamás…
http://www.noticiasdenavarra.com/2013/09/20/vecinos/pamplona/maya-acusa-a-la-oposicion-de-actuar-de-mala-fe-en-el-pleno-con-el-asunto-donapea… Pobre miserable.

Divagación sanferminera

sanfermin

No es lo mismo vivir los Sanfermines a pie de calle que verlos desde lejos, poco menos que al paso en la mínima pantalla de un televisor oriental verde pistacho, en el puesto de un mercado donde venden copias fraudulentas de películas, y unido al coro de boquiabiertos originarios andinos que miran y no dicen nada. Sí, esas imágenes del Encierro les resultan asombrosas, otras también.

Bien, así las cosas y para resultar original, hoy escribiré de lo que nadie ha escrito durante esta última semana, con más seso y oportunidad que yo mismo: Pamplona y sus fiestas como una rara Meca, un lugar de peregrinación en el que, al parecer, todo, cualquier exceso es posible y está permitido. Incluso le puedes partir la cara a quien te plazca si no te detienen. Pamplona convertida en el espacio de la bacanal. Me resisto a creer que sea eso y solo eso. El no pasarse es algo que se sabe y no solo porque sea una ley de la tribu.

Me estomagan los teóricos de la fiesta, los del recio y apretado discurrir, los que saben lo que es la fiesta y lo que no, y me lo cuentan, los que escriben de ella para que el Ayuntamiento les pague algo, los que toman el exceso de vino (cuando se bebía) y sol por los Misterios de Eleusis y confunden la resaca de barreno y el andar a uvas sordas y bizco de manos con la revelación mística, la epifanía, el estado de gracia y toda la faramalla medio esotérica que acompaña a ese discurso espeso, pero tan común hace tiempo. (Sigue… artículo publicado en los periódicos del Diario de Noticias, 14.7.13, aquí enlazado)

“Escudriñes por donde lo hagas…”

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“Yo mismo me sorprendí al encontrar entre las fotografías de aquellos días de Julio el rostro de mi padre, un niño feliz, que saca la cabeza junto a otros niños y niñas, mayores que él, que enarbolan la bandera rojigualda por la plaza del Castillo o que anda por la calle brazo en alto, como los demás. No todos aquellos niños se acordaron de las asiduas escenas de desfiles de gente «ensuciada» tras haber sido obligada a tragar aceite de ricino o rapada al cero, como la Lina, la madre de Basurde, que suministraba velas de cera para el altar de la Virgen del Pilar, de la parroquia de San Nicolás, frente al que se rezaba hasta muy tarde por los muertos de la guerra, los de los vencedores. Escudriñes por donde lo hagas, acabas encontrando algo que puede no gustarte, pero con lo que tienes que pactar: no puede determinar tu vida, no puedes recoger el testigo de quienes se alzaron hace 75 años, como hacía Pepe Luis Vidarte y seguir en la misma trocha, y participar en Montejurra del 76, como él hizo, como si fuera una gracia más, junto a los de Sixto de Borbón, en defensa, dijo de manera burlesca, de la Tradición. Nadie tiene que pagar ni responder por lo que hicieron sus padres o abuelos, ni está obligada a seguir sus pasos, cincuenta, sesenta, setenta años después, con otros disfraces, pero sus pasos. Nadie. Vidarte, uno entre tantos.” [El Escarmiento, p. 93]

Rosana Ubanell y Pamplona

Leo a la Oliveira, periodista de Diario de Noticias a la caza de titulares de impacto, provista de un fino olfato para los aires del tiempo: “Rosana Ubanell periodista también y escritora: “He pensado en crear un detective pamplonés para poner a la ciudad en el mapa literario”. ¿Prepotencia o estupidez? Las dos cosas. El mundo visto desde Miami es muy distinto a como se ve y se vive desde la cuadrícula de las calles de Pamplona y desde ellas se escribe: hay unos cuantos escritores que ya han puesto a Pamplona en el mapa literario… A propósito… ¿Quiere decir eso que Pamplona no está en el mapa literario? ¿De qué mapa literario habla la Ubanell? Va a tener razón. Hay un mapa literario que ella conoce bien y lo que en él no está, no existe, y esa ciudad de todos los demonios en ese no está. ¿Quién dibuja ese mapa? Los escritores no, desde luego. Lo dibujan los directores comerciales de las editoriales, auténticos afinadores del gusto, los columnistas vendidos a los agentes de promoción por un rato de buen rollito, por estar donde hay que estar, los profesores que dicen este sí y este no, los agentes culturales que crean un ambiente cultural sostenido por listas negras de excluidos a priori. Esa novela policiaca que pone en el mapa literario a una ciudad, a un país, es una añagaza para ocultar la podre que en ella o en él bulle, un ejercicio acrítico de complacencia y un cebo turístico, muy legítimos todos, si de hacer caja se trata. Me resisto a creer que una ciudad entre en «el mapa literario» gracias a un detective construido sobre patrones previsibles y solo así. ¿Qué es el mapa literario? ¿Qué le pedimos a la literatura?