Mis muertos y tus muertos

solana-plaza-de-las-ventas-1907En esas estamos, con muertos a vueltas; con muertos, memorias y honras fúnebres. Tus muertos a los altares, los míos al chirrión. Los tuyos reciben los homenajes, los míos o los de aquel otro, el abucheo, el insulto feroz post mórtem, la calumnia rebuscada.

Muere Rita Barberá y lo hace el poeta Marcos Ana, y muere Fidel Castro y, cuando escribo estás líneas, me digo que no voy a leer ni elogios ni linchamientos. Tal vez por eso he cancelado mi cuenta de Twitter, porque me parece un pozo de infamias, ponzoña pura, un despliegue de mentiras y celebraciones de descabellos… y lo mío también, claro, para otros, escriba lo que escriba.

A Marcos Ana, la izquierda le celebra su militancia política, su poesía y el haber pasado 23 años en las cárceles franquistas. La extrema derecha por su parte le tacha de asesino, echando mano de la campaña infame que montó el demócrata Fraga Iribarren contra él, en base a unos juicios militares que deberían haber sido anulados hace tiempo, con la ley de Memoria Histórica en la mano. No importa que recientes investigaciones hayan desmentido las acusaciones contra Marcos Ana. No importa que se sepa cómo se desarrollaron las instrucciones y vistas de los juicios sumarísimos militares… lean a Ángel María de Lera, que padeció uno. Aquí de lo que se trata es de apropiarse del relato de la historia y del presente, de imponer versiones oficiales que se tragan como artículos de fe o como munición de brigada del amanecer. Nos separa la historia, cada vez más, y nos separa lo que vamos viviendo a diario: los banderines de enganche abren las 24 horas y no dan abasto. Olvidos, perdones, paces, ceremonias patriótico-religiosas, otras tantas filfas que enmascaran las ganas de descabello, de que el enemigo viva acogotado, muriendo al palo de por vida, en abjuración permanente: nada se paga, todo se cobra, basta vencer y tener la fuerza de mano.

De pronto unos se acuerdan de que cuando falleció Labordeta, que sí era diputado, y en dos legislaturas, no recibió el minuto de silencio que han querido imponer ahora. ¿Hubo minuto de silencio por Juan María Bandrés? Al Partido Popular le ha venido providencial la muerte de Barberá porque de esa manera no va ser juzgada ni imputada ni acusada ni va a poder testificar sobre nada de lo relacionado con la corrupción del PP, que es mucho.

Pobre de ti si no guardas el minuto de silencio que yo te exijo… porque de eso se trata, de exigencias políticas, de convenciones sociales que lo son, de hipocresía al cabo ¿Por qué vas a mostrar la mínima condolencia pública y política por quien es tu enemigo? ¿Por qué con quien no honraría a tus muertos o a otros muertos que no fueran los de su bando? Calla, pero eso no basta. Tengo algo muy claro: al Congreso de los Diputados se va a legislar, no a montar mojigangas políticas de rasgo por completo sectario en beneficio de quien las propone; y encima con voluntad de absolver pifias de gobierno, con el aplauso del partido en entredicho y de todos sus acólitos, que son muchos ya, en este país cainita en el que se exige lo que tú no estás en modo alguno dispuesto a conceder. ¿Acusar a la prensa de linchamiento cuando son ellos mismos quienes de manera inequívoca la defenestraron para salvar su pellejo electoral? Eso es de granujas.

Estas últimas semanas se ha desatado una ferocidad inusitada que no estaba dormida, sino agazapada, un patriotismo barato, y unas ganas de llevar a quien se opone y disiente a morir al palo. No hace falta asomarse al pozo negro de las redes sociales, con recorrer los titulares de prensa y las faenas taurinas de los columnistas basta: la mentira ha estado servida a diario y con ella la manipulación del público que a oído lo que quería oír. Me temo que toda reconciliación es ya imposible. Puede silenciarse el encono por la fuerza o por la ley, retorcida y hecha abuso y no fuente del derecho, como vemos a diario, pero no puede imponerse la convivencia de igual a igual. Esta nuestra es la historia del agravio que no cesa y del sometimiento, más que de la convivencia basada en un concierto que no sea el de vencedor y vencido, represor y sometido. La remisión a la ley es un truco. Llega un momento en que el esquinamiento es más fuerte que la cordialidad y la empatía, y hasta te resulta por completo imposible apoyar a quien lo hiciste en el pasado. No te fías. El individualismo es un veneno que corre en este tiempo de todos contra todos y sálvese quien pueda, pero sobre todo del que no está conmigo está contra mí, único fundamento ya real del nosotros. Caín anda suelto, pero todos somos Abel, los justos…

 

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¿Qué hacer?… para variar.

topor-3Que la timba se desarrolla lejos de los que votan o pueden votar y no lo hacen, pero son tan gobernados de mala manera como los primeros, es de lo poco que percibo con claridad. Incluso sus protagonistas, los tahúres de la pompa pública, se me aparecen, al menos en la escena, como gente de otro mundo que con frecuencia habla en el lenguaje de ese otro lugar que desconozco y me parece inaccesible, y me deja perplejo, como si me pusieran acertijos rebuscados. Eso es lo que pasa, que unos son los que peroran y otros –qué pocos, cada vez menos–, salen a la calle a ser apaleados y burlados en reclamación de cosas de este mundo: el compartir los intereses comunes se ha reducido mucho, me temo, en proporción inversa al aumento de las carencias y perjuicios sociales.

El resto, es decir lo que esté por venir, es un albur, una casa de apuestas llevada por hampones, una mesa de dados trucados, una baraja muy sobada de zíngara, como aquella que tenía una gitana que echaba la suerte a los mineros en las minas de Huanuni, junto a la estatua del líder Lechín, en Casa Cristo como quien dice, es decir, lejos: echarle la suerte a gente doblada, extenuada, acogotada, y darle esperanzas de cuatro perras, buen negocio, bueno. Hace falta mucha lucidez desgarrada para no picar. (Sigue artículo publicado en Cuarto Poder, 5.10.16, aquí enlazado)

El duque de Patraña

sddefaultCuando esta pesadilla termine y de una forma u otra se consiga expulsar a Mariano Rajoy de la Moncloa, el rey le nombrara duque. Sugiramos por tanto que, dado que no queda más remedio que tragar con esa mascarada, se le nombre Duque de Patraña y que de esa manera quede fijada en el tiempo la historia de un personaje que más que un biógrafo político o un apartado en esa Historia universal de la infamia que a diario parece escribirse sola, lo que necesita es un psicopatólogo y un frenólogo.

         El espectáculo de los últimos meses y la sucesión de trapisondas y enredos produce una extraña sensación de irrealidad, como si lo que está pasando fuera una comedia de enredo y solo eso, un espectáculo arrevistado con explosivas supervedettes de las ferias de polvo, humazos, ruido y mugre encarnadas casi en exclusiva por el deslenguado de Rajoy, algo a medio camino entre Colsada, Cornejo y Llapisera, aquel empresario del Bombero Torero tan siniestro y tan racial, tanto como el banderita tu eres roja banderita tu eres gualda de Las Corsarias. Algo en todo caso más propicio al bureo y al berrido, a la chanza y al pateo, a un todos contra todos, que a esa serenidad que reclaman los hampones para ver si la parroquia olvida que está siendo burlada.

         ¿Acabaremos teniendo Gobierno? Probablemente, pero por aburrimiento. Cuál, no sé. ¿Volverán a abrirse las bocas de lobo de las urnas para Navidad, como hucha de indigentes que es en lo que andamos? Quién sabe. Plácido ya anda suelto. El mundo siniestro de Berlanga goza de buena salud. Gobierno de salvación nacional no sé si es necesario, no creo, pero de salvación ciudadana sí, la del cambio, la constitucionalista por supuesto, cómo no, pero de otra Constitución, reescrita con una espíritu y una intención muy distinta a las de 1978. Es preciso un cambio radical en las instituciones y quienes han recibido el voto de una ciudadanía progresista o de izquierda tienen en su mano el hacer posible ese gobierno y sacar a la derecha de las instituciones con todo su aparato legal… aunque visto lo visto, no me hago en lo privado ilusión alguna. Esa ciudadanía que expresa con su voto una voluntad de cambio social se lo merece.

         Y vuelvo al duque de Patraña. De hombre de Estado le han tratado sus palmeros, pero el interesado puso su mejor expresión lerda cuando le hicieron ver que había reventado un asunto tan grave como la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC, haciendo público un dato de Estado secreto. Se retrata don Patraña, y a cada paso, cuando miente y cuando restallan las únicas verdades que es capaz de decir: sus lapsus.

         De sus discursos de estos días no hay mucho que comentar que no se haya comentado. Resumen y concentran una vida politica basada en la mentira y la desfachatez de quien sabe su bolsillo a cubierto de cualquier contingencia, y denotan una falta de respeto mayúscula por esos ciudadanos en cuyo nombre dice hablar y que no es que no le hayan votado sino que quieren que desaparezca del mapa con su equipaje de mugre. Delirantes palabras las suyas, acordes con una vida política marcada por la arrogancia de casta y clase, la de esa oligarquía que viene manejando este país como si fuera su cortijo o una empresa de especulación financiera de su estricta propiedad. Nada de lo puesto en escena es ni remotamente creíble: paro, promoción de empleo, politica internacional, Europa, corrupción, el colosal negocio que se esconde detrás de la defensa nacional, reorganización territorial, el cepo económico en que está metida esa ciudadanía menos favorecida… Rajoy ha sido el peor gobernante que ha tenido este país si exceptuamos al general Franco, su pariente político o mejor su causahabiente intelectual y material. Para comprobarlo basta hacer el suma y sigue de sus despropósitos autoritarios de los últimos cuatro años. Un inventario, un día a día, sin más… el resultado seria asombroso, por mucho que el hilo de los acontecimientos sea silenciado o camuflado por la prensa concertada, esto es, por el Ministerio de Propaganda del régimen organizado entre la banca y quienes con ella gobiernan de hecho el país, y la presidencia de Gobierno con su ventrílocuo a la cabeza, el duque de Patraña.

Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 4.9.2016

España, c’est moi…

16Entre el España soy yo y los míos, y el después de nosotros el diluvio transcurrió ayer el aburridísimo discurso de investidura de Mariano Rajoy. Volvió la burra al trigo y Rajoy con su pasodoble patriótico: España y los españoles, los españoles y España, el conjunto albardado de diversos galimatías de relleno como bolas de malabarista. Humo. Humo y amenazas a quienes se atrevan a poner en peligro la sagrada unidad de España y los derechos de todos los españoles que van con ella porque sin ella no se entienden estos. Tosco y cuartelero. (Sigue en el artículo publicado en Cuartopoder aquí enlazado)

“¡Yo soy corrupto…!”

Captura de pantalla 2016-08-28 a las 17.43.28¡¡..Porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha tratado con amooor…!!!», o algo así. Demasiado grave lo que sucede para andar en chanzas, pero ¿qué podemos hacer, qué más decir que no se haya dicho? Además, si presto atención a los ruidos de la oscuridad eso es poco más o menos lo que oigo, cuando no la pedorreta del gamberro que se pitorrea de ti de manera cobarde desde la oscuridad, como en la película Amarcord. En todo caso, cuando no parece quedar otra salida que las burlas y las chanzas, malo, son un pobre consuelo.

La regeneración nacional ha comenzado por la redefinición, fuera del código, de los delitos que, relacionados con la cosa pública o a su sombra, tienen como objeto el enriquecimiento personal injusto. De entrada va quedando claro que solo es delito hacer privado aquello que por destino únicamente debería ser público si te cogen, o mejor dicho si lo hacen y al final te condenan, y no en todos los casos. Hay que amparar a una clase social de corruptos sin tacha cuyas economías dependen de los entresijos de lo público y para eso nada mejor que cambiar las formas: no son todos los que están, pero en el ajo están más de los que aparecen por sucesivas oleadas, o viceperversa, ya no se sabe muy bien.

Es decir, estamos como siempre, solo que hay que hacer más difícil el que te cojan, cambiando no sé si el qué o el cómo. A eso se le llama con verdadero desparpajo «Regeneración nacional», como si lo cometido no fuera con ellos. La delincuencia redacta el Código Penal y asalta de paso la magistratura. El mundo al revés, no, el mundo como siempre. ¿Extraña que la exposición de El Bosco haya tenido tanto éxito? No, pero no es este el motivo. En el espejo siempre aparecen otros.

No vuelven los clérigos casuistas de los siglos XVI y XVII, retorcedores de hechos, leyes, palabras y argumentos, porque siguen aquí: va para 400 años que parecen inspirar sin remedio a los granujas que por la fuerza de las armas o por los votos orquestados se alzan con el poder en España. Hay que darle la vuelta a lo evidente, hay que hacer como si no, cuando es sí, hay que transformar al agredido en agresor, al perdedor en ganador, al verdugo en mártir… y todo a base de palabrería y galimatías, buscando la boca abierta del auditorio. Y a quien se atreva a denunciar la corrupción generalizada hay que tacharlo de enemigo de la patria y de la paz social, porque quien gobierna no tiene la culpa de que el que vive a dos velas (fúnebres) no se sepa mover en el arrebuche. Y de paso es preciso atar corto a la prensa que se atreva a no repicar las consignas que encubren una política económica tan de clase como chapucera.

 Aquí no se trata de atacar las cuestiones de fondo que encenagan el país, so pretexto de la conquista del poder (en otros países se llama «formación de gobierno»), sino de enmascarar las malas formas, de cubrir las apariencias y de transformar el cambio social (resulta repulsivo llamarlo regeneración nacional) en represión de disidentes. Aquí ya no se habla del empobrecimiento nacional ni de los contratos basura transformados en recuperación económica, aquí se habla de salvación y de Todo por la Patria para encubrir lo que no solo Julio Anguita tacha de golpe de estado incruento de nueva generación. Una puesta en escena deplorable. José Luis Cuerda lo hizo mejor en la gloriosa película Amanece que no es poco: solo se trata de que ganen los de siempre.

Y vuelvo a las chanzas, por la calorina más que nada, y hago memoria de mi infancia y de un cuento ilustrado, Ali-Babá y los cuarenta ladrones, y recuerdo que la escena que más me gustaba era la de Ali-Baba escondido dentro de una tinaja, como aquellas del aceite en el trujal, viendo cómo los bandidos se repartían alborozados el botín, una auténtica juerga, una fiesta nacional hoy, con rejones y descabellos preceptivos, los que se lleva un día sí y otro también una ciudadanía hastiada, exhausta, empobrecida y sobre todo burlada por principio, por forma de vida.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, el 28.8.16.

Valemos más que esto

enhanced-32545-1461847566-1Traduzco libremente un panfleto leído estos días, On vaut mieux que ça –tiempo de panfletos y libelos este y de no dejar que la ciénaga se endurezca como hormigón armado de búnker–, escrito por nueve jóvenes franceses que plantean cuestiones sangrantes de la supervivencia de los invisibles sociales y apuntan caminos de cambio que enlazan con lo publicado en este diario acerca de Jóvenes en Pie. Panfletos necesarios, como los libros de viajes, para pervertir a los que están en reposo, a la España que bosteza, a la muerta viva. (Sigue enlazado a la publicación del artículo en Cuarto Poder)

Aires condicionados

101597002_oEl pitorreo, el silencio cómplice y la farfolla han acompañado la presentación de las condiciones políticas impuestas por el Rivera de Ciudadanos para apoyar la investidura de Rajoy y que han empujado al presidente en funciones a irse a pasear, mientras el país arde como nunca, no de cara a la formación de gobierno, sino de cara a la nueva ley de montes y el negocio inmobiliario. Silencio, una más, y las voces que claman sobre la indiferencia que suscita la grave situación de fondo que vive el país, acalladas porque no es el momento de ocuparse de ella. Es preciso resaltar que no se habla para nada de políticas económicas ni laborales, tampoco de servidumbres bancarias, como si estas estuvieran resueltas.

         La sandez de Felipe González dando por ejemplar responsabilidad política una añagaza vacía como la de Rivera, ha sido el colmo. Como estaba previsto «el bien de España y el de los españoles» famoso ha salido a rodar por la escena del esperpento. Solo les falta poner de música de fondo el banderita tú eres roja, banderita tu eres gualda, de Las corsarias. Están convencidos de que tratan con débiles mentales que acatan lo que se les dice por ser vos quien sois. Las condiciones puestas por Rivera a Rajoy o son vacuas o irrelevantes, como la referida a indultos, o no resisten un elemental análisis jurídico, tal y como vienen formuladas al menos, pero eso poco importa. No se habla de reforma constitucional y esta es necesaria, por ejemplo. No son verdaderas prioridades sociales, ya no.

         La verdad es que si bien tiene guasa que once personas de la ejecutiva pepera señaladas directamente por corrupción voten una comisión de investigación sobre asuntos que les atañen y pueden salpicarles, no son muchos comparados con el número total de votantes, sobre todo si la investigación apunta expresamente hacia afuera, hacia Bárcenas, pagador de todo, hasta del pato por el momento.

         Tiene gracia que acusados de corrupción voten a favor de una comisión que investigue esta. Es jugar a don Tancredo sabiendo que el asunto está toreado, que no hay comisión de investigación que se les resista porque saben que o bien no se constituyen jamás, o bien no van a ningún lado y se disuelven en una selva de negativas, chinganas, desapariciones, demoras, desplantes, cuestiones de procedimiento y un animado etcétera.     Que señalados por corrupción y sus ruidosos cómplices, jaleadores de inocencias que no resisten un soplo, acepten una comisión de investigación sobre un asunto como la financiación del Partido Popular, que por puro interés público debería estar ya sentenciado, tiene mucho de Juicio de Dios de cartón piedra, una mezcla de efectos especiales y atrezo de Cornejo, pero en castizo, al aire de La venganza de don Mendo. Están convencidos de que, pase lo que pase, no puede pasarles nada y de que los regocijos esperan al final del túnel. ¿Expulsar a imputados? ¿Por qué no preguntarse qué hacen todavía dentro del sistema? La burla a la ciudadanía está servida sin encontrar el eco que merece.

         Sean o dejen de ser factibles las altisonantes condiciones que facilitarían la formación de un gobierno del PP, la credibilidad la tienen más que minada. Ellos mismos reivindican de manera cínica y expresa el cambio de ideas, propósitos y lo que convenga. Una cosa es lo se dice y promete, y otra bien distinta lo que se hace y cumple. La trayectoria de mentiroso de Rajoy es de grueso calibre: hace y dice lo que le da la gana, y eso va a hacer con la oferta de Rivera. Hará lo que le convenga con tal de ostentar el poder. Importa poco el cómo. Llevamos años con esta regla política y es un poco tarde para que se produzca cambio alguno. Y Rivera lo sabe porque es de la camada. No hay que ser mago de feria para sostener que de consumarse el pacto PP-Ciudadanos, que otra cosa no es, nos espera más de lo mismo y peor porque no hay proyecto político e institucional alguno a la vista. El deterioro de las instituciones resulta imparable. El cansancio y la decepción que arrastramos, mejor dejarlos para otro día.

 

Cuestión de aguante

ab03-fool Es inútil preguntar qué pasa con el saqueo del fondo de las pensiones. El silencio gubernativo es la respuesta a los muchos artículos fundamentados que se han venido publicando en los últimos días, convirtiéndolos de esa manera en piezas catastrofistas, alarmistas, en apocalipsis de bolsillo y sobre todo en motivo de burla de los profesionales del estómago agradecido y culo atornillado al sillón, como escribía el poeta Luis Cernuda, amargo él, siempre, desde su exilio mexicano: «Ese saco henchido de fango de maldad de injusticia/ Arrastrando consigo vuestro trasero y vientre»

El gobierno confía en la mansedumbre nacional, en que no hay rebelión posible a la vista y en que no necesita suspender la convención de derechos humanos como ha hecho Turquía. El Gobierno confía en que el populacho, pues de esa manera es tratada la ciudadanía, lo aguanta todo, lo pasado, lo presente y lo que está por venir. Ya es casualidad que lo dicho por Susan Georges va para cuatro años –«Los españoles son ratas de laboratorio: a ver cuánto castigo toleran sin rebelarse»– se repique ahora como una gran cosa o una novedad. La respuesta es que se ve que aguantan mucho, demasiado, tanto como para no abrir apenas la boca con el abismo de la pensiones y no hacerlo cuando se hace público que la ONCE ha presentado la candidatura de la Policía Nacional al premio Princesa de Asturias de la Concordia… Imagino que como documentación de méritos aportarán las miles y miles y miles de fotografías que han recogido sus actuaciones callejeras en los últimos años y los testimonios de los apaleados sin piedad o encausados de manera abusiva por participar en protestas legales y legítimas. Las hemerotecas están llenas de testimonios de esta clase. Los años del gobierno del PP han sido pródigos en ocasiones. Cuestión de aguante, ya digo.

El Gobierno saquea el fondo de pensiones y eso que parece gravísimo, y sin duda lo es, no provoca excesivo ruido mediático. Encogimiento de hombros. Ya proveerán. Aquí creemos mucho en la providencia, en los milagros, en la lotería, en Cáritas y en la baraja, y lo que no sirve para encender la barra de las cañas, no interesa… o poco. A ti mismo te da flojera comentar lo que se comenta solo, o eso crees. Además, no eres un padre de la Patria y no estás en el bochornoso reparto de sillones y canonjías, un ruido que oculta con ventaja veraniega el de fondo. No vives de eso, más bien lo haces del aire o poco menos. A ellos tampoco les preocupa el saqueo porque pase lo que pase no se quedarán sin su pensión vitalicia o sus puertas giratorias. Me gustaría saber si alguno salió pobre de esa timba. Tal vez Cañamero lo haga, cuya presencia en las instituciones se ve que molesta, por campesino, por jornalero, por sindicalista… por dar el cante. A Cañamero se le veía bien detenido, entre guardias, en cuanto abría la boca azuzaba las tentaciones de derribo de gentuza probada y que de ello ejerce a diario en prensa, radio y televisión, esa que él dijo que era como tener un terrateniente en casa. Pero a mí me gusta mucho su «pograma», mucho. Invita a hacerlo propio, aunque estés lejos. Sus plantes no son numeritos circenses, sino aldabonazos de decencia, la que no tienen otros políticos profesionales arrimados a la cosa pública para hacer de ella su negocio particular… No se puede generalizar… Tiene usted toda la razón, pero me temo que son ellos mismos los que generalizan que es un gusto y nos lo ponen en bandeja. Basta asomarse a la lista de sus canonjías que tienen rincones grotescos. Solo les falta llevarse le papel higiénico para casa.

Pensiones, saqueo… entre la visión de la realidad de alguien que goza de una posición acomodada y la de quien no la tiene, hay una diferencia insalvable. A quien vive con el agua al cuello no le vayas con la mandanga de esa buena vida de la que disfruta el hedonista que funge de izquierdas y se saca fotos a bordo de un yate de recreo para que el público se asombre, porque si no es para eso, no se entiende la grosería. Aguantar, aguantamos mucho, de hecho no paramos de hacerlo, hoy una cosa y mañana otra, con fatalismo, con paciencia de amaestrados, agachando la cabeza y creyendo que todo consiste en meter una papeleta en una urna… y en pedir otra caña… y una gamba.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 24.7.16

 

La dictadura sensata

commedia-dellarte«Las dictaduras no tienen libertad, pero tienen cierta paz y orden», leo que ha dicho el inefable Rivera al regreso de su viaje triunfal a Venezuela. Frase que, días después, es agua pasada porque en este país todo es enseguida agua pasada. Ese es el gran alivio de los maleantes, el olvido, la sucesión de despropósitos y canalladas que se tapan unas a otras, y la réplica de que, cites lo que cites, está fuera de contexto: no hay bellaquería que no lo esté.

Con todo, en esa frase hay algo que me llama la atención: el «cierta paz». Es muy reveladora, a mi juicio. Se traiciona a sí mismo Rivera y a lo que de verdad piensa de las dictaduras y en concreto de la española que no ha condenado con firmeza y de frente. Una vez más no hay motivo alguno para rasgarse las vestiduras porque lo dicho por Rivera está ampliamente compartido en este país entre sus votantes y entre quienes no lo son. Esa valoración de la dictadura y del franquismo hunde sus raíces en un pasado que cada día que pasa está menos remoto, nos viene royendo los zancajos y nos da alcance triscada tras triscada, como perro rabioso de pesadilla.

¿Dictadura sensata? ¿Pero de qué demonios hablan? Claro que de quien no se ha opuesto ni al estado policial ni a la ley Mordaza, no se puede esperar otra cosa. Rivera representa al país antipático, hostil, cruel, el de los vencedores y los vencidos, el de la convivencia maltrecha sin remedio.

Rivera demuestra que le importa un comino el pasado reciente de este país, ese que está todavía aquí, durmiendo en fosas comunes, en juicios militares canallescos que no han sido anulados, en páginas no escritas, en defensas expresas del fascismo, en negativas a condenarlo. Una más por tanto, un rasgo más del autorretrato que día a día traza este personaje.

Pero tal vez lo más repugnante, lo que mejor le retrata, sean sus lágrimas venezolanas, un montaje de mala traza y un engañabobos de mala comedia sin otro objetivo que la caza de votos. Si Rivera quería llorar no tenía que haber ido tan lejos porque aquí mismo le sobran motivos para aliviar sus lagrimales: las colas del hambre y los refugios de los sin techo que no hayan sido corridos a golpes antes de su llegada al escenario, el interior de los CIES, las cárceles… A Rivera le bastaba con haber ido a donde las ciudades pierden su nombre (Francisco Candel) para encontrar motivos de llanto y si quiere internacionalizarse en busca de votos fáciles, con acercarse a Idomeni le basta, pero no, necesitaba el facilón escenario de Venezuela que es donde se está desarrollando la nueva campaña electoral española, caracterizada por un juego sucio redoblado y una tartufería fuera de todo límite. Un cínico. Una impudicia la suya y una falta de respeto a unos ciudadanos ya tan abusados, tan burlados que una burla más cae en saco roto. No reaccionamos. No reaccionamos ante las noticias de las canalladas y la baja estofa de una campaña electoral que empieza con berridos de gallera. ¿A quién pretendía engañar Rivera con sus lágrimas? Pues a los muy engañados, porque a los demás, los que se arraciman de manera sorprendente a su sombra, me temo que les da igual, con tal de que consiga una parcela de poder. ¿Y de la financiación ilegal, qué? Pues nada, qué va a haber. Hasta que hablen los tribunales, nada, es decir, nunca, jamás, amén… o tarde, que es peor, cuando del barco no queden ni las ratas y la historia sea otra. A nadie puede extrañarle ya que alguien capaz de esas cucamonas fraudulentas aspire a ser presidente de gobierno de un país europeo (porque esto después de lo de Idomeni no significa nada) o líder de una renovación nacional lírico-visionaria, y sobre todo trapacera, de un país en descomposición y derrota. Y es que lo más asombroso de este personaje es que, por muchas canalladas que haga o diga, tiene votantes, nutridos, de renombre, agazapados detrás de sus zascandileos… lo mismo que Rajoy con sus mayúsculas estupideces, igual.

No lo entienden

 Tartufo_o_el_hip_crita-241248143-largeLo que más llama la atención de los profesionales de la política atrapados beneficiándose indecorosamente de sus cargos o puestos burocráticos es que no entienden por qué se les denuncia y recrimina. La máscara de la dignidad herida y del padecimiento de una terrible injustica es la que acompaña de ordinario su procesamiento y las consecuencias de este. Están siempre tan seguros de haber actuado de manera correcta que su asombro, parejo a su mala fe, es contagioso… De hecho no les falta razón. Según sus criterios han actuado de manera correcta, porque ese es el problema: sus criterios, según los cuales el ejercicio de la cosa publica significa en la práctica beneficiarse de esta.

         El pitorreo más que la admiración ha venido acompañando el eco de las noticias que venían siempre de fuera, de otras culturas que parecen remotas, en las que se daba cuenta de que este o aquel político había dimitido por lo que aquí se considera nimiedades. Aquí no ha dimitido nadie de los que debieran haberlo hecho. Nadie… de verdadero motu propio. No se estila. Se toma como un signo de debilidad, y el poder debe ser fuerte y honorable, el poder debe ser cómplice de la infamia llegado el caso, debe tapar más que destapar, debe apoyar al corrupto en la medida en que todos pueden serlo en un momento o en otro: hoy por ti, mañana por mí. De lo contario no se entiende. Antes que destapar y clarear, echar a rodar la chicana jurídica, las disquisiciones, el retorcer argumentos legaloides.

         Cumplir con lo estipulado, porque estipulación es o así debe ser tomado lo dicho en los programas electorales, no usar el cargo o el puesto para alimentar un red de beneficiarios, amigos y familiares, no actuar con descaro al margen de la ley en la confianza de que teniendo las riendas del poder no va a pasar nada, deberían ser normas de ética política, pero esto se ve que no se entiende o se entiende mal, y es cosa de curas, de ilusos o poco menos.

         Se entiende mejor, por contra, que el poder es trago de mucha graduación porque se nota que embriaga, ensoberbece y que debe ser muy fuerte la tentación de aprovecharse de la manera que sea del cargo o puesto que se ocupa, para sí, sus amigos, deudos y allegados. Es como si una vez conseguido el cargo político o el puesto administrativo entraran en otra dimensión, en otra casta social en la que las reglas del común son desdeñables porque ellos se rigen por otras, la ventaja inmediata la primera de ellas… y para siempre, en un continuo hereditario, familiar, y al final mafioso con descaro.

         No tengo la menor esperanza de que esto cambie, ni ahora mismo, ni en un futuro inmediato. La cosa pública como negocio particular es una tara que viene tan de lejos, tiene tantas implicaciones educacionales, culturales y religiosas, que haría falta un programa de renovación y reconstrucción general que en este nuevo mundo que vivimos da más risa que otra cosa. Dejar de creer en la selva y su ley, y que se pueda reconducir esta, es gollería. Me temo que, incluso, esta reflexión tiene tintes de sermón anacrónico porque el juego es otro y yo al menos no me explico bien sus reglas. Mi generación, no toda, no nos engañemos, se sigue moviendo de cerca o de lejos por referencia del humanismo surgido después de la Segunda Guerra Mundial y eso está más que acabado, es objeto de la carcajada de las fieras de las sicavs, los panamás, los consejos de administración de estafas públicas y las ejecutivas de partidos que son negocios, solo eso, negocios, por mucho que sus protagonistas hubiesen pasado por Lovaina haciéndose los preocupaos antes de oficiar de puntos de tablao, palmeros de caseta de abril y de putero de Semana Grande… gentuza de caja de ahorros y socialismo de impostores. Me temo, una vez más, que me encuentro más ante lo que es que ante lo me gustaría que fuera, pero me conformaría, no ya con que lo intentaran, sino que por lo menos, cuando les atrapan, entendieran algo elemental: que no es de recibo la falta de decoro y que si estamos obligados a vivir en un permanente trágala, al menos que tengan el coraje de declarar que esto es la ley de la selva y solo por ella está regido.