Cuestión de credibilidad

8395219916_1abe831670_oEl de Todos los Muertos no es buen día para reflexionar sobre el día de Todos los Cucos. Todo el año es Carnaval, decía Larra. Parafraseándolo se puede decir que aquí todo los días del año son el de los Muertos y el de los Cucos; los segundos, sin los primeros, no pueden vivir, en la medida en que lo hacen a su costa, por mucho que los muertos se reclamen vivientes, gracias a la tetrodotoxina (polvo de zombis), la droga de los peces globo, la del vudú, que al parecer, junto con la cainina nacional y endémica, es de libre circulación en este país, y barata, mucho, porque a quienes la ponen en circulación les salen realmente gratis sus fechorías. A la vista está: Rajoy presidente de Gobierno.

Y por seguir con pintorescas leyendas urbanas, tampoco descarto que utilicen los aviones de las estelas famosas para administrarnos burundanga, la droga que arrebata la voluntad y la memoria, porque de otra manera se entiende mal lo que está pasando. Bien está que se diga que es preciso recuperar la calle y que las recientes movilizaciones de rodeo del Congreso hayan estado muy concurridas, pero para mí no es menor cierto que ahora mismo el ejercicio de una serie de derechos relacionados con la libertad de expresión más parecen concesiones graciosas de la autoridad competente, que en esas estamos, en las libertades y los derechos sociales convertidos en favores graciosos, en dádivas caritativas, en el pre de los negocios, es decir, en el reparto de las sobras del negocio de los cucos… pero no hay que inquietarse, todo va sobre ruedas, con un tiro de burundanga se arregla. (Sigue, artículo publicado en Cuarto Poder aquí enlazado, 2.11.2016)

      

 

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¿Qué hacer?… para variar.

topor-3Que la timba se desarrolla lejos de los que votan o pueden votar y no lo hacen, pero son tan gobernados de mala manera como los primeros, es de lo poco que percibo con claridad. Incluso sus protagonistas, los tahúres de la pompa pública, se me aparecen, al menos en la escena, como gente de otro mundo que con frecuencia habla en el lenguaje de ese otro lugar que desconozco y me parece inaccesible, y me deja perplejo, como si me pusieran acertijos rebuscados. Eso es lo que pasa, que unos son los que peroran y otros –qué pocos, cada vez menos–, salen a la calle a ser apaleados y burlados en reclamación de cosas de este mundo: el compartir los intereses comunes se ha reducido mucho, me temo, en proporción inversa al aumento de las carencias y perjuicios sociales.

El resto, es decir lo que esté por venir, es un albur, una casa de apuestas llevada por hampones, una mesa de dados trucados, una baraja muy sobada de zíngara, como aquella que tenía una gitana que echaba la suerte a los mineros en las minas de Huanuni, junto a la estatua del líder Lechín, en Casa Cristo como quien dice, es decir, lejos: echarle la suerte a gente doblada, extenuada, acogotada, y darle esperanzas de cuatro perras, buen negocio, bueno. Hace falta mucha lucidez desgarrada para no picar. (Sigue artículo publicado en Cuarto Poder, 5.10.16, aquí enlazado)

El frente social y la casta.

grosz 1 Pertenecer o no a la casta dominante, esa es la cuestión; ya seas de derechas –de toda la vida o sobrevenido al calor de los beneficios que ese negocio reporta–, o de esa izquierda nominal, pintoresca y risible que encarnan los escombros y huestes vapuleadas de un partido socialista en franco descrédito y bancarrota moral, tanto en Madrid como en la periferia.
Además, se ve que si en el seno de ese partido hay esfuerzos, tímidos y algo erráticos, por una renovación en toda regla desde abajo, estos se ven abortados por la casta dirigente.
Castas, esa es la cuestión insisto, las de quienes se resisten a desaparecer y perder al protagonismo del que ahora disfrutan. A esas castas sin otra ideología que el beneficio que reporta el negocio de la cosa pública, solo podemos verlas como enemigas de un verdadero cambio social que pasa por la formación de un frente de partidos que sí lo tengan en su programa, empezando por la derogación de todas y cada una de las leyes antisociales que han dictado (aprobar es otra cosa) desde el poder. Un cambio que alcance la depuración de los cuerpos policiales, la denuncia del Concordato con el Vaticano, la reforma de la magistratura, el acabar con la impunidad de las castas, la reorganización territorial del estado, la reforma de la Constitución adecuándola a un nuevo tiempo, la derogación de la ley de amnistía del 77, el control por parte del Estado de la banca y de las corporaciones, la investigación exhaustiva del origen de las fortunas amasadas al amparo o a la sombra del poder político, las Sicavs, la inoperancia legendaria del Tribunal de Cuentas… ¿Utopía? Cierto, pero factible si se forma un Frente Social frente al golpe de Estado que la casta proyecta.
Ahora mismo no se sabe quién teme más la formación de un frente de izquierdas que puede formarse tarde o temprano al calor de las últimas elecciones europeas, si el Partido Popular y sus socios regionales, o ese partido socialista de los consejos de administración, los yates y los puros. Ya antes de celebrarse las elecciones hablaron de una coalición bipartidista que salvara el sistema, es decir, su sistema de abusos, sillones, puestos y bochornosa gestión de gobierno en todos los órdenes, tanto por parte de los actores principales, como de la de sus cómplices y secuaces en una oposición de caricatura encarnada por quien el escritor colombiano Fernando Vallejo llama el caprino Rubalcaba.
El fantasma del Frente Popular ha salido a pasear de inmediato: que vienen los rojos, los anti España, los violentos, los etarras, los propagadores de disturbios como los de Barcelona completamente previsibles por otra parte… Y lo malo es que ese discurso cala en una sociedad poco amiga de aventuras políticas, conservadora y reaccionaria, que ve con hostilidad cualquier conato de cambio social y cuya ideología se resume en un expresivo «Oye, a mí déjame de líos».
Los comentarios infames, grotescos, trapaceros de los partidos que han viso con sorpresa la irrupción de Podemos lo decían todo. La Rosa Díez parecía que había bebido y los demás, lo mismo… ¿Marie Le Pen e Iglesias? Sus reproches y desdenes, sus descalificaciones y desmesuras, les retratan y por ahora contribuyen a engrandecer el equipo de Podemos. Pero van a seguir por esa trocha y la casta, empezando por González, más mister X que nunca, no se va a ahorrar infamia alguna con tal de asegurarse la pervivencia en el sistema de castas y de estamentos jerárquicos, que es el que llevan años perfilando, construyendo, ejecutando… unos y otros. Nos ha costado más de lo debido darnos cuenta de que el partido socialista no estaba por el cambio social y que su actual descalabro se lo han trabajado a conciencia. Un sector importante de la sociedad les ha dejado de lado, ya no cuenta con ellos porque no son de fiar y lo han demostrado entre pactos, vetos y trapacerías varias: con esa gente no se puede ir a ningún lado. Por eso existe un peligro real de que acaben haciendo un pacto de estado en favor de la casta y en contra de la ciudadanía. Son muy capaces. Y la Díez, lo mismo.
Ahora que, de una manera o de otra, se ve que podemos, es hora de pactos, de incluir bien visibles los cambios radicales en los programas, de acoger todos los proyectos políticos sin exclusión. Hora de sumar y no de restar. Se trata de echarlos del sistema social en el que están atrincherados. Se trata de derribar el régimen.

Nos han burlado 1

El-prestidigitador-EL-BOSCOAsombroso, pero esperado. Hacía falta ser muy iluso para pensar que el cambio social y político en Navarra pudiese venir de la mano del PSN/PSOE. Al revés, lo lógico era pensar en la charrada: se comportaron con felonía en el pasado y lo han vuelto a hacer en el presente. No les importa el cambio, les importan los sillones y el dinero a ellos aparejado, si no, no se entiende. Bildu es una excusa zarrapastrosa, una patraña, que en última instancia denota un nulo respeto por el sistema democrático y una voluntad de dejar fuera del juego parlamentario a una parte significativa de la población. Asombroso, propio de canallas, pero en sus manos estamos.

Que Jiménez, nuestro Bob Esponja foral, debiera no ya dimitir sino desaparecer de la política y de la vida pública de paso es algo de pura decencia, cosa de la que este fenómeno de feria por lo visto carece. Si no se va es por dinero, por los ingresos que le reporta su zascandileo, por el gusto de figurar; de lo contrario no se entiende. Ni se va ni echa a la pícara Barcina, lo primero porque no quiere, lo segundo porque ni puede ni le dejan. El PSN, es decir él,  ha demostrado su mal hacer lacayuno y su falta de autonomía. Solo desde esa perspectiva  se puede entender su fraseología barata, como aquel pomposo «No vamos a defraudar a los navarros». Mentira, tronchante encima. Daba risa cuando lo dijo, da risa ahora cuando sus propias necedades le ahogan. Ha hecho algo más que defraudar. ¿A quien quería engañar? Si le han burlado tiene que irse. «Si no se va la echamos». Mentira. «Yo soy el PSN»… Mentira, megalomanía de quien se hace dueño de la escena sobre la chepa de los por él burlados y ofendidos. Por su parte su amo dijo que no iba a hablar más con la Barcina: ya habían hablado, ya se había repartido el pastel. ¿En qué consideración y respeto nos tienen? En ninguno.

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Ahora resulta que no son de fiar, dice Maiorga Ramírez… No, hombre, no, hace mucho que os chulean… ¿O es que el de Jiménez y el PSN/PSOE ha sido alguna vez juego limpio? ¿O es que se dedican a jugar al guá?

Nadie en su sano juicio hubiese creído en la palabra del Partido Socialista, ni de Madrid ni de aquí. El caprino Rubalcaba ha demostrado, como antes el Pepiño, que son unos tramposos que confunden la política con el tute.

 Navarra será lo que los navarros quieran. Mentira. No nos dejan. No nos dejan ser lo que queramos gente que no ha pisado Navarra más que para llenar gratis la andorga o ir, también gratis, a los toros, y que lo ignora todo de nuestra historia y de nuestra realidad social y humana. San Fermín de los Navarros no representa a Navarra entera ni mucho menos. Hay una Navarra que aborrece a la casta que reparte carnets de buenos y malos navarros. Y nos dejamos porque Pro libertate patria gens libera state… ay, carajo, que me pongo malo de la risa, no puede ser que viviendo lo que vivimos creamos en estas monsergas. Estamos sometidos. Desde Madrid hacen pedorretas de matasuegras con nuestras libertades: tururú, y nos escandalizamos y condenamos, ¿porque no podemos romper la sucia baraja y estamos atados y bien atados y nada podemos hacer en las urnas?

Esta situación no tiene remedio. Echar a esta gente no me parece ya posible, cuando su permanencia es para Madrid una razón de estado: nuestra autonomía solo es relativa, filfa pura, palabrería.

 No siento el menor gozo al escribirlo. Al revés, siento la tristeza de quien se da cuenta de que le han burlado la posibilidad de un cambio, que lo suyo cotidiano depende de quienes lo tienen atado y bien atado, pactado y requetepactado en Madrid, y que da igual lo que vote o deje de votar porque las cosas no van a seguir como están, sino peor. No soy adivino. Son obviedades del dominio público. Me gustaría equivocarme, me gustaría que más pronto que tarde las urnas dieran el vuelco que nuestra realidad necesita, me gustaría más poder romper la baraja. No son nuestros adversarios políticos, son nuestros enemigos y así deberían ser tratados, esto no es un partido de pelota, sino una pelea de navajeros. Da risa, no, da grima y mucho asco. Y aquí me parece que, como decía el poeta, ya no se salva ni Dios…

La bola de cristal

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Hace unos años, en Obor, un mercado de Bucarest, le compré a una gitana una bola para adivinar el futuro. Se volvió negra por el camino y es que la bola no adivinaba el futuro, que también, sino el presente. Carajo, una señora bola la mía, no una bolita, como dice Jiménez, Bob Esponja socialista, sino una señora bola que si te la tiran a la cabeza y te da, te escrisma, como nuestro presente foral y no foral, igual: negro cirrión, creminal. El futuro, me dijo una vez un poeta que hacía de brujo, no es más que una repetición tenaz del presente, conque vamos aviaos. Y aquí más que en ningún otro lado porque ni nuestro presente ni nuestro futuro dependeN de nosotros. Bolas. Muchas. Hay que tenerlas y no jalarlas, que el jalabolas es mal oficio.
Hace unos días Jiménez dijo, como una gran cosa, como esos magos que salen a escena al grito de «¡Chan-tata-chan!», que no iba a defraudar a los navarros, pero por el camino las cosas se han hecho semánticas, como las mentiras malintencionadas de la pícara Barcina al exhibir en sede parlamentaria una prueba falseada, con una falta de ética pública que hace pensar en la maldad privada; si no, no se entiende. Aquí todo es semántico, hasta sostener que andamos entre granujas, pura semántica, de quita y pon, pura bola en la que el presente aparece en toda su negritud. Todo está permitido si estás de mano y tienes puntos que, como mirones, te ayudan a hacer trampas en la timba. Un clásico.
Se conoce que hacer trampa sistemática es cosa de Bildu. Suena grotesco porque lo es, pero en Madrid funciona y a estos lo que les importa es Madrid, no Navarra, porque Madrid les asegura el momio y la cuenta corriente. Saben que su cortijo depende de Madrid, aunque también sepan que muchos y muchas estamos hasta los mismísimos más ensimismados, que decía el poeta, y hasta los ovarios, de ella y de los suyos, pero esto también es cosa de Bildu y de su hoja de ruta; pues seremos todos de Bildu desde antes de que apareciera.
Y también sabe la andoba que el futuro que nos espera, a ella y a nosotros, no puede ser más negro porque la crispación social no va a hacer sino ir a más, si ella y los suyos persisten en dominar por encima de voces y pactos legítimos. La pícara Barcina no va a dimitir, dice, pero no por no seguir la hoja de ruta de Bildu, sino por falta de decoro porque le sobran motivos para hacerlo. No sabemos si vamos a tener elecciones. No sabemos nada. Estamos a lo que nos dejen, a lo que manden, como si fuéramos bichos amaestrados. La pícara Barcina ya está reprobada de hecho por una mayoría ciudadana, pero eso no se concreta en nada, porque ni dimite ni la echan, y lo sabe, cuenta con la razón y el sentido de estado, algo abstruso pero que huele a dinero, y con que echarla de una vez es atentar contra la sagrada unidad de España, romper España, y en Madrid le siguen la corriente y ella lo sabe. Ya se oyen tambores lejanos: «Rajoy trabaja contrarreloj por evitar elecciones anticipadas en Navarra», escribía el diario Público. UPN juega con ventaja al coco con la población de un país que lo ignora todo de Navarra, salvo las consignas de rueda de molino con las que comulga para no meterse en honduras. En el Congreso de Madrid, por boca del diputado Salvador, se han oído palabras referidas a Navarra propias de un necio o de un vendedor de crecepelos de feria, de un marrullero de mala traza: el apocalipsis navarro, España rota, el Gulag… a lo dicho, un timador de feria de cuya capacidad ética se puede dudar relacionada con las pymes: «Llevo una folclórica dentro», dijo. No va solo en esa carnavalada.
Aquí no se trata de Bildus ni de bolas al cabo, sino de mangoneo, de chapuzas, de chulería, de zafiedad personal, de irregularidades hechas sistema, de mentiras lo mismo, de trucos y compadreos –esas risas entre bastidores, qué asco– de mala comedia, de clientelismo, de bobería, de actuar no en fraude sino en burla de ley, de impunidad, de voluntad de enriquecimiento sistemático, de disponer de influencias por el poder que otorgan no ya las urnas, sino los pactos torticeros, los de la mala fe… la muestra comercial de un país entero o cuando menos de la casta social en cuyas manos estamos.

Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 2.3.2014.