Valemos más que esto

enhanced-32545-1461847566-1Traduzco libremente un panfleto leído estos días, On vaut mieux que ça –tiempo de panfletos y libelos este y de no dejar que la ciénaga se endurezca como hormigón armado de búnker–, escrito por nueve jóvenes franceses que plantean cuestiones sangrantes de la supervivencia de los invisibles sociales y apuntan caminos de cambio que enlazan con lo publicado en este diario acerca de Jóvenes en Pie. Panfletos necesarios, como los libros de viajes, para pervertir a los que están en reposo, a la España que bosteza, a la muerta viva. (Sigue enlazado a la publicación del artículo en Cuarto Poder)

Anuncios

Cuestión de aguante

ab03-fool Es inútil preguntar qué pasa con el saqueo del fondo de las pensiones. El silencio gubernativo es la respuesta a los muchos artículos fundamentados que se han venido publicando en los últimos días, convirtiéndolos de esa manera en piezas catastrofistas, alarmistas, en apocalipsis de bolsillo y sobre todo en motivo de burla de los profesionales del estómago agradecido y culo atornillado al sillón, como escribía el poeta Luis Cernuda, amargo él, siempre, desde su exilio mexicano: «Ese saco henchido de fango de maldad de injusticia/ Arrastrando consigo vuestro trasero y vientre»

El gobierno confía en la mansedumbre nacional, en que no hay rebelión posible a la vista y en que no necesita suspender la convención de derechos humanos como ha hecho Turquía. El Gobierno confía en que el populacho, pues de esa manera es tratada la ciudadanía, lo aguanta todo, lo pasado, lo presente y lo que está por venir. Ya es casualidad que lo dicho por Susan Georges va para cuatro años –«Los españoles son ratas de laboratorio: a ver cuánto castigo toleran sin rebelarse»– se repique ahora como una gran cosa o una novedad. La respuesta es que se ve que aguantan mucho, demasiado, tanto como para no abrir apenas la boca con el abismo de la pensiones y no hacerlo cuando se hace público que la ONCE ha presentado la candidatura de la Policía Nacional al premio Princesa de Asturias de la Concordia… Imagino que como documentación de méritos aportarán las miles y miles y miles de fotografías que han recogido sus actuaciones callejeras en los últimos años y los testimonios de los apaleados sin piedad o encausados de manera abusiva por participar en protestas legales y legítimas. Las hemerotecas están llenas de testimonios de esta clase. Los años del gobierno del PP han sido pródigos en ocasiones. Cuestión de aguante, ya digo.

El Gobierno saquea el fondo de pensiones y eso que parece gravísimo, y sin duda lo es, no provoca excesivo ruido mediático. Encogimiento de hombros. Ya proveerán. Aquí creemos mucho en la providencia, en los milagros, en la lotería, en Cáritas y en la baraja, y lo que no sirve para encender la barra de las cañas, no interesa… o poco. A ti mismo te da flojera comentar lo que se comenta solo, o eso crees. Además, no eres un padre de la Patria y no estás en el bochornoso reparto de sillones y canonjías, un ruido que oculta con ventaja veraniega el de fondo. No vives de eso, más bien lo haces del aire o poco menos. A ellos tampoco les preocupa el saqueo porque pase lo que pase no se quedarán sin su pensión vitalicia o sus puertas giratorias. Me gustaría saber si alguno salió pobre de esa timba. Tal vez Cañamero lo haga, cuya presencia en las instituciones se ve que molesta, por campesino, por jornalero, por sindicalista… por dar el cante. A Cañamero se le veía bien detenido, entre guardias, en cuanto abría la boca azuzaba las tentaciones de derribo de gentuza probada y que de ello ejerce a diario en prensa, radio y televisión, esa que él dijo que era como tener un terrateniente en casa. Pero a mí me gusta mucho su «pograma», mucho. Invita a hacerlo propio, aunque estés lejos. Sus plantes no son numeritos circenses, sino aldabonazos de decencia, la que no tienen otros políticos profesionales arrimados a la cosa pública para hacer de ella su negocio particular… No se puede generalizar… Tiene usted toda la razón, pero me temo que son ellos mismos los que generalizan que es un gusto y nos lo ponen en bandeja. Basta asomarse a la lista de sus canonjías que tienen rincones grotescos. Solo les falta llevarse le papel higiénico para casa.

Pensiones, saqueo… entre la visión de la realidad de alguien que goza de una posición acomodada y la de quien no la tiene, hay una diferencia insalvable. A quien vive con el agua al cuello no le vayas con la mandanga de esa buena vida de la que disfruta el hedonista que funge de izquierdas y se saca fotos a bordo de un yate de recreo para que el público se asombre, porque si no es para eso, no se entiende la grosería. Aguantar, aguantamos mucho, de hecho no paramos de hacerlo, hoy una cosa y mañana otra, con fatalismo, con paciencia de amaestrados, agachando la cabeza y creyendo que todo consiste en meter una papeleta en una urna… y en pedir otra caña… y una gamba.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 24.7.16

 

Verdades envenenadas

commedia-dell-arte-103Rajoy, con el aplomo que le caracteriza, acaba de decir algo que puede parecer hasta una verdad. Ahora bien, no se sabe si esa actuación de esperpento castizo es revelación milagrosa, y en consecuencia es preciso encargar un solemne tedeum en la Almudena, o si hay que arrimar la bobada al suma y sigue de las infamias gubernamentales porque lo dicho suena a acertijo, a indescifrable jeroglífico de Ocón de Oro. Y es que a propósito de las andanzas fraudulentas de Rato, acaba de declarar Rajoy: «El Gobierno hizo todo lo que tenía que hacer», es decir, en su caso, enterarse de «lo del» amiguete por la prensa y echarlo a los leones «a lo último», que diría el inefable Baroja. ¿O no fue así? Suena cuando menos raro que el Gobierno fuera ajeno a la detención de Rato y sobre todo que no estuviese al corriente de las mayúsculas pillerías del caballero de industria que se escondía detrás de las maneras y la publicidad mediática del prohombre de la patria protegido por guardaespaldas, adornado con birrete burlesco de honoris causa (ya retirado).

Suena raro que todos los cuerpos policiales y de inteligencia estuvieran durante años y más años ignorantes de lo que sucedía en el país, como si una cortina de impenetrable impunidad acogiese a Rato y a los suyos, que son muchos, demasiados para que sus actividades fueran del todo ignoradas y el Gobierno acabara enterándose por la prensa, rasgo este de inocencia de reparto que da risa, aunque esto a Rajoy no le haya preocupado jamás porque su estolidez hace tiempo que entró en el terreno del mito.

No, no parece ser de recibo que el Gobierno se enterara por la prensa de «lo de Rato», más que nada porque «lo de Rato» es un caso entre muchos más, que para eso urdió el Gobierno de manera por completo dolosa la amnistía fiscal, cuyo objeto no era otro que blanquear por decreto capitales obtenidos de manera ilícita o indecorosa, que esa es hoy una de las formas reina de enriquecerse en España: todo lo que no sea del todo ilegal está permitido, incluso lo moderadamente fraudulento, sobre todo esto, todo lo que aparece en el filo de la ley por el que en una ocasión declaró no ya andar, sino moverse a sus anchas el ministro del Interior.

El Gobierno del Partido Popular tramó esa amnistía con intención de poner a salvo de futuras investigaciones si no fortunas completas, sí enriquecimientos opacos de las últimas décadas y no de cualquiera, sino de miembros del aparato político y financiero, del poder en resumen. Algo lo suficientemente grave como para que sea investigado política y judicialmente. Lo contrario es coadyuvar a una política de complicidad y encubrimiento, de poca o nula intención de sanear de verdad las instituciones, algo que por otra parte no sería ninguna novedad. ¿Cuántos casos como el de Rato se han dado en las últimas legislaturas? ¿Hasta dónde alcanza la sombra de «lo de Rato»?

Quienes urdieron esa amnistía fiscal hicieron «lo que tenían que hacer» porque sabían para qué era y a quienes, en concreto, beneficiaba. El aluvión excrementicio que el mismo Gobierno provoca a diario impide que un hecho de esta gravedad tenga el eco que se merece. Es inútil recordarles a los miembros del Gobierno sus rasgados de vestiduras, sus declaraciones de pureza política, sus amenazas de dimisión. Nada, todo teatro, malo, esperpéntico, y encima aplaudido en las urnas como si a esas tablas subieran personas ejemplares… que por desgracia parecen encarnar un sueño colectivo: poner las manos en la masa.

Llama la atención que los tramposos sean un referente social y hace pensar en que buena parte de la ciudadanía, esa que les da su apoyo expreso, considera legítimo aprovecharse de la cosa pública convirtiéndola en privado botín, que eso va aparejado a los cargos públicos, una especie de premio por los servicios públicos que dicen prestar, y a quienes a su sombra sestean, algo que viene de lejos y que denunció Dionisio Ridruejo en 1962. «Lo de Rato» no es un caso más de corrupción, sino un clima, un ambiente. Está visto que es mejor no hablar del grado de putrefacción de las instituciones y, como personajes de Goya, echarse una manta a la cabeza y repetir, a modo de letanía o mantra, que se confía en la justicia, en sus servidores, que se trata de casos aislados y etcétera… y no pensar con el uruguayo Alfredo Zitarrosa que la ley es tela de araña y que al principio mucha bulla, embargos, causa, prisión… y a lo último se acabó la función y hubo poco o no hubo nada.

Artículo que debía haberse publicado hace un par de semanas en Cuarto Poder, pero que al parecer se extravió. Compruebo que con el paso de los días aquello que nos conmueve e irrita pierde intensidad y pierde “actualidad”, y en consecuencia no interesa, o poco.

Charlie-Hebdo y los tartufos.

la nave de lso locosNo voy a hablar de la matanza parisina porque está todo muy dicho, incluso sobre el miedo ya difundido y expresado en que medios de comunicación no han reproducido las portadas más comprometidas de Charlie Hebdo. Prefiero hacerlo de las consecuencias de esa matanza en este país de Jauja y de todos los demonios, gobernado por tartufos de marca
El español es un Gobierno que ha puesto en marcha la ley Mordaza, que limita el derecho a la información, y la ley de la matonería, que ellos llaman de seguridad privada; que condecora a quienes apalean de manera brutal, por gusto y por dinero, a los ciudadanos que se manifiestan de manera pacífica; que ahora mismo oculta un informe por él mismo solicitado en el que se le dice que avasalla derechos civiles fundamentales y que tiene zonas de penumbra en Derechos Humanos.
Pues bien, ese mismo Gobierno y el partido que le sostiene, salen a la calle en condena del atentado y en defensa de la libertad de expresión. ¿De qué libertad de expresión hablan o cuál defienden? Hasta ahora habían dado pruebas sobradas de malicia y desvergüenza, pero esto me parece que derriba el vaso y derrama un contenido que apesta a embuste malicioso, a doble moral, a falsedad dolosa y a bellaquería institucional. Son unos bellacos y nos tienen dominados.
Hace falta tener cuajo para salir a la calle en defensa de la libertad de expresión, salvo que en lugar de conciencia se tenga ilimitada desvergüenza, cuando se ha multado con 600 euros a un manifestante pacífico que se oponía al escrache del arzobispo de Pamplona frente a la sede de la clínica abortista; escrache este no autorizado y no multado en cambio. Lo mismo cabe decir de multas en otros lugares, como Zugarramurdi, donde se ha multado una concentración pacífica y festiva de vecinos de manera arbitraria y maliciosa. ¿Libertad de expresión? No, hombre, no, menos guasa.
¿Y qué decir de los bocazas que contra toda sentencia judicial retienen la licencia de la emisora Euskalerria irratia? ¿Libertad de expresión cuando en carnavales se prohíbe incluso de manera alusiva disfrazarse de picoleto? ¿Permitiría cualquiera de estos tolerantes demócratas, siquiera de lejos, los mismos niveles de saludable irreverencia política y religiosa de Charlie Hebdo? No, ellos están en posesión de la clave de lo sagrado y lo intocable, son sus señas de identidad de clase.
Esta gente no tiene ni idea, ni la más remota, de lo que es la libertad de expresión. Mientras las burlas tengan por objeto el profeta Mahoma y eso suceda en otro país, bien, en cambio si las burlas tienen por objeto la monarquía española, como esa de un Borbón pasándole a otro una corona apestosa de El Jueves, censura (y no fue la única).
Me gustaría saber cuántos de los que hoy claman por la libertad de expresión elevaron la voz cuando, sin sentencia judicial de por medio, fue cerrado el diario Egin y luego el semanario Egunkaria. Ninguno ha levantado la voz por Facu Díaz, el humorista que ese mismo día, cuando ellos sacaban pecho delante de las cámaras, era imputado por «humillación de las víctimas del terrorismo» algo por completo ridículo o temible, según se mire, porque en unión de la medida propuesta por el Ministerio del Interior –donde un maniaco religioso y sectario que condecora vírgenes proscribe el fanatismo de las sectas religiosas–, viene a decir que la arbitrariedad más completa planea sobre nuestras cabezas de modo que ha llegado el momento de autocensurarse, como mínimo. Mordaza en público y en privado. La censura plena, activa y pasiva, de medios de comunicación es cuestión de tiempo, poco. La de las redes sociales ya ha empezado.
Te guste mucho o poco, Charlie Hebdo representa un periodismo satírico e irreverente, radical, molesto para la derecha y para la izquierda, para todo lo que sea biempensante, que choca frontalmente con el régimen policiaco español y con la idea que sus gobernantes actuales tienen de un estado autoritario y de extremo control ciudadano. Del disidente al terrorista ya no hay ni un solo paso.

De la puta vida en general

22274.original-305Desafortunada expresión la de la vicepresidenta del gobierno al referirse a su puta vida, más que nada porque, además de encampanarse en plan borde, solo dijo una verdad a medias. Es posible que no le dieran sobres que otros de su camada política sí recibieron, y con verdadera liberalidad, pero sí que le dieron sobresueldos que ella misma declaro sin decir que se los pagaba el PP, el partido canalla, cuyo presidente nos acaba de amenazar diciendo: «Los españoles conocerán noticias positivas en los próximos días». Imposible. La única noticia positiva que podríamos recibir es la desaparición de escena de él y de su casta, de la manera más expeditiva posible, y esa no parece posible. Todo lo demás es mentira, una patraña continuada soltada con el desparpajo de quien está seguro de su impunidad.

Resulta inexplicable que la instrucción judicial de las contabilidades ilegales del partido en el poder sea tan lenta que no haya dado resultado alguno. Están bajo sospecha, pero saben que eso no tiene consecuencia alguna. Es tan generalizada que se hace sistema. ¿Corrupto yo? Bien, ¿y qué? Negativa generalizada y aplausos o cómo convertir la patraña y la inmundicia en verdad.

«Vamos a mejor, hay que decirlo», mentira, las cifras del paro que se hacen públicas, a pesar de sus manipulaciones dolosas, le contradicen tozudas. No vamos a mejor porque ni siquiera se ve hacia dónde vamos y cuál es nuestro futuro, si es que lo tenemos. Quien va a mejor es la oligarquía financiera, la que su gobierno y partido representan, esa que sostienen con medidas económicas injustas que perjudican al conjunto de los ciudadanos.

«Estoy contento», afirmó pomposo el día en que se supieron las cifras reales de paro. Su actitud es indecente y lo sabe, y no le importa. ¿Está contento por la monstruosa cifra de desahuciados que ocultan a diario los medios de comunicación que él manipula? ¿Está contento porque el motivo por el que cientos de personas saltan la valla de Melilla es «porque está de moda»? Sostener eso es de canallas. No lo ha dicho Rajoy, lo ha dicho uno de los suyos que viene a ser lo mismo.

O acaso está contento porque unos jueces impiden no ya que se extradite al torturador Billy el Niño, sino que se impida siquiera que sus víctimas sean oídas en juicio y se recabe de ellas testimonio, además de absolver de manera expresa las torturas generalizadas practicadas en el franquismo atribuyéndolas a un grupo de funcionarios aislado y casi episódico. ¿Esta es la magistratura de un sistema democrático? ¿Justicia o triquiñuelas? Rajoy contento, le gustan las triquiñuelas, vive de ellas. Mientras no le quiten el Marca de la mano, él contento.

Más Marca y menos redes sociales para expresar un descontento y una ira social que la casta dominante provoca de continuo. Operación Araña. Entre lo que se ha hecho público, como propaganda policial, y la realidad hay una ciénaga de medias verdades e injustas acusaciones de bulto. Estaba cantado que más pronto que tarde, el gobierno iba a reprimir la libertad de expresión, mientras no reprime en absoluto toda la apología del fascismo, del franquismo, de la violencia derechista, que corre a raudales. Marca España o de la puta vida de quienes nos someten.

Lo que sigue siendo un misterio es que sigan votando a Rajoy los ciudadanos por él y los suyos perjudicados. Hay parados, pensionistas, recortados que siguen creyendo en la patraña institucional porque lo es, por fervor devoto a quien detenta el poder. No son solo los gobernantes con su fuerza policial y su cada vez más fraudulento aparato legal quienes impiden un cambio social y económico, sino también aquellos que con su aplauso y su voto dan legitimidad a este estado de cosas, sean o no perjudicados por el sistema así creado. La profunda desigualdad social, el sometimiento violento de una parte de la ciudadanía, los abusos, gustan, encuentran un temible apoyo ciudadano casi instintivo. Cunde la sumisión y el culto del poder, como cunde el abatimiento. Los movimientos a favor de un cambio social son tan reales como todavía insuficientes y en exceso respetuosos con un llamado «juego democrático», sagrado, intocable, que al final solo beneficia a quienes de él abusan. Están contentos. Mucho.

Julio Anguita y el rajoyato.

1365955259-demonstration-claims-3rd-spanish-republic_1957806“Los de la izquierda podemos hacer veinte manifestaciones al día, agitar cuarenta banderas republicanas, todo muy bonito… Pues con eso no nos comemos una rosca”, esto dice Julio Anguita en una entrevista que no tiene desperdicio, en la que revela el poco alcance que tienen las políticas de oposición a un gobierno que se ha caracterizado por su vileza y por actuar al margen de la ley, en contra de esta, legalizando el abuso… La rosca es el previsible “más de lo mismo” –pocas sorpresas caben en quién puede ganar las próximas elecciones–,  tal vez algo dulcificado, pero sin cambios de fondo… Si repicarlo un día tras otro en las redes sociales en miles y miles  de mensajes dirigidos  a la propia parroquia sirviera para algo o inquietara al régimen de la manera que fuera, hace tiempo que los tableros estarían cerrados: ni les inquieta el baile de los aerólitos sarcásticos o rabiosos, ni en el fondo la calle que saben suya porque tienen violencia de sobra para controlarla: son los únicos que la ejercen… al margen de los pocos que salen a la calle para ser multados y a apaleados, habría que enfrentar una realidad: el país es derechas, conservador quiero decir, y lo aguanta todo, por miedo, por fatalismo, por estoicismo… por yo qué sé.
Ah, se me olvidaba, si Rosa Parks no se hubiera negado a levantarse de su asiento, los negros seguirían en la sentina.

Evo Morales en España

Invitado por Rajoy, dice la prensa boliviana del día, a petición propia, según Público, hoy, el presidente Morales visita al Borbón en su palacio madrileño y al infame Rajoy en el suyo. Se me hace raro. Y lo digo. Se les llena la boca co las “relaciones bilaterales” marcadas por esos incidentes que podríamos llamar “los que nunca más se supo”. Sería deseable que Morales les dijera a la cara todo lo que les dijo desde lejos hace dos meses, al tiempo de la crisis de la detención de su avión y del “cafetito” del embajador español en Viena… Pero ya no me hago ilusiones. Ni en esto ni en casi nada que tenga que ver con palacios, matones, pícaros, vividores, mentirosos de profesión, banqueros, financieros, multinacionales, predicadores de verdades de conveniencia, embajadas, diplomáticos, maderos… etcétera (que hay mucho). [Anotar en El asco que no cesa]

Cuestión de fe

yolanda en clausura con monjaLo diga o lo deje de decir el fiscal del Tribunal Supremo que se ocupa del caso de la Barcina, en la devolución de dietas (¿todas?) indebidas cobradas por ella en la Can no hay buena fe alguna, sino una tosca triquiñuela de picapleitos. En la devolución de las dietas no hay más que mala fe procesal, una actuación ad cautelam para el caso en que fuese necesario esgrimir la atenuante de reparación del daño causado. Buena fe no, mala, pésima fe.
El fiscal omite de manera trapacera, porque le conviene, que ese gesto de mala comedia procesal no hubiese tenido lugar de no haberse, no ya denunciado el hecho abusivo, sino emprendido una activa campaña en pos de una investigación en profundidad de lo sucedido con las dietas, los consejos y las trampas de la Can. De no haber actuado Kontuz, la ciudadanía seguiría en la inopia. (Sigue… Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 21.7.13)