De fuera vendrán…

herald_of_nassau-vianden Sí, de fuera vendrán, pero a decirte cuatro cosas. Entre las noticias bomba, los puentes y sus escapadas, y la peatonalización de la Gran Vía madrileña, las cuestiones de fondo que nos atañen quedan estos días en un muy segundo plano, que es donde se prefiere que estén para que no estropeen la fiesta. Las colas del hambre tienen que recibir un «tratamiento» navideño para no molestar demasiado, la precariedad laboral aburre y lo mismo por lo que se refiere a los muertos del Mediterráneo… en cambio las botellitas de Vega Sicilia que se ha llevado bajo manga el presidente gallego tienen «su cosa», así como picarona, y poco importa que sean una muestra más de la falta de decoro de los gobernantes.

         Es más importante que el fiscal haya conseguido paralizar el caso del Pequeño Nicolás, que como todo el mundo sabe pone en peligro la existencia misma del Estado, que la publicación en el New York Times de un artículo en el que se denuncia la pervivencia del franquismo en la España de hoy. Una obviedad para quien padece los modos de gobierno del régimen impuesto por Rajoy, y para el patriota cuartelero un insulto a la soberanía nacional, pura leyenda negra, que me extraña Rajoy no aproveche para salir a la plaza de Oriente a recibir un baño de multitudes, a modo de papamoscas entrañable y navideño. Bien es verdad que el directo no es lo suyo, pero esas cosas se pueden hacer en diferido, con pantallas supersónicas y un fondo de villancicos y marchas militares, alternando.

         El autor del reportaje se extraña de que no se hubiesen depurado las instituciones franquistas, un equivalente a la desnazificación de otros países. Ni hubo depuración ni la habrá, en la medida en que los principales beneficiarios fueron los protagonistas de la dictadura y sus directos herederos, hasta hoy. Los fantasmas del pasado son los guapetones del presente, los depredadores bancarios, los uniformados que se encargan de la represión ciudadana, los jueces que actúan más por ideología que por el sentido de equidad de unos códigos cuyo articulado se ha retorcido no para servir a la ciudadanía, sino a una ideología política claramente autoritaria.

         También se extraña el articulista de que en España no haya partidos de extrema derecha, como en Francia o en Grecia, pero no se da cuenta de que no son necesarios porque esa derecha torva y autoritaria lleva años en el gobierno, sostenida por las urnas, sus medios de comunicación y ahora mismo por el ruido permanente de las redes sociales donde se persigue a unos y se da carta blanca a otros que sí pueden amenazar, injuriar, difamar y aplaudir el terrorismo de Estado y sus consecuencias. He leído a quien pide meter bala de una vez a los subsaharianos que han saltado estos días la valla de Ceuta. La incitación al odio solo opera en un sentido. Lo que en unos se persigue, en otros se tolera y con esta tolerancia se alienta…

         Y por lo que respecta a la presunción de inocencia, lo mismo. Eso funciona para unos y no para otros, como acaba de demostrar el diario La Razón con la portada más indecente de la democracia en la que, con desprecio de la legalidad, se lincha a los muchachos detenidos de Alsasua: la prensa como órgano de propaganda del régimen y sus intereses políticos, que en este caso van del lado de la pervivencia del terrorismo. Una cosa es el respeto, escrupuloso dicen, a la ley y otra el mirar para otra parte y no atreverse a tomar partido… claro que cada cual lo toma para sí y los suyos. Me temo que en este lamentable, triste y siniestro caso, quien más fuerza tiene –policial, política, mediática–, puede imponer su versión de los hechos… de la magistratura afín al régimen para qué hablar.

         Y vuelvo al New York Times que es terreno más seguro, no vaya a ser que nos acusen de hacer apología del terrorismo. Cuando hablando de fosas y Memoria Histórica, Rajoy dijo que había que mirar hacia el futuro, hacía burla de la buena fe de los ciudadanos porque lo que estaba diciendo no es que no hay que mirar hacia el pasado, «para no generar tensión ni división», que también, sino que no hay que mirar ni para el presente ni sobre todo para ningún lado. Prietas las filas. El futuro, su futuro, no es más que una repetición de su presente: miseria y agobios vitales para unos, y medidas policiales y represivas para quien alce la voz, en beneficio de la clase social que él representa. ¿Demagogia? Sí, mucha… bonita.

Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 11.12.2016

Raquel Tenías absuelta

Me alegro mucho de la absolución de Raquel Tenías porque su acusación me pareció siempre un abuso policial… solo que una frase de la sentencia me chirría.
Dice el juzgador: “es frecuente a la hora de valorar las declaraciones testificales de los policías tener en consideración la objetividad que en principio cabe atribuir a las mismas dada su condición de funcionarios públicos pero han de ser valoradas conforme a las reglas del criterio racional y contrastadas con los demás medios de prueba.”
Esa objetividad que en princpio cabe atribuir a los testimonios policiales “por su condición de funcionarios públicos” lo pudre todo, marca a mi juicio un desequilibrio procesal habitual, una manifiesta desigualdad ante la ley y una inseguridad juridica peligrosa dado que raras veces se contrastan esos testimonio con otros medios de prueba de imposible obtención en muchos casos… El día que vea que un policia antidistrubios es condenado por falso testimonio, cambiaré de opinión, mientras tanto seguiré pensando que lo que le pasó a Raquel Tenías nos podía haber pasado a cualquiera y que pueden hacer contigo lo que les de la gana.

 

La dictadura sensata

commedia-dellarte«Las dictaduras no tienen libertad, pero tienen cierta paz y orden», leo que ha dicho el inefable Rivera al regreso de su viaje triunfal a Venezuela. Frase que, días después, es agua pasada porque en este país todo es enseguida agua pasada. Ese es el gran alivio de los maleantes, el olvido, la sucesión de despropósitos y canalladas que se tapan unas a otras, y la réplica de que, cites lo que cites, está fuera de contexto: no hay bellaquería que no lo esté.

Con todo, en esa frase hay algo que me llama la atención: el «cierta paz». Es muy reveladora, a mi juicio. Se traiciona a sí mismo Rivera y a lo que de verdad piensa de las dictaduras y en concreto de la española que no ha condenado con firmeza y de frente. Una vez más no hay motivo alguno para rasgarse las vestiduras porque lo dicho por Rivera está ampliamente compartido en este país entre sus votantes y entre quienes no lo son. Esa valoración de la dictadura y del franquismo hunde sus raíces en un pasado que cada día que pasa está menos remoto, nos viene royendo los zancajos y nos da alcance triscada tras triscada, como perro rabioso de pesadilla.

¿Dictadura sensata? ¿Pero de qué demonios hablan? Claro que de quien no se ha opuesto ni al estado policial ni a la ley Mordaza, no se puede esperar otra cosa. Rivera representa al país antipático, hostil, cruel, el de los vencedores y los vencidos, el de la convivencia maltrecha sin remedio.

Rivera demuestra que le importa un comino el pasado reciente de este país, ese que está todavía aquí, durmiendo en fosas comunes, en juicios militares canallescos que no han sido anulados, en páginas no escritas, en defensas expresas del fascismo, en negativas a condenarlo. Una más por tanto, un rasgo más del autorretrato que día a día traza este personaje.

Pero tal vez lo más repugnante, lo que mejor le retrata, sean sus lágrimas venezolanas, un montaje de mala traza y un engañabobos de mala comedia sin otro objetivo que la caza de votos. Si Rivera quería llorar no tenía que haber ido tan lejos porque aquí mismo le sobran motivos para aliviar sus lagrimales: las colas del hambre y los refugios de los sin techo que no hayan sido corridos a golpes antes de su llegada al escenario, el interior de los CIES, las cárceles… A Rivera le bastaba con haber ido a donde las ciudades pierden su nombre (Francisco Candel) para encontrar motivos de llanto y si quiere internacionalizarse en busca de votos fáciles, con acercarse a Idomeni le basta, pero no, necesitaba el facilón escenario de Venezuela que es donde se está desarrollando la nueva campaña electoral española, caracterizada por un juego sucio redoblado y una tartufería fuera de todo límite. Un cínico. Una impudicia la suya y una falta de respeto a unos ciudadanos ya tan abusados, tan burlados que una burla más cae en saco roto. No reaccionamos. No reaccionamos ante las noticias de las canalladas y la baja estofa de una campaña electoral que empieza con berridos de gallera. ¿A quién pretendía engañar Rivera con sus lágrimas? Pues a los muy engañados, porque a los demás, los que se arraciman de manera sorprendente a su sombra, me temo que les da igual, con tal de que consiga una parcela de poder. ¿Y de la financiación ilegal, qué? Pues nada, qué va a haber. Hasta que hablen los tribunales, nada, es decir, nunca, jamás, amén… o tarde, que es peor, cuando del barco no queden ni las ratas y la historia sea otra. A nadie puede extrañarle ya que alguien capaz de esas cucamonas fraudulentas aspire a ser presidente de gobierno de un país europeo (porque esto después de lo de Idomeni no significa nada) o líder de una renovación nacional lírico-visionaria, y sobre todo trapacera, de un país en descomposición y derrota. Y es que lo más asombroso de este personaje es que, por muchas canalladas que haga o diga, tiene votantes, nutridos, de renombre, agazapados detrás de sus zascandileos… lo mismo que Rajoy con sus mayúsculas estupideces, igual.

El bien que viene…

… te hará llorar.

william_blake_005_satana_esulta_su_eva_1795El ministro de Interior, intentando emular a su amo, en su alarde permanente de necedades verbales, acaba de decir que «No hay mal que por bien no venga», refiriéndose a los atentados de Bruselas que, de nuevo, han elevado un coro generalizado de dolor e indignación, aunque notablemente menor que los atentados de Bagdad (30 muertos) y Yemen (17 muertos) e Irak (más de 30 dicen) perdidos ya en el tumulto mediático y en escenarios lejanos. De la tragedia de los refugiados en las fronteras griegas, de eso no se habla porque sus autores se lavan las manos con jabón de Europa.

         Lo explique como lo explique el ministro, y esté de manera preceptiva «sacada de contexto» la expresión, lo dicho es una necedad y un despropósito, y si cualquier ciudadano hubiese comentado lo mismo, refiriéndose a ese o a otro atentado terrorista, estaría procesado porque para el ciudadano se retuercen las leyes ad hoc que es un gusto. Él no, él puede decir y hacer todas las tonterías que le vengan en gana por muy abusivas que resulten: vírgenes, mojamas, monjas, etas, abortos, ángeles custodios aparcacoches, vaquillas… Nos ha dado pruebas suficientes de lo que afirmo. Tantas que se ha convertido en una atracción más del Circo Hispano, ese circo en derrota que lleva en el programa un esperpento permanente. No dan para más.

         Con su recio y apretado discurrir de casposo refranero tal vez se refiriera el ministro a que ese atentado le puede permitir, sin oposición alguna, un control más exhaustivo de la ciudadanía, el desarrollo e intensificación del régimen policiaco que ha puesto en marcha y desarrollado de manera inquietante. Las pesquisas y las medidas de fuerza, el extender el mapa de los sospechosos, son su única respuesta a un tiempo de verdad convulso, de poblaciones cada vez más controladas y a la vez más inermes y aterrorizadas, tiempo nuestro de los asesinos.

         ¿Tiempo de los asesinos? Sí, cierto, pero no sé si el del poeta Arthur Rimbaud, hecho lugar común a fuerza de repetirlo viniendo o no a cuento, o el de los profesionales del terror, sea su escenario una zahúrda de mugre o el Wall Street de traje, corbata y talones de aguja, o el del Viejo de la Montaña de los hachischins ismaelitas.      Traduzco una nota encontrada al vuelo a propósito de los fanáticos «asesinos» (haschichins): «El principio de los «asesinos» era lanzar uno o dos individuos (en todos caso un pequeño grupo) para matar a un personaje hostil a su causa o, como más tarde, por encargo. Pero sobre todo matarlo en medio del mayor número posible de gente, y de hacerse matar a continuación […] Los «asesinos» aterrorizaron a la población de la época porque nunca se sabía cuándo, cómo o dónde atacarían. Siempre disfrazados, eran invisibles. Y la fortaleza de Alamut, inconquistables salvo para los mongoles, reforzaba el terror que producían».      No hay cuidado, estamos hablando del siglo XII, es decir de hace ochocientos años, en Persia, en la fortaleza de Alamut, nido de buitres.

         Está visto que reclutar jóvenes para inmolarse en cuerpo y alma a fin de ganar la salvación o el paraíso viene de muy lejos, por mucho que el último grado de la doctrina secreta de la secta ismaelita fuera «nada es verdad todo es posible». Los F16 belgas pueden bombardear hoy de manera vengativa posiciones de ISIS, los drones norteamericanos suprimir personas concretas donde quieran y sus líderes políticos azuzar desde la sombra guerras de trasfondo económico y mercantil, pero bombardear ideas y arraigadas creencias religiosas seculares en las que está en juego la vida y la muerte, y el más allá, es sin duda más difícil. Paradoja de más o de menos, la inseguridad la tenemos asegurada por mucho que haya que rendir culto a la fuerza defensiva, y no se te ocurra no comulgar con la religión dominante y sus dogmas, aquí y allá, estés en la trinchera en la que te encuentres. Cuídate del bien que del mal venga y sobre todo de sus ángeles custodios y sus sumos sacerdotes.

La absolución de Iván Ramírez

 

http://www.publico.es/sociedad/ivan-ramirez-no-satisfecho-del.html

La sentencia absolutoria de Iván Ramírez demuestra que la policía miente y pone en pie atestados falsos que dan lugar a acusaciones judiciales basadas en la falsedad, como le consta de manera cumplida a la fiscalía que ejerce la acusación… otra cosa es que la magistratura se resista a ponerle coto a esa rutina perversa,  no emprenda acciones por falsedad en documento público o falso testimonio, y avale lo inverosímil. Les importa la fortaleza del Estado, no que este se sostenga en la mentira y el abuso, la arbitrariedad y la ley de la fuerza. Lo peor es que, lo mires por donde los mires, esta situación está muy lejos de remediarse y corregirse de manera política y social: es un uso social que sobrepasa las fronteras nacionales. Ni siquiera tiene la acogida mediática necesaria. Los grandes medios de comunicación avalan con su silencio o su apoyo expreso este estado de cosas. El ciudadano tiene unos derechos más frágiles e ilusorios que otra cosa, el juicio justo es una parodia. Nos conviene creer lo contrario. El adormecimiento y la indiferencia ayudan mucho.

Abrazos y libertad de expresión

AS06289 Curioso país este de las dos medidas y de la impunidad, la desmemoria, la desfachatez y la hipocresía a raudales. Dependiendo de quién seas puedes insultar a quien te venga en gana con la seguridad casi absoluta de que la magistratura te va a amparar con el capote de la libertad de expresión. Y no solo la magistratura, sino el público, ese implacable poder. Impunidad y desvergüenza de pasar por lo que no eres.

Con ocasión de la entronización de su obra «El abrazo» en el Congreso de los Diputados, decía hace unos días el artista Joan Genovés que todavía es posible darse el abrazo de la Transición, aquel que, hecho monumento en la glorieta de Antón Martín, de Madrid, conmemora sobre todo la matanza de abogados del 24 de enero de 1977. Monumento junto al que hace un par de años oí a unos jóvenes, que se fotografiaban con él de fondo, en la festiva convicción de que era un monumento a los juerguistas, habida cuenta de que está en las puertas de una zona de marcha intensa. Aquellos jóvenes no creo que supieran nada de la matanza porque probablemente no habían nacido.

Genovés y su obra fue un icono de la izquierda y del antifranquismo y de la lucha por la democracia. Resultaba de verdad curioso verle rodeado de gente peligrosa que no cree en otro abrazo que en el del oso hecho presa. Qué abrazo te vas a dar con Celia Villalobos, la dormilona jugadora de Cundy Crush que cuando despierta ladra, con ese campeón de aleonado bostezo y las destemplanzas autoritarias que es Posada o con ese pijo devoto de Méndez Vigo más simplón que otra cosa. Ninguno. Ellos tampoco creo que se quieran abrazar con aquellos a quienes consideran sus enemigos de clase y trinchera política. La conciliación o reconciliación nacional es un espejismo que conviene y aprovecha más a unos que a otros, en 1978 y ahora. Lo que no sea ruptura es timo.

O Genovés cree mucho en el mercado y sus efectos directos e indirectos, o no se ha enterado de lo que ha pasado en este país en los últimos años y de la situación que ahora mismo estamos viviendo, y que ya no se trata de darse abrazos que lo son de Judas y que concluyen en que uno hable y otro se vea obligado a callar, expoliado, empobrecido gracias a gente como los que se ríen a su lado.

8642841639_733c400d43_bQué abrazo te vas a dar con quien pone en peligro tu vida saqueando las pensiones aprovechándose de la debilidad sindical, con quien apoya un régimen policiaco apoyado en leyes de inspiración franquista –si esto lo ignora Genovés es mucho ignorar–, una remilitarización de la sociedad, la proscripción de la República, una reforma laboral criminal y una precarización del empleo contra la que sin duda habrían luchado de manera frontal aquellos abogados que han sido recordados hasta ahora con el abrazo de Genovés.

Ver a esta gente que nos ha amargado la vida durante cuatro años reconocerse en el cuadro de Joan Genovés al menos a mí me resulta repulsivo, cuando no creo que hayan condenado jamás el motivo por el que ese cuadro fue pintado ni de qué ha servido desde entonces. Solo les falta ponerse camisetas con la «esfinge», porque en eso la han convertido, del Ché Guevara, ya total qué más da.

Ítem más: flojita la respuesta del Ejecutivo navarro al empujón propinado por un indocumentado que se prevalece de su uniforme alcanforado y de su grado militar, por muy en la reserva que esté, para insultar y hacer alarde de paso de falta de instrucción cultural. Flojita. Como todo. Hubiese sido el caso de pedir explicaciones al ministro del Ejército, Perico El Bombas, pero no, mejor bailar el minué. Tienen voceros, tienen servicios jurídicos, tienen medios políticos… allá ellos. Bien es verdad que siendo este el país de la impunidad, lo más probable es que los insultos del Chicharro sean solo libertad de expresión, genuina, ¿no?, mientras que tú no puedes mentarle la madre so pena de arriesgar una condena y un ruidoso rasgarse las vestiduras de los demóKratas de toda la vida, los que ahora se acogen al capote del abrazo de Genovés, como si aquí no hubiese pasado ni pasara nada.

 

Menuda novedad

56646c0d07665“Oficiales del Ejército toleran la simbología fascista en sus cuarteles

Un vídeo al que ha tenido acceso ‘Público’ muestra banderas franquistas y de la División Azul en las instalaciones del Regimiento de Cazadores de Montaña América 66, los boinas verdes españoles. No solo es cuestionable eticamente: también es ilegal”

http://www.publico.es/espana/oficiales-del-ejercito-toleran-simbologia.html

Menuda novedad. Y un miembro del Opus Dei de por medio. Ambiente, ambiente. Recio. ¿Escandalizarse? Para qué. Ya no hay manera de rasgarse las vestiduras porque no quedan. Eso es lo que hay y sucita más encogimiento de hombros que otra cosa. Es la consecuencia de no haber depurado un Ejército que sigue teniendo rasgos y devociones franquistas, un régimen que no ha sido condenado de manera oficial. Cómo va a escandalizar o a preocupar eso en un país donde un homenaje al general Franco se acaba de celebrar con la protección de la policía.

Narciso en tiempos de egosurfing

12140606_1627324970849655_6428038098036609965_nDe Sanfabistán, el territorio de Jorge Muzam, lo traigo. Me parece un buen motivo de reflexión sobre las redes sociales y la escritura de diarios o dietarios, y su publicación, esta, obsesiva, las más de las veces impúsdica en pos de la existencia. Narciso se asoma a su estanque, pero no puedo tomar a la ninfa Eco como exhibicionista, faltaría este y el voyeur entre las ramas. Como asunto sobre el que reflexionar, digo, mientras me asomo a la ventana y saco alguna fotografía: la luz que se te escapa, y el tiempo y hasta en los sueños, Aroa, la nieta pequeña de un muy deteriorado amigo te reprocha, en brazos de su madre, que eres viejo y hueles a rencor… ¡¡Los sueños no hay que contarlos!! eso al menos es lo que se oye en Presagio, de Luis Alcoriza y Gabriel García Márquez.

Cuestiones de culto y ley

110414 procesion de la sentencia FOTO MERCHE DE LA FUENTEEs posible que el comisario Villarejo conociese la financiación turbia del Partido Popular de Cataluña, en la época de Fernández Díaz, pero también es por completo verosímil que Fernández conociese al detalle las andanzas empresario-policiales de Villarejo y de otros protagonistas del entramado gubernamental, como las del actual director de Guardia Civil, de pasado falangista activo, a quien nadie le ha reprochado de manera oficial siquiera sus indecentes declaraciones con ocasión de las muertes de Ceuta, y no solo porque fueran falsas. En la camada negra todos conocen las andanzas de todos y solo tiran de la manta y se hacen los dignos cuando les conviene para que, como mucho, los ciudadanos nos quedemos boquiabiertos como paseantes desocupados. Es posible que también indignados, pero no todos, no exageremos, los que están tan ricamente también ejercen el derecho a voto. Tal vez sea más acertado decir que nos vemos impotentes ante tanto desmán… y atemorizados, porque esta gente está demostrando que tiene poder de hacer contigo lo que le dé la gana y con la ‘ley Mordaza’ en la mano, más. Es un estado de cosas, un clima, un régimen en definitiva. (Sigue en Cuarto Poder)

Artículo publicado en Cuarto Poder el 9.4.2015

Las reglas del juego

6268343251_550c620788_bLeyes como la llamada Mordaza, porque lo es, no son reglas del juego social, sino limitaciones a este, que lo reducen a una mera escenografía. Un juego, por llamarlo de alguna manera, porque en él puedes perder la vida, de auténtico riesgo pues, y sobre todo un juego cada vez más restrictivo, más limitado, en la medida en que sus reglas ya no se pactan, se imponen, que es muy distinto, y de manera violenta. El partido en el gobierno impone su ley, sin traba alguna hasta el momento, y sus reglas del juego, de muy trucado juego, porque, en la práctica, la mayoría parlamentaria equivale a una dictadura; y los pactos políticos que no tienen otro objetivo que el silenciamiento del adversario, lo mismo. Entre tanto, al ciudadano se le engaña con falsos enemigos, con embelecos y con miedos. Las campañas electorales son un asombroso alarde de desvergüenzas como si la capacidad de desfachatez no tuviera límites.

Está fuera de duda que hemos caído en una pintoresca dictadura, salvo para sus beneficiarios directos o indirectos, que no ven en esta más que ventajas para sus intereses y por eso proclaman desde los medios de comunicación que controlan (casi todos) que esta es una democracia de calidad insuperable… algo bochornoso. Y encima su mayor referencia para avalar ese dislate, por lo que a garantías de derechos y libertades se refiere, es una ley represiva que ha puesto en alerta a otros países europeos de mayor tradición democrática y mayor respeto a la ley.

Por otra parte, las mojigangas político-religiosas de la reciente Semana Santa, más la ley Mordaza y su Código Penal concordante, más el gobierno «cripto-teocrático» que padecemos, nos permiten sospechar que el periódico The Observer no estaba muy lejos de acertar cuando recientemente afirmaba que España era Turquía metida en la UE.

No es que los gobernantes actuales no se miren al espejo o que hayan perdido la capacidad de hacerlo y con ello de toda autocrítica, sino que están podridos, y lo saben, pero venden otra imagen, de frescura y optimismo, porque de vender imagen se trata; ya ni siquiera de gobernar en el mejor sentido de la palabra: hay que vender el crecepelo, el remedio mágico, el milagro… Hace tiempo que perdieron el más ligero atisbo de ética política. A sus reglas de juego me remito.

Porque la regla de este monumental trile, de esta ruleta trucada hasta el delirio, es: «Yo dicto, tú callas y asientes, y cuando termine me aplaudes y de seguido desapareces de escena, porque de lo contrario llamo a los antidisturbios…», o a los matones de seguridad ya equiparados de manera insultante a las fuerzas de seguridad del Estado. La detención del anciano de 80 años el otro día en Madrid es todo un aviso de la que se nos viene encima. Por fortuna hay fotografías de lo que le hicieron.

La regla del juego ya no es la Constitución, ni un sistema legal articulado alrededor de la idea de una democracia para todos. No, el aparato legal supone una amenaza permanente en beneficio de la clase dirigente. La igualdad ante la ley es una burla mayúscula. La arbitrariedad y el hurtar el dictado de la ley a la judicatura han entrado en escena con el Partido Popular y quedado en manos administrativas: represión burocratizada. El ciudadano no está para participar en la vida pública, sino para acatar y para vivir amedrentado, sometido. Vuelve la Jerarquía, si es que alguna vez se fue.

Optimismos y legítimas alegrías aparte, el panorama fragmentario de la izquierda no permite presagiar cambios de verdadera importancia en las reglas del juego dichoso, como si este estuviera más viciado de lo que parece. Un frente amplio de izquierdas se impone, lo contrario va a ser más de lo mismo, sí, pero, siempre parece haber un pero insuperable: cambia el trilero, renuevan el cajón, se reparten los puestos de dar el agua… No hace falta ser adivinador del porvenir para verlo.

Y no se trata de acertar dónde está y dónde no la bolita, sino de poner el cajón del trile vuelta al aire.