Retablitos del Tata Santiago

En los chamarileros y vendecositas del barrio del Rosario, de La Paz, además de mucha artesanía para turistas,  hay profundidades, oscuridades insondables en las que lo mismo encuentras máscaras de diablada orureña que guardatojos mineros, piezas de arqueología, verdaderas o falsas, que armas de guerras perdidas, telas antiguas que adornos de platería… En alguna ocasión he visto a campesinos ya mayores acudir a vender sus cositas, sus cuatro posesiones, un cinturón, una bolsa antigua de coca, unos peces de plata baja, prendedores, para recibir a cambio cuatro perras… y era triste verlo. A veces aparecen libros y en algunos de esos tabucos suele haber  retablitos de devoción doméstica que los evangelistas han pasaportado para mejor vida. Fue una evangelista la que me dijo que desde que creían en la religión verdadera, ya no tenían retablitos; a cambio, dejó la Biblia que estaba leyendo para intentar endilgarme unas piezas de arqueología erótica positivamente falsas. Cosas. Algunos de esos retablitos del Tata Santiago, abogado para todo, que se ve han sido muy rezados, están hechos sobre piedras del rayo. La del de arriba no sé si es del rayo, pero pesa siete kilos. Me lo deshicieron en la aduana en busca de pichicata. Ahora lo tengo en mi cuarto de trabajo y es un eficaz recordatorio de Bolivia y sus días intensos y felices.

En el día del Tata Santiago

Hoy hace cuatro años estaba de nuevo en Guaqui. Día de ofrendas y de peregrinaciones familiares o comunarias al santuario del Tata Santiago, el dios Illapa también, en la cosmovisión andina, culto de sincretismo muy arraigado a ese señor del rayo arreglalotodo, al que pedir lo imposible, casas, coches, pleitos y hata venganzas, por eso está prohibido enceder velas negras en su capilla, porque ahí se va a hacer el bien, no a desear el mal… Día de procesión, muchas flores,  fritangas de pescaditos del lago, cohetes, challas, mixturas, bendición de imágenes, retablitos… «Padre, quiero recibirme en confesión…», me dijo una mujer mientras, otra porfiaba para que le bendijera el retablito de lujo… escapé a los altos, al santuario de los yatiris, preo esta fue otra historia.

Vaya aquí una oración de yatiri al Tata Santiago

Doctor San Agustín médico que estás a medio cielo
Señor de Saya
Santiago de España, Señor Santiago de Lampati
San Bartolomé de Chitulwayu
Señora Milagrosa La Merced de La Pampa de Tuli
Señora Asunta de Tawapalca
Señor de Exaltación de Obrajes
Señora Limpia Concepción de Sopocachi
Señora de La Paz de la Ciudad de La Paz
Señor Justo Corazón de Qallampaya
Señora Asunta de La Villa
Señor Santiago de la cuesta de K’ili K’ili
Señor de Las Nieves de Vino Tinto
Señora de Exaltación de Qañawiri
Señora de Exaltación de Sorat’a
Señora Santa Lucía de Jank’u Laymi
Señor San Pedro de Jachacachi
Señora de Exaltación de Warina
Señor San Miguel de Pucarani
Señora Santa Rosa de La Pampa de Ikiyaka
(Nu…) de Q’urupata
Señora Natividad de Qapaqasi
(Nu…) de Pumamaya
Señora Natividad de Wilaqi
Señora Copacabana de Copacabana
Señor Santiago de España milagroso de Waki.

 

El Tata Santiago

P1120626En el día del Señor Santiago… escribían hace más de setenta años los falangistas estetas para adornar dibujos de ese camino de los peregrinos que nadie recorría hace cuarenta años, mientras sus compinches floreaban las cunetas y cometían todas las sevicias que les venían en gana con los detenidos y las detenidas. Tiempos, otros, estos sobre todo, que son los que vivimos y padecemos, en los que nos la jugamos, aunque nos asomemos a la historia cercana y lejana, y a sus luces y sombras y sus horrores. ¿Moralistas como dice Teodorov en La conquista de América, o apuntadores fiscales, poseídos por el momento de otra verdad de la historia que nos permite ganar la partida sin esfuerzo, o meros curiosos de los hechos, por encima de ellos, sutiles interpretadores, tal y como aparece Ernst Jünger en sus hagiografías? Diletantes de la justicia, la bondad y la verdad. Peligrosos. Dañinos a veces.

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Hoy hace un año estaba en Guaqui, en la orilla del Titikaka, entre ofrendas, peticiones, humos de velas, gladiolos, capillitas, comilonas, challas, confetis, procesiones y ceremonias de yatiris por el campo porque es el día del Tata Santiago, que unas veces va de blanco con sombrero de espadachín, caballero matamoros y mata indios de paso, supongo, ya puestos, y otras de carabinero, de militar con gafas Ray-Ban y hasta de Che Guevara. Santiago, Illapa, dios andino del rayo y la venganza, todopoderoso, el que te da lo que no te da nadie, lo que ni tu mismo puedes conseguir trabajando como una mula: la devoción boliviana por excelencia, en dura competencia con las vírgenes de Urkupiña y Copacabana. Su capilla era un humazo y un bisbiseo de rezos, y apenas se veía el cartel que prohíbe encender velas negras porque allí se va a hacer el bien, no a desear el mal o a hacerlo. Asunto este que no sé yo, porque debajo de la imagen, me consta, hay restos habituales de ceremonias que poco tienen que ver con el culto de la iglesia católica, sino con otra cosa que nos resulta tan incomprensible como risible, a pesar de practicar mojigangas muy parecidas (a ojos de antropólogo de barbecho), pero claro, a nosotros nos asiste la verdad, a ellos no, ellos viven en el error. El resultado sin embargo es muy parecido: el azar es caprichoso y difícil de dominar, invoques a quien invoques, ya sean dioses bienhechores o vengativos, enciendas velas de colores, quemes palosanto o mesas a la Pachamama, o te acerques a la milagrería a la que tengas devoción, empezando por la farmacopea de cabecera –la que puedas pagar y te receten doctores cada vez más escépticos–, sin la que ya no puedes vivir, y que crees, confías, pequeños dioses de bolsillo, que te alarga la vida, o eso, o qué más da, y que, oh milagro, tal vez te permita seguir follando hasta el borde mismo de la fuesa. Lo demás, milagro también, y de los buenos, o golpe de dados, más trucado que otra cosa.