El asco de nunca acabar.

14261042686098No es fácil asomarse a la prensa y no sentir motivos renovados de asco, a diario, salvo que lo hagamos a los medios de comunicación que no estén comprados, de una manera o de otra, por el poder que de hecho gobierna este país, porque al menos ahí late la rebelión. Y aún así. El recuento de vilezas es incesante, imparable. Para la prensa gubernamental sin embargo todo va sobre ruedas y en ese canto a una marcha pimpante está la prueba del desastre, del imparable deterioro social, que no se circunscribe solo a lo económico.

¿Puede esta situación cambiar o el daño ya causado a las instituciones y a  la ciudadanía está condenado a permanecer en el tiempo? ¿Podemos cambiar esta situación y la mentalidad que la sostiene? Esa es la única esperanza que nos queda, la del resultado de unas elecciones que no pueden tener otro objetivo que echar del poder a la derecha, en todas sus formas.

Ver al ministro Morenés dirigiéndose a una diputada, y en ese sentido al Parlamento entero, como si este fuera el patio de un cuartel –cuartel que no estoy seguro haya pisado el ministro como soldado– resulta bochornoso; como lo es apelar al honor del Ejército con objeto de callar a una diputada que denuncia hechos execrables, cuando se ha impedido que sean juzgados los soldados autores de torturas y sevicias con detenidos en Irak en grabaciones ampliamente difundidas en las redes.

írakeEl ministro Morenés no hizo otra cosa que desvelar cuál es su mentalidad: rancia y repulsiva. Mejor hubiese sido por su parte hacer un ejercicio de humildad y de solidaridad con las víctimas de esos acosos, mostrar una voluntad de investigar y de cambiar el fondo del asunto: el mando militar no equivale a impunidad. No, Morenés prefirió aferrarse a «lo intocable nacional» de nuevo, franquismo puro, algo rancio que él no creo esté en condiciones de cambiar.

Y por seguir por la misma trocha, el Parlamento Europeo ha condenado el franquismo con la excepción de Mayor Oreja, para quien, recordémoslo, aquella época fue de una placidez absoluta. Cierto, pero para los de su estamento social, ese que ha dejado en herencia política y social una corrupción generalizada, ya denunciada por Ridruejo en 1962: todos pingados. Algo que demuestran las tarjetas black de Bankia de las que tiró UGT para financiarse, con pleno conocimiento de su origen, sin que esto haya suscitado mayores comentarios ni mucho menos haya tenido consecuencias. Nada parece tener ya consecuencias, y ello porque estamos empachados y hastiados, porque nuestra capacidad de respuesta está reducida al mínimo en la esperanza del resultado de unas elecciones que permita darle la vuelta a esta situación.

martin-villa-4No creo que esté equivocado Maduro cuando acusa a Rajoy de franquista, porque lo es y porque preside un Gobierno y un partido que no ha condenado el franquismo, lo mismo que sus socios regionales. Coherencia pura, todo es coherente, de una lógica aplastante, eso es lo malo, que es aplastante, como la denegación de extradición para los maleantes que reclama Argentina porque si firmaron condenas a muerte fue de acuerdo con la ley y con gusto (jamás se les ha oído una palabra de descargo de conciencia), y a sabiendas de cómo se dictaron las sentencias.

Es contra esa lógica aplastante y esa coherencia de régimen dictatorial contra lo que hay que luchar. Un objetivo político de primer orden es la derogación de todo el sistema legal que les blinda y protege, remover el franquismo y todas sus secuelas. La nuestra es una democracia dañada, minada, que es preciso reconstruir.

índiceUn verdadero cambio social pasa por la depuración de la policía española, no ya por la impunidad que cubre las actuaciones abusivas de los antidisturbios o para impedir casos como el multimillonario comisario Villarejo, que ha destapado unas infames cloacas policiaco- gubernamentales, sino para impedir la bochornosa sucesión de explicaciones y falsedades de la muerte de 15 inmigrantes en aguas de Ceuta desde que sucedieron los hechos. El clima creado entre policía y judicatura es de elusión de responsabilidades tendente a sostener un principio político de impunidad generalizada en todas las esferas del poder. Esto no es democracia. Y esto es lo que hay que cambiar y reconstruir, a pesar de los pesares. Lo contrario no será creíble y sí más de lo mismo.

OTROSI DIGO: Este es el artículo que hoy publico en Diario de Noticias, de Navarra, y en otros periódicos del Grupo Noticias. Puedo repetirme, lo sé, con lo ya dicho días pasados, o semanas, o meses, o años ya, pero eso es justamente lo que sucede, que los hechos que provocan este asco que no cesa y de nunca acabar, se repiten a diario. Esa imagen de un ministro haciendo callar a una diputada…
A mí me gustaría escribir de otros asuntos, sobre todo en la prensa dominical, y no solo de lo que tengo delante de las narices, pero está claro que esa realidad que algunos juzgamos abyecta, nos tironea y resulta ineludible. Y hasta es posible que de poco sirva decirlo, pero no corren tiempos de mirar para otra parte, al menos para mí.

Contra la ‘Ley Mordaza’

Violencia_Policial No sé cuántas veces habré escrito sobre esta infamia en los últimos dos o tres años. Para nada que no fuera calentarse en vano. La mordaza se veía venir desde que hicieron público su proyecto de sostener el régimen policiaco en un aparato legal represivo que contara con el refrendo intocable de la mayoría parlamentaria. Viene de lejos, del invierno del año 2012, como mínimo, y ha corrido parejo al desgaste y degradación de la democracia española. Solo que hace dos o tres años denunciar los avances del régimen policiaco –abusos, multas, arbitrariedades, impunidad, represión a ultranza…– era ser apocalíptico y tremendista. Lo decían los mismos intelectuales de cámara que ahora callan o intentan sacarle réditos a su oposición tardía. El objetivo de esa casta es no alejarse de posiciones de poder o reclamo social que puedan reportarles algún beneficio. Entre penoso y grotesco.

«No creí que se atrevieran a tanto», es una frase que creo le leí por primera vez a Lidia Falcón, una intelectual de referencia en este clima sórdido. Sí se han atrevido, a eso y a mucho más, y no hace falta ser un adivino del porvenir para afirmar que la libertad de expresión está seriamente amenazada y que páginas como esta o similares (la Red está por completo controlada) que no sean servidoras de este régimen se verán alcanzadas. Son unos maleantes…¿También nos van a multar por decirlo?

Desde el viernes, España es una país un poco menos libre y bastante más policiaco. Para imponer un régimen autoritario y policiaco, el partido Popular y sus socios regionales, como ese lacayuno UPN, no han necesitado un golpe militar, sino una mayoría parlamentaria que como tal actúa en la práctica. Este es un país de ciudadanos demediados cuyo estado feliz parece ser el del sometimiento a ultranza. Y encima los represores y quienes les aplauden se reclaman archidemócratas.

P8A8800jpg_EDIIMA20140326_0712_5Este violento ha sido denunciado como infiltrado.

La ley Mordaza a la que ha dado luz verde el Congreso sanciona en la práctica ese régimen en el que la referencia no es la justicia, sino la policía y lo que esta conlleva de arbitrariedad e indefensión. Este es el Orden Nuevo, que es viejo y del franquismo viene. Archidemócratas y franquistas sin careta. Con razón no han condenado nunca el franquismo.

Los únicos que no ven que este es un régimen policiaco son aquellos que se benefician de él y lo apoyan, de manera expresa desde sus palestras mediática de lujo, o de manera tácita con su silencio cómplice. Muy ciego hay que estar para no darse cuenta de que la Ley Mordaza supone un serio quebranto del Estado de Derecho. No solo socava el ejercicio de derechos civiles fundamentales, impidiéndolos en la práctica, sino que su propósito malicioso es hurtar a los tribunales la defensa efectiva de los ciudadanos que han padecido maltratos y abusos de autoridad por parte de la policía o de burócratas sin escrúpulos que dominan las delegaciones del Gobierno, y no precisamente por su capacidad intelectual o profesional; ciudadanos que, además de apaleados, pueden ser multados de manera grave, impune y arbitraria. A esto se le llama pervertir el sistema legal.

Ahora queda por ver lo más importante: si la promesa de derogar esta ley hecha a bote pronto por los partidos de la oposición, en el caso de que gobiernen, se traduce en que en sus programas electorales figure no ya la inmediata derogación de la Ley Mordaza, sino de todo el sistema legal urdido por el Partido Popular (como lo urdió el franquismo) en sostén del estado policiaco: en los terrenos bancarios y financieros, fiscales y penales, incluido el origen de las fortunas, militares, policiales, judiciales –de la composición política de CGPJ al sistema de tasas–, educacionales, sanitarios, concordato con el Vaticano… y con ello, en la práctica, la depuración de responsabilidades políticas del régimen y sus valedores políticos y económicos. Aquí hace ya tiempo que no cabe hablar de integración, ni de mera sustitución de sillones parlamentarios, sino de ruptura radical y de remoción del sistema legal con objeto de restituir a la democracia el sentido que la derecha le ha arrebatado. Lo demás, los mismos perros… collares, disfraces, antifaces… importan los mordiscos y la ferocidad represiva.

Euforias y patrañas

1389443444420   La semana ha estado marcada por las protestas vecinales del barrio burgalés de Gamonal. No nos lo acabamos de creer, pero las obras del bulevar de Gamonal fueron suspendidas después de varias  semanas de contundentes protestas vecinales y mucha violencia y abuso policial… «El alcalde de Burgos se rinde» «Gamonal ha vencido» «Hemos demostrado que el pueblo manda», rezaban con euforia titulares y pancartas… Ignoro el motivo de la paralización de las obras. ¿Corría peligro de extenderse y endurecerse la protesta vecinal a otras ciudades? No lo sé. Las movilizaciones en otras ciudades no han sido ni mayores ni más contundentes que las habituales. La violencia policial sí ha sido mayor, pero eso ya es rutina exponencial que adjetivan ahora.

No sé cuáles han sido los motivos de esa paralización y consiguiente frustración del negocio del hormigón en manos, en ese caso concreto, de una empresa turbia y tocada del ala. Dudo mucho que el Partido Popular haya dado su brazo a torcer, pero una por una no hay bulevar y eso puede considerarse una conquista social, al margen de que empresas en derrota vayan a llevarse 500.000 euros a causa de la suspensión de las obras.

Atentado, antisistemas, etarras, vandalismo… ha habido de todo. Cualquier cosa con tal de no admitir que aquello era un abuso y un negocio entre amiguetes como ya es tradición y Marca España (indeleble).

Tiene toda la razón el secretario de estado para la Seguridad cuando dice que «Es habitual que en las protestas se infiltren violentos» porque todavía recordamos la fotografía de un maleante, en el paseo de Sarasate de Pamplona, arrojando la tapa de una alcantarilla contra el vidrio de una entidad bancaria y al que se le veía la pipa. Y consta que, pese a las abundantes y acuciosas diligencias de los especialistas en la materia, no ha sido hallado el encapuchado de la pipa. Y es fama que los citados especialistas hallan lo que no consigue hallar nadie, la aguja en el pajar hasta cuando no hay ni aguja ni pajar, nada, pero hallan, y suministran grandes titulares a la prensa de su cuerda que más tarde se desinflan.

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Lo mismo cabe decir de las manifestaciones de Madrid o Barcelona en las que se veía a violentos itinerantes deteniendo a pacíficos ciudadanos en el ejercicio de sus derechos o gritando «¡Eh, que soy violento, que soy de los vuestros…!». Muy cómico todo y muy siniestro.

INCIDENTES TRAS CONCENTRACIÓN EN APOYO AL BARRIO DE GAMONAL

Diga lo que diga el vocero policiaco del ministro Fernández, una parte de la ciudadanía no les cree en absoluto y la otra tiene motivos para no hacerlo, pero si acata la verdad revelada y la aplaude es por complicidad con la violencia itinerante y con la sedentaria que encarna gente como el ministro y los de su jarca. Para esta gente la rebelión ajena es una arrogancia mayúscula: abusado se vive mejor.

Eso sí, parece que esta vez al menos han dicho una verdad: es del dominio público que los «grupos de violentos itinerantes», ya famosos, casi legendarios, han ido de una ciudad a otra en camioneta y en correcta formación o así los ha podido retratar la ciudadanía, para su solaz y esparcimiento.

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«Los indicadores de recuperación no casan con las protestas», sostiene con atrevimiento de maja la ministra Santamaría. ¿De qué recuperación habla? ¿De la de la casta a la que ella pertenece? Seguramente, porque es cierto que los ricos son cada vez más ricos y el foso que separa una clase de otra se hace cada vez más hondo e infranqueable. Sociedad de clases y ahora de castas, de patricios y de plebeyos. Si la recuperación ha llegado a la banca y a las corporaciones es porque la está pagando la ciudadanía. Yo no veo que haya ni más trabajo ni esté mejor pagado o pagado a secas, ni que se vuelvan a abrir las empresas que cerraron ni que se abran otras nuevas. Esa bonanza en manos patricias no genera verdadero trabajo y no difumina la falta de cohesión social, sino que la agrava. Por eso, un ideólogo de «las FAES», Vidal-Quadras, habla de recuperar la cohesión social, pero no porque esta les preocupe, a él y a los suyos, sino porque de pronto les da miedo, el que no les daba hace unos meses cuando esa quiebra era ya algo más que patente. Y eso es raro, habida cuenta del miedo que ellos han generado y de la violencia que han desatado con su policía, sus multas y sus leyes propias de una dictadura.

Y volviendo a las majezas saineteras de la Santamaría. No, lo ocurrido en Burgos no es solo «una forma de expresar el rechazo a una obra», como ella dice con rebuscada y maliciosa simpleza, es mucho más y lo sabe. Lo ocurrido en Gamonal y en otras ciudades españolas es una forma de manifestar que la ciudadanía está harta, sigue estando harta y puede convertir su hartadumbre en batallas campales de resultado incierto, ahora que ya se ven venir los preparativos de la carrera electoral.

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Y de las patrañas nacionales a las patrañas del gobierno de Navarra en su Reyno Gourmet. Desvergonzados, maleantes, mentirosos… Han utilizado una mentira con descaro. No hay informe de la Guardia Civil contra el modelo D, que de eso se trataba, pues eso fue cacareado desde el gobierno foral en diversos foros: prensa, radio, televisión… Los testimonios son tan abundantes como demoledores. Ahí están sus palabras, su aplomo, su mala fe, porque aquí hay que hablar de una actuación institucional plenamente dolosa que desautoriza el ejercicio del poder. Después de esto qué credibilidad están en condiciones de ofrecer. La propia del tahúr: Ninguna.

¿Quién se inventó la existencia de ese informe para pedir represalias? Cómo es posible que nadie, empezando por la pícara Barcina, responda de esa felonía. Están convencidos de que pueden mentir con impunidad a la ciudadanía y practicar una política sucia y de mala traza, y que eso es lo correcto y con ese bagaje plantarse en el Parlamento haciendo burla de este. ¿Por qué la Guardia Civil no negó desde un primero momento la  existencia de ese informe? ¿Por complicidad con la patraña? Conviene preguntárselo. ¿Y qué tienen ahora que decir los medios de comunicación de Madrid afines a la infamia peperobarcinera que utilizaron ese informe en grandes titulares de combate? Nada. No dicen nada. No dirán nada. No nos dirán nada. Está visto que no merecemos el elemental respeto de que se nos digan verdades elementales.

El guanaco…

1387203041_758183_1387203598_portada_normal 1387201164746camion-galc4…enriquece la Marca España. Llega tan lejos la involución política del PP que hacen retroceder la calle a la época del franquismo, del botijo y el colorante, entre la chapuza y la leyenda urbana. Los estudiantes chilenos han demostrado que también se puede contra “el guanaco” y lo dejan hecho un Cristo –Universidad de Playa Ancha, por ejemplo– después de sus batallas campales, las que aquí no se dan (salvo los mineros),  pero al margen de datos pintorescos, lo que más me gusta de la noticia bomba es la prosa de los granujas: “vehículo ideal para acometer el control de masas”, bravo, bravo, sin paliativos, me entusiasma lo del control de masas; y esto otro casi mejor: que el guanaco o botijo sirve para “proteger el libre ejercicio de derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana”, ay, carajo, ay, que nos ponemos malos de la risa, que las urgencias de los hospitales son  mala taberna… pero lo que huele de lejos a pichicata gratuita es que el camión dichoso sea la mejor respuesta posible “a la actual dinámica social”… ¡y solo cuesta medio millón de euros!… ¡Que no se note pobreza!, brindaban los porteños.

Vendrán por ti.

BZdLZF-CIAE-f3R.jpg_largeSí, claro que sí, claro que está muy oído y muy citado, pero en balde, porque son unos versos tan repetidos como desatendidos: “Vendrán por ti”… Bertolt Brecht o Martin Niemöller, Blas de Otero en otro poema, ese en el que habla de haber perdido la voz en la maleza… “Vendrán por ti”. Algo más que un verso, ese de Otero, que está cada vez más a menudo en boca de muchos. Tu nombre está ya temblando en un papel. Otero, como había hecho antes Rafael Alberti en su conocido Nocturno de 1937 o 1938, habla de balas, pero ahora mismo quienes te someten tienen otra forma de matarte: la muerte civil, el despojamiento, la reducción a la pobreza vergonzante y al silencio.
Vendrán por ti, dices, y sin quererlo añades que no lo harán, si te estás quieto, si estás callado, si agachas la cabeza, sobre todo si agachas la cabeza, no vendrán. Pero eso nadie puede asegurártelo, porque también con la boca cerrada y la cabeza gacha, te pueden detener y agredir de manera arbitraria sin que a ti te quepa defensa real alguna. Vendrán por ti sin avisar y porque sí, por capricho, por no perder mano: rasgos del orden nuevo. El poder judicial no está contigo, no está para protegerte, está para escarmentarte o para coadyuvar al castigo. Han hecho las cosas de tal manera que en sus terrenos no puedes con ellos por mucha ley que lleves en la mano: han puesto muy difícil hacerla valer, acceder a una defensa de calidad, a una defensa a secas. No te alcanza. Un paso detrás de otro te conducen a la resignación, al conformismo, como si fueras una de las reses de las que habla Zitarrosa en Guitarra negra: estabulación y matadero.
A cambio crean rencor y resentimiento, frustración y odio, pero cuentan con que quien los padece sabe que esa es mala carga vital y olvida o deja a un lado, para poder asomarse a la ventana o salir a la calle y mirar las cosas y pensar que en el fondo, en el fondo, no pasa nada porque a él no le pasa y que incluso cuando le tratan de manera injusta son “cosas de la vida” o de los tiempos que corren que son muy malos. El aire que se respira está envenenado.
Entre tanto, el régimen policiaco del Partido Popular avanza como una marea incontenible. Si las semanas pasadas se trató de la nueva Ley de Orden Público o Ley Fernández, ésta ha sido la de la ley de los matones o de auténtica inseguridad privada, un peligro para la ciudadanía, a la que le sigue la reforma desproporcionada del Código Penal del ministro Gallardón, y a ésta la ley del aborto, y a ésta la de regulación del derecho de huelga, y a ésta… a ésta es fácil imaginar lo que le puede seguir. No estamos muy lejos de la regulación de la libertad de expresión en los medios de comunicación, sean los tradicionales o los que están acogidos en la Red. Tienen que reducir los ámbitos de protesta al mínimo. No hay que forzar mucho la imaginación ni hacerse adivino del porvenir, ya se encarga este de llamar todos los días a la puerta a porrazos.

1387055230_840621_1387059803_album_normalConvengamos en que se trata de un régimen policiaco de rasgos nuevos, en la medida en que los poderes más sólidos del Estado se desplazan hacia el capital, al mundo de la empresa o mejor sería decir de los negocios y de los intereses de las elites financieras en todas sus ramificaciones. Para muestra, un botón: el de esa nueva ley de matonería privada que otorga poderes inauditos a particulares sin que a ti, como era ya norma, te quepa defensa alguna frente a sus abusos. En España el falso testimonio es una costumbre castiza, una majeza.
Solo se le oculta al que quiere, que en el negocio multimillonario de la seguridad privada tienen o han tenido intereses económicos, miembros del actual gobierno o cargos públicos del Partido Popular, como Mayor Oreja. La trama de las empresas de seguridad españolas es espesa y no se ha desbrozado jamás. ¿Quién es quién en ese sector? ¿Importa? Mucho en la medida en que hay un evidente trasvase entre lo público y lo privado, y un imparable ir a más. Arbitrariedad e indefensión: negocio.
No hay duda de que los poderes públicos están al servicio de los partidos que representen intereses de casta y clase, como el PP y UPN. Solo así se entiende que un informe reservado de la Guardia Civil haya acabado en manos de esos partidos y que estos lo utilicen para pedir reformas en el Código Penal que castiguen socialmente la ideología, presunta y con descaro atribuida, de los ciudadanos que caigan en su punto de mira.
Y no solo eso, de ese informe fantasma, solo secreto para los perjudicados, se deduce que un amplio sector de la población ha sido espiado sin orden judicial alguna y sin que la magistratura levante un dedo ante este abuso. Explicación: no la dan, urden una mentira, una tras otra, confiando en que tratan con débiles mentales no porque lo seamos, sino porque así nos consideran.

1387055230_840621_1387061626_album_normalUn minucioso programa de represión imparable, cierto, pero una represión que se lleva a cabo con el beneplácito de una parte mayoritaria de la ciudadanía. Conviene no olvidarlo. Una mayoría que no solo no reacciona, sino que aplaude o ve con indiferencia cómo la someten porque se siente a salvo, incluso si ha perdido el trabajo, la vivienda o los ahorros. Habría que concluir que la mayoría de la población era franquista y lo sigue siendo, sin Franco, pero con otro tipo de poder absoluto e intocable, en su culto. La cifra total de víctimas y perjudicados por las políticas gubernamentales es aplastante, pero no aplasta. Ese es el misterio español. Lo advirtió Susan George porque saltaba a la vista. Parecía mentira que aguantasen tanto los españoles, pero así era: baratas cobayas del orden nuevo.
Hace unas semanas, en Sartaguda, el pueblo de las viudas, una nieta de asesinado de 1936, me dijo: “No nos vamos a rebelar, ¿verdad?”. No supe qué contestarle, porque qué podía responderle con verdad, con algo más que no fueran palabras al paso. No he podido olvidar ni su mirada ni la tristeza de ésta y de sus palabras.
Cansa esta denuncia constante de la arbitrariedad y del abuso. Leerlas y escribirlas. Lo sé. La tentación de dejarlo correr es a veces demasiado fuerte; pero también sabes que si te callas es peor, que por muy poco alcance que tenga lo que digas no puedes dejar de comunicar y compartir tu indignación y tu cólera, no puedes darles encima el gusto de tu silencio voluntario y cómplice. Haz ruido, que algo queda.

Artículo publicado en Diario de Noticias, de Navarra, el 15.12.2013

Inseguridad jurídica e impunidad policial.

ester-quintana--644x362El jefe policial al mando de los mossos ha pedido impunidad total para los antidisturbios que ejerzan la violencia policial de costumbre, por una cuestión de “seguridad jurídica”.  Según él, los uniformados no deben responder de los daños que causen porque por muy dolosa que sea su intención siempre lo hacen obedeciendo órdenes superiores, esto es,  dolo jerárquico y obediencia debida.
Inseguridad jurídica la nuestra, no la de los uniformados. La nuestra porque frente a ellos no la tenemos o solo tenemos unos derechos y unas formas de defensa de estos ya muy demediados e inútiles en la práctica. Para comprobarlo, basta con que nos veamos obligados a jercerlos, como Ester Quintana, entonces veremos de cerca el verdadero rostro del sistema, el del abuso impune, el de la violencia institucionalizada, amparada y alentada desde el poder.
El jefe policial pide simple y llanamente IMPUNIDAD. Si alguien duda de que esto cae de lleno en el régimen policial, es cosa suya. Lo vengo diciendo desde hace mucho: son nuestros enemigos.