Gulliver (Manolo)

Gulliver 2No oía su voz desde hacía casi veinte años, pero ha sido como si la oyera ayer mismo. Entendería mal los años ochenta, mis primeros libros, los viajes repetidos a Madrid, las amistades literarias y las amistades a secas, sin la librería de Manolo Domínguez, Gulliver, en la calle del León. Hiciéramos lo que hiciéramos, todo pasaba por allí, lugar de reunión, de conversaciones, de cruce de noticias y devociones literarias y artísticas, pacíficas y tumultuosas… Dis Berlin y sus cuadros, Javier Pagola… Dejemos para mejor ocasión los nombres de todos aquellos con quienes me crucé o compartí en Gulliver y en las tabernas raciales de los alrededores. Eliot dice que todo tiempo es irredimible. No lo niego, el tiempo, los avatares, los humores, los errores, te tronzan, pero estos últimos años  he comprobado que donde hubo verdadera amistad, afecto, no lo puedes borrar de la memoria de un plumazo, eso forma parte de ti y te conforma, con sus luces y sus sombras, y no es que debas aceptarlo, sino celebrarlo. Es la gente la que te reconcilia con las ciudades. Me lo dijo en un momento inolvidable Javier García-Larrache… me enseñó mucho Javier, y como quien no quiere la cosa encima, pero esta es otra historia.

Chuquiago. Deriva de La Paz

Captura de pantalla 2018-01-15 a las 10.37.23Contento y agradecido. Agradecido a su editora, Pilar Rubio porque ha creído en ese libro de patiperreo urbano por una ciudad que me seduce como ninguna hasta ahora; y contento porque salga en España la edición de un libro que se publicó el año pasado en Bolivia, con éxito, y que fue desdeñado aquí por motivos poco claros.

Para la edición española se han hecho las correcciones pertinentes porque el lector no es el mismo: no le vas a explica a un paceño obviedades y a un español no puedes dejarle in albis con detalles importantes que le resulten incomprensibles por desconocidos.  Confío en ese libro porque su editora confía en él y porque está escrito con la pasión que contagia una ciudad y un mundo, La Paz, Bolivia, del que me siento inseparable. Espero que haya resultado, como me decían con sorna inútil hace años, «un libro muy tuyo».

Escribe la editora:

«Si hay una ciudad amada en las geografías vitales de Sánchez-Ostiz, sin duda es esta Chuquiago, el nombre aymara de la capital boliviana, a la que va y viene desde 2004. Una ciudad de barrocos excesos, de realidades inabarcables, de acumulativa humanidad que impregna sus calles como trazadas a cordel. Recuerda el autor que Gómez de la Serna la hubiera bautizado como cataclismática. Así son estas derivas por sus laberintos callejeros en medio de un griterío inacabable donde bulle la vida de sus habitantes, así como la de un puñado de personajes inolvidables. Aquí la realidad es pura fantasía, nos recuerda el autor, «¿para que inventarse mundos imaginarios si están en La Paz?». Pura vida.»

 

¿Umbral ya no interesa?

Actualidad_242239984_44462298_1706x960«Umbral ya no interesa: Planeta iba a quemar sus libros (por falta de ventas) y su Fundación los salva. Te lo cuento aquí», escribe Lorena G. Maldonado para publicitar un artículo publicado en El Español sobre el protocolo editorial de quemar excendentes editoriales.  Es posible que desde el punto de vista del pelotazo comercial eso sea cierto, que haya dejado de interesar el ecritor, eso según para quién o quiénes. Un buen lector que no se dejara  arrastrar por los prejuicios que el mismo autor provocaba con sus apariciones públicas o por las filias y las fobias de la feroz tribu literaria (así la llamaba el escritor) sería raro que no encuentre un libro de Umbral que le seduzca: imágenes deslumbrantes, incitaciones lectoras, ideas originales… No me importa confesar que tengo debilidad por el escritor, no por todos sus libros desde luego –si ha muerto esas páginas más pronto lo hizo la época de la que fueron crónica y exorcismo–, sí por los más diarísticos, más autobiográficos y confesionales,  más de construir un personaje sólido y, detrás, de afirmar en la escritura una persona que no tuve la suerte de conocer.
Pero el artículo enlazado invita a reflexionar sobre la suerte de tus libros publicados  desde hace años y recordar las cartas que recibías (algunas en falso) anunciándote  la destrucción de títulos. Te das cuenta de que acabas siendo un autor de libros desaparecidos que nadie quiere, que los tuyos son por fuerza trabajos efímeros condenados casi con seguridad a la inexistencia. Poco importa que hayas publicado mucho si esos libros no están en el comercio como no sea de viejo y aun así porque los antiguos saldos me parece que ya no son protocolares: autor de pocos lectores, pero seguros, que conforman no sé qué orden medio monástica, medio rebelde y brava  de lectores, a su aire, que te sostiene. Lo otro va con el aire del tiempo contra el que muy poco puedes hacer. Demasiado viejo para estudiar el mercado y subirte al carro de alguna moda. Y si eliges quedarte fuera de las redes sociales, todavía desapareces un poco más… Un escritor póstumo, sea o deje de ser inédito, es algo ya muy raro, y si se ha convertido en un clásico es todavía peor. El escritor solo puede confiar en su presente, lo demás es bibliofilia o biblioteca, Rastro, Encantes, chirrión… sin lector curioso, detectivesco casi, no es nada.

Pablo García Baena, un recuerdo

IMG_0009.JPGA Pablo García Baena lo recuerdo en un antro de la ciudad vieja – una de las puertas de acceso a Biargieta– que se llamaba Los Portales, de ambiente equívoco y algo borrachón y desgarrado,  pero con copla y jazz en el pikú, en compañía de un dandi que evolucionó displicente por la penumbra para sentenciar con justeza que allí había menos de lo que parecía. Era de los que se apuntaban a todas para cobrar algo y luego salían a escape, espantados, y más tarde no querían recordar nada, te desconocían, les estropeabas el paisaje. El dueño atendía al nombre de guerra de Lolita Twist y había representado treinta años atrás la modernidad del pueblón. García Baena, que tendría  entonces menos años de lo que tengo hoy,  estaba notablemente incómodo en aquel tugurio subterráneo y hoy lo entiendo, pero a aquella hora de la noche en la ciudad cerrada ¿dónde podías tomar un trago que no fuera en un lugar de trueno? La verdad es que debíamos componer un grupito pintoresco. Era agosto de 1986, mal y buen año, alborotado, como otros. A su espalda me dejó el libro que había utilizado para dar su lectura con esta dedicatoria: «Para Miguel en esta tarde de otoño casi carlista». Puedo reconstruir la lectura por los papelitos -restos de una carta de la Dirección del Libro por la que le nombraban jurado del premio nacional de poesía- con los que dejó marcados los poemas que leyó. Mentiría si dijera que recuerdo algo más de aquel día. No sé qué hicimos antes de bajar aquellas escaleras y qué después, ni dónde fue la lectura. Me da flojera asomarme a mis diarios de entonces. Ese vértigo me es perjudicial. Creo que nos escribimos en alguna ocasión, a su dirección de Torremolinos. Luego, nada, olvido, a otra cosa. Cada cual a la suya.

Enramada de amanecer

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Cuando te has ido de un pueblón, no hay nada peor que regresar y echarse en la boca del lobo, por mucho que fuera eso lo que recomendaba el capitán Marlow para el caso incurable de Lord Jim.

Son reaccionarios, autoritarios, están podridos de prejuicios y de creencias irracionales hechas ideología de clase, pero quieren pasar por olímpicos liberales que están por encima de todo, en el olimpo de los listos… Antonio Machado y su hombre del casino provinciano, hace tanto tiempo:

Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.

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La imposición del relato, esa forma de dominación… medios de comunicación como regimientos de fusileros bien municionados y al servicio del poder que los sostiene, marcando de manera ruidosa el paso.

 

 

 

 

 

 

Peaky Blinders

Sí, es una buena serie, convengo con la afición. Los maleantes  llegan a poderosos y los poderosos lo son por ser  maleantes peligrosos en sus trastiendas. Maleantes, marginales, excluidos… quién no desearía ser, al menos durante un rato, un maleante con poder,  de esos que tienen matones a sueldo, pequeños ejércitos de pistoleros (soldados los llaman los mafiosos), manejan bancos, escaños, trastiendas… y cuando pueden, unos y otros se cobran la justicia por su mano o la imponen porque están por encima de la ley del común, y sobre todo, son poderosos más incluso que ricos… ¿Mera ficción? No creo. «Es el mercado, amigo», nada más que el mercado, y el público se entretiene remedando al de plata o plomo, pensando que a más de uno con los que se ha tropezado o le han perjudicado, le daría plomo sin pestañear, pero sin consecuencias, eh, con ese pistola que tenía entre ceja y ceja el escritor colombiano Fernando Vallejo  que se iba bajando hijueputas y gonorreas unos detrás de otros. Pero nosotros no somos los Peaky Blinders, en todo caso somos los Palomos Blinders redomados, y no una banda, sino una legión, amorrada a la barra del bar de nuestra tribu o de la pantallita de turno, soltando cuchilladas cibernéticas con nuestras gorras de marca. Fantasías de baldados.

Joxean Artze (Recuerdos durmientes)

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«Ha fallecido Joxean Artze, autor de la letra de Txoria Txori».
Más recuerdos durmientes, de final de los sesenta, de los setenta, de mis primeros versos… Las lagunas de memoria, los fogonazos… Cada vez son más los que se van de regreso.
Ese disco lo he rescatado de un archivador que tiene el nombre de Speak memory, por el título del libro de Nabokov. Artze, 1969, más Recuerdos durmientes que han estado esperando en la oscuridad de una caja archivadora que lo sacará de él para escribir de la vida de otro.
Los Artze con su txalaparta que acababa de ser rescatada de la leyenda floklórica. Eran un mito, uno de los mitos del arte vasco identitario, y no solo por haber participado en el grupo Ez dok amairu. Acudir a alguno de de sus conciertos era algo ritual, religioso, funeral… me recuerda lo que dice Seamus Heaney en sus poemas irlandeses como tierra del santo y seña o Cees Noteboom cuando pasa por el país. Lo mismo sucede cuando se canta a coro y en público Txoria txori, de Mikel Laboa, cuya letra escribió Artze, y con el Baga, Biga, Higa, y con  Ikimilikiliklik. También es suya Geure bazterrak, una hermosísima canción sobre lo que esconde la niebla y su misterio. Algo más que música, poesía, pintura, siempre, no sé si por desgracia o por fortuna, ya no sé nada, ya estoy más lejos de lo que nunca estuve, lo suficiente como recordarlo y escribirlo como lo viví y recuerdo, y si no coincide con lo que hayan vivido y recordado otros lo lamentaré, pero no quitaré una coma.
Ese disco estuvo en varios sitios, en un piso del barrio de San Juan que acabó intervenido por la BPS, en mayo de 1969, y en otro de la calle San Saturnino nº 1-3º de Pamplona en el que  anduve vivaqueando unos años. Luego se lo fue tragando la sombra y muy raras veces lo escuché. Y ahora hace tanto tiempo que no tengo un «tocadiscos» para ese 45 rpm, que no puedo escucharlo. Ya sé que  está Youtube, pero no es lo mismo… Canguelo, Rabelais: los dicterios de los más borrachos: Hâtons ! Je mouille, j’humecte, je bois. Et le tout de peur de mourir.
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El concierto de txalaparta de los hermanos Artze se celebró a ls 7 de la tarde en un lateral del Museo de Navarra. En el programa figuraba como «Música primitiva vasca». Fue multitudinario bajo la vigilancia de un contingente de la Policía Armada. Lo recuerdo por el zarandeo y los empellones que me llevé por parte de un energúmeno uniformado por saltarme una tapia para acceder al concierto. El ambiente estaba más que caldeado, habían empezado las broncas entre artistas, organización y policía, y aquella misma noche el concierto en el Labrit de Luc Ferrari terminó de mala manera. El día anterior ETA había hecho estallar una bomba que dañó el monumento al general Sanjurjo y otra estallaría al día siguiente en una de las puertas del Gobierno Civil. La fiesta venía dañada.

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A Joxean Artze le conocí en alguno d elos tumultos del hampa artística y literaria que solía organizar desde Bilbao José Luis Merino y nos convocaba en un sitio y en otro. Llegué a verle en Usurbil. Fue uno de los participantes, en 1978, en 21, aquella antología con voluntad fundacional que montó Merino con los de Hórdago, aunque el que figurar como responsable, erratas incluidas, fuera el Flanagan. Su colaboración de varias páginas como las de la ilustración resulta poco menos que ininteligble, pero muy intensa, muy experimental ¿verdad?, muy de la época. Nada que ver con otros poemas hermosos que hemos ido conociendo más tarde.  ¿Quién se acuerda? Detrás de 21 vino 23 y detrás nada, se acabaron los encuentros, los tumultos y al final hasta las amistades. El mundo de las garrotas en alto y del desconocerse. Hoy sería imposible montar una antología como esta, y no solo porque serían otros los autores. No he podido encontrar el ejemplar de 23 que guardaba. Las cosas se escapan.

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Baztan por Jose Antonio Artze vía

https://www.santelmomuseoa.eus/index.php?option=com_flexicontent&view=items&id=9293&lang=es

Las canciones de Mikel Laboa con letras de Joxean Artxze están en Youtube ampliamente difundidas.

Gure bazterrak

Amo nuestros parajes, los amo / cuando la niebla / me los oculta  / Cuando no me deja ver / qué oculta / Porque entonces empiezo a ver / lo oculto… / los maravillosos paisajes que se encienden en mi interior.

Maite ditut maite / gure bazterrak / lanbroak izkutatzen dizkidanean / Zer izkutatzen duen / ez didanean ikusten uzten / Orduan hasten bainaiz / izkutukoa…/

nire baitan pizten diren bazter miresgarriak ikusten

Txoria txori
Hegoak ebaki banizkio / nerea izango zen, / ez zuen aldegingo. / Hegoak ebaki banizkio / nerea izango zen, / ez zuen aldegingo.
Bainan, honela /
ez zen gehiago txoria izango /
Bainan, honela /
ez zen gehiago txoria izango /
eta nik… / txoria nuen maite / eta nik… / txoria nuen maite.
 
El Pájaro es pájaro

Si le hubiera cortado las alas / habría sido mío, /
no habría escapado. / Si le hubiera cortado las alas / habría sido mío,/
no habría escapado.
Pero así, / habría dejado de ser pájaro. / Pero así, / habría dejado de ser pájaro. /
Y yo… / yo lo que amaba era un pájaro. / Y yo… / yo lo que amaba era un pájaro.

Céline y sus panfletos antisemitas

Captura de pantalla 2018-01-11 a las 23.03.36He comprobado que quienes hablan de Céline lo hacen muchas veces de oídas y poco de leídas, ya sean sus novelas mayores o sus panfletos antisemitas (ninguno que yo sepa traducido al castellano) u otros textos (por no hablar de la masa de su correspondencia), y repiten lugares comunes y anatemas ya muy desgastados.  El antisemitismo, lo mismo que el ser filojudío (en el grado que se quiera) es un asunto candente y complicado del que pocos son los que no  se escurren como pueden. A mí, el antisemitismo, por diversas razones, me produce asco e irritación.

IMG_0006Con Céline unas veces es una cosa y otras, otra, pero casi siempre la misma: su antisemitismo activo antes y durante la Ocupación, de cuyas consecuencias intentó escapar eludiendo, en la medida que pudo, acusaciones de colaboracionismo. Ahora le ha tocado el turno a los panfletos antisemitas, Bagatelles pour un massacre (1937), L’école des cadavres (1938) y Les Beaux draps (1941), y uno antisoviético Mea culpa (1937). Panfletos virulentos, escritos en un tono de exasperación casi teatral, a ratos, de exaltación otros, propagandísticos sin recato, que tuvieron en su época muchas ediciones, algunas ilustradas, tanto antes de la Ocupación como durante esta. Al margen, están los artículos de prensa que Céline dedeñó diciendo que eran meras cartas al director.  IMG_0001.JPG

La editorial Gallimard  iba a publicar esos panfletos, pero después de encenderse la polémica, se ha echado atrás***. Y es que ese de Céline, del antisemitismo, de las redadas, los campos, la deportación y los expolios a ella unidos, es un episodio no cerrado en la sociedad francesa,  por mucho que se saque pecho y cacaree su mestizaje y cosmopolitismo: Francia tiene diversos muertos en el armario, y tiene una France profonde en el corazón mismo de París. El antisemitismo es un hecho, lo fue y me temo que lo sigue siendo.

A mí no me hubiese importado ver esa edición de los panfletos convenientemente estudiados,  anotados, situados en su momento… ¿Pero cómo? ¿Cómo acercarse de una manera fría y solo académica a lo que, además de una prosa de prodigio, es una incitación al odio, a la vioencia, al desprecio y un monumento al racismo? ¿Cómo abstraerlos de la época de los campos de exterminio? Hay escrituras en las que tomas partido hasta sin darte cuenta y lo mismo absuelves de manera abusiva que alanceas en el papel lo que crees que no fue alanceado en vida. Como bien dice Le Monde, los panfletos están ahora mismo ampliamente accesibles en los libreros de viejo, más incluso que hace unos pocos años (por liquidación de las bibliotecas de sus lectores de época) y en la Red. El conocimiento cabal de la obra de Céline no sé si pasa por la lectura de esos panfletos. Para mí sí, porque no hay un Céline bueno y otro malo, pero esta es una opinión personal.

Sobre la no publicación de los panfletos, Philippe Muray, un estudioso de Céline a quien dedicó un ensayo ineludible, sostenía en otro texto que «Los panfletos de Céline expresan en el mejor y en el peor de los casos! el inconsciente de las colectividades occidentales, como si la colectividad no quisiera saber lo que ha pensado desde hace dos mil años…» («Pourquoi y a t-il du Céline plutôt que rien?» Stanford, febrero 1983). En este sentido, los panfletos de Céline servirían para que el lector reflexionara no sobre lo que pensaba Céline en 1937-1941, sino lo que él mismo piensa hoy de los judíos. Incomoda reflexión, lo sé, y poco admitida.

*** La prensa española con mayor o menor fortuna se ha hecho eco de esa suspensión.

 

Detroit, de Kathryn Bigelow

detroit-bannerPelícula que conmociona y rebela, en balde como siempre, porque sabes que eso que estás viendo no es que sucediera en 1967, y en Detroit, sino que siguió sucediendo y sucede, y sobre todo que no conoce geografías, porque no se trata tanto de una «zona de conflicto» o de disturbios raciales, siempre motivados me temo –no conocemos cómo es vivir en comunidades afroamericanas que bordean la marginalidad ni lo qué padecer el verdadero racismo–, sino de la impunidad institucional de los abusos cometidos, llámense  policiales o crímenes de Estado. El juez de la película es muy claro dirigiéndose a los acusados de los crímenes cometidos al amparo de su uniforme: no tienen más ni mejores derechos que el resto de los ciudadanos protegidos por una Constitución.  Y piensas en que solo el cine en libertad –autocontrolada porque en esta pelicula se cuidan de que no les demanden los autores de los pavorosos crímenes cometidos– y la verdadera novela negra pueden dar cuenta de las rebabas, las zonas grises, las cloacas del sistema o régimen en el que vivimos, cada vez más policiaco y autoritario bajo la máscara de la protección a ultranza.  Allí donde la justicia de los tribunales no llega o se queda corta, o impoen el laglismo y la chicana procesal a la justicia, queda la victoria pírrica del relato, del testimonio. Las novelas de Andreu Martín eran un buen ejemplo: el negro de la novela lo ponía la realidad reconstruida o inventada o el cabe imaginar de lo inexplicable. Pero también piensas en lo sucedido con Pilar Miró y su Crimen de Cuenca y tes das cuenta de que lo que en unos lugares es posible, en otros no, y no por censuras institucionales, sino por algo sangrante: por falta de público.

Wind River (Taylor Sheridan)

Wind River - 70th Cannes Film Festival, France - 19 May 2017Wind River me la recomedó ayer tarde un amigo cinéfilo con el que tomo café real de cuando en cuando para ponernos al día y pude verla ayer noche. Le hago caso en sus recomendaciones. Los reclamos publicitarios que he visto de Wind River no le hacen justicia, que considero pariente –por fábula moral, más que por thriller– de otra que vi días pasados: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (Tres carteles en las afueras) de Martin McDonagh. El crimen impune, el afán perentorio de justicia –sobre todo cuando se sabe que esta es imposible porque no puede ser hallado el culpable– como compensación, la venganza o la ejecución extrajudicial sustraida a la calificación jurídica, en un terreno de nadie moral y jurídico, que para mí equivale a una advertencia de futuro, y, sobre todo, la asunción del dolor, el sobrevivir a este y el saber vivir el duelo, que equivale a un renacimiento. El dolor nos cambia, dice el cazador de Wind River, pero no puede atraparnos porque nos impide revivir lo que había antes de que se produjera el daño y nos constituía, lo que éramos. La rumia vengativa nos cercena. No es fácil asumir eso, sea el dolor de la intensidad que sea: extremo, por la perdida de las hijas en el caso de Wind River.