Richard

Richard, fúnebre canción de Léo Ferré que hunde sus raíces en una amistad rota, la soledad del bar, del último trago rehusado, tras haberse preguntado por los cuadrilleros, amigos, cómo saberlo, del tiempo ido, si todavía viven… Yo prefiero no acordarme de aquellos cuadrilleros, ni vivos ni muertos, ni de los jolderlines del pueblón, ya he hablado bastante de ellos y de los alcúrnicos de la Cuadrilla Basura también, en Moriremos nosotros también, aunque Richard haga su aparición de reparto junto con el fondista solidario de su hermanito, a quien le pareció bien que le zurraran al amigo Paquito Arizcun, por rojo y por separatista, en Torresmotzas del Baruglio, bajo los porches, no tiene pérdida, por tener los amigos que temía, ahí es nada… Eh, monsieur Richard, el último para el camino!… Ni caso.

De «En Bayona bajo los porches» a «Moriremos nosotros también» (18 años)

En la fotografía, Tristán de Barraute, el mentor de Pual-Jean Toulet en la vida golfa de Pau 1900, personaje de «En Bayona, bajo los porches» y de una novela que ya no escribiré, por falta de ganas, acerca de sus andanzas en la guerra ruso-otomana (batalla de Plevna), como teniente coronel de unos escuadrones de Caballería carlista, antes de esfumarse en las redes de una «sultana» entre Sofía y Estambul (donde fue envenenado), cuyos descendientes (a los de Barraute me refiero en el château de Mongaston) asimilan a la Aziyadé de Loti… ¿Vivió en París con la sultana? ¿Se ahogó su hijo en el puente Henry IV, de quien descendía “par la main gauche”? Quien se ahogó fue el propio Barraute, pero en el estanque de los patos del parc Beaumont, de Pau, tras haber rumiado su leyenda, entre la absenta y el Oporto, en la terraza del Café de Champagne. Me aburro y no solo porque ya hace tiempo que aborrezco de las novelas novelescas (como Chesterton)… ¡Con qué gente habré yo bebido…!
La historia me trae malos recuerdos porque está relacionada con «Moriremos nosotros también»,en la medida en que un pariente de Barraute ejerció de matón bajo los porches, no de Bayona, como en el poema de Toulet, sino de Torresmotzas del Baruglio, una ciudad que Goya pintó en el aire y llamó Asmodea: Ahí estaba Pepito Andada de la Maltosa, bajo los porches, con su matón de guardia, el bávaro Morritos, y con sus compinches, Gonzalón Goyzaldi, marqués del Cuarterón –”¡Puto rojo, puto separatista, te voy a matar a hostias!”–  Nachito Lerdo de Tajada… personajes todos de mi furioso desbarre, Moriremos nosotros también, que la semana entrante sale de imprenta.

Moriremos nosotros también

Llevo años dándole vueltas, cuando menos al título. Al comienzo, hacia 2012 o 2013 era una cosa, ahora es otra. La di por terminada hace un mes, la víspera de venirme para Baztan. ¿Purga del corazón, ejercicio de memoria o crónica de una época? De las tres hay y mucho desbarre también, que ese es su subtítulo. Lo de esperpento está ya muy gastado. El tiempo apura y algunas páginas, como estas, son para mí urgentes. Vencidos puede, callados no.

La cubierta es un diseño de Xavier Idoate.

Asmodea, de Goya

«Llegó, en efecto, Goya, sordo, viejo, torpe, y débil y tan contento y deseoso de ver mundo»
Da que pensar.
 
En Torremotzas del Baruglio, ciudad que los fascistas querían toscana y solo era paleta y carlistona, los que vuelan son los personajes, algunos, y la que se queda quieta es la ciudad… a lo lejos, siempre a lo lejos. Es el escenario de Moriremos nosotros también.