Lugares imaginarios

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Hay lugares que sugieren el apartamiento y el silencio, pero es raro que puedas visitarlos en solitario y sobre todo en silencio. Lugares donde poder hacer una cura de silencio, como Serres en Eleusis, al margen del grupo de turismo organizado en el que él fue. Lugares misteriosos al que el previo pago quita siempre mucho misterio. Lugares en los que solo puedes entrar en grupo apretado y a empujones (Isla Negra). Hay imágenes que ocultan más que desvelan: lo que hay detrás de ellas, debajo, detrás del ojo del fotógrafo, a su espalda, en el fondo del pozo de la historia… “¡La fotográfia, qué mentira!”, escribía Chardonne (que fue alguien y ya no es nadie).  Hay lugares imaginarios, aquí mismo, sobre la mesa de trabajo, lugares a los que llegas solo con los ojos cerrados.

*** Imágen de Capadocia, Goreme.

El tiempo de los alabos

P70“Entre los españoles, lo digo sin sonrojo, prefiero a mis paisanos Unamuno, Otero, Ibernia y a los dos Sánchez (Mazas y Ostiz).”… ¡Atiza! Esa sí que es buena y la tenía olvidada, pero está en la revista Calle Mayor, de Logroño, la que hicieron De la Iglesia, es decir el poeta Ibernia, y Martínez Galilea, y otros, en los eitis, los gloriosos eitis, tiempos, aquellos… No es ese el único poema dedicado, luego las dedicatorias desaparecieron, paf, y con ellas cualquier atisbo de benevolencia, y dejasteis de ser “paisanos”, y apareció en escena la mala entraña. Cada cual tomó el camino que mejor le convino o supo o pudo.
Lo dice Michel Deon, en el prólogo a la correspondencia de Paul Morand y Jacques Chardonne: “La amistad entre los literatos esconde insondables misterios. No progresa más que sobre arenas movedizas.– Olvidar y acordarse solamente de los momentos de gloria est el onceavo mandamiento en el planeta de las Letras”.