Hoy hace 22 años

Hoy hace 22 años que me viene a vivir a Baztan. También aquel día era sábado. No he vivido aquí de continuo, pero sí donde más tiempo he pasado a lo largo de estas dos décadas, en diferentes casas y pueblos. Siempre que me he ido,  ya fuera a Madrid o a Bolivia, ha sido para volver a escape. A ratos pienso que fue un error venir aquí en busca de un refugio que me era necesario, otros en cambio considero, en frío, imparcialmente (se me coló el verso, lo siento), que gracias a la vida que he llevado aquí he podido escribir lo que he escrito. Si vine fue gracias a la serie de barullos provocados por la aparición de Las pirañas, a finales de 1992. Entonces necesitaba sosiego. Un amigo ya fallecido me ofreció una casa, Sutegia, junto a una plantación de kiwis, vine, me instalé, hice amigos nuevos y empezó a pasar el tiempo… Ha habido muchos momentos de dicha, de amistad, de lectura dichosa, de caminatas y otros de tristeza, de soledad y aturdimiento. Fue un día de mucha lluvia cuando pegué un brinco y grité: «¡A Juan Fernández, carajo!» El vivir apartado me ha librado de enterarme de muchas miserias. Sigo caminando mucho por los montes de los alrededores, todo lo que puedo, pero no como antes… No se trata de hacer balances, aunque compruebe que es aquí donde he ido envejeciendo, de modo que los balances se hacen solos y si no salen invitando a la liquidación por derribo, poco les falta porque no cuadran jamás. A nadie. Lo realizado siempre se queda por debajo de lo pretendido, eso es lo más común. Errores, errores… aciertos, cielo, infierno… Ya no sé, todo a días, a ratos… pero lejos.

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Las manos sobre la ciudad

Las manos sobre la ciudad, Francesco Rosi, 1963… como si fuera hoy, ahora, ayer mismo y por supuesto mañana. La especulación inmobiliaria es el único proyecto económico de la derecha… y de la falsa izquierda del cambio, tipo Geroa Bai porque solo así se entiende su apoyo a los pelotazos, perdón, a las «bonitas operaciones inmobiliarias».

Vuelta de Arakan

12219431_312893092167952_803737741408826090_nUna buena caminata. ¿Emboscarse… no hacerlo? ¿Leer a María Zambrano en sus claros del bosque para comprobar que su bosque es otro y sus claros lo mismo?
A qué preguntárselo además si llevas años por los arrabales, en el peor de los bosques posibles, y si harías mejor en admitir que te acomodas mal a casi todo, inadaptado, esa es la palabra que desde hace años se te escapa. [Hablaba con el amigo Basurde antes de que un novelista me lo matara de mala manera] Hace años, un día de niebla y nieve, me perdí por esos parajes. No diré que lo pasé bien. Hoy pasó un cazador, a la becada, con sus perros.
Nevermore, mala seta, no la comas. Acuérdate del bebedizo de Rip Van Winkle. [Diario volátil, 8.11.15]

Así pintó el día… (diario volátil)

DSC_0008Así ha pintado el día. No ha llovido, caían cuerdas. La vista desde la ventana acongojaba. Día bueno para el trabajo, por el silencio más que nada, pero esas nieblas, esas nubes agarradas a lo que queda de bosque otoñal, nada como quien dice… En la prensa, lo de todos los días: profesionales de la justicia que en el ejercicio de su cargo prevarican sin recato y hacen política al servicio de la monarquía, funcionarios uniformados que mienten con desverguüenza  para encubrir actuaciones delictivas, el maleante que nos gobierna de jira americana a ver si allí, demasiado ocupados con las rebabas del narcogobierno,  cuelan sus mentiras de chichinabo, la imparable violencia machista… ¿Sigo? No, para qué.  Día de la Inmaculada, dogma de fe, abstracción (o lo que sea) y patrona de militares, charanga y mojiganga…  Y lo peor, o casi, ha sido la vieja canción de Paco Ibáñez sobre ese poema, grande, de Gabriel Celaya, que me ha repiquetedo a lo largo de la tarde,
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
¿De verdad que ya nada esperas? Eso es mucho decir y más desesperar. ¿De verdad que existimos fieramente y más ciegamente afirmamos? Poesía necesaria. Me siento incapaz de escribirla. La leo y me emociono, y admiro a sus autores, del pasado y del presente, pero… Poesía necesaria, cuando la furia nos nubla la vista y el asco nos puede.  Y de Celaya a la lluvia antigua y sucia de O. W. Milosz en su lejano cementerio de las islas Lofoten, y a la del chileno Teillier, poesía y lluvia. El viaje de la poesía, a cubierto. Poesía como madriguera de los malos tiempos… La cueva y la intemperie, el hermoso título de Ramón Rocha Monroy, con gusto se lo habría robado, así se lo he dicho.

Día de bochorno

DSC_0040Soplaba ya desde antes de amanecer, pero no apagaba el grito de las grullas grises que han seguido pasando durante toda la mañana en bandadas nutridas. Bochono, viento sur, haizegua aquí, viento atiza seseras, días de andar sonámbulo. Le hacen dimitir  a una ministra que en la persistencia en su cargo ha demostrado una mayúscula desvergüenza –aquí solo  delinques si te atrapan, lo demás es mentir como quien respira– y con ella la de toda una clase social y un estamento político, justo antes de un debate parlamentario amañado acerca de lo que es un clamor social: la corrupción. ¿Me importa? Poco o según y cómo. Llevo años arrimando agua a molinos que no son el mío, no por nada sino porque no tengo molino. Eso sí, me resulta inevitable responder, en la medida de mis posibilidades, a los empujones autoritarios y policiacos, pero… Me importa más lo que va quedando de todo este esperpento, el daño de fondo que ese sí, ese me parece irreparable e invita a poner tierra de por medio, porque desconfío (a cierta edad) de que la nueva casta patricia logre poner coto a esa enfermedad nacional y a un desastre que tiene aspectos tan irremediables como silenciados. De entrada, a nadie le he oído que su propuesta política sea la derogación de todo el sistema legal que sostiene este régimen. Bueeeno –que diría don José Larralde–, así las cosas puedo expresar mi indignación, pero sé que no voy muy lejos con mis denuncias y exabruptos, que estas son palabras airadas de mentidero y poco más. De modo que hoy, con haizegua, mucho, soplando muy fuerte, albortando las bandadas de grullas, trayendo grupos de milanos a los hayedos y robledales que perdían sus hojas de manera que parecía alegre, me inquieta mucho más un trabajo, el mío, el de la escritura en libertad, no al servicio de nadie, que de cuenta de nuestra escorredura de individuos de escasa fortuna; un trabajo que no depende de los ceses ministeriales ni de los cambios parlamentarios y las carreras personales a ellos asociados, y sí del tiempo, ese ministro de la muerte y del paso en apariencia banal de las estaciones.

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