Emboscaduras

DSC_0113Hacía meses que no pasaba por esos hayedos. Estaban muy frondosos y cuajados, como los helechales, gracias a que no ha parado de llover. Ayer mismo. Mentiría si dijera que los echaba de verdad en falta. Había olvidado el bochorno que vuelve el aire irrespirable y las espesas nieblas matinales. Que los haya pateado durante más de veinte años no quita para que piense que había llegado el momento de caminar por otras trochas. La deriva urbana es distinta a la del bosque y los cerros, pero no sé yo si los soliloquios que danzan al ritmo de los pasos son diferentes  o en qué se parece. ¿Es de verdad distinta la mirada, hacia fuera en una, hacia dentro en otra, o esto es una fantasía de dudoso lirismo? La mística del silencio la suele enarbolar gente ruidosa o que agitando la carraca del silencio llama la atención, porque de eso se trata, de llamar  la atención, de hacerse visible, más visible quiero decir, de destacar en la tristona realidad de no me acuerdo qué poeta.

Y en esta situación (otra)

Y en esta situación termina el año,  a modo de hoja de servicios, quedó dicho, con lluvia y viento que arranca las últimas hojas de los castaños, en las calles de Madrid. Termina mejor de lo que empezó, en todos los sentidos, en Arraioz, valle de Baztan, sin más arrepentimientos de los debidos y con proyectos nuevos entre manos. Hubo sorpresas, cierto, imprevistos, pero casi todos buenos; los malos se han desvanecido sin dejar daños apreciables. No todos los proyectos se quedaron en el camino ni mucho menos. Me he cruzado con gente estupenda, tanto en Bolivia como aquí, qué más puedo pedir. La pena es el fallecimiento de dos buenos amigos, Javier García-Larrache en Bayona, y Juan Carlos Calderón en La Paz, y el tío René en París, a quienes en esta noche recuerdo con sentimiento. Creo que es una buena nohe para recordar a quienes ya no están con nosotros. A otros amigos que las han pasado canutas, les deseo la mejoría de la mejor vida. Mis expectativas de publicación de nuevos libros para el año que viene no pueden ser mejores, sobre todo por lo que se refiere a los libros «bolivianos». De modo que lo de los píos deseos para acabar y empezar el año, lo dejamos para otro momento, en la medida en que ya vamos de otoñada vencida. Bastante hacemos con tirar hacia delante y hacer lo que podemos. ¿Cambiaría algo de vivido? Sin duda, como todo el mundo, pero ese barrunto es por completo inútil. Por lo que se refiere a lo público, me temo que nos encontramos ante una repetición tenaz del presente, así que no me hago muchas ilusiones. Iremos viendo.

Mañanera de Auzkue

DSC_0345.jpegLlevo veintitidos años patiperreando por estos parajes. Creo que he subido a todos los montes de los alrededores y sé que es probable que a alguno de ellos, al Auza por ejemplo, ese imponente cubierto de nieve, no vuelva a subir. Se te hace tarde.  Eso sí, estoy seguro de que no he recorrido ni la mitad de las sendas y trochas que se pierde en la espesura y van de un sitio a otro, de un camino a una borda, de un caserio a un pueblo, a un prado, a un regacho, a una calera… quienes las usaban, lo saben.  Y ahí sigo. No sé hasta cuando. Hoy se oían lejanos los trompeteos de las grullas, los pasos resonaban porque la hojarasca estaba helada, de las castañas solo quedaba el erizo, el frío parecía verse en la lejanía.. Cuando estaba arriba, ha llamado D., desde Madrid. Estaba viendo entusiasmada una exposición de De Chirico. Le he dicho dónde estaba, en la cruz de Auzkue para variar. Extraña conversación. Supongo que en estos veintidos años me he perdido muchas cosas, pero habré ganado otras, sin duda. Esas son consideraciones vanas. No hay quien no hubiese podido llevar otra vida. Si lo miras bien y no te dejas, no hay tiempo perdido en vano y menos para un escritor. El otro día leía en Joan Fuster que él no necesitaba de Madrid para nada. No soy tan radical, porque me parece una ciudad imponente para patearla, pero todo ha tenido su tiempo.

Ayer y hoy

DSC_0187.JPGDSC_0202.JPGAyer y hoy sigue  igual, al menos por lo que a la agenda mediática, esto es, al antiguo noticiero, se refiere: todo en su sitio, algo más deteriorado, si cabe, y el público más acostumbrado a ese deterioro social hecho rutina. Pla decía que esto es propio de países baldados, pobres, que se acostumbran mejor que otros a más pobreza, más empujones, más arbitrariedad y desvergüenza institucional. Hacen lo que les viene en gana y a eso le llaman gobernar, impartir justicia y no sé qué más mandangas.
En lo privado es otra cosa. Un día acaba con luz de confitura –decía Morand de la que le iluminaba a Prosut mientars este escribía– y otro comienza con amenaza de borrasca: «Me han dicho que soy bipolar… y ya de mayor», me decía hacer poco un buen amigo que tiene la sana costumbre de asombrarse de sí mismo a fecha fija. No hay que perder esa capacidad de asombro que va pareja a la de la incredulidad, también sana. Envidiable esa gente que tiene en la cabeza la misma climatología o eso nos hace ver, lo queramos o no, para que veamos lo recios de alma que son, sin reparara en que ese jactancia de matasiete es una descortesía.

Hoy hace 22 años

Hoy hace 22 años que me viene a vivir a Baztan. También aquel día era sábado. No he vivido aquí de continuo, pero sí donde más tiempo he pasado a lo largo de estas dos décadas, en diferentes casas y pueblos. Siempre que me he ido,  ya fuera a Madrid o a Bolivia, ha sido para volver a escape. A ratos pienso que fue un error venir aquí en busca de un refugio que me era necesario, otros en cambio considero, en frío, imparcialmente (se me coló el verso, lo siento), que gracias a la vida que he llevado aquí he podido escribir lo que he escrito. Si vine fue gracias a la serie de barullos provocados por la aparición de Las pirañas, a finales de 1992. Entonces necesitaba sosiego. Un amigo ya fallecido me ofreció una casa, Sutegia, junto a una plantación de kiwis, vine, me instalé, hice amigos nuevos y empezó a pasar el tiempo… Ha habido muchos momentos de dicha, de amistad, de lectura dichosa, de caminatas y otros de tristeza, de soledad y aturdimiento. Fue un día de mucha lluvia cuando pegué un brinco y grité: «¡A Juan Fernández, carajo!» El vivir apartado me ha librado de enterarme de muchas miserias. Sigo caminando mucho por los montes de los alrededores, todo lo que puedo, pero no como antes… No se trata de hacer balances, aunque compruebe que es aquí donde he ido envejeciendo, de modo que los balances se hacen solos y si no salen invitando a la liquidación por derribo, poco les falta porque no cuadran jamás. A nadie. Lo realizado siempre se queda por debajo de lo pretendido, eso es lo más común. Errores, errores… aciertos, cielo, infierno… Ya no sé, todo a días, a ratos… pero lejos.

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Las manos sobre la ciudad

Las manos sobre la ciudad, Francesco Rosi, 1963… como si fuera hoy, ahora, ayer mismo y por supuesto mañana. La especulación inmobiliaria es el único proyecto económico de la derecha… y de la falsa izquierda del cambio, tipo Geroa Bai porque solo así se entiende su apoyo a los pelotazos, perdón, a las «bonitas operaciones inmobiliarias».

Martes de carnaval

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Con imágenes de Domingo de Carnaval, la película de Edgar Neville, mi preferida, con Conchita Montes, aunque hoy sea martes de destrozonas, disfraces, cortejos de carroñas, berridos, allí donde todavía se celebre el día del mundo al revés y los ajustes de cuentas del de abajo hacia el de arriba, y no un episodio de folclore controlado, subvencionado, vigilado… y multado. Día también de nostalgia de carnavales pasados, en Baztan sobre todo, embestidas del oso en Arizkun, inolvidables «damas», tambores y cortejo de máscaras, en Erratzu… No volveré a ser jóven.
–¡Uuuh, pero si eso fue hace mucho!
Poco importa, lo que cuentan hoy son las máscaras y los versos de Jaime Gil de Biedma, escritos cuando era de verdad joven:
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Pero esto, mañana, mañana, en el baile de los tartufos.

Vuelta de Arakan

12219431_312893092167952_803737741408826090_nUna buena caminata. ¿Emboscarse… no hacerlo? ¿Leer a María Zambrano en sus claros del bosque para comprobar que su bosque es otro y sus claros lo mismo?
A qué preguntárselo además si llevas años por los arrabales, en el peor de los bosques posibles, y si harías mejor en admitir que te acomodas mal a casi todo, inadaptado, esa es la palabra que desde hace años se te escapa. [Hablaba con el amigo Basurde antes de que un novelista me lo matara de mala manera] Hace años, un día de niebla y nieve, me perdí por esos parajes. No diré que lo pasé bien. Hoy pasó un cazador, a la becada, con sus perros.
Nevermore, mala seta, no la comas. Acuérdate del bebedizo de Rip Van Winkle. [Diario volátil, 8.11.15]

Así pintó el día… (diario volátil)

DSC_0008Así ha pintado el día. No ha llovido, caían cuerdas. La vista desde la ventana acongojaba. Día bueno para el trabajo, por el silencio más que nada, pero esas nieblas, esas nubes agarradas a lo que queda de bosque otoñal, nada como quien dice… En la prensa, lo de todos los días: profesionales de la justicia que en el ejercicio de su cargo prevarican sin recato y hacen política al servicio de la monarquía, funcionarios uniformados que mienten con desverguüenza  para encubrir actuaciones delictivas, el maleante que nos gobierna de jira americana a ver si allí, demasiado ocupados con las rebabas del narcogobierno,  cuelan sus mentiras de chichinabo, la imparable violencia machista… ¿Sigo? No, para qué.  Día de la Inmaculada, dogma de fe, abstracción (o lo que sea) y patrona de militares, charanga y mojiganga…  Y lo peor, o casi, ha sido la vieja canción de Paco Ibáñez sobre ese poema, grande, de Gabriel Celaya, que me ha repiquetedo a lo largo de la tarde,
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
¿De verdad que ya nada esperas? Eso es mucho decir y más desesperar. ¿De verdad que existimos fieramente y más ciegamente afirmamos? Poesía necesaria. Me siento incapaz de escribirla. La leo y me emociono, y admiro a sus autores, del pasado y del presente, pero… Poesía necesaria, cuando la furia nos nubla la vista y el asco nos puede.  Y de Celaya a la lluvia antigua y sucia de O. W. Milosz en su lejano cementerio de las islas Lofoten, y a la del chileno Teillier, poesía y lluvia. El viaje de la poesía, a cubierto. Poesía como madriguera de los malos tiempos… La cueva y la intemperie, el hermoso título de Ramón Rocha Monroy, con gusto se lo habría robado, así se lo he dicho.